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David López Canales

Soy periodista, de Madrid. En mi último puesto antes de trabajar como freelance fui jefe de actualidad en Vanity Fair. Ahora trabajo como freelance para diversos medios de España y Europa y de Latinoamérica.

De la Siria de los tanques a la Siria de los gatos

"¿Qué sabéis de mi país? ¿Qué sabéis de Siria?". A cualquiera le sorprendería la pregunta. No tanto por la pregunta, sino por quién la realiza. Nadine Kadaan tiene los ojos claros y el pelo rubio, viene de Londres y habla un español correcto. No encaja en el estereotipo que tenemos de los sirios. Pero de eso se trata esta iniciativa, de romper estereotipos. Por eso, a los niños de 10 y 11 años del curso de quinto de primaria del colegio público Pi i Margall del madrileño barrio de Malasaña su presencia les sorprende aun más. "¿Qué sabéis de Siria?", vuelve a preguntarles Nadine.

"¿Que es bonito?", le contesta una niña con otra pregunta.

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Descubre las diferencias entre musulmán, islamista y yihadista

"¿Qué es un islamista?", pregunta la monitora. "Una persona que practica el Islam", responde un alumno. "Una persona de otra creencia que se pasa al Islam", dice otra alumna. "Un sinónimo de musulmán", afirma un tercero. "¡Un yihadista!", suelta otro más. "Un islamista es aquella persona que a partir del Islam crea una ideología política", explica la monitora. Su objetivo es tratar de que la treintena de alumnos de tercer curso de ESO, de 16 años, sentados en círculo a su alrededor, sepan diferenciar entre los conceptos musulmán, árabe-musulmán e islamista.

Después, Omar, uno de los alumnos musulmanes, se coloca ante sus compañeros para repetir la lección que acaban de escuchar. "Un musulmán no es igual que un yihadista. El yihadista es parte del Islam pero a través de la violencia", dice en voz alta.

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'Apollo' contra los buitres

El Apollo House, en Poolberg Street, en el centro de la ciudad, a dos calles del emblemático Trinity College, era conocido por ser uno de los edificios más feos de Dublín. Diez plantas de granito y cristal levantadas en los años setenta que antes fueron oficinas y desde hace años están vacías. Incluso el Gobierno tiene planes de demolerlo para vender el solar.

Hoy el Apollo, con sus grandes puertas azules manchadas de óxido y su nombre en letras doradas, se ha convertido también en un símbolo en Irlanda. En el epicentro del primer gran movimiento de reacción de la sociedad desde que estallara la crisis económica hace ya nueve años.

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