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Enrique G. Llamas

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El curioso 'déjà vu' del Edificio España

Antes de las noticias sobre la posible desaparición del Edificio España llegó la del complejo de Canalejas. Alentada y promovida por el anterior gobierno municipal, el PP rebajó la protección del lugar arquitectónico para que afectara únicamente a las fachadas. Pero antes hubo más: hubo construcciones emblemáticas cuya desaparición continúa lamentando el gremio de arquitectos. Es el caso del mercado de Olavide, el interior del cine Barceló y de algún otro aún más sangrante.

Madrid parece no haber aprendido de su historia. Y la del Edificio España parece repetirse, casi punto por punto, respecto a la de un edificio elevado a la categoría de símbolo y mito por su destrucción, perpetrada también en nombre del progreso económico. Fue en medio del hastío veraniego de 1999 (gobernaba en la ciudad Álvarez del Manzano) cuando la Comisión de Patrimonio consideró "no conveniente" el mantenimiento de la sede de los laboratorios de productos farmacéuticos Jorba, más conocido (y recordado) como la Pagoda de Fisac. El grupo Lar había comprado la propiedad y solicitado al Ayuntamiento su demolición.

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Martín Gaite y la libertad, 15 años después

"Y en eso andamos, Carmen, en la catástrofe, porque se nos perdió el secreto, y están siendo duros estos días, por falta de honestidad y de valor y también, sí, 'por falta de secreto'". Belén Gopegui se dirigía así a su amiga en la clausura del congreso Un lugar llamado Carmen Martín Gaite, en la primavera de 2013. Sólo hemos visto pasar otras dos –las hemos visto pasar entre correos electrónicos fugaces, entre mensajes breves y perentorios de WhatsApp que también han hecho que se nos pierda el secreto– y tenemos ya un pie en la barrera que nos indicará, a los que la conocieron y a los que no, que llevamos quince años faltos de Martín Gaite.

La escritora salmantina se fue más o menos rápido, pronto, de forma parecida a como los personajes comparsa de sus novelas se esfumaban tras dejarnos entrever que quizá ellos podrían haber sido los protagonistas. Se fue y, como Gopegui dice, quedó desperdigada en sus novelas, sus versos y sus ensayos, pero también en sus amigos y en sus relaciones con ellos, que perviven aún hoy en forma de cartas, de conferencias.

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