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Ferran Puig Vilar

Ferran Puig Vilar nació en Barcelona en 1953. Es ingeniero de telecomunicación. Alrededor de los 30 años dejó su trabajo como tecnólogo en favor de la edición de publicaciones técnicas y profesionales, habiendo dirigido varias publicaciones y escrito innumerables textos para las mismas durante los 25 años siguientes. Fue director general de Cetisa y presidente de la patronal del sector, la Asociación de Prensa Profesional, entre 1988 y 1996. Desde 2003, y desde 2008 con dedicación exclusiva, ha sido un estudioso independiente (investigador no universitario) del cambio climático desde sus vertientes científica, tecnológica, ética, económica, política, social y comunicativa. Forma parte del grupo “Comunicación y educación en cambio climático” del CENEAM (Centro Nacional de Educación Ambiental, Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, Valsaín, Segovia). Desde 2009 es redactor y editor del blog “Usted no se lo cree”.

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Modelo ETP: se acaba la energía del petróleo disponible (muy pronto)

Tuvieron que ser, y siguen siendo, algunos ingenieros y altos cargos de las grandes empresas energéticas, muchos de ellos antiguos directores de exploración quienes, sólo al jubilarse, se han sentido éticamente llamados a dar a conocer lo que la industria energética oculta celosamente con toda la potencia de su maquinaria: peak oil ya claramente superado por lo menos en términos de crudo estándar y también de energía neta; presiones sobre la metodología y las conclusiones de los sucesivos informes de la Agencia Internacional de la Energía; ocultación de conceptos esenciales para la comprensión cabal de la situación energética mundial; penetración de economistas (sólo neoclásicos) en el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) con su tendencia estructural a aguar el presente y descontar el futuro ... por no hablar del poderoso negacionismo climático, activamente organizado.

Estos exprofesionales jubilados han mostrado ya con suficiente contundencia el detalle de cómo, por razones termodinámicas y geológicas esenciales, es necesario destinar una fracción creciente de energía (y por tanto de capital) para la obtención de los recursos necesarios para propulsar el inmenso Titanic económico en el que viajamos, y que ellos saben –mejor que nadie– de ninguna manera insumergible.

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