eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Francisco Taboada

Escritor. Sus últimos libros publicados son el poemario Frontera de carne (Arte Activo, 2015) y la novela El pozo séptico (Ediciones Oblicuas, 2015). En eldiario.es Cantabria escribe la sección Campo de gardenias con fotografías de Paula Arranz.

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 9

Coreografía política

El cuerpo humano, por muy contorsionista que sea, tiene los movimientos limitados por su anatomía y España por la resistencia de sus materiales. Este es un país frágil, de acero mal forjado, como esas espadas lustrosas que sirven para decorar pero se quiebran en el combate. La democracia débil que nos sirve de esqueleto es latina y está aquejada de la osteoporosis procedente de su naturaleza dictatorial. Basta un solo golpe para que la armadura se rompa y el  cuerpo se fragmente y sangre y muera.+

La derecha de la nación y la derecha nacionalista nunca han soltado las riendas, tienen el pastel muy bien repartido y se pasan la pelota como elemento de despiste que ya no despista a nadie, aunque da juego, que es de lo que se trata. Mientras la población ya no da más de sí, nuestros gobernantes van a seguir haciendo evoluciones alrededor del mismo escenario y sin salirse de él. Que si España se rompe que si se pega con cola, y el país, en su vida diaria, ya está roto en mil pedazos. El tema del referéndum más que una cortina de humo es un incendio en toda regla. ¿En serio cree alguien que a los millones de parados les importa en qué país pasan hambre y en qué lengua se quejan?

Seguir leyendo »

Discursos paralelos

Quedo para cenar con un viejo revolucionario cargado de anécdotas y entre otras me cuenta su panfletada más gloriosa. Sucedió un día en que sus colegas de partido lo dejaron solo con una mochila llena de octavillas que había que aventar con urgencia. El método clásico consistía en arrojarlas al aire en diferentes lugares de la ciudad, cuantos más mejor. Lo normal era coger un autobús de línea, bajarse en una plaza pública, esperar la llegada de otro autobús que fuera en la dirección contraria y cuando llegaba, justo antes de subirse, lanzar los panfletos y desaparecer de escena. No había móviles, pero cualquier pasajero o el mismo conductor podían avisar por señas a la policía si se cruzaban con ellos, luego era necesario bajar en la siguiente parada, desplazarse a pie hasta otra ruta y vuelta a empezar. Funcionaba bien si lo hacía un grupo numeroso de militantes, en un espacio de breve de tiempo, pero un hombre solo se arriesgaba demasiado y probablemente sería detenido y encarcelado. Era un tema serio.

Con la ayuda de un miembro del partido que trabajaba en la estación central de los autobuses, el hombre se coló de madrugada en las cocheras y colocó sobre el techo de toda la flota pequeños paquetes de octavillas previamente humedecidas. A la mañana siguiente, según circulaban los autobuses, los panfletos de se iban secando al viento y en cosa de horas toda la ciudad estaba sembrada de consignas revolucionarias. “Casi cinco mil octavillas”, me dice con orgullo, “cuando cinco mil era un número importante”. Inevitablemente, hablamos del poder de la información, de la capacidad de difusión actual de las ideas gracias a Internet. Supongo que le alegra su existencia pero me dice, con el cinismo propio de Oscar Wilde: “Cuando los dioses quieren castigarnos, atienden nuestras plegarias.” Y añade que nunca se había inventado nada tan contra-revolucionario como Internet.

Seguir leyendo »

Los héroes LGTB

¿Qué sucedería si en el último capítulo de la 7ª temporada de Juego de Tronos descubrimos que Jon Nieve tiene un novio macizo en Desembarco del Rey? Que se perderían de golpe 10 millones de espectadores. ¿Y si Daenerys de la Tormenta, traumatizada porque la violó salvajemente un criador de caballos, estéril para lo humano pero capaz de fertilizar huevos de dragón, le pide a una hechicera que le desarrolle genitales masculinos con la dureza del acero valyrio y decide perpetrar contra el sexo fuerte una oscura y penetrante venganza? Pues que se perderían 20 millones de espectadores y HBO tendría que clausurar la serie. Por eso, en el penúltimo capítulo, cuando los toscos guerreros bromean diciendo que si no hay mujeres ya se apañarán entre ellos, ‘El Perro’ tranquiliza al burdo salvaje pelirrojo afirmando que está enamorado de una señora y que tendrá con ella los hijos que haga falta. Porque una cosa es que en la serie haya violaciones, incesto y empoderamiento femenino y otra salirse de la norma heterosexual mayoritaria, salvo en papeles secundarios, para cumplir y nada más. Los grandes protagonistas están excluidos de esa posibilidad.

La sociedad todavía no está madura para tener héroes LGTB con la suficiente entidad para servir de referente. Para que los niños y las niñas puedan decir en el cole, según sus inclinaciones: “Me gustaría ser como Z-Woman, que tiene una novia muy guapa en Alfa Centauro o como F-Man, que le tira los tejos a Lobezno”. Quizá porque el colectivo LGTB es estadísticamente minoritario, aunque no sabemos si lo sería tanto en un mundo donde no se pongan trabas para que cada cual desarrolle la tendencia sexual que más le apetezca. O todas, o ninguna, que también los asexuales están reivindicando sus derechos (digamos LGBT+). Héroes, en fin, cuyo comportamiento carnal sea admitido, aceptado, reconocido, para ser modelos dignos de poseer seguidores propios no estigmatizados.

Seguir leyendo »

Arena en los ojos

Estoy tumbado en la playa leyendo las noticias en el móvil y unos chiquillos que pasan corriendo me tiran arena a la cara. Me entra en los ojos, dejo caer el móvil y mientras me incorporo siento la certeza de que siempre ha sido así. Siempre ha sido así, aunque no se sabía, o se sabía ocultar mejor, o no existía internet para difundirlo y también ocultarlo, o emborronarlo hasta sembrar la duda de si realmente ha ocurrido, pero no importa porque la información se devora y se deglute y sin tiempo para digerirla ya se desecha. Pero siempre ha sido así. Estoy seguro.

Quizá sea porque la noticia que estaba leyendo cuando me han tirado arena a la cara habla de la salida de la cárcel de Ángel María Villar, el siguiente de la lista, con sus 30 años de reinado a su aire en el mundo del fútbol, pero sospecho que los más listos, los que mejor robaron y mangonearon, esos no han sido descubiertos. Solo han pillado a los menos diligentes, a los chapuceros y los soberbios, pero no a los señores, a los que piden la tapita en el club marítimo e incluso son amables con el camarero, a los del traje impecable y prudencia a prueba de la menor indagación.

Seguir leyendo »

Turistas y zombis

Existen tres tipos de zombis: el clásico, de contenido mágico y origen haitiano; el moderno, más literario y terrorífico; y el posmoderno, muy cinematográfico, vulgar y exagerado. Del mismo modo, dentro de los turistas encontramos el residente, tipo Marco Polo, el viajero, como Paul Bowles, y el turista víctima, o sea, cualquiera de nosotros en la época actual, este mismo verano sin ir más lejos. La analogía entre zombis y turistas es irresistible.

El zombi original era bastante majo. No tenía cuerpo, no mordía a la gente y se le consideraba un espíritu protector capaz de hacer grandes favores a quien lo tenía de su parte. Está emparentado con el concepto de ‘alma dual’ que existía en las culturas africanas y surgió en Haití como recurso psicológico para superar la esclavitud y sus nefastas consecuencias. Un hechicero lo escondía dentro de una vasija y su poseedor gozaba del amparo de un ángel bueno que atraía hacia él todo lo positivo. Se cuenta el caso de una costurera que poseía un zombi que le buscaba clientes y el de unos padres que pusieron un zombi en la punta de la pluma de su hijo estudiante para que mejorara en los exámenes. Su primer reconocimiento público data de 1697, en la novela ‘El zombi de Grand Pérou’ de Pierre-Corneille de Blessebois, que recogía el mito popular extendido por la isla.

Seguir leyendo »

Mujer con patatas fritas

En su momento leí 'El cuento de la criada' de Margaret Atwood y no me impresionó tanto como lo está haciendo la serie de televisión, supervisada por la propia autora, lo cual es una garantía, quizá porque en 1985 me faltaba perspectiva para valorar las consecuencias catastróficas de una involución en materia de derechos de la mujer. Lo que entonces era una lucha solitaria, 'la causa' de una parte de la sociedad, en tres décadas se ha convertido en una reivindicación colectiva e irrenunciable, algo en lo que todos como grupo nos jugamos el futuro. Ahora ya sabemos que nada será posible, no habrá porvenir si las mujeres y los hombres no vamos a la par, juntos, como iguales. Y ojalá esto sea una obviedad.

En 1989 se hizo una versión cinematográfica de la misma novela, dirigida por Volker Schlöndorff, con Natasha Richardson, y vista ahora resulta incomprensiblemente machista. No solo por la elección de una protagonista tan atractiva que utilizaba sus encantos para dominar la situación desde el principio, sino por una secundaria tan poderosa como Faye Dunaway, que en modo alguno podía hacer de mujer sumisa y consentida. El gran acierto de la serie de televisión ha sido Elisabeth Moss, cuyo aspecto de mujer normal que destaca por su inteligencia permite una correcta identificación del espectador, sin despistes maniqueos. Juega en su favor la duración, casi diez horas solo la primera temporada, pero sobre todo el aire de perplejidad mezclado con horror que no conseguía tener la película.

Seguir leyendo »

Sebastião y la sal

Sebastião Salgado tuvo siete hijas y un hijo al que puso su nombre. Tenía una hacienda en Aimorés, Minas Gerais, Brasil. Para proporcionar una buena educación a su prole cortó los árboles de su propiedad y se centró en el ganado vacuno. A los 15 años el joven Sebastião se marchó a Vitória, capital provincial, a cursar el bachillerato. Por consejo paterno, comenzó a orientar sus estudios hacia la economía. El país vivía en una brutal dictadura, participó en las protestas estudiantiles y en 1969 se fue con su joven esposa Lélia Wanick a París.

Lélia estudiaba arquitectura y un día compró una cámara de fotos. Sebastião se apropió de ella, comenzó a registrarlo todo. Poco después se trasladaron a Londres, él trabajó para la Organización Internacional del Café y lo enviaron a África, donde sufrió un gran impacto humanitario. Sus primeras fotos proceden de Tahova, Níger, que estaba sufriendo la hambruna de la sequía de 1973. Al regresar, el matrimonio decidió que Sebastião se dedicaría por entero a la fotografía, despreciando una prometedora carrera como economista.  En 1974 nació su hijo Juliano.

Seguir leyendo »

La opaca transparencia

Dominas como nadie los videojuegos, navegas por internet, conoces a la perfección el menú de tu móvil, incluso, te vistes tú solito… ¿Y no sabes para qué sirve ese palo con pelos en una punta? Ese palo es una escobilla para limpiar el WC, cuando una parte de ti se engancha. Y es por eso, que es parte de ti, que te corresponde solo a ti limpiarlo.

En caso de chapapote, agarra la escobilla por el mango (la parte delgada que sobresale hacia arriba) y frota el otro extremo (el de los pelos) contra la pared manchada, sin dejar de tirar del agua al mismo tiempo.

Seguir leyendo »

El futuro como síntoma

Nadie nos advirtió contra el cáncer. No había nada que advertir. Era una enfermedad. La prevención de las enfermedades todavía no estaba de moda y constatar su existencia como pandemia era más que suficiente. Su gravedad estaba acentuada por el malditismo y el silencio. Cuando al fin se habló libremente de ello, el todo en su conjunto comenzó a provocar cáncer. Fumar pasó de ser un recurso masculino para convertirse en vaquero curtido al atardecer a ser un traqueotomizado hecho polvo. La comida también estaba bajo sospecha y las puertas de las neveras se llenaron de listados de conservantes que nos podían llevar a la tumba. Por supuesto, aunque todos lo negaban, se expandía la idea de que era muy contagioso. Había que alejarse de las personas con cáncer.

Tampoco nadie nos advirtió contra el sida. Llegó una mañana, sin nombre adjudicado, pero pronto se asoció con el sexo y se extendió el temor a contagiarse con la saliva de un simple beso. También había que ocultarlo, estigmatizar a los enfermos, no tener contacto alguno con ellos, porque era una plaga bíblica para castigarnos por nuestra degeneración. Repartir o no condones dividió a la sociedad. Los católicos se oponían, preconizaban de nuevo la virginidad y el celibato, se hicieron cómplices de la epidemia en contra del consejo de la OMS. Los más tremendistas advirtieron que se llevaría por delante a una cuarta parte de la población africana. Para evitarlo había que tomar medicamentos a paletadas, una veintena de pastillas cada día, no se sabía si era peor el remedio que la enfermedad. Pero era un remedio solo para los países ricos.

Seguir leyendo »

Temporada de patos, temporada de conejos

Cuando yo era niño tuve un amigo socialdemócrata. Después de la escuela, nos arrojaban a los dos a la calle con un trozo de pan y una onza de chocolate, no daba para más. Él llevaba el pan en una mano y la onza en la otra, yo enterraba la onza en el pan. Él dosificaba el chocolate y le daba pequeños mordiscos, yo comía el pan en seco y esperaba con emoción la llegada del mordisco que incluía chocolate. La diferencia entre nuestras caras es que la suya era serena, equilibrada, mientras que la mía ostentaba unos ojos deslumbrados, ansiosos, ilusionados.

Esto sucedía a mediados del siglo pasado, en plena dictadura, y éramos tan pequeños que no teníamos ni pensamiento propio. Cuando íbamos a jugar, a mi amigo su madre siempre le decía “no te hagas mucho daño” mientras que a mí me decían “diviértete, pásalo bien”. Vivíamos en un barrio obrero, soñábamos con neveras llenas de comida y con el futuro, aunque no sabíamos lo que eso significaba. Todo era presente inmediato y había que sacarle rendimiento a la infancia. Regresar a casa ilesos era un deshonor, en la mía no te daban de cenar si no estabas herido; en la suya sí.

Seguir leyendo »