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Periodismo a pesar de todo

Joaquín Hortal

Joaquín Hortal es biogeógrafo, y estudia la diversidad y los efectos del cambio global sobre escarabajos, mamíferos o briófitos, entre otros. Actualmente es investigador contratado en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).

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Una jerarquía de ciencias o la fascinación por el lenguaje matemático

¿Por qué no hacer experimentos in silico?

Nos reímos con los colegas cuando con frecuencia algunos científicos somos llamados " data gatherers", algo así como recolectores de datos. Es decir, que somos el primer eslabón en la organización de una sociedad científica de verdad. Lo hacen con cariño, pero con eso poso victoriano que inequívocamente indica que muchos científicos estamos todavía lejos de las ciencias de verdad, pero que si nos lo trabajamos, claro que podemos llegar a ser auténticos científicos. En fin, como aborígenes recién contactados que con un poco de esfuerzo y perseverancia pueden ser llevados a buen puerto. No desesperemos. En realidad, muy pocos científicos recolectamos datos sin ton ni son y generalmente siempre hay un modelo conceptual o hipótesis detrás. Además, muchas veces las hipótesis son emitidas por los propios “recolectores” de los datos y en numerosas ocasiones esto implica el diseño de elegantes y complejos experimentos que permiten al investigador estar seguro de que los datos proporcionan la respuesta adecuada.

Nos viene a la cabeza esta chufla porque el otro día cayó en nuestras manos un nuevo trabajo en Nature en el que unos científicos, estos sí de primera división, hacen un intento de modelar la vida sobre el Planeta (Purves et al. 2013. Ecosystems:  Time to model all life on Earth). No tenemos especial interés en entrar en el contenido de este trabajo pero dejadnos  que copie literalmente  un párrafo de la introducción porque creo que es paradigmático de hacia donde queremos llevar este post: " All of the organisms would be grouped not by species, but according to a few key traits such as whether they are plants, birds or mammals, cold blooded or warm blooded, diurnal or nocturnal." Después de siglos organizando la diversidad biológica, cuando de modelar  in silico la vida en el Planeta se trata, basta con unas pocas características vitales generales.  Vamos, que los detalles no tienen mayor importancia, tan convencidos están los autores de que el modelo definitivo será inmune a esas nimiedades. ¿Por qué una cosa así merece el honor de publicarse en los lugares más altos?

La pregunta es harto retórica pero desde nuestro punto de vista de   tiene una fácil respuesta.  Existe un convencimiento profundo de que hay una jerarquía en la nitidez de los fenómenos estudiados y sobre todo en la forma que cada ciencia aborda un mismo problema. Es en esa jerarquía donde la fascinación por lo numérico y la "matematizable", perdón por el palabro inventado, se hace evidente. Desde pequeños hemos sido educados en la idea de que lo numérico es la cima de la ciencia y por extensión de la intelectualidad. Esa idea de la contundencia y de la pureza de lo numérico y si está poco contaminado por los datos y su ruido mejor, ha permeado tan profundamente en nuestro pensamiento colectivo que aceptamos de forma inconsciente la existencia de un orden cosmogónico en el que las matemáticas seguidas por la física están a la cabeza de la razón y en consecuencia de la ciencia. Los detalles de la biología, como los pormenores en economía, humanidades o medicina, son el equivalente a la artesanía, que no puede aspirar al brillo del arte puro.  En realidad esto enraíza profundamente con la idea de las cualidades primarias y secundarias de Galileo Galilei cuando construye el armazón básico sobre  el que se construye la ciencia moderna; o si queremos con el mito platónico de la caverna. Lo primario sólo es accesible por las ciencias nobles; lo secundario es lo que percibimos y nos provee de datos, cómo no puede ser de otra manera está sometido a los desatinos de lo subjetivo

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Los trabajadores de la ciencia

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El laberinto de la carrera científica y el árbol del conocimiento

Uno de los objetivos de Ciencia Crítica es mostrar a la sociedad cómo hacemos nuestro trabajo los investigadores. La falta de conocimiento sobre nuestro trabajo puede llevar a que la sociedad se cuestione si está justificada la inversión de dinero público en esta tarea. ¿Somos unos privilegiados que malgastamos recursos públicos, y por lo tanto un lujo para la sociedad, como parece pensar el gobierno actual al considerar las partidas dedicadas a investigación como prescindibles? ¿O somos trabajadores especializados que producimos un bien necesario: el conocimiento? En un país de seis millones doscientos mil parados, en el que más de una de cada cuatro personas en disposición de trabajar no puede hacerlo, esta no es una cuestión banal. El coste y los beneficios que aporta la ciencia –pública y privada– a España será un tema recurrente de este blog. Pero aprovechando el Día Internacional de los Trabajadores hoy nos queremos centrar en quién y cómo hace ciencia.

Un sistema científico bien estructurado debe apoyarse en tres grupos de profesionales – investigadores, profesores de universidad y técnicos de investigación. Además de estos tres grupos, otros tres son fundamentales para maximizar la eficiencia del sistema y el retorno obtenido por la sociedad: un cuerpo de tecnólogos que aplique los descubrimientos más recientes para desarrollar máquinas, instrumentos o sistemas con aplicación directa para la sociedad, otro de divulgadores de la ciencia que se encarguen de acercar los nuevos avances a la sociedad –y de ayudar a los investigadores a hacerlo, y un tercero de gestores y administradores especializados que se encargue de la gestión práctica y económica de todo el sistema, incluyendo la obtención de fondos. Aunque en este post no nos ocuparemos de estos tres últimos grupos, queremos resaltar su importancia. Un ejemplo excelente, aunque ficticio, de la importancia que un buen gestor puede tener sobre el impacto de la ciencia es el de Harry Carmichael, protagonista de la novela de ciencia ficción El texto de Hércules, de Jack McDevitt, que se implica con los astrónomos de su centro para gestionar los telescopios, conseguir fondos con los que profundizar en unos datos poco claros pero potencialmente interesantes, y finalmente maximizar el impacto social de la noticia que ese descubrimiento genera: el mensaje de origen inteligente que logran descodificar.

Los tres grupos de científicos tienen diferentes grados de implicación en el diseño y ejecución práctica de la investigación y la interpretación de los resultados, así como en la formación de profesionales especializados. Las funciones de los investigadores no sólo abarcan investigar, sino también planificar y dirigir la investigación, captar recursos económicos externos tanto nacionales como internacionales para llevarla a cabo (una tarea para la que, en otros países, cuentan con la inestimable ayuda de gestores especializados), diseminar sus resultados tanto en ambientes académicos (mediante publicaciones, conferencias y cursos) como al público general, realizar transferencia de conocimientos a empresas o tecnólogos que puedan desarrollar productos o mejorar la eficiencia de su trabajo gracias a ellos, colaborar con la docencia terciaria (universidades,másteres) y formar otros investigadores. Los profesores de universidad son investigadores que, además, desempeñan tareas docentes, con lo que realizan las tareas antes referidas más las clases y actividades de tutoría correspondientes. Y, finalmente, los técnicos ejecutan y dan apoyo a la investigación diseñada por otros, contribuyendo a menudo a dicho diseño, y además pueden –y en muchos casos deben– apoyar tareas docentes en las universidades.

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Infinitas utopías

Ilustración de Werens

 “El Elegido” debía tratarse de un ser humano capaz de descifrar el código computacional de las máquinas y así poder entrar y modificar el mundo virtual en el que estaban viviendo esclavizados la inmensa mayoría de los seres humanos. Este fragmento a modo de sinopsis de The Matrix nos sirve para introducir una herramienta científica en auge, que tiene importantes repercusiones sociales y políticas: la simulación de mundos virtuales. El continuo incremento de la capacidad de los ordenadores, y sobre todo de los super-ordenadores y la capacidad de super-computación de alto rendimiento ha llevado al filósofo Nick Bostrom a plantearse la posibilidad de que estemos viviendo realmente en un mundo simulado. Su hipótesis se basa en tres premisas enlazadas: la primera es que la probabilidad de que la humanidad evolucione en una especie post-humana es bajísima pero quizás no nula y que por tanto sería posible llegar a ese estado; la segunda es que si dicho estado es alcanzado, la capacidad tecnológica de esa sociedad post-humana sería elevadísima, permitiendo simular nuestras propias vidas (o mejor dicho las de nuestros ancestros), aunque esto no fuese muy probable; finalmente, la tercera dice que llegado a ese estado existiría una alta probabilidad de que estuviésemos viviendo en una simulación. Lo contrario sería aceptar que la extinción de los humanos ocurrirá sin lugar a dudas antes de que seamos capaces de ejecutar dichas simulaciones.

Lejos de plantearnos en este blog si Bostrom puede o no tener razón, lo que sí queremos hacer es una reflexión sobre cómo las máquinas podrían ayudarnos a pensar en mundos alternativos, o más bien, en sistemas alternativos de funcionamiento de la especie humana en su conjunto, así como de su relación con el único planeta que habita. Ello podría contribuir, por ejemplo, a que la palabra sostenibilidad pasase de ser una hipocresía política a una realidad palpable.

El Planeta Tierra es lo que conocemos como un sistema complejo, o más bien un conjunto jerárquico de sistemas complejos anidados, pues cada una de las células que componen cada uno de los organismos multicelulares que la pueblan es en sí mismo un sistema complejo. Los organismos vivos a su vez son sistemas complejos que interactúan unos con otros intercambiando materia y energía en los llamados ecosistemas, transformando a su vez las propiedades físicas y químicas del gran sistema complejo que es La Tierra. Por intereses obvios, de todos los sistemas complejos presentes en La Tierra, los más simulados hasta la fecha han sido seguramente el tiempo atmosférico y la economía humana. Sin embargo, la viabilidad futura de nuestro planeta no depende de estos sistemas de forma aislada, por muy bien que éstos se estudien, si no de cómo estos sistemas interaccionan con el resto, y en particular con la biosfera; es decir, la parte viva del Planeta. Los primeros intentos de combinar la simulación para estudiar como la polución y el crecimiento de la población pueden arrojar diferentes escenarios de futuro dependiendo de las políticas de los gobiernos se iniciaron hace más de una década.

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¿Por qué publicamos en revistas científicas?

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La evolución de las publicaciones cientificas

Una de las funciones de Ciencia Crítica es ser una ventana abierta al mundo de los científicos. Esta ventana quiere mostrar cómo interaccionamos con la sociedad o los gobiernos, y también  cómo hacemos ciencia, como deberíamos hacerla y qué cosas podríamos mejorar. Es decir, en qué consiste nuestra profesión. Algo que quizá no sea plenamente comprendido por la sociedad es que la comunidad científica está inmersa en un proceso constante de intercambio de información y de crítica al propio trabajo y al de otros. Dicha crítica es la base de nuestro trabajo y resulta constructiva la mayor parte de las veces. E incluso cuando no lo es (o sobre todo cuando no lo es), constituye una parte fundamental de nuestro trabajo. De hecho, el filósofo Karl Popper opinaba que ésta es la principal característica del conocimiento científico. A diferencia del conocimiento religioso o espiritual, que se basa en proteger ciertas ideas preestablecidas (o dogmas) del contraste con la realidad mediante la introspección o la fe, todo conocimiento científico es y debe ser criticable y falsable o refutable. Esta falsabilidad implica que en ciencia la teoría se acepta condicionalmente a partir de la evidencia conocida, hasta que las predicciones de dicha teoría se demuestren falsas o incapaces de dar cuenta de algunos fenómenos que se encuentran dentro de su ámbito de aplicación. Ese es el momento de replantearse dicha teoría, modificándola o limitando su ámbito de aplicación.

La herramienta principal del proceso de refutación son las hipótesis, base del método científico clásico y que deben poder ser contrastadas mediante experimentación u observación. Un buen ejemplo lo constituyen los experimentos con los que Francesco Redi o Louis Pasteur refutaron la teoría de la generación espontánea enunciada por Aristóteles. Dicha teoría predecía que a partir de materia orgánica en degradación se generaban formas de vida como gusanos o microbios; tanto Redi como Pasteur aislaron pedazos de carne mediante vidrios estancos, y los compararon con pedazos expuestos, bajo la hipótesis de que si existía generación espontánea, nuevas formas de vida deberían aparecer tanto en la carne aislada como en la expuesta. Mientras que la carne aislada no sufría cambios (especialmente en el caso de Pasteur, que la había hervido), la expuesta se pudría y se llenaba de larvas de mosca, permitiendo rechazar la hipótesis. Sólo más tarde se pudo demostrar la puesta de huevos por moscas y la llegada de microorganismos, pero por aquel entonces la teoría de la generación espontánea ya era agua pasada. No todas las hipótesis son falsables, y la imposibilidad de refutar sus dogmas básicos es precisamente lo que distingue al conocimiento científico de las explicaciones míticas o religiosas – aunque algunas se vistan con el ropaje de la ciencia, como ocurre con la “teoría” del Diseño Inteligente, que Jerry  Coyne ha caracterizado sarcásticamente como “ Jesús con bata de laboratorio”. Para poner en evidencia esta diferencia, Bertrand Russell formuló la hipótesis de que hay una tetera cósmica (sí, una tetera, Bertrand Russell era inglés) orbitando alrededor del Sol entre la Tierra y Marte. Aunque es imposible ofrecer pruebas de que la tetera cósmica no existe, nadie en su sano juicio tomaría la ausencia de dichas pruebas como prueba de su existencia.

Dado que todas las teorías e hipótesis científicas deben ser expuestas públicamente para poder ser refutadas, a nadie se le debe escapar que una parte fundamental del trabajo científico es la comunicación de resultados e ideas entre los propios científicos. Aunque en áreas de importancia económica como la biomedicina los resultados preliminares se suelen ocultar hasta que los productos finales han sido patentados, al final es siempre necesario comunicarlos para someterlos al debido proceso de crítica y, eventualmente, ratificación científica (que no es sino su supervivencia a la falsación, y es por tanto mayor cuantos más intentos ha habido de refutarla). La comunicación se puede realizar en eventos públicos como congresos o reuniones de trabajo más restringidas, que permiten hacer llegar las ideas rápidamente a diferentes grupos de investigación, y permiten la discusión y mejora de las ideas. Esta opción tiene un alcance limitado, por lo que la vía más habitual y sólida para someter dichas ideas al análisis, la crítica y eventual ratificación de toda la comunidad científica es la publicación de los resultados en libros, revistas especializadas y, en forma creciente, blogs. La ética científica exige que los trabajos publicados contengan información detallada y objetiva sobre los motivos de la investigación, los métodos utilizados, sus resultados, y la interpretación que los autores hacen de ellos, incluyendo sus implicaciones, y mencione claramente cualquier evidencia contradictoria que haya sido publicada previamente. En resumen, el nivel de detalle proporcionado por las publicaciones científicas debe permitir tanto profundizar en la investigación realizada hasta encontrar los errores, debilidades o fortalezas de la misma, como repetirla, mejorarla, extenderla a diferentes ámbitos (por ejemplo, de modelos animales a humanos) o descartarla por incompleta o errónea.

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El significado y la importancia de ser doctor

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Ilustración de Marcos Méndez

En España como en muchos países, la gente piensa que un doctor es el que cura a un enfermo. Pero eso no es así. Un doctor es aquel que ha elaborado una tesis para doctorarse y obtener de esta forma la más alta titulación universitaria posible. La tesis puede versar sobre enfermedades humanas, sobre el bosón de Higgs o sobre la biodiversidad de los arrecifes coralinos. Solo unos pocos médicos, quienes sí que curan enfermos, son doctores, mientras que la inmensa mayoría de los doctores del mundo no están instruidos para curar a nadie ni guardan ninguna relación con la medicina. En países como Alemania, y buena parte de Centroeuropa, el título de doctor es comprendido y muy valorado socialmente. La mayoría de los políticos que acceden a puestos de responsabilidad son doctores, y no es raro que tengan más de un doctorado. Mucho de esto no llega a saberse en países como el nuestro, donde los políticos no tienen la formación universitaria más adecuada para su cargo (a veces no tienen formación universitaria alguna) y ni si quiera suelen dominar el inglés, la moderna lingua franca sin la cual no solo no es posible comunicarse bien con colegas de otros países sino que es poco eficiente la adquisición y actualización del conocimiento a partir de las fuentes originales. Sin embargo sí salen a relucir las tesis doctorales en los medios de comunicación cuando se detecta un fraude que obliga a dimitir a un político, algo que de momento solo ocurre “en otros países” no solo porque nuestros políticos no tienen doctorados sino porque no acostumbran a dimitir pase lo que pase. La importancia que confieren al doctorado en algunos países se aprecia también en estos casos de fraude, como en el de la influyente política alemana Annette Schavan que ha sido recientemente forzada a renunciar a su cargo por haber plagiado su tesis doctoral.

El título de Doctor viene de la palabra latina del mismo nombre y significado, que deriva  del verbo “docere” es decir, enseñar. Se ha empleado durante más de mil años como título académico desde el origen de las universidades en Europa. En los países de habla inglesa se emplea el término Ph.D., PhD o D.Phil (abreviaciones de Doctor of Philosophy) y el nivel académico varía en función del país, institución y momento histórico. El término “filosofía” no se refiere únicamente al campo de la filosofía  sino que recoge el sentido griego de “amor por la sabiduría.” El doctorado en filosofía como se entiende hoy en el mundo anglosajón deriva del doctorado  en artes liberales de la universidad Humbolt de Berlín (las siete artes liberales incluidas en el Trivium y el Cuadrivium han cambiado bastante desde la Edad Media) y aunque en ciertos países europeos el doctorado en filosofía se refiere sólo al doctorado en estas artes liberales, la influencia de los países de habla inglesa como EE.UU. han extendido el uso general del término PhD a los doctorados en cualquier materia.

Hay una diferencia fundamental entre doctorados profesionales, doctorados en investigación y doctorados superiores. Mientras que los primeros no desarrollan tesis sino un periodo más o menos largo de habilitación profesional, los segundos han de defender una tesis basada en investigación original, y los terceros muchas veces requieren de una segunda tesis para ejercer como profesores universitarios, como en el caso de Alemania. Distinguir entre diferentes tipos de doctores es fácil en inglés, ya que el título otorgado a los investigadores es PhD, mientras que por ejemplo los médicos se llaman MD ( medicine doctor). Pero mucho más confuso resulta en Italia o Portugal, donde los licenciados son todos directamente tratados como doctores.
En las ciencias experimentales, un doctor es un científico capacitado para realizar investigación de manera independiente y para supervisar a otros estudiantes de doctorado. En países como España, Portugal, Dinamarca o Estados Unidos, donde las tesis doctorales duran cuatro años o incluso más (en Estados Unidos los normal son seis años), se espera que un recién doctorado pueda diseñar su propia investigación. Por el contrario, en países como Inglaterra o Francia, donde las tesis duran alrededor de tres años, se entiende que es necesario que el joven investigador pase un periodo postdoctoral en el que trabaja (de manera independiente, eso sí) en la investigación ideada por un científico senior. Estas sutiles diferencias profesionales se difuminan rápidamente según los doctores acumulan experiencia, por lo que tras unos años, un doctor en investigación o PhD es un profesional de la ciencia, altamente cualificado (y con experiencia demostrable) para enfrentarse a problemas, hacerse preguntas, ser crítico con su propia investigación y la de otros, y hacer avanzar el conocimiento. Es decir, es alguien que basa su crecimiento profesional en replantearse una y otra vez todo lo que sabe, desafía el conocimiento establecido como método de trabajo, y está habituado a aprender de los errores. Poco que ver con un político normal en nuestro país, perteneciente a esa mayoría que no sólo carece de doctorado sino también de las muchas virtudes que se desarrollan con un doctorado.

Lo que realmente significa ser doctor depende, como hemos visto, del país y del sector profesional. Mientras en un país centroeuropeo ser doctor es tener estudios superiores y una elevada formación, en otros como algunos países árabes tan solo representa que has tenido dinero para pagar los gastos, y en otros, como posiblemente en el nuestro, que te ha entrado el gusanillo por profundizar en algún tema muy especializado. Mientras en muchas ciencias experimentales es frecuente enfocar la carrera profesional hacia un doctorado, casi nadie espera que un ingeniero sea doctor. Ya bastante tiene con ser ingeniero, pensaran muchos. Y la calidad, novedad y profundidad científica de una tesis no son iguales entre países, y aún dentro de un país, entre distintas áreas del conocimiento.

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El número de la bestia: sexenios y productividad científica

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Ilustración por Eva De Mas

6-6-6 (six-six-six, en inglés) nos recuerda a uno de los temas de cabecera de un famoso grupo británico de Heavy Metal, en el que aluden al “número de la bestia” del Libro del Apocalipsis. El origen bíblico del seiscientos sesenta y seis (la bestia) se atribuye al emperador romano Nerón, feroz perseguidor de los cristianos, dado que la transliteración de Nerón César del griego al hebreo resulta en 7 letras que equivalen a 7 números cuya suma es exactamente 666. Curiosamente, el número sí tiene algo de “mágico”, pues es lo que se denomina un número triangular que coincide con la suma de los 36 primeros números naturales (1+2+3+...+36=666).

Pues bien, las cifras 6-6-6 se han convertido recientemente en “mágicas” dentro del (a menudo demoníaco) sistema español de evaluación de la calidad científica. Debido a las estrecheces presupuestarias, que obligan a recortar en las evaluaciones por pares, dicho número se está utilizando cada vez más como rasero para determinar qué es y qué no es la ciencia de excelencia. Su origen no es, sin embargo, una persecución política o religiosa, sino la necesidad de incentivar la productividad científica del personal investigador y el profesorado universitario. Así, un Real Decreto de 1989, que supuso sin duda un gran empuje para la ciencia española del momento, premiaba con un aumento de sueldo (entre unos 50 y 80 € netos al /mes, según la categoría profesional, en nómina - no en sobre) a aquellos científicos cuya productividad durante el último período de 6 años (sexenio) destacase respecto a un umbral mínimo ( al menos cinco publicaciones internacionales con  revisión por pares en algunas áreas, aunque en otras puedan ser sustituidas por otro tipo de méritos).

El éxito de los primeros 20 años de existencia de dicha iniciativa quedó reflejado en un exhaustivo informe de resultados de la CENAI en 2009, en el que se evaluó el desempeño del personal docente universitario y los investigadores del CSIC en la obtención de estos tramos de investigación (esto es, la proporción de sexenios obtenidos de aquellos que podían solicitarse) desde 1989. En la Universidad, destacan tanto el mejor desempeño de los catedráticos de universidad respecto a otros cuerpos docentes como la ausencia de sesgos de género importantes en la obtención de sexenios (particularmente, teniendo en cuenta las dificultades que afrontan las mujeres para ser promovidas en la escala científica y universitaria). Aunque también hay un amplio campo para la mejora: por ejemplo, casi el 25% del personal universitario no tiene ningún sexenio, y la mitad de ellos han obtenido menos de la mitad de los sexenios a los que su antigüedad les daba acceso. De igual forma, menos del 35% de los catedráticos han obtenido todos los sexenios a los que tenían acceso. También es significativa la gran heterogeneidad entre diferentes universidades: mientras que algunas (como la UAB, UAM y UV) superan el 50% de sexenios posibles, otras (como la UPM) apenas llegan al 30%. Si tenemos en cuenta que los sexenios representaban (al menos hasta 2012) un umbral mínimo, estas cifras sugieren que la Universidad española puede ir mucho más lejos tanto en el fomento de la investigación entre sus docentes, como en el apoyo y recompensa a aquellos que sobrepasan holgadamente estos mínimos. El hecho de que las universidades con mejor desempeño en este indicador coincidan con las pocas universidades españolas que aparecen entre las 300 primeras del ranking mundial no es, probablemente, anecdótico.

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Los científicos ante la ética

Cientificos ante la etica ilustracion de Enrique A. Vilar Vega

En España existe un órgano colegiado, el comité de bioética, independiente y de carácter consultivo sobre materias relacionadas con las implicaciones éticas y sociales de la Biomedicina y Ciencias de la Salud. La UNESCO no establece una definición oficial de “ Comité Nacional de Bioética” debido a que los Estados Miembros de la UNESCO siguen modelos y enfoques diferentes. Estos enfoques varían entre países y están influidos por la manera según la cual cada gobierno educa y dictamina sobre cuestiones de bioética. Aunque no es vinculante sino consultivo, el comité sirve de referencia para analizar el marco legal en el que establecer la investigación y las prácticas biomédicas. El comité de bioética recientemente  constituido en España (el anterior no fue renovado parcialmente como estaba estipulado sino destituido al completo) no es equilibrado en sus tendencias ideológicas. El comité cuenta con doce miembros y más de la mitad de ellos son doctores, profesores de universidad o miembros del mundo académico que pueden asignarse al colectivo general de científicos. Sin embargo, los miembros que lo integran representan un estrecho abanico de pensamientos dentro del ámbito más conservador, lo cual no es frecuente entre los científicos, no representa la pluralidad de la sociedad y no permite abordar con neutralidad numerosas cuestiones complejas que tienen profundas implicaciones éticas.

 

La ética se ocupa del estudio racional de la moral, la virtud, el deber, la felicidad y el buen vivir. Difícilmente un comité ultraconservador podrá elaborar un documento equilibrado o hacer una recomendación objetiva no ya sobre lo que es el “buen vivir” sino sobre cuestiones tan concretas y sobre las que existen tantos estudios médicos y biológicos como el aborto o la homosexualidad. Pero de las cosas más delicadas y que más importante nos parece abordar aquí es el uso de la ciencia para apoyar creencias. Un comité de bioética debería promover la adaptación de las creencias a la evidencia científica y no al contrario. Afirmaciones vertidas por varios de los miembros de este renovado comité  tales como “el aborto cambia el cerebro de la mujer”, “la ciencia está a favor de la vida desde el mismo momento de su concepción”, “la homosexualidad es un modo de vida desordenado” o “la píldora poscoital tiene un efecto abortizante” se alejan de lo que establece el conocimiento estrictamente científico. Otras afirmaciones como que “las empresas productoras de refrescos investigan con fetos abortados para desarrollar edulcorantes” mantenida en una entrevista por el catedrático de genética de la Universidad de Alcalá de Henares el Dr. Nicolas Jouve, carecen de fundamento y son inapropiadas por ello de un científico y más aún de un científico situado en un comité de ética.

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Razones para la confianza

Razones para la confianza

En tiempos de crisis, sean crisis de valores, crisis económicas o crisis existenciales, aumentan los contrastes entre lo que inspira confianza y lo que no. En una reciente encuesta, la sociedad española volvió a otorgar a los científicos el máximo grado de confianza, siendo la clase política y las entidades financieras el polo radicalmente opuesto. En un análisis de esta encuesta se presentan estos resultados como una confirmación de una tendencia a largo plazo, de forma que la crisis ha acentuado el contraste, pero los niveles de confianza en la comunidad científica siempre han sido muy altos.

¿Por qué esta confianza en los científicos a pesar del modesto nivel científico de la sociedad española que revelan otras encuestas y estudios? Posiblemente, el método científico y la forma de proceder de los científicos estén en la base de esta confianza, aunque la sociedad no siempre conozca los detalles de cómo funciona la ciencia y de los resultados y conclusiones que alcanza. El hecho de que los científicos en lugar de disimular su ignorancia, la declaren abiertamente para poder trabajar sobre ella, sumado a la actitud crítica y a la búsqueda del debate fértil para plantear siempre alternativas y mejoras, no sólo no despierta desconfianza del tipo “esta gente no sabe” sino que más bien al contrario, genera apoyos y una buena percepción según se desprende de estas encuestas.

En este mundo de contrastes y paradojas, el colectivo mejor valorado en nuestro país no encuentra un apoyo económico proporcional. Ante el escenario actual de crisis económica y parálisis ante el gasto público, el presupuesto asignado a la investigación decrece año a año,  no se abren plazas o contratos ni para cubrir las bajas (sean temporales o permanentes), se cierran centros y se somete a una dura prueba de inanición a las universidades y al principal organismo científico de nuestro país (el CSIC, Consejo Superior de Investigaciones Científicas) que es, dicho sea de paso, ni más ni menos que la novena institución mundial en producción científica.

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  • Ciencia Crítica

    Los trabajadores de la ciencia

    #27 Creo que me he expresado mal. Al decir imponer me refería a la trasposición de tener un modelo en mente en comparación de desarrollarlo de manera horizontal. No tiene que ver con autoritarismo sino con la manera de aplicar cambios para transformar la sociedad, que en mi opinión debe hacerse mediante una transformación de nuestra manera de construir las relaciones sociales (entre personas, gremios y estamentos). Es una opinión, ni la única ni necesariamente la buena.
    En cuanto a si hacemos crítica o no, creo que en cada post identificamos un problema o una forma de hacer ciencia y apuntamos lo que, creemos, deberíamos hacer. En ese sentido, adoptamos una posición crítica sobre cómo se hace la ciencia. Muchos de los temas que comentabas que no se han tratado se tratarán en el futuro. Como estos temas no deber ser tratados a la ligera, un post semanal de cerca de mil palabras impone un ritmo determinado al que a nosotros también nos tenemos que acostumbrar.

  • Ciencia Crítica

    Los trabajadores de la ciencia

    #25 Gracias Frankenstein2 y Bitius por el debate. En principio, Frankenstein2, creo que tenemos criterios diferentes acerca de cómo transformar la sociedad, y del papel que puede tener un blog sobre ciencia "crítica" en ello. Como científicos en ejercicio, creemos que es nuestro deber acercar a la sociedad la lógica y los métodos con los que trabajamos, a la vez que identificamos problemas en cómo se hace la ciencia en España y apuntamos direcciones de cambio. Nuestra postura es crítica no porque tengamos un modelo para proponer, sino porque criticamos aspectos del modelo actual, incluyendo entre estos aspectos la falta de comunicación entre los científicos y el resto de la sociedad.
    No puedo hablar por el resto de mis compañeros, pero creo que en esto es mejor la horizontalidad y el debate sobre cómo mejorar cada aspecto, que imponer un modelo que, a priori, nos parece mejor. La presión actual por publicar en ciertas revistas que se da en ciertos ambientes proviene de la reforma de la ciencia que hizo el gobierno socialista de los años 80, que buscaba la excelencia en la actividad científica (ojo que uso actividad y no producción), y que en muchos aspectos ha funcionado pasando de una ciencia local a una evidente internacionalización del sistema científico español (público y privado). Sin embargo, conllevaba encerrados una serie de vicios que se han ido mostrando con el tiempo, lo que hace necesarias una buena cantidad de reformas. La mayoría de los que hemos trabajado en otros países solemos coincidir en que el principal problema es el reducido nivel de financiamiento, que exagera todos los vicios pequeños y medianos del sistema. Pero dejando aparte este problema, si impusiéramos un modelo concreto en el que nos pongamos de acuerdo unos pocos, creo que acabaríamos encontrando el mismo problema. Ya digo, es una opinión personal. Pero me parece mucho mejor ir avanzando y debatiendo abiertamente entre todos, para generar soluciones que no necesariamente van a ser siempre consensuadas, pero si comprendidas por todos.

  • Ciencia Crítica

    Los trabajadores de la ciencia

    #10 Como nota adicional, me permito recomendar el libro de Christian Felber "La economía del bien común", publicado en español por Deusto el año pasado, que expone una visión muy debatible pero extremadamente esperanzadora de cómo podemos revertir la concentración de capitales, y que valoriza los aspectos en los que investigamos los que escribimos en Ciencia Crítica.
    Hay un post sobre la economía del bien común en un excelente blog de eldiario.es, colaboratorio: http://www.eldiario.es/colaboratorio/Economia-Bien-Comun-utopia-congruente_6_103299676.html

  • Ciencia Crítica

    Los trabajadores de la ciencia

    #10 Muchas gracias Antonio por recomendar el libro de Paul Lafargue; intentaré localizarlo (un libro del 80 puede ser difícil de encontrar).
    Sobre el comentario #9 me gustaría resaltar que este es un post específico para conmemorar el día de los trabajadores, ofreciendo nuestra opinión "crítica" sobre la situación actual de la estructura profesional de la gente que trabaja en ciencia. En este sentido, sí que nos ocupamos de nuestras condiciones de trabajo, y de las de nuestros compañeros. Lo hacemos porque realmente nos preocupa que, por un lado, las deficiencias del sistema científico no nos permitan maximizar el rendimiento de los recursos que se dedican a la ciencia y, por otro, las malas condiciones laborales de algunos de nuestros compañeros. Probablemente el post es comparable al que escribirían trabajadores de otros sectores que estén concienciados de que el verdadero motor de la economía y el garante de la prosperidad de una sociedad es el trabajo. Entendiendo prosperidad como la felicidad de todos los miembros de la sociedad (incluyendo comida, salud y vivienda).
    Los individuos nos movemos en diferentes esferas dentro de una sociedad, y los que formamos Ciencia crítica escribimos en el blog en calidad de científicos. Reducir nuestro papel social a lo expresado en este blog deja de lado todas o gran parte de nuestras actividades en otras esferas. Y asumir que no luchamos para que los beneficios de la investigación se empleen para transformar la sociedad hacia formas más justas puede ser erróneo. Como nota final, es muy difícil que la investigación que desarrollamos en el blog se emplee para algo que no sea mejorar las condiciones de vida de la población en general, y del equilibrio de sociedad y medio ambiente en particular.

  • Ciencia Crítica

    Los trabajadores de la ciencia

    #5 Tampoco entiendo las críticas de Diablo_colorao, ancladas en una idea preconcebida de cómo pensamos/opinamos en función de nuestro lugar de trabajo. Como servidores públicos, estamos empeñados en maximizar el retorno a la sociedad de los (cada vez más magros) recursos que utilizamos. De ahí la necesidad de un sistema científico robusto que genere conocimiento, lo aplique y lo disemine a la sociedad. Básicamente todo esto está en el post (que por cierto se refiere a las condiciones de los trabajadores de la ciencia con motivo del día del trabajo). Esto no es un libro magistral escrito para pontificar; como todo post en un blog abierto, esta es una opinión (necesariamente parcial) expuesta a la crítica constructiva. Con todo el respeto del mundo, Diablo_colorao, del comentario no es posible determinar porqué nuestra visión sobre la estructura de la carrera científica es pobre, ni cómo podríamos enriquecerla.

  • Ciencia Crítica

    Los trabajadores de la ciencia

    #8 Leo con preocupación los cada vez menos ponderados comentarios de Frankestein2. Parece que el enfoque de Ciencia Crítica no es el que desearía para el blog, pero cada vez entiendo menos cuál es la crítica que se hace a dicho enfoque. Otros comentarios anteriores mostraban diferencias de opinión o criterio sobre aspectos concretos del tema tratado en el post, o incluso ponían en evidencia que hacemos una posible interpretación sesgada de autores como Popper o Kuhn. Dichos comentarios enriquecen el debate, porque nos ayudan a identificar posibles deficiencias en nuestro razonamiento; después de repasar a los autores antes citados, yo al menos sigo sin estar de acuerdo con la interpretación ofrecida en comentarios anteriores, pero soy conscientes de que hay un debate en torno a ellos que desconocía. Pero con estos mensajes no entiendo qué podemos aprender, mejorar o discutir para avanzar en el conocimiento. Ni la relación de la noticia de Expansión con el contenido del post, más allá de constatar que, efectivamente, una población educada es un valor (activo en jerga económica) de una sociedad moderna, algo que ya se defendía, por ejemplo, en la segunda república.
    Me permito, eso sí, copiar las acepciones relevantes de la definición de "crítica" en el diccionario de la RAE (ver http://lema.rae.es/drae/?val=cr%C3%ADtica):
    8. f. Examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc.
    9. f. Conjunto de los juicios públicos sobre una obra, un concierto, un espectáculo, etc.

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    ¿Por qué publicamos en revistas científicas?

    #44 Según Kuhn los grandes avances científicos se producen cuando la sociedad en su conjunto está preparado para ellos. Es decir, hay un sustrato social de conocimiento que permite replantearse las ideas y teorías anteriores y avanzar en el conocimiento. Esto obviamente influye, y mucho, el trabajo de los científicos, que en realidad trabajamos reordenado ideas ya presentes en el debate científico (en la bibliografía o los congresos); sólo cuando hay un determinado nivel de conocimientos e ideas sobre un determinado tema aparece una idea "revolucionaria". Por eso, cuando esas ideas aparecen en la literatura, o en una conferencia "rompedora de moldes", es bastante común decirse a uno mismo "¡Claro! ¿Cómo no se me habrá ocurrido antes?". Este proceso común entre los científicos es típicamente Kuhniano, aunque cambia el sujeto, de toda la sociedad a los especialistas de un grupo.

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    #43 Por supuesto que la ética es central al conocimiento y a su aplicación. Pero mi ejemplo intentaba mostrar que cuando no sometemos a las teorías a la posibilidad de ser falsadas, se convierten en dogma. Los intereses que hay detrás de dogmatizar una doctrina son harina de otro costal, y explícitamente no nos estábamos refiriendo a ellos. Sólo a cómo trabajamos los científicos, y cómo separar lo que es ciencia de lo que es creencia.
    Como ecólogo, me resulta difícil pensar que no hemos entrado en el debate de integrar ética y política en la epistemiología de la ciencia y nuestro método de trabajo. Quizás es lo que mencionábamos de que la sociedad no conoce cómo trabajamos. En ecología y biodiversidad debatimos constantemente hasta qué punto debemos ser comprometidos, y cuándo debemos ser "asépticos". En evolución es lo mismo, y ahí merece la pena echar un vistazo a los escritos de Jerry Coyne que citábamos, o a trabajos ya clásicos de Gould o Lewontin. Quizás haya un fallo de comunicación entre filósofos y científicos, pero ciertamente el debate de la necesidad ética de compromiso es uno de los más relevantes para los biólogos en un momento de degradación de la naturaleza tan importante como el actual. Conviene recordar también que E.O.Wilson, el divulgador de la Consiliencia como movimiento de unificación de las ciencias y las humanidades, era un científico de la biodiversidad.

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    #40 (Continúa) Como comentaba, según Alberto Garzón la economía "mainstream" que sigue los dictados de la teoría neoclásica no ha aprendido de los errores del pasado en los que austeridad y la privatización de los servicios públicos llevaron a la larga crisis de los 80 en América Latina. Al aceptarse la teoría neoclásica como verdad absoluta, no es posible falsarla, y por lo tanto a pasar de sus fracasos evidentes y su mínima capacidad predictiva los "estadistas" europeos siguen aplicándola a rajatabla (con las diferencias entre países debidas a su idiosincrasia particular). Con las consecuencias que estamos sufriendo en Europa. Pues bien, esto es lo que pasa cuando una teoría no se puede falsar: se convierte en dogma. Y, en mi opinion, pasa a ser pseudo-ciencia, cuando no ideología. Por eso, es fundamental que como científicos (de ciencias exactas, naturales o sociales) busquemos medios de poner nuestras teorías en la posición de ser falsadas. Esto no niega el desarrollo posterior de la filosofía de la ciencia (es difícil encontrar un buen científico que sea consciente del elemento Kuhniano fundamental del avance científico).

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    #23 Es difícil responder a la pregunta de qué hechos falsearían la relación entre protestantismo y capitalismo de Weber o las teorías de Freud. Especialmente porque como muchos científicos soy reluctante a hablar de algo sin conocerlo con una mínima profundidad o tener referencias (bibliográficas) de diferentes corrientes de opinión sobre el tema. Pero me parece importante lo que mencionas de la capacidad predictiva; de hecho la capacidad de hacer una predicción también puede identificar a la buena ciencia, ya que cuando las predicciones no se cumplen se puede, y debe, rechazar la teoría que está por detrás de ella (o al menos en parte). En ese sentido las predicciones son un test de hipótesis, aunque a veces no sea tan completo como un test de hipótesis formal.
    Pero siguiendo con el tema de las ciencias sociales y la no necesidad de falsabilidad, quería llamar la atención acerca de algo que, desgraciadamente, conocemos bastante bien. Baso mi comentario en la lectura reciente de bastantes textos de economía crítica, y en la actualidad del libro "La gran estafa" de Alberto Garzón, que en su capítulo 2 disecciona de manera muy didáctica el problema de confundir ciencia con ideología. Como todos sabemos (al menos en mi humilde pinión, parece bastante claro), las políticas ultracapitalistas de la escuela neoclásica que es la ideología imperante en Bruselas, el FMI y la mayor parte de los gobiernos europeos está llevando a Europa a la disgregación y al desastre económico, de manera similar a la crisis de los 80 en América Latina. La aplicación de medidas de austeridad estrangula la economía productiva, haciéndonos perder comba con las potencias emergentes, y favorece a los especuladores financieros (causantes de la crisis, por cierto) que siguen acumulando capitales en forma de deuda pública. El hecho de que la economía mainstream no haya aprendido de los errores del pasado y siga reincidiendo una y otra vez en medidas ineficaces y claramente suicidas ilustra muy bien qué pasa cuando una teoría no se puede falsar (sigue).

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