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Jónatham F. Moriche

Oficial de artes gráficas y escribidor ocasional. Activista de los movimiento altermundista y antibelicista y colaborador habitual de medios alternativos como Kaosenlared o Rebelión.

¿Qué Podemos? Reconciliando Sol y Vistalegre

La dimisión de una decena de miembros del Consejo Ciudadano de la Comunidad de Madrid, electos en la candidatura del secretario autonómico Luis Alegre pero luego críticos con su gestión, y la posterior decisión de Pablo Iglesias de cesar al responsable estatal de organización, Sergio Pascual —es decir, conflictos internos al equipo dirigente y la línea ideológica, organizativa y estratégica consagrados en Vistalegre, y no entre esta dirección y las corrientes alternativas—, han devuelto a las primeras planas el debate sobre la construcción orgánica de Podemos, que el más que notable resultado electoral del 20 de diciembre y la hábil gestión de los primeros tramos de este pasaje de ingobernabilidad parecían haber enterrado.

A nadie se le escapa que a la desproporcionada atención y el mórbido enfoque prestados a estos conflictos internos subyace la misma estrategia de cerco y desgaste que, con escasos matices, comparte contra Podemos el grueso de los medios corporativos y públicos de este país. Pero esto no hace menos cierto que la línea de Vistalegre, a la que justamente puede atribuirse un excelente rendimiento en términos electorales, ha tenido también importantes costes en el plano orgánico, que más allá del entretenido pero estéril desfile de embelecos y escaramuzas entre clanes e individualidades, demandan un análisis en términos políticamente más amplios y útiles.

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¿Puede Corbyn?

Desde el viernes 14 de agosto y hasta el jueves 10 de septiembre, unos 400.000 afiliados y simpatizantes elegirán entre los cuatro candidatos en liza –los diputados Andy Burnham, Yvette Cooper, Liz Kendall y Jeremy Corbyn– al nuevo líder del Partido Laborista británico, tras la estrepitosa derrota y posterior dimisión de Edward Miliband en las elecciones del pasado mayo.

Ninguna crisis económica por grave que sea desencadena por sí misma procesos fundamentales de cambio político. Entre el descontento y la movilización política media la compleja e incierta construcción de culturas y sujetos políticos alternativos capaces de desafiar a las dominantes. Confirmando estas hipótesis de Gramsci, durante sus primeros años y a pesar del durísimo impacto social de los incipientes programas de austeridad, esta gran crisis de 2007-2008 apenas tuvo consecuencias políticas en Europa, y solo sectores muy minoritarios desafiaban abiertamente la posibilidad de una salida neoliberal a la crisis del neoliberalismo. Pero, tan lenta y trabajosamente como sólidos eran los cimientos de la hegemonía neoliberal en Europa, ocho inviernos consecutivos de descontento han terminado por provocar un desgaste importante en algunos de los sistemas políticos estatales europeos y hacer germinar culturas y sujetos políticos capaces de movilizar el descontento en las calles y las urnas.

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