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Jorge Batista Prats

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona y Master en Periodismo y Comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Fue Jefe de la Sección Política del periódico Canarias 7, Jefe y analista de la Sección de Economía del periódico La Provincia, Jefe de las secciones Nacional, Internacional, Edición y Cierre de La Opinión de Murcia,  Corresponsal y analista económico en Canarias del periódico La Gaceta de los Negocios, Director del diario La Tribuna de Marbella, Jefe del Gabinete de Comunicación del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, Director del diario La Gaceta de Las Palmas, Cofundador y director del peridico digital CanariasAhora.com. Director del Canal Canarias de la productora Media Report y Director de la Televisión Canaria Internacional. Como escritor, ha publicado cinco libros.

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La secesión o no de los puntos suspensivos

Pasan las cosas tan rápidamente que los análisis se desanalizan y se desalinizan. Que se quedan sosos y no saben a nada. Pierden actualidad con tal fugacidad que sólo se justifican porque ni los periódicos pueden aparecer en blanco ni las televisiones en negro. Consecuentemente, no es posible la moratoria, el tiempo muerto o el año sabático. Ello convierte el trabajo periodístico en la angustiosa búsqueda de, al menos, argumentos que logren rebasar la muerte súbita y se alejen de la ficción. Precisamente, porque cualquier ficción es posible para construir nuevas realidades. La hiperinformación sobre cualquier asunto lleva al ciudadano al agotamiento, por eso es una de la técnicas más empleadas en política y que el común de los mortales conoce como mareo de la perdiz, con permiso de Miguel Delibes. Al cabo, cualquier problema, por importante y profundo que sea, se va diluyendo hasta que surge otro que le arrebata la actualidad. Y así sucesivamente hasta el final de los tiempos dios mediante, aunque haya cosas y casos que permanezcan encriptadas, enquistadas y en estado latente de conservación. Quizá por eso, Jean-Baptiste Poquelin, gran hombre de teatro, comentó un día que “el público admite el error, pero jamás el sopor”.

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La rebelión de las cajas chinas

E xcepto las fotografías, sujetas obligatoriamente al instante, todos los titulares de los periódicos durante y tras el 1 de octubre de 2017, estaban más cantados que La Internacional, Els Segadors y el Cara al Sol. Cualquier observador de ese presente   continuum  que ha sido el pulso entre la Generalitat y el Gobierno del Estado durante meses sabía de sobra que habría altercados, que   los Cuerpos de Seguridad tendrían sus más y sus menos con los mossos  (ya la Generalitat había hecho con antelación los pertinentes cambios en Interior y otras carteras), que había plan A, B, C, D y demás letras del alfabeto para que hubiera votación, aunque al final las papeletas fueran a un cartucho, que la manipulación y la mentira tendrían su hueco, como el victimismo y el presunto martirologio, que la proporcionalidad de una acción policial es muy difícil de establecer a priori, que de un tal coronel de la Guardia Civil, Pérez de los Cobos, como comandante en jefe y coordinador del reparto de porrazos iba a saberse menos que de aquel que bajó a comprar tabaco a medianoche y apareció en Venezuela, que la independencia de Catalunya se iba a proclamar de una manera patética, en el más puro estilo de una dictadura bananera, sin garantías, sin observadores internacionales y sin otra razón que una calle (con el 60% de abstención) adoctrinada en que ganaría   la libertad  saltando por encima de la legalidad. Ese patetismo, esa obscenidad, se correspondió también con la falta de inteligencia política de un Estado plagado de juicios por corrupción, que arrastra la metástasis del 78 sin encontrar un camino de cohesión y con una deuda tan brutal que merma fuertemente su soberanía y su peso exterior. El convencimiento del ahora o nunca por parte de la atomizada izquierda y su fuerte presión sobre Puigdemont y Junqueras indica que, según se adelanta, al parecer será el lunes – si no aparece mediante el mediador que lo mediara y que buen mediador será – cuando se proclame unilateralmente la república independiente de Cataluña y lo que haya de venir después. ¿Cómo va a aceptar el Gobierno de una nación sentarse a negociar, medie quien medie y calcetín – se ha hablado de que fuera la Iglesia, tiene coña – a negociar, digo, el resquebrajamiento del Estado política y geográficamente?

En definitiva, al nacionalismo radical no le quedaba otra que actuar como actuó y   el Gobierno del PP afrontó el sainete embozado de capa y espada.

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Y el otoño nació de fuego y muerte

Y de las aguas, sin llegar a caminar sobre ellas, ( microalgas, enterococos, e-coli, emisarios mierdosos, antibióticos piraña para truchas y humanos) pasamos al fuego (incendio   hambriento  – corresponde a los tiempos – en las cumbres de Gran Canaria, calentamiento por fricción de un concejal nivariense y geotermia en búsqueda de futuro). Como si algo no definido nos impulsara de nuevo hacia los principios del pensamiento. A los filósofos presocráticos. Así, Tales de Mileto, más de 500 años antes de Cristo, tras dedicar los días a estrujar todos sus lóbulos cerebrales e incluso, según varios maledicentes, el bulbo raquídeo, de cara a definir qué diablos era eso de la realidad y su principio creador – el arjé – decidió, sin consenso ni urnas de ninguna clase, que era el agua el germen y umbral de la vida. Claro, que él estaba en Mileto, en un punto del litoral de la actual Turquía. Por aquellas costas, el agua del Bósforo, Mármara y el Egeo estaban presumiblemente limpias. En cuanto al Ponto Euxino (después Mar Negro), hay múltiples teorías acerca del por qué de su nombre. Dicen que se le llamó   negro  y no   de color fundamentalmente porque no se había inventado esa represión que significa la denominada   corrección política  y porque, al parecer, unos 200 metros por debajo de su superficie existe una capa de sulfuro de hidrógeno donde vive a placer una etnia microbiana que produce brunos sedimentos a razón de la oxidación anaeróbica del metano. Por otro lado, algunos científicos mantienen que, dado que ese mar tiene mucha menos salinidad que el Mediterráneo, hay turismo de masas de microalgas. Algo así como un remedo bacteriano de la marcha ibicenca o el sabor de Arguineguín y Mogán, pero sin alcohol ni éxtasis.   Y estuve a punto de cambiar tu mundo …

Para no volvernos locos con tanto griego pensante, basta con señalar que dos discípulos de Tales, Anaximandro y Anaxímenes, optan por gobernarse solos y anuncian que el principio de todas las cosas es “lo indeterminado (Apeiron)”, como el PSOE, o que ese arjé reside en el aire, seguramente por aquello de   Mortus est qui non respirat , resolla o resuella. Aquel que fue cocinero antes que fraile tuvo claro enseguida que Pitágoras iba a optar por el número, de modo que nos estuvieron machacando años con el triángulo rectángulo, los catetos – los hay por toneladas – la hipotenusa y su apuesta sexual por el trío, de tal manera que ésta última, la hipotenusa, al cuadrado es igual a la suma de los catetos, también al cuadrado cada uno de ellos. Por razones de equidad social. Una verdadera orgía, en definitiva.   Otro ladrillo en el Muro.

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Zebenzuí, el follador follado

Aunque admito que es moverse sobre el filo del cuchillo, cada vez disfruto más escribiendo acerca de “ Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”, zigzagueando en torno a los donaires de Juan de Mairena, en vez de dedicarme a escuchar “ las voces de los tenores huecos” y, encima, servirles de megáfono o bafle. ¿Recordaremos este verano de Irma, microalgas, secesionismos y clavijadas? No lo sé. Primero, pasados los años conservando la vida, habría que husmear en las estanterías del cerebro y luego tener mucho cuidado. Mucho cuidado, porque la memoria, al deconstruirse viniendo a nosotros, casi siempre nos engaña o nos lidia con medias verdades. ¿Hasta qué punto somos los que fuimos cuando recordamos? Atahualpa decía que “cada cual cree que no cambia y que cambian los demás”. “ Los recuerdos suelen contarte mentiras. Se amoldan al viento, amañan la historia; por aquí se encogen, por allá se estiran, se tiñen de gloria, se bañan en lodo, se endulzan, se amargan a nuestro acomodo, según nos convenga; porque antes que nada y a pesar de todo hay que sobrevivir”, advierte Serrat.

A pesar de todo, hay que sobrevivir. Y la única manera de sobrevivir es vivir pasando sobre esas cosas que pasan mientras nosotros pasamos. Unas recubiertas de solemnidad, otras domésticas, aquellas corrientes, muchas infames, pero todas moviéndose sobre el mismo tablero, que el tablero es uno, aunque múltiple como los misterios y hasta infinito. Tal vez eterno. El hombre cree que su tiempo es el tiempo, sin advertir que existen tantos tiempos que no pueden contarse. Que eso que las estadísticas consideran “la esperanza de vida” sólo es aplicable a tal vez el grano más ínfimo del Universo. Para Gardel, 20 años no eran nada … y qué son 80, 90 e incluso 100, un siglo, frente a los 10.000 millones de años que puede palpitar el sol a base de fisiones nucleares. Por ello, me aterroriza ese miserable y corrompido carpe diem sui generis, ejemplo de vesanía e irresponsabilidad, que practica una clase política que, como me decía hace muy poco el todavía Diputado del Común, Jerónimo Saavedra, explica que “ la inmensa mayoría de los políticos defiendan su puesto a dentelladas y degüello, no por ninguna vocación de servicio a los demás, sino porque de lo contrario se iría al paro”.

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Pasión de huracanes y canchanchanes

Suupongo que será tremendo el cabreo del feminismo radical porque al más devastador de los huracanes se le haya puesto de nombre – no bautizado, que el potaje de vientos y olas va de laico – se le haya llamado Irma, advierto. ¡Mal hecho! Debió ser conocido como Irmo y, una vez exhumado el cadáver de Billy Wilder al modo daliniano, sentenciarlo de manera inmediata – por acoso psicológico – a cambiar Irma la dulce por   Irmo el pastel, aunque el asunto de este monstruo de la Naturaleza, vómito de Poseidón y Taranis, no va de chuches, golosinas, chantillí, bizcochones – están en el imaginario y la expresión popular – hojaldres, guateques, ventorrillos y bochinches o guachinches sociedad limitada. En el catálogo estético del mega-realismo catastrofista sí podría entrar perfectamente. Es posible que James Cameron se anime.

Billy Wilder fue un auténtico huracán del celuloide  que, aparte de rodar   El apartamento, también con Shirley McLaine y Jack Lemmon, un film mítico, realizó geniales películas que todo el mundo debería ver. Como no estamos ante una crítica de cine, abandono el mundo de las estrellas, no sin antes contar dos anécdotas que siempre me han encantado. En un momento dado,   Shirley McLaine  dijo lo siguiente: “Mi hermano se ha acostado con todas las actrices de Hollywood, excepto con la perra Lassie. El hermano es   Warren Beatty. En otra ocasión, le preguntaron a Joan Collins si era cierto que hacía el amor con Warren siete veces diarias. Ella respondió “quizá él sí, pero yo sólo me limitaba a estar ahí tumbada”.

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Sospechan que Clavijo tiene las joyas de Pinito

Hubo un tiempo septiembres atrás en que yo iba todos los años a Teror formando parte de la comitiva municipal de Las Palmas de Gran Canaria. Subía a Teror en principio a ver a la Virgen del Pino, aunque, si he de ser sincero, acudía a la Villa Mariana – antes de que Allah fuera Rajoy y Soraya y Cospedal sus mahomas, huríes o yo que sé – me acercaba al norte de la isla, sostengo, junto a la Finca de Osorio, los paisajes de Pino Santo, las acequias de Crespo y Romero y los barranquillos de El Álamo y La Culata, ensoñación orográfica hasta el Colt y el Smith & Wesson, para que los terorenses vieran a Soria de cuerpo presente y los devotos pudieran en múltiples casos estrechar la mano del alcalde capitalino, considerado por Pedro Jota como “el gran político emergente” del PP y las Españas, mientras Agatha Ruiz de la Prada obtenía el encargo de decorar con unas palmeritas muy monas palmero sube a la palma nuevas paradas de guaguas que venían a sumarse al mobiliario urbano de la ciudad del renacimiento. Que quería renacer. Íbamos vestidos de magos, unos más magos que otros, juntos pero no revueltos, y acabábamos la amplia liturgia del día ofrendas carretas y bueyes en los balcones de una bonita casa que tiene o tenía la familia Manrique de Lara Paco Pepe en primera línea de plaza, ya unos metros por encima del populus. Lo adelantó Serrat: una vez acabada la fiesta, “Y con la resaca a cuestas, vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Se despertó el bien y el mal, la zorra pobre vuelve al portal, la zorra rica al rosal y el avaro a las divisas”. Jamás hubiera podido imaginar que la protocolariamente más relevante de aquellas gentes con quien departía, choca ese vaso, no era de aquí ni era de allá sino de Panamá y que post longum no sería nombrado hijo predilecto o adoptivo de la villa sino villano del clima. ¡Voto al gaznápiro verde! Una vez más Kheyam tenía razón: “Como saber no puedes del mañana, la angustia que te causas está basada en una ficción”.

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Tumor Clavijo 'delenda est'

Iba yo por la calle del medio, fastidiado por no poder llevarme a los labios un refrescante mojito para mitigar los efectos de la brutal inmigración de polvo sahariano no reivindicada por el Frente Polisario ni aliñada con comentario alguno por parte de Rabat. Que polvo eres y en polvo te convertirás antes de que el telurio obtengas, como señalan algunos libros sagrados. Mi termómetro cerebral marcaba exactamente, a las 14.00 horas, 122 grados Fahrenheit. Una auténtica monstruosidad calenturienta, superior incluso a aquellas de la adolescencia y las poluciones nocturnas. Y es que de poluciones iba la cuestión, ya que, cuando siempre defendí que el hombre había acabado con sus macrodepredadores – manteniéndose los mini y micro en hechura de enfermedades – y los había sustituido por matanzas genocidas interespecie, empezaba a colegir que tal vez me había subido al campanario antes de tiempo. Me explico: que los macrodepredadores bípedos están ahí y a ellos se han unido bichos también de infecta calaña, aprovechando para el despiste su carácter micro y la miopía, hipermetropía y presbicia del contribuyente atolondrado. Vino entonces, por esos libres albedríos de la mente mía, a mi mente vino aquella época en que nació la minifalda – medio siglo y tres años atrás – presumiblemente de los diseños de Mary Quant y André Courrèges, aunque son muchos los que sostienen que la atrevida ascensión del vuelto muslo arriba fue una eclosión de espontánea detonación, impulsada por la rebeldía y provocación de la década de los 60, tremendo cabreo que desembocaría en el Mayo Francés del 68, la imaginación al poder y aquello tan de actualidad que decía y dice algo así: “Miles de millones de moscas comen mierda. No pueden estar equivocadas. Comamos mierda nosotros también”. Es una manera escatológica pero muy acertada de definir cualquier régimen corrupto de partidos. ¡Y qué escándalo que la mosca del vinagre tenga un genoma muy similar al nuestro! También recuerdo a Twiggy, primera top model y precursora de la delgadez extrema en la mujer, mucho antes de que el personal estático o transeúnte supiera lo de la anorexia y la adoración judeomasónica a la talla 36. Pero no quiero ponerme nostálgico … o sí. Cuando era joven, la vida me parecía maravillosa. Un milagro, era hermosa, mágica. Y todos los pájaros en los árboles cantaban tan felizmente. Con alegría y juguetones, me miraban. Pero luego, me mandaron fuera. Para aprender a ser sensato, lógico, responsable, práctico. Me enseñaron un mundo donde podía mostrarme digno de confianza, clínico, intelectual, cínico. Hay momentos cuando todo el mundo duerme en que las preguntas se vuelven demasiado profundas para un hombre tan sencillo como yo. ¿Quieres decirme, por favor, lo que hemos aprendido?

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El macromuelle matará para siempre al Agaete que fue

Estaba Dios, en lo que luego sería el Puerto de Las Nieves de Agaete (Gran Canaria), estaba Yahvé como había permanecido desde hace unos 300.000 años: cual Neptuno, padre de Atlas y Polifemo, aislado del acantilado, hierático, sereno, impasible, señalando al cielo – con el dedo índice y no con el corazón – cuando se desataron las furias de la Naturaleza que no forman parte de la naturaleza de Dios. Como fruto de una mitología desconocida y de manera imprevista, como el hachazo de un rayo al que solo precede el trueno, armada hasta los dientes de olas y vientos huracanados, la cuarta letra del alfabeto griego – la Delta, precisamente la D – le amputó el apéndice con tanta crueldad que las tres falanges se desplomaron hasta el fondo marino. Nunca pensó nadie – ni siquiera los grandes profetas de la Biblia – que Belcebú tomara espada de tempestad para colocar al Altísimo con una minusvalía, aunque no muy severa. Aquellos que han visto alguna vez las viejas rotativas de los periódicos también pudieron advertir entonces a operarios con dedos desaparecidos en la lucha con rodillos, tinta y papel para que el mundo supiera lo que en el mundo pasaba.

Dijo Lorca: “ Fue la noche de Santiago y casi por compromiso. Se apagaron los faroles y se encendieron los grillos. En las últimas esquinas toqué sus pechos dormidos, y se me abrieron de pronto como ramos de jacintos”. Digo yo: Érase la tarde del 28 de noviembre 12 años atrás, cuando la tormenta tropical Delta se desparramó en airado vendaval y dejó a Agaete sin su icono más querido y relevante: el monumento natural del Dedo de Dios que, a partir de entonces, quedó lisiado en 20 metros de sagrada roca. Ante el dolor popular, las autoridades se preguntaron qué hacer. ¿Respetar los designios de los tiempos o reconstruir lo que el viento se llevó sin Rhett Butler ni Scarlett O'Hara? Hubo un tiempo de polémica y hasta quién defendió la idea de reconstruir el monumento con hormigón. Finalmente, se impuso la cordura y el sentido común. De cara al mañana, el que fuera Dedo de Dios como Dios manda quedaría truncado. Y así está ahora mismo.

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Los asesinos yihadistas veranean en furgonetas

Fue uno de los más terribles renacimientos que se recuerdan. De hecho, ocurrió en el recuerdo de tiempos evocados desde los más tétricos rincones de la memoria. Las masas corales entonaban arias sobre un carpe diem quam minimum credula postero hurtado a Horacio, manipulado e inoculado desde desconocidas aunque intuídas y plurales cimas y simas. Sin saber, no obstante, esos lodos gregarios si vivían presente, pasado o futuro. Incluso, se preguntaban si aquella explosión de variables estaciones donde se sostenía su hábitat tendría algún sentido y destino. El eslogan y la mentira habían clavado daga de plata sobre pensamiento y palabra. El mundo renqueaba y ecos, voces y alaridos construían un entorno sinfónico de paradójicas y enfrentadas armonías. La música de las sociedades no era otra cosa que ruido y las cabezas implosionaban o eran sometidas a muros psicotrópicos de contención. Hubo quien dijo que todo era un requiem por algo que fue y nadie conocía qué había sido. Parábola del árbol caído “Érase una vez un árbol que vivía de puntillas sobre el suelo. Este árbol ponía una sonrisa en primavera, cuando brotaban sus tallos, alegría en verano cuando maduraban sus frutos y nostalgia en otoño cuando se iba quedando desnudo. Un invierno vinieron unos hombres serios y lo cortaron.

El árbol vio como lo arrancaban de aquel trozo de tierra y lo llevaron.

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Estamos envenenados hasta los huevos. ¡Que nos comen los bichos por las patas!

Anda cierta parte del personal y los personajes comiendo ya semen de pulpo, plato que ha inventado un tal Muñoz, que no es hijo, sobrino o nieto del exalcalde pantojista marbellí sino eso que llaman “una joven promesa del cheffismo manducario o manducante” - un político emergente, en otros casos y esferas – apareado, además de con grandes ornamentos en los lóbulos de las aurículas, con una señorita de revista cutrónica entregada al selfi o posfotovanidad y a mostrar e insinuar supuestos encantos hasta que suenen las campanas de la venenosa toxina botulínica o botox, no un nuevo nombre para el sufragio secesionista sino ese chute incoloro que, intentando emular a Dorian Gray, convierte los rostros en el Cañón del Colorado, con la ayuda exógena de cirugías bananeras transnacionales que han logrado que no se sepa la nacionalidad de un culo, salvo que se muestre el pasaporte. Luego, si hay quienes andan todo el día llorando el imperio del denominado neoliberalismo, sensu contrario, camino alborozado con el nacimiento y consolidación de un nuevo surrealismo de patanes y destripaterrones al que, sin duda, llamaría surrestultitia. Ella da mucho juego a la hora del pensamiento, la palabra y el humor abracadabrante, aparte de ofrecer novedosos regates en el tablero de la ironía, la metáfora y el sarcasmo. Desde el Jaque del Loco o el Jaque Pastor hasta la Defensa Siciliana o el Gambito Evans.  

De hace ya bastante tiempo a esta parte, y acompañando a las tesis sobre la depredación que ejerce el hombre, la mujer, el gay, la sáfica y el trans sobre el medio ambiente - múltiples y pérfidas acciones que han sido agrupadas bajo el problema del cambio climático – desde estaciones atrás, da la impresión de que la fauna planetaria se ha rebotado en grado sumo y Krav magá y no está dispuesta a permitir que reventemos la tierra en unos cuantos años más. De momento, las agencias de inteligencia no han encontrado suficientes pruebas para, al modo de la Primavera Árabe, inferir que estamos en medio de un verano zoopandémico, pero sí es cierto que, aparte del VIH y el ébola, nuevos bichos cojoneros campan a sus anchas jodiendo al probo veraneante, esclavo durante once meses y que, en libertad vigilada, debe sufrir durante el mes de vacaciones atascos, pisotones, comida basura, accidentes de carretera, estrés al volante, barriga cervecera, multas de circulación, feroz gregarismo, escalope de arena, enterococos sin ron, piña ni piedad, Trichodesmium erythraeum o microalgas, crueles violaciones de rayos UVA y UVB por no usar lubricantes apropiados y hasta elefantes que embisten y tiburones que, de momento, andan nadando y guardando la ropa. El asunto se ha vuelto tan disparatado que, a las disensiones entre el Gobierno central y el autonómico sobre el microalguismo, ya se habla por ahí que la canción del verano en las Islas es un bolero-karaoke (?) titulado “Quiero ser tu microalga”, a la manera en que Carlos de Inglaterra quería ser el Tampax de Camila Parker Bowles, dama de alto copete no muy agraciada en la faz pero, según los corrillos de palacio y aledaños, una auténtica fiera en Flex, Pikolín  e incluso moqueta. Así, en medio de todo este caos globalizante, no es de extrañar que turistas, personal autóctono y ciudadanos de todo el globo sientan que les están tocando los testículos. De ahí al brutal fraude de los huevos contaminados con el pesticida fipronil va solamente un salto de gallina, polla o pita.

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