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José Miguel González Hernández

Natural de Santa Cruz de Tenerife, es economista de amplia y contrastada formación y experiencia. En la actualidad, ocupa el puesto de director-gerente en la empresa municipal Sociedad de Desarrollo de Santa Cruz de Tenerife, y antes había desarrollado su labor profesional al frente del Gabinete Técnico de CCOO en Canarias. Analista habitual en los medios de comunicación de las islas, ha sido docente en la UNED y ha formado parte del Consejo Económico y Social de Canarias, entre otras atribuciones.

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El valor de las fronteras

El ser humano se atrevió a bajar de los árboles cuando descubrió el poder de las armas y del fuego. De esa manera podía subyugar a las bestias que lo devoraban cuando intentaba desplazarse en la búsqueda de alimentos. Pero aún lo hacía a cuatro patas. Una vez se irguió, comenzó a desplazarse hacia aquellas zonas en que la abundancia primaba sobre la escasez. Apareció, por primera vez, el sentimiento de la acumulación junto a la necesidad de la custodia continua.

Según iban creciendo las tribus, la movilidad de estas se complicaba. Por ello la actitud nómada fue dando paso al sedentarismo. Se domesticó la tierra. Fue causa de conflicto la fertilidad de esta cuando se competía por el territorio. Es ahí donde aparecieron las fronteras. Líneas imaginarias que delimitarían el radio de actuación de cada comunidad y que fomentarían el enfrentamiento más o menos belicoso con el propósito de conservar la propiedad. Cada comunidad desarrollaría su forma de comunicación generando, por lo tanto, el aislamiento del resto. Pero, claro está, la especialización daría paso al fomento del intercambio, tanto desde la perspectiva de las mercancías como de las personas.

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Empleo cierto

La formalización de un contrato no se ejecuta por un deber patriótico sino por una objetiva causa de rentabilidad económica. De la misma forma que no se debe ni pueden establecer fronteras a la libre circulación de capitales, respecto a las personas la actitud debe ser la misma.

Las autarquías han demostrado a lo largo de nuestra historia económica que, al no fomentar la amplitud de los mercados, y menos los limitados en lo que a su dimensión y fragmentación se refiere, generan más perjuicios que beneficios. Lo que hay que provocar es la certeza más absoluta por parte del tejido productivo a la hora de contratar a nuestros residentes porque estos sean los que mayor capacitación profesional, formación y habilidades transversales exponen frente al resto.

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Sin complejos

Es una realidad que el empleo es consecuencia del crecimiento económico, mientras que el desarrollo depende de la calidad de dicho crecimiento a través de sus programas de inversión y de empleo. Sobre la base de este concepto, Canarias mantiene aún (por diferentes razones) un alto índice de temporalidad contractual, a la vez que, estadísticamente, se sitúa entre las comunidades autónomas con menores costes laborales salariales medios. No obstante, la razón no hay que buscarla principalmente en una menor retribución a una misma ocupación respecto a otros entes territoriales, sino a una mayor proporción de empleos no cualificados al tener sectores productivos intensivos en factor trabajo.

En este sentido, la influencia de la dimensión de la empresa en la demanda de trabajo se relaciona con la capacidad para generar empleo y en Canarias estas son mayoritariamente microempresas con ausencia de mercados internos de trabajo que limitan la promoción. La concentración de la actividad en determinados sectores influye en la productividad y genera dificultades para incrementarla si no hay innovaciones tecnológicas insertas en sus procesos productivos.

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El papel de las instituciones

En una acaudalada sociedad, una determinada institución es admirada por el bienestar y la felicidad que desprende, suministra y comparte. Sin embargo, de puertas para adentro, algo falla en su espléndida relación. La esterilidad ideológica hace imposible la llegada de propuestas. Por ello decide contratar a miembros de alquiler, cuya misión será pasar juntos un periodo de tiempo, buscando el momento más propicio para la concepción. Pero los problemas no paran de surgir y empiezan las excusas: que si no tengo dinero, que si ahora no puedo, que si lo haré más tarde, que si me entendiste mal, que si los mercados…

Como empezaron a hacer puentes antes de tener los ríos, el idilio duró poco. Empezaron a dormir en camas separadas. Las conversaciones fueron más tensas y lo temas tratados menos relevantes, con el objeto de evitar confrontación. Algo ya iba mal cuando, en el primer discurso, se dirigieron a la población y le comentaron que tenían dos noticias, una buena y otra mala. La buena es que todas nuestras deudas estarían saldadas. La mala es que tienen pocas para abandonar el territorio.

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La paciencia caducada

Parece ser que ahora el que no trabaja es porque no quiere. Parece ser que las finanzas de nuestro país mejoran a pasos agigantados y que apenas las entidades financieras pueden contener la liquidez que el sistema les está solicitando de forma urgente. Parece ser que los operadores privados no saben qué hacer con tanto crédito y los ahorradores están hartos de ganancias rentables de sus depósitos y fondos de inversión. Parece ser que los temidos mercados ahora son mansos gatitos que hacen arrumacos a los estados para poder tener el honor de comprarles deuda soberana. Pero lo que parece ser, a lo mejor no lo es del todo, de ahí que intentemos colocar todas las variables que forman este completo poliedro de la realidad para entender mejor lo que está sucediendo.

Es cierto que la estructura financiera se ha destensionado porque la estructura económica y social se ha abaratado, sobre todo desde la perspectiva interna dedicada a la exportación, con las consiguientes ganancias en competitividad vía coste. La prima de riesgo ha caído y la bolsa está ahí, con unos días mejor y otros peor. Con el objeto de mantener esta tónica durante bastante tiempo, las entidades que deben dotar de liquidez al sistema han aprovechado para realizar continuas subastas y así atesorarlas a menor precio.

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Breve, pero intenso

No se engañen por el título. No se trata de reproducir un ejercicio milagroso para preparar nuestro cuerpo de cara al verano. Lo que se intenta en las siguientes líneas es arrojar datos técnicos sobre determinadas proyecciones económicas para generar debate y controversia, cuando menos.

En primer lugar, hay que aclarar que existe el ferviente deseo por parte de toda la población de hacerse acreedora de la recuperación económica. Por ello, cuando alguien argumenta, con mayor o menor valor científico, que todo lo malo ha pasado, hay que esperar a que acierte. Sería poco solidario querer que se equivoque simplemente por tener razón. No obstante, el desmesurado optimismo también hay que cuantificarlo.

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La esponja de cristal

Si se produjera una lluvia de meteoritos sobre la Tierra, dependiendo del tipo de superficie sobre la que impactara, originaría una mayor o menor incidencia. No es lo mismo que caiga sobre los océanos que sobre tierra firme. Ni siquiera lo es si alcanza un arenoso desierto o una cordillera. El símil nos puede servir para preguntarnos y respondernos sobre el porqué del impacto de la recuperación económica en Canarias.

Nuestro archipiélago se ha comportado como una esponja de cristal que ha absorbido todas las regresiones económicas que han acontecido en la coyuntura económica internacional ocasionando roturas de muy difícil solución en un corto plazo, sin que se haya podido dotar de cierta impermeabilidad al respecto.

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Una de conceptos

La propia etimología de la palabra “presupuesto” se refiere a una cantidad de dinero calculada antes de ser necesitada. Está formada de pre (antes) y supuesto (dado por cierto). Es decir, nos indicaría el supuesto previsto con antelación. El presupuesto se dota de unos ingresos y de unos gastos, de tal forma que, si los primeros son mayores que los segundos, habrá superávit. Pero cuando queremos gastarnos más de los que previsiblemente vamos a ingresar, aparece el déficit.

Dicho presupuesto hay que financiarlo, y las bases sobre las que se financia son expectativas futuras de ingresos. Pero como el día a día exige unos pagos, esos se afrontan sobre una póliza de crédito que las entidades financieras ponen a nuestro servicio. Ahí es donde aparece el concepto de deuda. Esta proviene de la palabra deber, es decir, una obligación adquirida. La solvencia a la hora de satisfacer dicha deuda dependerá de la confianza, de la madurez y de la eficacia del sistema financiero y del coste asociado a través de los tipos de interés, entre otras cosas.

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Carta abierta

Perdona que te moleste, pero no sé si te has dado cuenta. Las cosas han cambiado. Es cierto que cada día se repiten los mismos conflictos y, probablemente, las mismas soluciones. Pero no creas que la historia ha comenzado el mismo día en que naciste. Antes, y también después, sucederán cosas similares. Podemos seguir discutiendo si existe una vida más justa. Podemos seguir discerniendo sobre cuáles son las decisiones que habría que llevar a cabo para alcanzar la cúspide. Pero todo tiene su fin, sobre todo cuando descubres que a nadie más le puedes echar la culpa. Y es ahí cuando descubres que, probablemente, la culpa la tengas tú.

Las relaciones económicas y, por ende, las sociales han mutado. Y han mutado en la dirección elegida por la mayoría. Nos pueden gustar más o menos, pero formamos parte de dicha mayoría, aunque no estemos incluidos en ella. La convivencia y la coexistencia nos hacen ser seres civilizados. Por ello, si algo no nos gusta, protestemos lo justo, pero trabajemos mucho por cambiarlo. Cuando el barco se hunde, de nada vale enfadarnos y enfrentarnos al mar. Hay que enfrentarse al boquete por el que está entrando el agua, teniendo conciencia de que somos parte del problema.

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Velocidad y tocino

Las políticas de estímulo, desde la perspectiva de la minimización de la presencia de la Administración pública en la sociedad, únicamente dejan nichos de mercado lo suficientemente apetecibles para que sean sustituidos por la iniciativa privada. Dicho procedimiento no es malo por esencia. El problema surge cuando la iniciativa privada aplica los criterios puros de rentabilidad y deja fuera del sistema a un determinado número de personas que, con sus propios recursos, no tendrían acceso al servicio.

Es obvio que la Administración pública es parte de la economía. Muchas veces la seguridad jurídica se explica poco y pareciera que se muestra como un impedimento, sobre todo cuando se nos ahoga con cargas burocráticas incomprensibles para el administrado de a pie. En nuestra economía, la canaria, la presencia pública alcanza en algunas islas el 50% del PIB. Cifra nada desdeñable que debe y puede ser utilizada y, en algunos casos, modulada. El problema es cuándo.

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