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José Miguel González Hernández

Natural de Santa Cruz de Tenerife, es economista de amplia y contrastada formación y experiencia. En la actualidad, ocupa el puesto de director-gerente en la empresa municipal Sociedad de Desarrollo de Santa Cruz de Tenerife, y antes había desarrollado su labor profesional al frente del Gabinete Técnico de CCOO en Canarias. Analista habitual en los medios de comunicación de las islas, ha sido docente en la UNED y ha formado parte del Consejo Económico y Social de Canarias, entre otras atribuciones.

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Plan de acción

Llega el periodo estival y se nos plantea la obligación de aprovechar al máximo nuestro tiempo libre junto a la potenciación de las situaciones de descanso para disfrutar y desconectar de las preocupaciones diarias.

Hablar de vacaciones es un tema complicado porque, y se dice en tono jocoso, para descansar antes se debe tener cansancio. No obstante, con el fin de parecer que aprovechamos el tiempo libre al que tenemos derecho, es mejor proceder a una desconexión paulatina de la rutina obligatoria, empezando por la minoración en el uso disciplinario del reloj y sus consiguientes alarmas. Seguidamente, hay que minimizar la utilización de las redes sociales y de la gestión tecnológica que nutre nuestra capacidad de recepción de información y conocimiento, con el fin de volver a capitalizar nuestro raciocinio a nuestro ritmo, con el objetivo de poder volver a la vida diaria con ideas renovadas tras reflexionar sobre qué se ha hecho y cómo se ha hecho, así como el planteamiento de nuevos retos para los tiempos futuros.

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Desarrollo transversal

Dentro de la estrategia para la mejora de la competitividad y el desarrollo económico de cualquier región, existe una serie de actuaciones estructurantes que guardan relación directa con los distintos sectores productivos. Cualquier mejora de la situación económica y la consiguiente generación de empleo pasan, ineludiblemente, por la puesta en marcha de actuaciones encaminadas a adaptar a los nuevos tiempos las infraestructuras y los servicios existentes, así como por desarrollar nuevas iniciativas que permitan un desarrollo no solo sostenible sino también sostenido.

En las sociedades contemporáneas, la incorporación de conocimiento a la vida cotidiana, tanto al trabajo como al ocio, introduce constantes cambios. Combinar las limitaciones territoriales con las posibilidades que ofrece la acumulación de conocimientos y los cambios que impulsan requiere un nivel de reflexión sostenido por información y capacidades de alto valor estratégico. De ahí que el triángulo cultura-innovación-formación sea clave para el desarrollo.

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El diseño de un sueño

Es cierto que no solo nos formamos para alcanzar un determinado puesto de trabajo. También existe el aprendizaje con origen y destino vocacional. No obstante, al final debemos disminuir el afán romántico de nuestras aspiraciones para poder llenar el plato varias veces al día, a la vez que disponer de un lecho donde descansar de forma más o menos permanente. Por ello, la pregunta en qué voy a terminar trabajando el día de mañana tiene una complicada respuesta porque el futuro no está escrito y sus necesidades tampoco, aunque lo podemos condicionar según nuestro comportamiento presente.

Cualquier unidad de negocio tiene como finalidad satisfacer una necesidad. Pero en una sociedad con perpetuos cambios hay dificultad para vislumbrar lo que sucederá en el cruce entre la oferta y la demanda del empleo, y más cuando están emergiendo profesiones nada convencionales, mientras que en otras se asiste a una permanente incertidumbre en lo que a su continuidad funcional se refiere.

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Nuevos paradigmas

Dicen que la felicidad no se mide por lo que tienes, sino por lo que compartes. Eso es lo que, probablemente, pensó el movimiento que promueve las acciones centradas en el consumo colaborativo. Según ese razonamiento, parece claro que el trueque siempre ha estado en nuestras vidas. Primero fueron objetos y, para establecer una medida paritaria y homogénea, se creó la moneda como método eficaz en las transacciones.

No obstante, cualquier vicisitud que origine incertidumbre en el poder de compra o en el atesoramiento (o pérdida) de riqueza hace que el ingenio se agudice, orientando el consumo no tanto hacia una finalización de la vida útil de los bienes y servicios, sino a una prolongación utilitarista de estos a través del intercambio. Es ahí donde nace (pero no por novedoso, sino por reciente) la denominada economía colaborativa.

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La cuenta, por favor…

En una tranquila casa de comidas…

-Buenos días. Tenemos una mesa reservada hoy para la una y media, para cuatro.

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La receta

Hoy vamos a preparar un plato infalible que siempre lo dejará en buen lugar frente a los comensales invitados. Los componentes son sencillos de conseguir y el tiempo de elaboración es compatible con su quehacer diario. Verá que es preferible a un potaje de berros, una cazuela de pescado con gofio escaldado o el conejo en salmorejo, sin que falte un apetitoso queso fresco y papitas negras arrugadas.

Pero le aseguro que no se va a arrepentir. Le va a salir un plato con el que terminará chupándose los dedos. Puede cocinarlo bien a través de los procedimientos de la cocina tradicional o bien mediante la deconstrucción con el fin de modificar el aspecto, textura y combinación de los distintos sabores y colores para mejorar el estímulo sensorial. El nombre del plato que hoy vamos a preparar es  Ley de Presupuestos o, si lo prefiere, Manojo desmechado de partidas presupuestarias aromatizado con recortados pétalos salvajes cogidos por los pelos.

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Ahora no toca

Se acerca el verano. El sol brilla con fuerza y playas y piscinas se ven a abocadas a su masivo uso. Buscamos el bañador, nos lo ponemos y comprobamos que aparecen ciertas formas de nuestro cuerpo que no estaban ahí. Pensamos enseguida en bajar unos kilos y así mejorar la autoestima. Podemos elegir entre la dieta recomendada que combina ejercicio con una alimentación sana y moderada o la abstinencia total de alimentos, cuya cara más drástica se personifica en la huelga de hambre.

Esta es una herramienta de lucha no violenta que consiste en renunciar a cualquier tipo de alimentación para reivindicar el cumplimiento de algún derecho o eliminar normas consideradas ilegítimas por el sujeto. Su motivación reivindicativa puede ser o no valorada, como mejor se crea conveniente. Pero otra realidad es que puede haber inventado una infalible dieta de adelgazamiento, aunque abierta a todo tipo de peligros, de los que hay que destacar el propio fallecimiento de la persona usuaria.

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El orden natural de las cosas

Cuando se quiere arrancar un coche en cambio, lo mejor es poder hacerlo cuesta abajo, ya que de esta forma coge velocidad. De lo contrario, habría que empujar hasta acelerarlo un poco. De todas formas, científicos de las bujías defienden que arrancarlo de esa forma debería ser la última de las opciones a elegir puesto que, dependiendo del tipo de motor, ello podría provocar una costosa avería.

Siguiendo con el procedimiento, y estando el contacto puesto, una vez el coche haya alcanzado cierta velocidad (cuanto mayor sea, más fácil será el arranque) pondremos segunda o tercera y soltaremos el embrague de golpe. Lo idóneo sería que una persona se pusiera al volante y dos o tres empujaran. Si el problema estaba en la batería, el coche funcionará. Claro está que, si te colocas en una subida pronunciada con cuatro personas dentro y el freno de mano puesto, la cosa no solo se complica sino que, probablemente, el coche no se moverá y nunca arrancará.

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Malditas dicotomías

Intentando pensar sobre una hipotética pelea entre lo público y lo privado, lo primero que se nos puede venir a la cabeza son los juegos de suma cero. Es decir, que la ganancia de una parte se pudiera corresponder con la pérdida de la otra. En este sentido, los juegos de esta naturaleza, bajo determinados parámetros en torno a un número finito de repeticiones, provocan al final que todas las partes pierdan.

Para visualizar dicho hecho, utilizaremos la teoría de juegos con su conocido “dilema del prisionero”. Dicho juego consiste en la existencia de un supuesto crimen y la detención de dos personas. La autoridad competente decide interrogarlos por separado para preguntar quién ha cometido el asesinato. La opción, por un número finito de veces, que se le ofrece a cada uno es doble: si se callan, nadie irá a la cárcel. Si acusa a la otra parte, podrá quedar libre y no será su propia persona la que dé con sus huesos en la trena y sí la otra. Tras el interrogatorio, en la última ronda, ambos se acusarán y, por lo tanto, serán condenados. Como decíamos, la amenaza de un juego de suma cero hace que las dos partes pierdan, puesto que se acusan mutuamente porque no creen que la otra parte guarde silencio. En el campo de la gestión de los intereses públicos en discusión con lo privado, el debate es similar. Quien plantea la dicotomía entre lo público y lo privado estableciéndola como un juego de suma cero en este mercado comete un intencionado error.

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La gestión del descontento

No me gustaría darle la razón a Oscar Wilde cuando argumentaba que el primer paso de una nación hacia el progreso era el descontento. Está claro que la meta a conseguir en los momentos actuales sea la de encontrar el sendero de desarrollo de la actividad productiva compatible con el equilibrio de los precios y el descenso más acusado y permanente de la tasa de paro. El problema surge cuando no se diferencian las estrategias de corto plazo de las de medio o largo, porque una masiva desregulación, pudiendo generar cierta mejoría de las magnitudes sobre las que intenta influir, a medio y largo plazo alterará sobremanera las reglas del juego, ocasionando mayores perjuicios respecto a los iniciales beneficios pretendidos.

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