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José Miguel González Hernández

Natural de Santa Cruz de Tenerife, es economista de amplia y contrastada formación y experiencia. En la actualidad, ocupa el puesto de director-gerente en la empresa municipal Sociedad de Desarrollo de Santa Cruz de Tenerife, y antes había desarrollado su labor profesional al frente del Gabinete Técnico de CCOO en Canarias. Analista habitual en los medios de comunicación de las islas, ha sido docente en la UNED y ha formado parte del Consejo Económico y Social de Canarias, entre otras atribuciones.

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La receta

Hoy vamos a preparar un plato infalible que siempre lo dejará en buen lugar frente a los comensales invitados. Los componentes son sencillos de conseguir y el tiempo de elaboración es compatible con su quehacer diario. Verá que es preferible a un potaje de berros, una cazuela de pescado con gofio escaldado o el conejo en salmorejo, sin que falte un apetitoso queso fresco y papitas negras arrugadas.

Pero le aseguro que no se va a arrepentir. Le va a salir un plato con el que terminará chupándose los dedos. Puede cocinarlo bien a través de los procedimientos de la cocina tradicional o bien mediante la deconstrucción con el fin de modificar el aspecto, textura y combinación de los distintos sabores y colores para mejorar el estímulo sensorial. El nombre del plato que hoy vamos a preparar es  Ley de Presupuestos o, si lo prefiere, Manojo desmechado de partidas presupuestarias aromatizado con recortados pétalos salvajes cogidos por los pelos.

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Ahora no toca

Se acerca el verano. El sol brilla con fuerza y playas y piscinas se ven a abocadas a su masivo uso. Buscamos el bañador, nos lo ponemos y comprobamos que aparecen ciertas formas de nuestro cuerpo que no estaban ahí. Pensamos enseguida en bajar unos kilos y así mejorar la autoestima. Podemos elegir entre la dieta recomendada que combina ejercicio con una alimentación sana y moderada o la abstinencia total de alimentos, cuya cara más drástica se personifica en la huelga de hambre.

Esta es una herramienta de lucha no violenta que consiste en renunciar a cualquier tipo de alimentación para reivindicar el cumplimiento de algún derecho o eliminar normas consideradas ilegítimas por el sujeto. Su motivación reivindicativa puede ser o no valorada, como mejor se crea conveniente. Pero otra realidad es que puede haber inventado una infalible dieta de adelgazamiento, aunque abierta a todo tipo de peligros, de los que hay que destacar el propio fallecimiento de la persona usuaria.

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El orden natural de las cosas

Cuando se quiere arrancar un coche en cambio, lo mejor es poder hacerlo cuesta abajo, ya que de esta forma coge velocidad. De lo contrario, habría que empujar hasta acelerarlo un poco. De todas formas, científicos de las bujías defienden que arrancarlo de esa forma debería ser la última de las opciones a elegir puesto que, dependiendo del tipo de motor, ello podría provocar una costosa avería.

Siguiendo con el procedimiento, y estando el contacto puesto, una vez el coche haya alcanzado cierta velocidad (cuanto mayor sea, más fácil será el arranque) pondremos segunda o tercera y soltaremos el embrague de golpe. Lo idóneo sería que una persona se pusiera al volante y dos o tres empujaran. Si el problema estaba en la batería, el coche funcionará. Claro está que, si te colocas en una subida pronunciada con cuatro personas dentro y el freno de mano puesto, la cosa no solo se complica sino que, probablemente, el coche no se moverá y nunca arrancará.

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Malditas dicotomías

Intentando pensar sobre una hipotética pelea entre lo público y lo privado, lo primero que se nos puede venir a la cabeza son los juegos de suma cero. Es decir, que la ganancia de una parte se pudiera corresponder con la pérdida de la otra. En este sentido, los juegos de esta naturaleza, bajo determinados parámetros en torno a un número finito de repeticiones, provocan al final que todas las partes pierdan.

Para visualizar dicho hecho, utilizaremos la teoría de juegos con su conocido “dilema del prisionero”. Dicho juego consiste en la existencia de un supuesto crimen y la detención de dos personas. La autoridad competente decide interrogarlos por separado para preguntar quién ha cometido el asesinato. La opción, por un número finito de veces, que se le ofrece a cada uno es doble: si se callan, nadie irá a la cárcel. Si acusa a la otra parte, podrá quedar libre y no será su propia persona la que dé con sus huesos en la trena y sí la otra. Tras el interrogatorio, en la última ronda, ambos se acusarán y, por lo tanto, serán condenados. Como decíamos, la amenaza de un juego de suma cero hace que las dos partes pierdan, puesto que se acusan mutuamente porque no creen que la otra parte guarde silencio. En el campo de la gestión de los intereses públicos en discusión con lo privado, el debate es similar. Quien plantea la dicotomía entre lo público y lo privado estableciéndola como un juego de suma cero en este mercado comete un intencionado error.

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La gestión del descontento

No me gustaría darle la razón a Oscar Wilde cuando argumentaba que el primer paso de una nación hacia el progreso era el descontento. Está claro que la meta a conseguir en los momentos actuales sea la de encontrar el sendero de desarrollo de la actividad productiva compatible con el equilibrio de los precios y el descenso más acusado y permanente de la tasa de paro. El problema surge cuando no se diferencian las estrategias de corto plazo de las de medio o largo, porque una masiva desregulación, pudiendo generar cierta mejoría de las magnitudes sobre las que intenta influir, a medio y largo plazo alterará sobremanera las reglas del juego, ocasionando mayores perjuicios respecto a los iniciales beneficios pretendidos.

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Rentabilidades condicionadas

Tras las reflexiones vertidas sobre la eterna discusión acerca del concepto de diversificación económica y la imperiosa necesidad de su existencia (o no), como germen adicional del debate, será conveniente abordar el papel de las decisiones políticas en el devenir de los acontecimientos relacionados con los diferentes procesos de inversión. Teniendo claro que muchas personas asumimos que la principal motivación de nuestras actuaciones tiene un componente intrínsecamente económico, lo de la rentabilidad de éstas es parte indisoluble del proceso.

Es por ello que el proceso político de toma de decisiones, como no puede ser de otra manera, condiciona las circunstancias del entorno, independientemente de si interviene de forma activa, derivando y reorientando incluso a los diferentes sectores económicos, o de si no hiciera absolutamente nada y únicamente actuara dotando a la ciudadanía de una correcta provisión de los servicios públicos esenciales. Para eso existe un marco legislativo en el que se incorporan las reglas de juego y dichas reglas de juego pueden, y de hecho lo hacen, supeditar las actuaciones y preferencias de los agentes económicos. Para muestra, una mercería entera y no solo un botón, tanto si se le incorpora el componente ideológico como si no.

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Cambio de modelo

Uno de los temas concurrentes en la historia económica de nuestra región ha sido el debate continuado sobre la necesidad o no de la diversificación económica. Incluso llegó a una altura en la que se planteó la necesidad de un proceso creciente de industrialización mecánica tangible como alternativa a la importación. No obstante, la escasa dimensión de la demanda y la propia estructura geográfica de nuestra economía ofrecieron soluciones rentables de mayor modestia. Por otro lado, la economía de servicios, en la que la gestión y el conocimiento tiene otros condicionamientos, sí que se ha configurado como sector de futuro no solo aquí, sino en las economías desarrolladas.

Por ello, la diversificación no siempre será la principal solución porque debe ampliarse a si es intra o intersectorial. No obstante, se plantean sesudos debates sobre si es mejor acometer el futuro con varias cestas, aunque se tengan pocos huevos. Demasiada grandilocuencia para tan poco resultado. Lo cierto, o al menos lo más probable, es que hay que dotarse de instrumentos y estrategias dignas de la adaptación y, si para ello hay que especializarse, pues habrá que especializarse.

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Vulnerabilidad + dependencia = intensidad

Las oscilaciones en los precios de los derivados energéticos en los mercados internacionales impactan con mayor profusión en aquellas regiones donde, por un lado, su dimensión geográfica y económica es relativamente baja. Por otro, en las que su autosuficiencia frente al exterior es mínima.

Estas características son propias de las economías archipielágicas con alto nivel de transacción externa. Con el fin de limitar la intensidad de dichos impactos (tanto positivos como negativos), desde una perspectiva teórica, la solución parece clara: crear actividad productiva de alto valor añadido que arrastre inversión y empleo, junto a la diversificación energética que permita a la economía ser más competitiva y menos dependiente.

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Los mártires de Chicago

Los hechos que dieron lugar a una celebración como la del Día del Trabajo están contextualizados en los albores de la revolución industrial en los Estados Unidos. Chicago era uno de los centros urbanos que más acogió a emigrantes venidos de todo el mundo a lo largo del siglo XIX. La historia de los mártires de Chicago comienza con una convención de la American Federation of Labor en 1884. En esa convención se llamó a los trabajadores a luchar por la jornada laboral de ocho horas, la cual se venía pidiendo desde la década de 1860, para sustituir el día laboral de 10, 12 y hasta 16 horas que entonces prevalecía. La federación declaró que la jornada de ocho horas entraría a efecto el primero de mayo de 1886.

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El valor de las fronteras

El ser humano se atrevió a bajar de los árboles cuando descubrió el poder de las armas y del fuego. De esa manera podía subyugar a las bestias que lo devoraban cuando intentaba desplazarse en la búsqueda de alimentos. Pero aún lo hacía a cuatro patas. Una vez se irguió, comenzó a desplazarse hacia aquellas zonas en que la abundancia primaba sobre la escasez. Apareció, por primera vez, el sentimiento de la acumulación junto a la necesidad de la custodia continua.

Según iban creciendo las tribus, la movilidad de estas se complicaba. Por ello la actitud nómada fue dando paso al sedentarismo. Se domesticó la tierra. Fue causa de conflicto la fertilidad de esta cuando se competía por el territorio. Es ahí donde aparecieron las fronteras. Líneas imaginarias que delimitarían el radio de actuación de cada comunidad y que fomentarían el enfrentamiento más o menos belicoso con el propósito de conservar la propiedad. Cada comunidad desarrollaría su forma de comunicación generando, por lo tanto, el aislamiento del resto. Pero, claro está, la especialización daría paso al fomento del intercambio, tanto desde la perspectiva de las mercancías como de las personas.

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