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José Saturnino Martínez García

Dr. en Sociología (UAM), Máster en Economía de la Educación (UCIII) y licenciado en CC. Políticas y Sociología (UCM). Ha sido profesor en la Universidad de Salamanca e investigador invitado en la Universidad de Wisconsin (Madison). Fue Vocal Asesor en el Gabinete de J.L.R. Zapatero, entre 2007 y 2011. Actualmente es Profesor de Sociología en
la Universidad de La Laguna. Ha colaborado con diversos medios, como El País, Le Monde Diplomatique, Viejo Topo o Revista de Libros, y sus investigaciones se han publicado en diversas revistas académicas.

Miembro del colectivo Líneas Rojas.

Los tontos útiles del capitalismo

Yo confieso, he sido tonto útil del capitalismo, y aunque me arrepiento con propósito de enmienda, igual puedo volver a pecar en cualquier momento. Que seamos legión, desatados por la redes, no quita la gravedad dañina de mi estupidez. Cuando se habló de la posibilidad de alquilar esa habitación que uso de espacio de trabajo, con la que podría sacar un dinerillo, gracias a una aplicación informática, critiqué a los rancios que se oponen al progreso, a los vecinos envidiosos que no tienen una habitación que alquilar. Cuando se planteó la posibilidad de que las horas tontas que tienes por la ciudad con el coche las puedas emplear en prestar un servicio más barato que un taxi, me pareció una gran oportunidad de flexibilidad, de la que solo podrían quejarse los taxistas acomodaticios, con mentalidad rentista gracias a sus licencias municipales. Cuando se ofreció la posibilidad de que con la bici puedas prestar un servicio de mensajería, me pareció genial, pues puedes compaginar esa actividad con un uso flexible de tu tiempo. Cuando he tenido posibilidad de hacer trabajos que fomentan mi autonomía y mi creatividad, no me ha importado hacerlo en condiciones laborales infames, por debajo del umbral de la línea de pobreza, sin derechos laborales.

Todos estos movimientos han venido acompañados como el hermanamiento entre tecnología, desarrollo personal, autonomía individual y mejora para todos del bienestar económico y/o emocional. A cada persona se le estaba ofreciendo la posibilidad de convertirse en emprendedor, dueña de su propio futuro, de salir de su zona de confort, de luchar por sus sueños, de explorar la vida. La tecnología nos estaba haciendo libres. Oh, sí. Libres de ser explotados y vendidos como mercancías, desarticulando los controles colectivos y morales que contribuyen a equilibrar la negociación entre quienes tienen capital, ya sea económico, social, cultural o simbólico, y los que no.

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Poliamor: ¿amor libre o neoliberal?

Desde hace unos pocos años, cada vez es más frecuente oír hablar del amor como un mercado más, bajo el nombre de poliamor. La libertad con sabor neoliberal se basa en que dos personas con su forma particular de entender el mundo llegan a acuerdos mutuamente beneficiosos, siendo el mercado la institución por antonomasia en la que cristaliza esta relación contractual basada en el libre consentimiento. Por lo menos desde Marx sabemos que este intercambio formalmente igual en condiciones de desigualdad genera explotación, pues quien tiene más poder se queda con una mayor parte del producto del trabajo colectivo.

Tras la educación, la sanidad, el agua, la energía, el ejército… para mi sorpresa, un nuevo espacio social está siendo colonizado por la lógica mercantil: el amor. Por supuesto, no se le denomina amor neoliberal, o amor mercantil. Se le llama poliamor. Pero no es más que la colonización de la vida afectiva y del deseo por la lógica del contrato mercantil. El poliamor, como otros derivados del pensamiento posmoderno, es acertado en la crítica, pero errado en la solución. Es una crítica necesaria a instituciones opresoras de la libertad, como el modelo patriarcal y capitalista de pareja. Una pareja posesiva, jerarquizada en torno a la voluntad del hombre, y organizada como unidad de producción y reproducción de trabajo no remunerado realizado por las mujeres.

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El esfuerzo y el talento como ideología

La Fundación COTEC ha publicado su informe anual sobre el estado de la Investigación y Desarrollo en España. No solo somos de los países europeos en los que las administraciones públicas hacen menos esfuerzo inversor, sino que además las empresas españolas son de las más rácanas, parece que se quedaron en el descubrimiento de “que inventen ellos”. España es uno de los países en los más se recorta en porcentaje de PIB en estas actividades en los últimos años. Mientras el porcentaje del PIB dedicado a I+D aumentaba un 35,7% en Alemania entre 2009 y 2016, en España disminuía un 12,6%. Para ser buenos camareros de los alemanes no hace falta un gran desembolso en ciencia.

Esta falta de inversión, pública y privada, debe tenerse en cuenta a la hora de analizar otros indicadores, como los relacionados con la producción científica. Las universidades españolas son las principales instituciones de producción científica. Cada vez que se publican ranking sobre universidades se hacen descontextualizados de la necesidad de financiación para estar en la élite mundial. Son muchos los titulares que señalan que España no está en los primeros doscientos puestos, pero pocos los tienen en cuenta que entramos en las zonas altas de la clasificación, pues estamos en el top de países con más universidades entre las quinientas primeras del mundo. Llegamos a tener una universidad entre las 200 primeras, la Universidad de Barcelona, y como premio, la Generalitat prefirió seguir con sus retallades. El Gobierno español podría haberla reforzado con actuaciones especiales, en reconocimiento de su mérito, pero igual no tenían claro si era una universidad española.

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Fui yo

Una campaña en redes sociales ha invitado a todas las mujeres que hayan sufrido algún tipo de agresión por el hecho de ser mujeres a que empleen la etiqueta “yo también” en las redes. De esta forma se puede visualizar que no es exagerado afirmar que todas las mujeres en algún momento han sufrido alguna agresión por el mero hecho de serlo. Los hombres no sufrimos agresiones por ser hombres, igual que los heterosexuales no sufren agresiones por su condición sexual.

Hay marcas asociadas a la identidad estigmatizadas, y a quienes no se nos estigmatiza nuestra identidad, nos cuesta ponernos en el lugar del otro. Hay quienes frivolizan (no es para tanto la queja), sin tener en cuenta que no se cuestiona un pequeño momento, sino una acumulación de anécdotas que se torna insoportable.

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La verdad y el poder

Si vamos a ver una película de terror y nos da risa, mal asunto. Si vamos a ver una película que se anuncia como cómica, pero nos agobia, mal asunto. No hay nada malo en los efectos que producen estas películas, pero las valoramos según lo que dicen ser. En general, los elementos culturales no son ni buenos ni malos en sí mismos, sino lo son en relación con los fines que pretenden. Este ejemplo para los géneros cinematográficos es una aplicación de una idea más general que vale para todo tipo de cuestiones sociales, no se pueden valorar en sí mismas, sino según el fin que pretenden. Una policía que entretiene a los niños con sus bromas pero es incapaz de detener a ladrones es una mala policía, por muy buena clown que sea.

Viene este contexto general para aclarar las diferencias entre las instituciones que gestionan la verdad y la política. La verdad está en manos de la religión o de la ciencia. La religión, de una verdad transcendente, en la que hay que tener fe, y cuyo fin es la realización espiritual. La ciencia, en una verdad prosaica, que sabemos provisional, y cuyo fin es ayudarnos a gestionar el orden material en el que nos movemos.

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La educación, qué compleja es

En España es habitual que cuando se discute sobre política educativa primero nos fijamos en un país con buenos resultados y que nos resulte simpático, y luego nos empeñamos en copiar lo que creemos entender que allí pasa. Si el país está gobernado por gente alta y rubia, como los finlandeses, nos parece que es ejemplar. Pero si son asiáticos, como los coreanos del Sur, miramos para otro lado, a pesar de que su pasado reciente se parece más al nuestro (país analfabeto, que tras una guerra civil pasa a una dictadura desarrollista y luego a la democracia).

Compartimos ese esquema de pensamiento colonial, en el que los mediterráneos estamos en la jerarquía por debajo de los nórdicos, pero por encima de los asiáticos. Por ejemplo, deberíamos estar más pendientes de Portugal, un país que ha progresado educativamente mientras España estaba estancada, y que partía de un peor nivel que el nuestro. Pero no, también son mediterráneos, como nosotros, así que nada podemos aprender de ellos. En vez de pensar que, precisamente, por ser una sociedad más cercana, nos podría enseñar más.

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En defensa de la burocracia (y de Žižek)

Hace poco Žižek impartió una conferencia en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Žižek es uno de los filósofos más populares del momento, de los pocos que consigue que haya colas para escucharle allá a dónde vaya. En sus múltiples trabajos encontramos obras accesibles para el gran público, junto a otras muy técnicas, que resultan oscuras para los legos. Para quien no lo conozca, además de filósofo, es un personaje. El empleo de bromas groseras para ilustrar sus argumentos, sus afirmaciones provocadoras ("Hitler fue poco violento", "mi sistema político favorito es el comunismo con un poco de terror", "estoy en contra de la tolerancia"…), su forma sincopada de moverse y de hablar inglés con acento esloveno, su participación en documentales llenos de humor grueso… Todo ello hace que sus críticos miren esta superficie para condenarlo como un frívolo que busca la complacencia de masas descerebradas necesarias de postureo anticapitalista pseudointelectual.

Creo que no es el caso. Para mí no es fácil encontrar libros que hayan trastocado tanto mi forma de pensar como lo hacen sus libros. Bajo esta puesta en escena tan populachera y provocadora hay una crítica ideológica demoledora al mundo en el que vivimos, una crítica que señala al capitalismo y sus contradicciones como el problema básico de nuestro tiempo. En su propuesta de soluciones, Žižek hizo una defensa de la burocracia. La burocracia surge como una forma por parte de la Corona de limitar el poder de la nobleza, y funda su legitimidad en la defensa de la universalidad del Estado frente a los particularismos de los diversos agentes sociales. El hecho de que la revolución comunista dejase en manos de la burocracia la organización de la sociedad, así como la dificultad de sancionar a los funcionarios, han llevado a su mala prensa. Por un lado, su blindaje frente al despido lleva a verlos como unos privilegiados, contra los que nada se puede hacer cuando hacen mal su trabajo. Por otro, el acceso a los cuerpos públicos mediante ejercicios memorísticos en un mundo en que existe la Wikipedia, se torna ridículo y decimonónico.

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Y también los días de descanso

La Iglesia católica lleva desde tiempo ancestral obligando a que la gente se tome un día de descanso a la semana, quiera o no quiera, lo que atenta claramente contra la libertad individual. Vivimos anclados en un pensamiento atrasado que no reconoce las nuevas necesidades de la economía y que atenta contra las libertades individuales. Hay gente que preferiría disponer de menos días de descanso, no tiene por qué descansar si no le apetece un día a la semana.

De hecho, con los nuevos modelos de encadenamiento de contratación temporal, no me extrañaría que esto ya esté pasando. Y nadie está obligando a nadie a que rechace sus días libres. Simplemente es una opción tan respetable como cualquier otra. Es más, el derecho laboral es superfluo, pues trata de forma paternal a las personas asalariadas, estableciendo prohibiciones. Salario mínimo, jornadas máximas, días de descanso… todo arcaico, con tufo a izquierda decimonónica o a cristiano, contrario a la modernidad, la flexibilidad, el emprendimiento, el empoderamiento...

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Por trece razones

Una de las series populares estos días es Por trece razones. La serie plantea el acoso escolar, en su dimensión femenina. Lúcidos los productores, tanto por apostar por problemas muy importantes como por problemas en los que hay mucha sensibilidad en estos días. La serie aporta una mirada que es muy difícil encontrar en la producción más comercial de EEUU: la mirada colectiva.

Si algo caracteriza a la ideología política del cine y las series que de allí nos vienen, es que la gran mayoría se resume en contar cómo una persona se enfrenta a una serie de problemas, y la solución está en su propia determinación. El resto de personajes están simplemente para motivar al protagonista ("me mataron a mi hija, me vengaré, ¡oh, sí!"), o son un mero apoyo para que se luzca (el secundario gracioso, el secundario que muere, el secundario que da confianza, el secundario que…).

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Liberalismo de mamandurria vs. democracia

Esperanza Aguirre ha aportado a la política, además de incontables ranas, el liberalismo de mamandurria. Un liberalismo, que bien entendido, es para los demás. Ella misma, Rajoy, Aznar, Cospedal, Santamaría… y muchos más promotores de las políticas pro mercado en España lo primero que hicieron al finalizar la carrera fue sacarse una plaza de funcionario. Las privatizaciones de Aznar sirvieron para poner a sus amigos al frente de las empresas privatizadas. Esas y otras privatizaciones hemos visto que han sido muy útiles para generar comisiones ilegales y financiar al PP, pero no para mejorar la competitividad y la calidad de los servicios prestados. El liberalismo es para pobretes (para que lo sufran). La gente de buena familia no está para caer en las bajezas de la competencia del mercado, ellos son funcionarios de alto nivel y comisionistas, es para lo que están.

El cogollito madrileño, con sus apellidos dobles, sus hijos y nietos de altos cargos franquistas, medró en la autarquía, protegidos de esas vulgaridades de arriesgar dinero y correr el peligro de hundirse. Por eso el liberalismo de mamandurria es socialista en las pérdidas. Un empresario de mamandurria conseguirá el dinero para su inversión de un banquero amigote y tendrá una cláusula para forrarse si el negocio va mal. El riesgo y las pérdidas son una vulgaridad. Por no hablar de la separación de poderes, eso no es para el clan de la mamandurria: fiscales, magistrados, periodistas…, todos amigotes. Viva la mamandurria liberal.

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