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José Saturnino Martínez García

Dr. en Sociología (UAM), Máster en Economía de la Educación (UCIII) y licenciado en CC. Políticas y Sociología (UCM). Ha sido profesor en la Universidad de Salamanca e investigador invitado en la Universidad de Wisconsin (Madison). Fue Vocal Asesor en el Gabinete de J.L.R. Zapatero, entre 2007 y 2011. Actualmente es Profesor de Sociología en
la Universidad de La Laguna. Ha colaborado con diversos medios, como El País, Le Monde Diplomatique, Viejo Topo o Revista de Libros, y sus investigaciones se han publicado en diversas revistas académicas.

Miembro del colectivo Líneas Rojas.

En defensa de la burocracia (y de Žižek)

Hace poco Žižek impartió una conferencia en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Žižek es uno de los filósofos más populares del momento, de los pocos que consigue que haya colas para escucharle allá a dónde vaya. En sus múltiples trabajos encontramos obras accesibles para el gran público, junto a otras muy técnicas, que resultan oscuras para los legos. Para quien no lo conozca, además de filósofo, es un personaje. El empleo de bromas groseras para ilustrar sus argumentos, sus afirmaciones provocadoras ("Hitler fue poco violento", "mi sistema político favorito es el comunismo con un poco de terror", "estoy en contra de la tolerancia"…), su forma sincopada de moverse y de hablar inglés con acento esloveno, su participación en documentales llenos de humor grueso… Todo ello hace que sus críticos miren esta superficie para condenarlo como un frívolo que busca la complacencia de masas descerebradas necesarias de postureo anticapitalista pseudointelectual.

Creo que no es el caso. Para mí no es fácil encontrar libros que hayan trastocado tanto mi forma de pensar como lo hacen sus libros. Bajo esta puesta en escena tan populachera y provocadora hay una crítica ideológica demoledora al mundo en el que vivimos, una crítica que señala al capitalismo y sus contradicciones como el problema básico de nuestro tiempo. En su propuesta de soluciones, Žižek hizo una defensa de la burocracia. La burocracia surge como una forma por parte de la Corona de limitar el poder de la nobleza, y funda su legitimidad en la defensa de la universalidad del Estado frente a los particularismos de los diversos agentes sociales. El hecho de que la revolución comunista dejase en manos de la burocracia la organización de la sociedad, así como la dificultad de sancionar a los funcionarios, han llevado a su mala prensa. Por un lado, su blindaje frente al despido lleva a verlos como unos privilegiados, contra los que nada se puede hacer cuando hacen mal su trabajo. Por otro, el acceso a los cuerpos públicos mediante ejercicios memorísticos en un mundo en que existe la Wikipedia, se torna ridículo y decimonónico.

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Y también los días de descanso

La Iglesia católica lleva desde tiempo ancestral obligando a que la gente se tome un día de descanso a la semana, quiera o no quiera, lo que atenta claramente contra la libertad individual. Vivimos anclados en un pensamiento atrasado que no reconoce las nuevas necesidades de la economía y que atenta contra las libertades individuales. Hay gente que preferiría disponer de menos días de descanso, no tiene por qué descansar si no le apetece un día a la semana.

De hecho, con los nuevos modelos de encadenamiento de contratación temporal, no me extrañaría que esto ya esté pasando. Y nadie está obligando a nadie a que rechace sus días libres. Simplemente es una opción tan respetable como cualquier otra. Es más, el derecho laboral es superfluo, pues trata de forma paternal a las personas asalariadas, estableciendo prohibiciones. Salario mínimo, jornadas máximas, días de descanso… todo arcaico, con tufo a izquierda decimonónica o a cristiano, contrario a la modernidad, la flexibilidad, el emprendimiento, el empoderamiento...

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Por trece razones

Una de las series populares estos días es Por trece razones. La serie plantea el acoso escolar, en su dimensión femenina. Lúcidos los productores, tanto por apostar por problemas muy importantes como por problemas en los que hay mucha sensibilidad en estos días. La serie aporta una mirada que es muy difícil encontrar en la producción más comercial de EEUU: la mirada colectiva.

Si algo caracteriza a la ideología política del cine y las series que de allí nos vienen, es que la gran mayoría se resume en contar cómo una persona se enfrenta a una serie de problemas, y la solución está en su propia determinación. El resto de personajes están simplemente para motivar al protagonista ("me mataron a mi hija, me vengaré, ¡oh, sí!"), o son un mero apoyo para que se luzca (el secundario gracioso, el secundario que muere, el secundario que da confianza, el secundario que…).

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Liberalismo de mamandurria vs. democracia

Esperanza Aguirre ha aportado a la política, además de incontables ranas, el liberalismo de mamandurria. Un liberalismo, que bien entendido, es para los demás. Ella misma, Rajoy, Aznar, Cospedal, Santamaría… y muchos más promotores de las políticas pro mercado en España lo primero que hicieron al finalizar la carrera fue sacarse una plaza de funcionario. Las privatizaciones de Aznar sirvieron para poner a sus amigos al frente de las empresas privatizadas. Esas y otras privatizaciones hemos visto que han sido muy útiles para generar comisiones ilegales y financiar al PP, pero no para mejorar la competitividad y la calidad de los servicios prestados. El liberalismo es para pobretes (para que lo sufran). La gente de buena familia no está para caer en las bajezas de la competencia del mercado, ellos son funcionarios de alto nivel y comisionistas, es para lo que están.

El cogollito madrileño, con sus apellidos dobles, sus hijos y nietos de altos cargos franquistas, medró en la autarquía, protegidos de esas vulgaridades de arriesgar dinero y correr el peligro de hundirse. Por eso el liberalismo de mamandurria es socialista en las pérdidas. Un empresario de mamandurria conseguirá el dinero para su inversión de un banquero amigote y tendrá una cláusula para forrarse si el negocio va mal. El riesgo y las pérdidas son una vulgaridad. Por no hablar de la separación de poderes, eso no es para el clan de la mamandurria: fiscales, magistrados, periodistas…, todos amigotes. Viva la mamandurria liberal.

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El cuerpo de las mujeres

El cuerpo de la mujer genera tensiones en el seno del feminismo. Por un lado, para las feministas liberales y posmodernas el empoderamiento de las mujeres lleva a que ellas son las únicas soberanas sobre su propio cuerpo. Por tanto, nadie puede decirle a una mujer cómo vestirse, cómo bailar, si dedicarse al trabajo doméstico, si sacar partido económico a su propio capital erótico o si ofrecer su capacidad reproductiva a otras personas, a cambio de dinero. Desde este punto de vista, las personas somos libres por tener el derecho a decidir qué hacer, dadas las oportunidades a las que nos enfrentamos. Muchas mujeres preferirían no optar entre trabajos malos y la prostitución, pero dada esa alternativa, debemos respetar a las que eligen la prostitución.

Pero hay otra forma de entender el feminismo. Desde un punto de vista más radical, la cuestión no descansa en la libertad individual. Por dos motivos. Por un lado, lo que queremos no es algo que se nos presente libremente en nuestra mente, sino que es resultado del momento histórico en el que vivimos. Por ejemplo, durante muchos tiempo se empleó la expresión "quien lleva los pantalones" para señalar quien detentaba el poder en una relación afectiva. Ahora las mujeres llevan pantalones, una forma no consciente de acercarse al estatus de los hombres, pero no sé de hombres a los que les haya dado por ponerse falda para reivindicar el estatus de igualdad con respecto a las mujeres. Sin embargo, en muchas épocas históricas los varones vestían con faldas. Somos libres de elegir falda o pantalón, pero no somos libres al decidir el sentido social que en un momento dado se asigna a una u otra prenda.  

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La libertad de expresión en serio

En distintos países estamos viendo cómo se ataca a la libertad de expresión. Unas veces de forma sibilina, con la "realidad alternativa", es decir, inventarse bulos que intoxiquen a la opinión pública. Otras veces metiendo en la cárcel a periodistas, como en Turquía. En España vemos que un tuitero es un ser peligrosísimo, que puede llevar a la humanidad al caos y la destrucción con 128 caracteres, por lo que merece años de cárcel.

En el caso español, el fenómeno es una expresión de nuestra historia anómala con la democracia, o mejor dicho, de nuestra escasa cultura democrática. Uno de los hijos perversos de la dictadura y de nuestras guerras civiles fue ETA. En su momento, estuvo bien proteger a posibles víctimas de ETA de sus amenazas y ofensas. Ver cómo amenazan a un ser querido y después de asesinarlo, quienes han participado en el acto se burlan de tu dolor, debe ser insoportable. Está bien que actúe la justicia. Pero la interpretación ligera de este problema está generando un monstruo censurador.

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La post-censura

Mentir, no ya sin costes, sino encima con beneficios, es una parte de lo que caracteriza a la post-verdad. Pero eso siempre estuvo ahí. En España por ejemplo, tuvimos nuestra dosis de post-verdad con el atentado del 11-M, pues nadie de quienes defendieron que era una conspiración liderada por el PSOE tuvo problemas, es más, les ha ido bien vendiendo periódicos, libros o consiguiendo votos. Quizá lo novedoso de la post-verdad es su "democratización" aparente gracias a Internet. Ya no son necesariamente poderosos grupos mediáticos o políticos, sino gabinetes de comunicación que conocen bien la dinámica de la viralidad en las redes sociales, y que la saben convertir en dinero. Ha cambiado la distribución de basura, pero no su producción.

El éxito de la post-verdad pone por completo en cuestión el optimismo ilustrado sobre la construcción de la esfera pública, ese espacio de libertad e intercambio de argumentos, en el que florece el bien común y la verdad, gracias a la racionalidad que compartimos por ser humanos. La post-verdad pone de manifiesto que nuestros alineamientos no tienen mucho que ver con los hechos, ni con las evidencias disponibles ni con la racionalidad ni con nuestras ganas de conocer, sino que son el resultado de la voluntad de dominar a quienes son distintos, o sienten distinto, una voluntad movida por el miedo, la avaricia u otros sentimientos poco ejemplares. Los argumentos malos, basados en el insulto, la tergiversación, la mentira… suplantan a los argumentos buenos, basados en la evidencia, la coherencia, la racionalidad… una especie de ley de Gresham de la conversación.

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El sentido del terrorismo

En el debate sobre terrorismo, la derecha ha sido exitosa al limitar el debate a dos ejes de oposiciones significativas: libertad vs. seguridad, y "nosotros civilizados" vs. "ellos bárbaros". Si a estas tensiones añadimos la venganza por motivos personales, tenemos resumidos casi todos los argumentos del cine y series de acción mainstream. Es decir, la industria cultural machaca con contundencia en que no escapemos a estos dilemas, o en todo caso, que el dolor personal legitima el recurso a la violencia.

Frente a estas estructuras de significado en las que nos movemos casi sin darnos cuenta, como no nos damos cuenta de que estamos rodeados de aire o hablamos en prosa, conviene colocar también algunos datos. Por un lado, con diferencia, la mayor parte de las víctimas del terrorismo islamista son musulmanes, por lo que cuesta entender que si es un choque de civilizaciones se dediquen más a matarse entre ellos. Pero tampoco está muy claro qué quiere decir "ellos", cuando, por ejemplo, la violencia entre chiíes y suníes se cobra muchas más víctimas que la violencia entre musulmanes y cristianos. Por otro lado, dado el gran número de musulmanes con los que convivimos, si tuviésemos un problema con gran parte de ellos, y no con una minoría infinitesimal, Occidente estaría ardiendo, no solo por atentados, también por "kale borroka" y otros problemas de orden público. No es el caso.

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¿Por qué plagiamos tan poco?

Las evidencias de que el Rector Magnífico (por protocolo) de la Universidad Rey Juan Carlos, Fernando Suárez, ha plagiado me suscitan una gran duda: ¿por qué plagiamos tan poco en la Universidad? Por lo que se ve, plagiar permite acumular méritos y honores sin castigo ni sanción, luego la elección racional sería plagiar sin fin. Es más, me asalta otra duda: ¿por qué investigamos en la universidad? Parte del tiempo de trabajo del profesorado universitario está dedicado a la investigación, pero es evidente que una proporción nada desdeñable no investiga. ¿Cómo es posible que ser un chorizo y/o un vago salga a cuenta, pero que una parte importante del profesorado cumpla con sus obligaciones más allá del sentido razonable del deber?

Que haya tanto profesorado que investiga y se esfuerce en dar sus clases no es coherente con lo que predice la teoría de la elección racional, que se ha impuesto en el diseño de políticas públicas como la verdad revelada, por su coherencia con la ideología neoliberal. Teoría e ideología coinciden en señalar a los seres humanos como racionales y egoístas ("maximizadores de su bienestar") y que, por tanto, si diseñamos adecuadamente los incentivos, las personas harán lo que queramos. Una psicología que no va mucho más lejos del perro de Paulov. Pero con el diseño actual de incentivos en la vida universitaria, el profesorado que nos esforzamos en investigar, casi sin recursos, y en preparar nuestras clases, somos perros de Paulov tontos. El perro listo es el Rector Magnífico.

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Libertad, capitalismo y porno

¿Se puede ser actriz porno main stream y activista feminista? Amarna Miller, actriz porno, considera que sí, pero muchas feministas creen que no. Para abordar este debate conviene separarlo en dos debates, uno sobre la libertad y otro sobre el tipo de sociedad en el que queremos vivir.

Empecemos por el de la libertad. El planteamiento de Miller entronca con el liberalismo, que entiende que una persona es libre si nadie interfiere en cómo organizar su vida. Nadie es más maduro que uno mismo para saber lo que le conviene. Defender lo contrario es paternalismo o soberbia moral. La libertad así entendida goza de gran predicamento, pues es la que mejor casa con una sociedad organizada en torno al mercado. El mercado es la institucionalización perfecta de este tipo de libertad: si dos adultos en plenas facultades están de acuerdo en realizar un trato, nadie puede estar en contra. De aquí deriva estar a favor de la prostitución, los vientres de alquiler, trabajar los domingos, acabar con las jornadas laborales máximas, con los salarios mínimos, etc.

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