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Josu Montalbán

Josu Montalbán  (Zalla, Bizkaia, 1952). Escritor y colaborador de prensa. Cursó Medicina en la Universidad de Bilbao, aunque posteriormente ha desarrollado su trabajo en la política. Ha sido diputado foral de Bienestar Social (1988-1995) y de Urbanismo (1995-1999), de la Diputación Foral de Bizkaia. Portavoz del Grupo Socialoista en las Juntas Generales de Bizkaia. Diputado en las Cortes Españolas por el PSE(EE)-PSOE durante la IX Legislatura. Colaborador en diferentes medios de comunicación, es autor del libro "El Doctor Areilza. El Médico de los Mineros", así como de varios poemarios de juventud como "Caminando hacia Ella", "Polvo y Tierra"...

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Procés catalán: se amontonan los papeles

… se embarullan las palabras, todo es falso, nada es cierto, todo es cierto, nada es falso…

En mi constante puesta al día sobre el famoso 'procés catalán' ya he pasado por todos los trances posibles: la sorpresa, la previsión, la constatación, la certeza y, sobre todo, la duda. El procés catalán se ha convertido en una obsesión desde que, con motivo de la proclamación ritual de la república catalana el 27 de Octubre el Estado se viera en la obligación de aplicar el denostado Articulo 155 de la Constitución. En aquel momento el mapa catalán, -no solo el geográfico o territorial, también el social y económico-, comenzó a avivarse, diversificó sus paisajes y escenarios, confundió a unos y a otros, a quienes siendo favorables a la “cruzada” catalana creían que sus “puigdemontes” obraban en sus cabales, y a quienes se mostraban ajenos al conflicto que se desencadenaba de forma tan irresponsable como escandalosa.

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Puigdemont

"Todo ha sido consumado", Jesucristo Crucificado.

De haberlo sabido, siquiera atisbado como una posibilidad remota, habría hecho acopio de noticias, reseñas u opiniones relativas al llamado 'procés catalán', pues al fin ha devenido en un interminable culebrón en el que no faltan actores de toda condición: trágicos, cómicos, dramáticos o bufos… Y da la impresión de que asistimos al cierre del 'procés', al menos en su representación, pues no en vano su artífice y protagonista principal ha pronunciado, con una solemnidad desbordante, la fatídica frase: "Esto se ha terminado".

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Procés catalán: ¡Ni el apuntador!

La obra que se ha venido representando ha sido 'El procés catalán'. ¿Se trata de una comedia, una tragedia, quizás una tragicomedia, un drama, o se ha quedado en una especie de opereta bufa, un sainete, o un sencillo entremés? ¡Qué más da! Lo cierto es que la sala teatral en la que se ha venido celebrando la sesión está siendo abandonada incluso por quienes resultan imprescindibles en la representación. El elenco de actores está quedándose en una sencilla muestra del que fue en el inicio de la obra, cuando se alzó el telón. El attrezzo o utilería permanece allí, pero tan desocupado como inútil.

Las bambalinas cuelgan aún, ocultando lo poco vistoso y oscuro, y dando vistosidad a los colores (principalmente el amarillo) que dan un sentido especial a la obra. Todo permanece, pero el libreto está ahora mismo cerrado a cal y canto, como si esperara que alguien viniera a escribir en sus páginas los diálogos y guiones de la obra. Aunque se trata de una obra que se ha intentado representar en ocasiones anteriores, da la impresión de que algunos factores 'extraños' han cubierto de moho las páginas a la vez que una pátina de olvido ha cubierto la memoria de los actores.

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¿Quién teme al 155?

Al Artículo 155 de la Constitución Española le deben temer, sin duda, los independentistas catalanes que han puesto patas arriba a Cataluña y a los millones de ciudadanos empadronados en ella o residentes en su territorio. Nadie más, de modo que quienes se obstinan en pedir la retirada inmediata del Artículo 155 de la Constitución, que es de todos (catalanes incluidos), deberían hacer balance de lo que ha supuesto su aplicación. Si alguien pensaba que su dimensión coercitiva iba a influir muy negativamente en nuestras vidas porque seríamos testigos de un retroceso democrático, se habrán dado cuenta de que quienes han puesto todo el empeño en embarullar el proceso electoral (21 de Diciembre) han sido precisamente aquellos que con su infantilismo rebelde convirtieron Cataluña en un laberinto. Lo único que ha trascendido del 155 aplicado en Cataluña han sido los escarceos y trapisondas con que Puigdemont y sus secuaces “indepes” han vapuleado al pueblo catalán estafándole de un modo flagrante y descarado. Eso sí, todo hecho en su nombre y honor.

Dos meses después de que se aprobara la aplicación del 155 el balance es bien sencillo. El electorado catalán se ha expresado en las urnas sin que haya enseñado el más mínimo signo de temor. Los resultados han mostrado la división que antes existía. De los cuatro quintos de catalanes con derecho a voto, más de la mitad se muestran partidarios de ser catalanes y españoles. La quinta parte de ellos, la que no acudió a votar, nadie puede ni debe apuntársela en su favor, ni puede considerarla en su contra. Pero en el bando “indepe” se han producido hechos que aportan muy poco a la honorabilidad de sus dirigentes y partidarios. Por ejemplo, la deserción de su máximo representante que le convierte en un prófugo pero, sobre todo, en un incapaz para representar a un pueblo cuya historia ha dado pie a lo largo del tiempo a heroicas actitudes de líderes y dirigentes comprometidos con su pueblo. Puigdemont se ha convertido ya en un buen pasto para el olvido y el deshonor. Y algo parecido cabe decir de quienes, desde las filas de la CUP, han rehuido a la Justicia española cuando han sido requeridos, aunque tal rehuida haya sido usada para forzar tumultos y convocar manifestaciones alrededor de algunos personajillos de escasa entidad y aún más  escaso alcance. En todo el elenco “indepe” solo se libra Oriol Junqueras, por su actitud y por sus aptitudes (aunque dudosas), de modo que los “constitucionalistas” no harían mal en procurar sacar a ERC de ese bloque “indepe”, nada monolítico en lo que respecta a sus posiciones reales, pues da cobijo a los depredadores del sistema (CUP), y a quienes han sucedido al bloque más corrupto de cuantos han actuado en España, la vieja Convergencia Democrática de Cataluña.

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¡Sr. Puigdemont: …! (Carta navideña al Señor Puigdemont)

Sr. Puigdemont, espero que haya pasado una feliz Nochebuena.

En la mañana del día siguiente le escribo esta breve misiva a sabiendas de que no le producirá otra reacción que alguna ostentosa carcajada y, quizás, un corte de mangas. Pero creo que es pertinente alertarle de que usted no ha ganado las Elecciones del 21 de Diciembre en Cataluña. Por tanto, sus bravuconadas amenazantes no vienen a cuento, parecen más propias de un osado o de un descarado sin principios éticos que de alguien que desea conducir (o reconducir) a una comunidad humana hacia un modelo de convivencia razonable.

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Más 'procès'

¿Quedará resuelto el procès catalán en la noche del 21 de Diciembre? ¿Será el día 21 de Diciembre un día inolvidable para los españoles, una gran fiesta democrática en Cataluña? La respuesta está en el viento…

Y el viento se muestra inquieto y persistente en la misma o parecida ambigüedad que ya conocemos. Ya no cabe hablar de actuaciones extraordinarias o de provocaciones, porque algunos dirigentes del bloque independentista catalán, con el caudillo Puigdemont a la cabeza, se han empeñado en convertir las provocaciones constantes en su modus operandi. El desprecio al que está sometiendo el independentismo a los catalanes no independentistas es malvado, y mucho más propio de dictadores que de demócratas.

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El osado Alfonso Alonso

Al leer las “simplezas” vertidas por el líder del PP vasco Alfonso Alonso en el Forum Europa, en Madrid, en un acto organizado por Nueva Economía, me ha entrado cierta inquietud, principalmente porque el líder del PP ha vertido afirmaciones que nunca antes vertió. Las características del Foro en que discurseó se prestaban para la ocasión, porque es costumbre en este tipo de saraos que se reúnan en torno al discursista sus amigos e incondicionales, sus partidarios políticos y, además, los seleccionados por los patrocinadores del Foro, que en este caso suelen ser mucho más proclives al conservadurismo social y económico que al progresismo. Es por eso que Alonso habló para los suyos a sabiendas de que nadie se mostraría beligerante con sus palabras, todo lo más moderadamente incómodas.

Los medios de comunicación han seleccionados “perlas” interesantes que, si no se supiera su procedencia, sólo podrían ser adscritas a nacionalistas convictos y confesos. Cuando el entusiasmo desborda los límites de la cordura  y se extralimita, cae en la sima del forofismo más absurdo. Así le ocurrió al popular Alonso cuando afirmó que “el Concierto no es una reivindicación nacionalista,… es un elemento de unión entre los vascos, y de los vascos con los españoles, y que garantiza el mejor engarce de Euskadi en España”. ¿Hubiera afirmado lo mismo si no existiera Ciudadanos, o si Albert Rivera no hubiera adoptado la durísima posición que defendió en el Congreso de los Diputados? Porque la “irreductible” posición de Rivera, que habló de “cuponazo” en lugar de Cupo, le permite a Alonso hablar por primera vez de “nacionalismo español”, lo cual constituye una muestra de necedad evidente, adoptando gratuitamente las mismas premisas y teorías que en épocas anteriores ha defendido el nacionalismo vasco.

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Cataluña, 21D: la hora de la verdad

Las elecciones catalanas, que se celebrarán el 21D, ya caminan sin remisión, pero no están claras las intenciones que cada cual tiene reservadas para el día 22D, sobre todo y a tenor de los resultados definitivos, por parte de las formaciones que han defendido el independentismo a ultranza, las que han entronizado el término “procés”, han llenado las calles de “aleccionados por los agitadores” y han dejado todo “manga por hombro”, en el más puro desorden-, porque acuden a ellas con cabezas de lista encarcelados y huidos de la Justicia.

Si las previsiones no fallan, al menos media docena de los elegidos se enterarán de su elección en las celdas, por medio de algún transistor, pues no en vano los resultados definitivos se conocerán cuando estén recluidos en sus receptáculos, aunque es de rigor que esa noche se sientan beneficiados por el escueto privilegio de presenciar los resultados directamente en el televisor. No es demasiado ostentoso el privilegio. Aunque, a decir verdad, quizás no les preocupe demasiado porque ya han quedado muy claros sus deseos y sus intenciones. Se propusieron alertar a Europa y al mundo de que "España robaba y atosigaba a los catalanes, porque se trata de un Estado opresor y poco democrático". Ciertamente, han conseguido 'alertar' mediante todo tipo de estrategias arteras y triquiñuelas diversas, pero sus voces han quedado silenciadas por el reconocimiento de las Instituciones y Gobiernos europeos que han admitido que España, con sus errores y problemas, es un Estado democrático que garantiza la vida y la dignidad de sus ciudadanos, y respeta sus derechos… ¡Cuidado, para quien lea con ojos aviesos, porque he dicho que con sus errores y problemas…!

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'Proporcionalidad'

La palabra "proporcionalidad" se ha puesto de moda. "Encarcelar consellers es desproporcionado", ha dicho una socialista catalana, por cierto, integrante del nivel medio del escalafón. Otro político, nacionalista vasco, no le ha ido a la zafa: "El ingreso el prisión es desproporcionado y contraproducente". Más allá ha llegado Alberto Garzón, no sé bien si vestido de IU o de Podemos, que ha escrito: "Lamentable la decisión de la Audiencia Nacional… delito inexistente, falta de competencias y medidas desproporcionadas". Y así sucesivamente… El periodista Évole mostró su incapacidad interior para comprender con estas palabras: "Las cosas se pueden solucionar de otra manera". Tales aportaciones dialécticas de quienes se muestran como avezados pensadores llevan a los ciudadanos de a pie a la indefensión, a la incomprensión, a la perplejidad y al hastío. La falta de respuesta nunca invalida la profundidad y consistencia de una pregunta. La desesperación que nos embarga a casi todos en relación al procés catalán no debe ser acrecentada por estas afirmaciones en contra de las decisiones judiciales, que intentan descalificar cualquier tipo de solución pero no ofrecen ni una sola solución apropiada para la ocasión.

A la Juez lamela, que es al parecer la artífice de la encarcelación de los consellers, todos los perfiles encontrados en las Redes la califican como 'progresista', a pesar de que al vulgo le hayan alimentado la imaginación con otras imágenes mucho menos benignas desde que encarceló a unos jóvenes levantiscos que apalearon a unos Guardias Civiles en Alsasúa a altas horas de la madrugada. En todo caso, no profundizaré más en este aspecto porque la Juez Lamela ha aplicado todo su caudal de conocimientos jurídicos, a los que yo no alcanzo ni soy capaz de rebatir. Pero, dicho esto, también afirmo que quienes han tachado de 'desproporcionada' la encarcelación tienen los mismos o parecidos déficits de conocimientos jurídicos que yo. Han opinado sin argumentar el alcance de sus opiniones. Han buscado con meticulosidad la palabra (“desproporcionado”) porque dicha sin otro aditamento no significa realmente nada ni compromete a nada en concreto. Establecer proporciones exige tener en cuenta diferentes principios básicos y aplicables. Quienes llaman 'desproporcionadas' a las encarcelaciones deberían haber especificado con respecto a qué. A qué otro delito o a qué otra acción u oportunidad. Pero no han ido más allá del relativo significado de la palabra 'desproporción'.

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El president que juega al escondite

Si todos actúan con buenas intenciones (con las mejores) y no se empeñan en plantear situaciones a modo de coartadas o cambalaches, el día 21 de diciembre Cataluña y España podrán firmar la paz y darse un saludo de concordia. El futuro lo exige, y la dignidad que se nos debe suponer y exigir a los humanos, también. La “apocalipsis”, prometida o esperada, ha quedado en poco más que nada a pesar de que la situación, aunque orientada al norte, permanece sumida en la confusión.

Los catalanes y las catalanas, de una u otra condición, no se merecen tanto riesgo e incertidumbre. Los españoles y las españolas tampoco. Quienes viven atribulados por el quehacer y los diarios avatares, que son casi todos, no pueden seguir siendo utilizados en ningún sentido. Lo conveniente ahora es hacer balance y sacar conclusiones. A sabiendas de que ponderar los hechos o las situaciones suele hacerse desde posiciones diversas, intentaré situarme en un lugar que podamos compartir cuantos más. Soy de izquierdas, y como tal deseo un Estado fuerte y compacto que proteja las vidas de los ciudadanos, que garantice la libertad de todos por igual y trabaje a favor de la igualdad de todos, tanto de la económica como de la social. Detesto las fronteras. Sabido que hay fronteras geográficas que pueden ser superadas, aborrezco esas otras fronteras que suelen implantarse aplicando criterios como los esencialismos identitarios, siempre impulsadas por quienes se creen ungidos por una superioridad fatua.

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