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Julio M. Marante

Periodista

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Unidos por los recuerdos

Hace unos días nos reunimos una treintena de jóvenes de ambos sexos (lo de jóvenes es un decir), para recordar viejos tiempos y contar nuestras experiencias, buenas y menos buenas, en el torbellino de nuestras vidas. El reencuentro cumplió con esa misión que exalta el tiempo y la distancia, pues vivimos una edad en la que ya sólo nos anima el milagro del instante o de un mañana a corto plazo, pero al disfrutar como antaño de esa amistad que sigue erguida por recuerdos imborrables, la tertulia fue más un óleo festivo que una acuarela de pesares.   Así rendimos homenaje al Edelweiss  y al coraje con que todos nosotros seguimos su estela.

El  Edelweiss, como otros clubes juveniles de la Isla, estuvo a la vanguardia de la juventud palmera en la década de los 60, y todavía presumimos de la aurora interior que dejó en cada uno de nosotros. Crecimos a la sombra de aquel alero, bajo el que, con un renovado interés integrador, formamos una agrupación mixta, con dirigentes de ambos sexos y, por tanto, catalizadora incipiente de los movimientos de liberación de la mujer, con una visión tolerante  que fue el germen de una fraternidad entre sus miembros poco vista hasta entonces. En nuestro club, surgieron nuevas costumbres juveniles, rompiendo convencionalismos y alcanzando un protagonismo social y cultural en la vida de Santa Cruz de La Palma, que dio sus frutos. Y aunque éramos conscientes de que los cambios necesitaba el país y el mundo no dependían esencialmente de nuestras acciones, intuíamos que con nuestra labor podíamos mejorar la realidad más cercana.

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Adiós, amigo

Hay una luz que no se olvida, porque sólo ilumina lo mejor de nosotros, cuando esa luz se apaga nos deja luto en la memoria… (Luis Rosales) 

Antonio Sosa (Toño), cuando cantaba y tocaba su guitarra con los Asieta, junto a Siso y Rosa Nelly, se deleitaba interpretando canciones de Los Cinco Latinos, el grupo de moda por entonces… Es por eso, que recurro a una de sus canciones para retratar la cruda realidad de una tensa espera, asociada con su muerte: Solo le pido a Dios / que el dolor no me sea indiferente,/ que la reseca muerte no me encuentre / vacío y solo sin haber hecho lo suficiente./ Sólo le pido a Dios / que lo injusto no me sea indiferente,/ que no me abofeteen la otra mejilla  / después que una garra me araño esta suerte. Nos faltan las palabras cuando el dolor resbala por el alma a flor de piel, y un escalofrío recorre nuestro cuerpo varado en el silencio. Porque eso es lo que queda, tras la noticia de tu adiós: un silencio repentino anclado en la conversación de los amigos. Un vasto silencio que sabe a muerte honda, a resignada tristeza porque no se produjo el milagro. Pero, aún así, en medio de ese mutismo sentimos tu presencia… percibimos aquella curiosidad tuya al llegar y preguntar como en un ritual ¿niño qué? o ¿qué fluflú? con ganas de conocer la última noticia. Ahora que los recuerdos que se espacian en nuestra memoria con escueta y precisa exactitud, no olvidamos los distintos cometidos que acreditaron tus señas de identidad (AUCONA, Viajes Insular, Transmediterránea, CIT La Palma, CEPYME), funciones reconocidas por todos que sintetizan lo que fue tu vida: la trayectoria de un trabajador nato y de un ciudadano ejemplar. Pero, además, están los ademanes de afecto que mostrabas a los tuyos, el respeto que manifestabas a los demás, el entusiasmo con que defendías tus ideas, el aplauso espontáneo y convencido ante una decisión compartida, la sonrisa cómplice después de una frase ingeniosa, el candor y la buena fe que hicieron de ti un invitado cordial y entrañable, grato en muchas de nuestras tertulias. Es verdad que discrepabas cuando tanto la historia de la Isla como las crónicas del Mensajero o del Barça, se escribían en  renglones que no eran los tuyos, pero en las profundas raíces de tu espíritu constructivo, sin abandonar tus principios, siempre guardaste un sitio para la concordia y el abrazo sincero.

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La playa del Malecón

Acabo de regresar, una vez más, del espigón de la nueva playa, el ambicioso proyecto que lejos de separarnos nos acerca más al mar. Desde ese dique sur he contemplado la fachada de la ciudad, en medio de un paisaje que es una maravilla de color, de gracia y de finura. “ Te presiento toda entera… y sé que eres tú misma, ciudad chiquita y marinera que, con histórico trazo, pareces cantar sobre la arena”. La pequeña urbe vista desde la escollera contrasta con el esmeralda más cercano y el verde gris de nuestras cumbres, coronado por el azul del cielo. Los amigos que me acompañan sucumben a tal fascinación. Esta es una obra que a los palmeros nos llena de asombro y orgullo, y a los extraños de envidia y de celos. He sentido un regocijo íntimo ante un sueño convertido en realidad. La nueva playa es una referencia rica en imágenes que nos llena gozosamente el ánimo, acelera los latidos del corazón y transforma en sonrisa el gesto desmoralizado de muchos hombres y mujeres que, en esta ciudad, han luchado por recuperar el pulso comercial y despertar la laboriosidad de nuestra gente. Esta es una obra que nos llena de deseos… Deseos de avivar el optimismo, la libre iniciativa, el espíritu de superación y la voluntad de sobrevivir a esa crisis que durante algunos años nos ha marcado, con un empobrecimiento general mal repartido que, en La Palma, hemos aceptado con mansa conformidad. 

El mar es el gran amor de esta ciudad… Un amor que he reflejado más de una vez en mis poemas: “ Ensenada abierta hacia el naciente, /abrazo a la aventura que nos llama / a ese viejo mar, que duerme y brama, / y que, en sus caricias, la ama y siente”. Desde la playa de El Malecón, así me gustaría que se llamara, he tenido, al atardecer, otra visión de la ciudad… “ Con la puesta de sol, se decolora / y se adormece silente en su pereza, /  junto a ese mar que con terneza, / acaricia su cuerpo a toda hora. / Ese azul que, desde el confín lejano, / llega suave a abrazarla con sus olas, / ese dios al que tímida enamora, / o quiere pudorosa como a un hermano”. Cuando llegó a mis oídos la propuesta de llamar a la nueva playa El Malecón o, …del Malecón, me apresuré a decir que compartía tal iniciativa, pues primero desde la playita de El Callao y después desde el malecón, que en parte se conserva, Santa Cruz de La Palma ha respirado aromas de sal, y “ …los caracoles marinos en su eco han propagado su espíritu y su canto por el mar que baña la orilla de su cuerpo”. 

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Con la playa se malogró un poema

“Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar y dejadla en la ribera”. Los versos de Rafael Alberti llevan de fondo la música de las olas y llenan de nostalgia a aquellos que, tierra adentro, añoran permanentemente el mar. Las ritmas de Alberti son inmortales y perdurarán a través del tiempo, pero ¿y las mías? Uno de mis poemas se ha perdido en los senderos del recuerdo, con la noticia de que ¡Al fin tenemos playa! La buena nueva, que llena gozosamente el ánimo de tantos palmeros, a mí me ha vuelto durante unas horas, silencioso, triste y apagado. Uno de mis sonetos ha perdido su sentido al cambiar nuestro antiguo malecón por una playa: “La urbe busca al mar, cristal sereno,/ inabarcable azul que no termina / y, en alianza de siglos, adivina / el amor atlántico en su seno. / La balconada hermosa es el ropaje / de la avenida gris en que se asienta: / memoria de una ciudad que alienta / por la espuma dormida de su traje…” No he sufrido un trauma psíquico, pero sí he sentido cómo se malograban unos versos que ahora, sólo llevarán sus imágenes marinas por el camino de las nostalgias. Para los que vivimos en una isla, el ruido del mar es consolador. Lo hemos alejado un poco pero seguimos teniendo un sueño azul en las pupilas…

Las obras de rehabilitación del frente litoral de Santa Cruz de La Palma, adjudicadas en julio de 2011 por parte del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, incluían la construcción de una playa, y seis años después, ahí la tenemos. Con un importante derroche de recursos (dicen que más de 30 millones de euros), nos hemos ido apropiando de parte del territorio marino para salvar el nuestro, dando un paso definitivo hacia la modernización de la ciudad, a la que hemos dado una fachada distinta con el desarrollo de una infraestructura que, aparte de protegerla, podría contribuir a la mejora del comercio y del turismo, ejes necesarios a la hora de relanzar su maltrecha economía. 

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Camino del Tonolero

Cada vez que me acerco a Breña Baja, me siento arropado por el paisaje familiar donde nací y disfruté de mi infancia y primera juventud, un paisaje que forma parte de lo que soy, aunque algunos alcaldes con visión de futuro, se pusieron al frente de la apasionante aventura de cambiar el rostro a nuestro pueblo. Así, se fueron asfaltando algunos caminos vecinales, entre ellos el del Tonolero, por el que suelo acortar la distancia de la carretera general que me lleva de nuevo a Santa Cruz de La Palma. Cuesta muy poco recordar la escuela de Doña Pepita, junto a la cruz que cada 3 de mayo enramaba mi padre con un grupo de vecinos, y el improvisado campo de fútbol, donde gastábamos las alpargatas, jugando con pelotas de papel. Me alegro de no tener voluntad de olvido al evocar rincones como este, pues  me considero un amante apasionado del lugar en que nací… Y el Camino del Tonolero en la falda del Zumacal, quedó además por su toponimia, archivado para siempre en mi memoria. 

Desde antiguo, según nos cuenta Arribas Sánchez, el subsuelo de Breña Baja, era poco proclive a la existencia de manantiales: “…un suelo eminentemente volcánico, a trechos constituido por torrentes de petrificada lava. De aquí que tampoco exista regadío ni otras aguas potables que las de la lluvia”.  De ahí, que Breña Baja se convirtiera en una zona apropiada para la siembra de viñedos, cultivo menos necesitado de un elemento tan imprescindible para la vida como el agua. Escobar y Serrano compara los vinos de la Breña con los de Mazo: “… son de tan buena o mejor calidad”. Y si nos remitimos al comerciante inglés Thomas Nichols, “…los mejores vinos se dan en un lugar que se llama La Breña, donde se hacen cada año 12 mil pipas de vino como el malvasía”. No debe extrañar, por tanto, lo importante que fue en una época la fabricación de toneles para envasar y transportar los ricos caldos de la tierra, ni tampoco que la figura del tonelero se resalte en la toponimia del municipio dando este nombre al camino que nos ocupa, aunque por una deformación que se ha respetado con el paso de los siglos lo sigamos denominando Camino del Tonolero.  

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Cardiopatías congénitas: un mundo de historias

Este viernes, 31 de marzo, a las 19.30 horas, será presentado en el Salón Noble del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma el libro   Cardiopatías congénitas: un mundo de historias. La iniciativa, apadrinada por el Equipo de Pediatría del Hospital General de La Palma, es tan loable que merece nuestro aplauso. Se trata de una obra amasada con sufrimiento y amor, lacerante y cálida a la vez, que ha sido fruto del trabajo de más de veinte padres y madres de niños y niñas cardiópatas con una visión directa y un conocimiento profundo del tema. Es un libro para compartir, constructivo y dirigido a la acción. Las distintas historias reflejan angustia pero también son una lección de serenidad y entereza insuperables. En ellas habla el corazón y se rinde homenaje a pequeños héroes, niños con corazones diferentes y anomalías que hay que subsanar. Criaturas que, con apelativos de guerreros valientes y leones, son los auténticos protagonistas de estas páginas.

La idea de publicar el libro fue de Narcisa Cabrera, la madre de Daniela, la niña cuyo corazón dejó de latir 39 minutos durante una cirugía cardiaca, y será presentado por Adriana Martínez Jurado, periodista y madre de una niña cardiópata, que se atreve a afirmar que los milagros existen y que ella vive con uno: su hija Aroa. La anfitriona, como palmera, será María Begoña Pérez, la madre de mi nieto Rafa, un peque cardiópata, cuya experiencia también se refleja en este libro.

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El Día del Padre y el nacimiento de un pueblo

El 19 de marzo, festividad de San José, Santo Patrón de Breña Baja, nos permite  celebrar bajo esa advocación el Día del Padre en la Villa de las Madres. Hasta 1634, Breña Baja formó una jurisdicción única con Breña Alta, aunque si atendemos a Frutuoso, ya desde entonces,   se distinguía la una de la otra: “…en La Breña de abajo está la parroquia de San José y en la de arriba la de San Pedro”. La división de los dos pueblos, se estableció judicialmente el 20 de noviembre del citado año con la creación de un nuevo pósito para Breña Baja con entera independencia del de Breña Alta, y se decidió repartir en dos mitades el caudal existente en el establecimiento, correspondiendo a cada uno 3.750 reales antiguos.  De cualquier forma, hasta 1637 la iglesia de San José fue una simple ermita anexa al curato de San Pedro. 

De la antigua iglesia de San José, hoy cerrada al culto, se dice que fue la primera parroquia que bajo la advocación de este santo hubo en el Archipiélago. Se sabe que inicialmente fue una ermita en la que un capellán decía misa domingos y festivos, mediante el pago por parte de los vecinos del estipendio concertado. La primitiva edificación debió datar de mediados del siglo XVI, pues el documento, aunque sin fechar, está firmado por el Visitador Padilla; quien, como señala en un libro sobre la Parroquia, el investigador Gustavo Adolfo Fernández, hizo su último viaje a La Palma en 1548. En el citado escrito se hace referencia a la construcción de la ermita  “… en lugar cómodo y decente, considerando las muchas  heredades y vezinos que ay en los términos de la breña baxa y mazo y la mucha distancia de la iglesia de San Pedro  de la Breña”. Una vez concedido el permiso se iniciaron los trabajos bajo la tutela del maestro de obras, Juan Pérez “… a quien se le pagaron 358 reales fuertes”.  

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Gracias, Víctor

Durante los tres últimos meses sentí que La Palma y Barcelona eran irremediablemente hermanas, viviendo en la patria común que es España. Olvidé las incómodas querellas de la historia; los sentimientos de independencia que demandan unos, y las políticas pactadas que otros solicitan. Lejos de las manipulaciones ocasionales y de los intereses partidarios, tuve tiempo de comprobar que allí, como aquí, todos necesitamos dos piernas para andar, y que a los catalanes, sobre todo a los ciudadanos corrientes que traté, les honra su capacidad de trabajo y de servicio. Claro que a nosotros, poco o nada nos inquietaban las noticias del telediario, pues habíamos ido a Barcelona por otras poderosas razones, momentos delicados en nuestra historia familiar. 

Nunca he sido amigo de desnudar mis pensamientos sobre asuntos personales… Sin embargo, para agradecer algunas atenciones he de referirme a una experiencia angustiosa y, al tiempo, entrañablemente doméstica. Víctor Hernández Correa obsequió a mi familia con un conjunto de hojas y dibujos en pequeño formato dedicado a mi nieto RAFAEL: El libro de la confianza o las seis letras de tu nombre. Lo dibujos son de mis otros nietos… Las palabras de Víctor están escritas con esa angelical visión del  mundo, que hasta ahora creía patrimonio de los niños.  Luis Rosales declaró en sus versos que la sustancia del alma es la palabra… Correa  lo ha ratificado con su lenguaje sencillo y la mirada pura con la que revela la aventura de un crío de dos años aquejado de una rara cardiopatía congénita, que con gran preocupación de sus padres fue puesto en manos de Dios y de la ciencia.  Junto a las palabras precisas y preciosas del autor, el regalo  lleva impresos unos dibujos dedicados al pequeño Rafa. En trazos inocentes se plasman el candor de su hermano y de sus primos y primas; en los textos, cuando sepa leer, apreciará la fortaleza y serenidad de sus padres, que algún día le contarán que sólo la confianza en médicos y cirujanos fue capaz de mitigar las horas de angustia en la sala de espera y en los pasillos de un hospital de Barcelona. 

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Adiós al maestro Gómez

Se acaba el año y es tiempo de resumen. La televisión se encarga de ello y coloca ante mí, en poco menos de un minuto, 42 rostros. Las 42 muertes que en 2016 conmovieron al mundo. Debbie Reynolds, legendaria actriz de Cantando bajo la lluvia, había sido la última. Murió un día después que su hija Carrie Fisher, la princesa Leia Organa en la saga de Star Wars. Y seguían apareciendo caras y nombres: el cantante George Michael, la actriz Zsa Zsa Gabor, el astronauta John Glenn, el líder cubano Fidel Castro, el poeta, compositor y cantante Leonard Cohen, el expresidente de Israel y Premio Nobel de la Paz, Shimon Peres, el cantante Juan Gabriel… Dejo de mirar a la pantalla para leer un mensaje que ha entrado en mi teléfono móvil: HA MUERTO JULIO GÓMEZ. El corazón me dio un vuelco. Cierto que murió con 93 años y una experiencia vital acumulada que muy pocos poseen. Además, no todos pueden con el reto que impone la edad en condiciones aceptables, sin dejar del todo su profesión musical (últimamente convertida en hobby) y en el marco de un envejecimiento saludable. Me consuelan los amigos que llegan enteros a su final, sin la agonía de otros a los que las cosas les vinieron peor dadas… Ese fue mi primer pensamiento a la muerte de Julio Hernández Gómez, mientras la televisión seguía con su lista... El boxeador Muhammad Ali, tres veces campeón del mundo de los pesos pesados, el artista de pop Prince, el ex-futbolista Johan Cruyff, el filósofo y profesor Umberto Eco, el cantante David Bowie… La noticia de la muerte de Julio Hernández Gómez, nos llegó en las últimas horas de un año complicado, como si quisiera poner un gramo más de dolor argumental a este 2016 redondo y, por fin, ya cerrado. 

En un análisis sereno e incluso desapasionado de la historia musical de Santa Cruz de La Palma, la importancia del maestro Hernández Gómez no puede esconderse ni mucho menos silenciarse, pues ha sido durante años uno de sus pilares básicos, primero como componente de la orquesta López, luego como fundador de la orquesta Gómez, más tarde, ya en la década de los setenta, es de destacar su labor docente en la Academia de Música de CajaCanarias, que supo dirigir durante muchos años, al igual que sucediera con la Banda de Música San Miguel, que si bien hoy es de titularidad municipal, no podemos omitir que Julio Hernández Gómez, junto a Néstor Cabrera, fueron los portadores y difusores artísticos de aquella idea y, por tanto, figuran entre sus fundadores. Ambos impulsaron, también, los Encuentros de Bandas de Música por Santa Cecilia. Una magnífica locura de la que nació el compromiso responsable de dotar a nuestros pueblos de un producto cultural tan necesario. Una Banda de Música en cada municipio. 

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‘Edelweiss’ (50 aniversario)

El jardín de la Sal, un sueño hecho realidad por nuestro amigo Fernando Villalba en Fuencaliente, acogió días pasados a un grupo de hombres y mujeres (muchos de ellos llegados de fuera de la Isla) que llevan todavía en el altar del alma aquel club juvenil de los 60 de nombre Edelweiss. No sé si tendré la lucidez y el vigor creativo necesarios para escribir en nombre de todos lo que supuso este reencuentro, cincuenta años después de la fundación de aquel club. Una asociación juvenil protagonista y testigo de un tiempo en el que la historia cambió a pasos agigantados y, con ella, toda una sociedad evolucionó a ritmo vertiginoso. Nosotros crecimos en medio de aquel latido, breve pero intenso, tan intenso que aún hoy lo recordamos y cuyo pálpito ha estado con nosotros durante todo el camino. 

El nombre de Edelweiss es el de una flor de los Alpes suizos y austríacos, que igualmente se da en algunos puntos de los Pirineos. Es la flor de las alturas, o de  las nieves, como también se la conoce. Aparentemente frágil pero increíblemente resistente, se esconde bajo la apariencia de una sola flor, cuando en realidad es un grupo de diminutas flores que evolucionan y crecen unidas para sobrevivir. Con ese espíritu de crear y trabajar juntos, nació en Santa Cruz de La Palma nuestro club en el mes de septiembre de 1966. Resulta obvio que llegamos al mundo del asociacionismo juvenil con la altura de miras de una flor de leyenda. Así, los jóvenes del Edelweiss nos convertimos en protagonistas sin estridencias de los debates y la acción cultural de nuestra ciudad.

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