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Leire Salazar

Profesora en el Departamento de Estructura Social de la UNED y doctora en Sociología por la Universidad de Oxford. Estudia, entre otros temas, las desigualdades sociales en la primera infancia.

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'El Muro Invisible'. Divulgación sociológica del siglo XXI

Nuestros amigos de Politikon, uno de los blogs de divulgación en ciencias sociales más pujantes del panorama digital, han publicado una obra colectiva titulada  El Muro Invisible (Editorial Debate) sobre las vicisitudes de ser joven en España. En esta entrada queremos celebrar la aparición de este trabajo y destacar su enorme potencial para elevar el debate público. Pero también queremos invitar a nuestros lectores a hacer una reflexión crítica de algunos de sus argumentos centrales. Vamos a ser más sintéticos en el primero de estos objetivos que en el segundo.

 

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Otro vendrá que bueno te hará: ¿hacen las vacaciones bueno al colegio?

Con el curso escolar termina(n)do esta semana, es probable que la mayoría de las familias tengan ya desde hace meses una planificación de las agendas de sus hijos en verano. Algunos optarán por los campamentos urbanos, otros por las colonias en la montaña o la costa, muchos recurrirán a la ayuda de los abuelos. Con una organización social compleja, en la que las vacaciones escolares estivales duran sustancialmente más que las de los padres y en la que no hay oferta pública suficiente para acoger la demanda, el parón veraniego nos ofrece la posibilidad de reflexionar, una vez más, sobre la desigualdad de oportunidades de los niños según su origen social y sobre las influencias que los entornos familiares tienen sobre su éxito escolar.

Existe una literatura (por ejemplo,  aquí o aquí) centrada específicamente en el análisis de en qué medida las competencias adquiridas a lo largo del curso escolar se desgastan durante las vacaciones de verano. El diseño más común en este enfoque consiste en la medición de los conocimientos/competencias de ciertas materias que tienen los alumnos al finalizar el curso escolar (justo antes de las vacaciones estivales) y compararlas con los que demuestran al regreso de las vacaciones. Es importante recordar que ambas mediciones, pre- y pos-, se realizan para la misma muestra de estudiantes. La literatura se ha centrado fundamentalmente en las competencias lectoras y matemáticas que, en términos generales, representan dos pilares básicos del aprendizaje en tanto que son materias instrumentales para la adquisición de conocimientos más complejos.

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La sombra del estrés es alargada... pero no siempre mala

En los últimos tiempos están proliferando los estudios que analizan las condiciones en las que se vive durante la infancia y sus posibles efectos en aspectos tan variados como la salud, los resultados escolares o el éxito laboral. En términos generales en ciencias sociales predomina la visión de que estar sometido a adversidades en los primeros años impone a los individuos una suerte de senda que favorece la concatenación de desventajas a lo largo de la vida. La escasez material de los hogares puede condicionar la salud (por ejemplo, aquí) y el rendimiento académico ( aquí) de los niños. Puede hacerlo de manera directa al dar lugar, por ejemplo, a una inadecuada nutrición o la proliferación de enfermedades crónicas.

Pero puede también empeorar sus condiciones de vida al aumentar la sensación de estrés, bien sea directamente en los niños o indirectamente a través de los padres. De hecho, la investigación sobre los efectos del estrés se ha disparado en los últimos años, puede que en parte por el aumento de la prevalencia (o del diagnóstico) de trastornos como la ansiedad o la depresión, relacionados con el estrés, en los países desarrollados.

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El cotilleo es como un parto, pero con menos estrés

El cotilleo tiene una penetración sorprendente en la vida diaria de los individuos a pesar de su mala reputación. Aunque no es sencillo encontrar buenos datos, menos aún comparados, sobre el tiempo que pasamos hablando de los demás ni sobre la información exacta que se transmite en estos intercambios, varios  estudios han tratado de cuantificarlo, con resultados sorprendentes. Algunos de ellos calculan que un 70% del tiempo que consumen nuestras conversaciones cotidianas incluyen cotilleos, entendidos como referencias informales al comportamiento o el carácter de las personas implicadas en la conversación o bien de terceras personas no presentes. Parece, además, que esta tal vez inesperada pauta se reproduce en sociedades con distintos niveles de desarrollo y diferentes valores y cultura. ¿A qué se debe que esta forma de interacción, a pesar de tener un cierto estigma social, siga tan presente, incluso en sociedades individualizadas y relativamente tolerantes? Veamos algunas de las respuestas que ofrece la ciencia.

Desde distintas disciplinas se ha señalado que el cotilleo tiene ciertos "beneficios" que justifican su persistencia. La psicología evolutiva o la sociología de las organizaciones han estudiado tradicionalmente la importancia del cotilleo como medio para establecer las normas que regulan los comportamientos grupales, penalizar comportamientos transgresores y reforzar los vínculos dentro de los grupos, de modo que suele considerarse un elemento funcional para la vida en sociedad.

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Fútbol y política

El deporte y la política están estrechamente relacionados. El campeonato mundial de ajedrez entre Fischer y Spassky en 1972 o la copa del mundo de rugby en Sudáfrica en 1995 son buena prueba de ello. A pocos días para que se dispute el Madrid-Barça, en este post nos preguntamos qué saben las ciencias sociales sobre la relación entre fútbol y política. La investigación existente se ha fijado en dos grandes temas: en qué medida el régimen político (esto es, que un país sea democracia o dictadura) afecta a las competiciones de fútbol nacionales e internacionales y cuál es la relación entre la ideología (izquierda y derecha) y el apoyo a determinados equipos.

En el primer caso, un reciente artículo de Lago, Lago y Lago ( aquí)

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Échale la culpa a la testosterona

Una de las grandes cuestiones que articula los debates en ciencias sociales consiste en determinar hasta qué punto son la carga genética o los procesos biológicos, en comparación con influencias del entorno, los que determinan los comportamientos humanos ( nature vs. nurture). Entre algunos científicos sociales la alusión a factores como los genes en ocasiones genera escepticismo, cuando no directamente suspicacia, como demuestra, por ejemplo, la acalorada reacción que generó la publicación de The Bell Curve en los años noventa y la controversia que suscitaron sus supuestos, conclusiones e implicaciones en términos de la reproducción de las desigualdades sociales.

En esta entrada abordo un tema también controvertido que se encuentra bajo el paraguas de este gran debate. En concreto, las actitudes, preferencias y comportamientos "típica" (o estereotípica)mente masculinos o femeninos que se manifiestan en la edad adulta en cuestiones tan relevantes como la elección de estudios, la distinta representación en tipos de ocupaciones, la intensidad de la participación laboral o la dedicación a los cuidados de los hombres y las mujeres. Por supuesto el debate general consiste en determinar si son sus características innatas, o bien las oportunidades y restricciones que impone el entorno, las que en mayor medida influyen en estos comportamientos. Sin embargo, demostrar empíricamente el peso de estas dos familias de factores es una tarea muy compleja, entre otras cosas porque ambos tipos de influencias comienzan en la primera infancia y habitualmente no se dispone de datos adecuados que permitan medirlas con precisión y diferenciarlas de manera clara. ¿Existe realmente una preferencia prácticamente innata por distintos colores o tipos de juguetes según el sexo del individuo o se trata de diferencias socialmente inducidas? ¿Es cierto que las niñas son mejores que los niños en materias relacionadas con el lenguaje y los niños destacan en cálculo y habilidad espacial independientemente del refuerzo en uno u otro ámbito que hagan las familias y las escuelas?

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El quimicefa de la crianza y la igualdad de oportunidades

En las últimas semanas miles de padres y madres habrán dedicado gran parte de su tiempo a solicitar una plaza en un centro escolar para sus hijos. Habrán recabado información sobre las características de los distintos centros, habrán valorado la cercanía a su domicilio, el ambiente escolar, el tipo de alumnado, los resultados académicos que se obtienen y habrán incluso desplegado estrategias bastante sofisticadas al ordenar sus preferencias. En un contexto en el que se tienen pocos hijos (y, en consecuencia, se invierte mucho más que en el pasado en la crianza de cada uno de ellos) y en el que existe una gran competición en el mercado laboral por los puestos cualificados, las familias son cada vez más conscientes de la importancia de la formación académica. Tratan de maximizar el éxito escolar y dotar a sus hijos de todas las oportunidades que sus recursos permitan para que este éxito se materialice en el futuro en una buena posición social. De hecho, en los últimos años se ha desarrollado enormemente algo que podríamos denominar “ciencia de la crianza”. Han proliferado los libros divulgativos ( 1, 2, 3, 4) que, basándose en evidencia científica más o menos refinada según los casos, tratan de enviar a los padres preocupados mensajes sencillos sobre qué pueden hacer para contribuir a que sus hijos logren objetivos tan variopintos como persistir en completar los deberes escolares o en la práctica de un instrumento, desarrollar resiliencia ante la presión social o tomar decisiones con autonomía.

El mensaje parece haber calado. Muchos padres y madres se han convertido en “científicos” expertos en educación y crianza: han leído sobre los beneficios de la estimulación temprana y de la lectura en voz alta a los niños, sobre los pros y contras de la crianza con apego y la lactancia, conocen la importancia de exponer a los niños a una segunda lengua en los primeros años de vida, los peligros de las grasas trans… El mercado, claro, ha reaccionado ofreciendo a las familias gran variedad de opciones para materializar estas inquietudes: cursos de apoyo a la lactancia, talleres de estimulación para bebés, escuelas con prácticas educativas innovadoras, academias con métodos alternativos para el aprendizaje de música o matemáticas…

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