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Lucía Martínez Odriozola

Soy periodista, profesora de Periodismo en la UPV-EHU y una de las fundadoras de Pikara Magazine. Se me han muerto algunos medios, pero ya no me siento huérfana.

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Deja que una lesbiana se instale en tu vida

"Un día de estos debemos hablar de tu homofobia, Lucía".

Puse cara de interrogación. ¡Mi homofobia!

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Niñas esposadas

El 11 de mayo de 2011 se "abrió a la firma" el Convenio de Estambul, un acuerdo adoptado por el Consejo de Europa para la lucha contra la violencia hacia las mujeres. ‘Abrirse a la firma’ significa que los estados miembros podrían hacerlo cuando conviniera a sus políticas en materia de igualdad. Fueron necesarios 3 años para que lo firmaran el mínimo de 10 estados que exigía el artículo 75 del propio documento. No se dieron mucha prisa.

Una de las novedades de este convenio es que amplía el concepto de 'violencia de género' que en su momento inspiró la Ley Integral aprobada por unanimidad en el Congreso en diciembre de 2014. Una de las formas que adopta la violencia machista, y que se registró en Estambul, son los matrimonios forzosos y así lo planteó Ángeles Carmona, la presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género cuando el 15 de febrero compareció ante la subcomisión del Congreso encargada de lograr eso que se ha llamado 'Pacto de Estado contra la violencia de género'. Todo muy rimbombante: grandes nombres para comisiones, subcomisiones, pactos y convenios.

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Atrapadas en el remolino de la edad

Las estadísticas tienen un efecto hipnótico, semejante al de esos pequeños remolinos de agua que se forman en la superficie de grandes ríos. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), a 1 de julio de 2016, estaban censados en España cerca de 23 millones de hombres y más de 23,5 millones de mujeres. No es ninguna sorpresa que el número de mujeres sea ligeramente superior en los países de nuestro entorno y, en algunos, la diferencia es más notable que ligera. Por ejemplo: Letonia, Estonia y Hungría vienen a tener un a relación de 6 mujeres y 4 hombres. En algunos países africanos asolados por conflictos enconados, la escasez de varones indica su participación activa en esas guerras. Desolación.

¿Qué nos indican las cifras del INE? Desde su nacimiento, hasta los 28 años, los niños y jóvenes superan en número al otro sexo. No se trata de una gran diferencia, pero sí de una trayectoria de continuidad. Desde esa edad hasta un lustro después, los datos se invierten y son mayoría las "jóvenas", permítaseme el palabro. De los 34 a los 55, ellos vuelven a enseñorearse y recobrar esa mayor presencia. Y ahí se acaba la racha. A partir de los 51 años de edad, ellos van extinguiéndose implacablemente, al igual que ellas, claro, pero comienza el aumento porcentual de las mujeres. Además, la esperanza de vida es cinco años mayor para ellas ─85,6 años─ que para los hombres ─80,1─.

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Mujeres encadenadas

"El proceso de captación de víctimas para la trata de origen nigeriano se realiza en ceremonias espirituales de vudú, en las que se establece un pacto mediante el cual el traficante se compromete a organizar el viaje y financiar los gastos derivados del mismo, mientras que las mujeres, por su parte, le prometen obediencia, pagar la deuda y no acudir a la policía ni delatarle. El vínculo ritual es, por tanto, un elemento de suma importancia en este tipo de delincuencia con origen en el continente africano".

Así concluía la nota que divulgó este lunes el Departamento de Seguridad del Gobierno vasco. En ella, daba cuenta de una operación que se saldó con la detención de dos varones –uno nigeriano y el otro camerunés– y la liberación de tres mujeres de nacionalidad nigeriana víctimas de trata: tres mujeres desencadenadas. La operación, en la que también participó la Policía nacional, se inició en agosto en Bilbao, cuando la policía autonómica tuvo noticia de que una mujer nigeriana estaba siendo obligada a prostituirse contra su voluntad.

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La igualdad, esa cuestión eternamente secundaria

La situación es la siguiente: él está oyendo la radio, le da un repente, coge el teléfono y llama al programa a desdecir a una de las contertulias que charlan sobre la crisis del partido socialista. Se presenta: “Soy José Luis Corcuera”. Lo pasan directamente a antena. La radio es Onda Cero; el programa, ‘Julia en la onda’; la periodista, Julia Otero; la contertulia, Elisa Beni; el oyente, ministro de Interior con Felipe González que pasó a la historia por la ‘ley de la patada en la puerta’ y por obligar a la ciudadanía a llevar siempre el ‘deneí’ encima, en la boca. Por cierto, en una ocasión dos periodistas de El Correo fueron a entrevistarle a su despacho ministerial y cuando le pidieron para la foto que se pusiera el carné en la boca resultó que no lo llevaba encima. Él no, pero el resto teníamos la obligación de portarlo.

En esa breve incursión en el programa de Otero, Corcuera dejó ver sus entretelas de viejo machista. Muy recalcitrante. Para mostrarlas, eligió dos objetivos: Elisa Beni y Margarita Robles. El motivo de la llamada fue contestar a la contertulia, rebatir sus argumentos y, ya que estaba, se vino arriba y empaquetó también a Robles. Comenzó por desdecir a Beni y por descalificarla, negando que conociera el PSOE y su funcionamiento. Cuando ella quiso rebatirle, directamente la llamó “sabionda”.

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Putas, fontaneras y periodistas

En todas las ciudades hay una calle o plaza con un nombre oficial ninguneado por la ciudadanía, que se empeña en llamarla de otra forma. Por ejemplo, en Bilbao oficialmente la estación de trenes se llama Abando Indalecio Prieto. Ahí es nada. Para cuando se lo dices al taxista, has perdido el tren. Así se llama en los papeles; coloquialmente, la llamamos Abando o estación del Norte. A secas. No se trata de que en esta villa seamos personas obstinadas. Es solamente que ya la llamábamos así cuando uno de los gobiernos de Zapatero decidió alargarle el nombre. Preferimos lo breve: al vaso pequeño de cerveza lo llamamos ‘zurito’ y a la copa de vino, ‘chiquito’. Y así vamos ganando tiempo. Somos gente de pocas palabras y, además, cortas.

Algo parecido ha sucedido hace unos días cuando el Ayuntamiento de Madrid hizo pública su ‘Guía de recursos para periodistas: el abordaje de la prostitución y la trata de seres humanos con fines de explotación sexual’. Deberíamos haber intuido que si para titular el folleto necesitaron 21 palabras, el contenido no le iría a la zaga.

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Ese suplicio escrito en el futuro

De 100 a 130 millones de niñas, sobre todo preadolescentes, pero en general, de edades comprendidas entre las pocas semanas de vida y los 20 años; en 28 países. ¿Cómo lo hacen? Arreglan una cita y convencen a la niña de que, una vez suceda, será ya mujer. A veces, las engañan y las llevan a la fuerza. En ciertos países, según datos de la Organización de las Naciones Unidas, tres de cada cuatro citas son con personal médico, preparado para gestionar la salud y curar enfermedades. El procedimiento comienza inmovilizando a la niña. Dos personas, por lo general mujeres, la sujetan con fuerza agarrándola de los brazos y las piernas. La persona encargada de proceder a la intervención, que se hace sin anestesia alguna, usa, en el mejor de los casos, unas cuchillas, o cualquier objeto cortante que tenga a mano. Siempre sin esterilizar. ¿Oyes los gritos? ¿Todavía no? Escucha, imagina que te mutilan a ti los órganos sexuales. ¿Has oído tu alarido?, ¿has cerrado las piernas? Pues eso mismo a millones de niñas, desde hace siglos. La ablación genital femenina es una violación de los derechos humanos en víctimas sujetas a gran protección que se realiza impunemente en 28 países en aras de la tradición.

No se realiza de la misma forma en todas partes. Se practican distintas modalidades. La cliterodictomía consiste en la extirpación del clítoris; y algunas muy pocas veces, en extirpar solamente la piel que lo rodea. El clítoris es un órgano que tiene un única función: proporcionar placer sexual. Y punto. De modo que cabe preguntarse cuál es la razón de que se haya originado tal crueldad. Cuando no se disfruta del sexo, su práctica se reduce única y exclusivamente a la reproducción. O al placer del otro. No hay viceversa en los hombres: A ellos no se les priva de ese disfrute en ninguna de las sociedades conocidas.

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De chistes sin gracia alguna

Hay chistes que tienen poca gracia o, incluso, ninguna. Son esos chistes que inciden directamente sobre la parte más sensible de nuestro ser, que ridiculizan valores preservados por otros, sobre cuestiones que hacen referencia al sometimiento de una parte de la sociedad a los privilegios de una clase o incluso a su dominación...

Que nos hagan gracia o no depende de nuestra idiosincrasia y ésta de un conjunto de vivencias positivas o no. Los hay de muchos tipos: Machistas –“No quiero una novia diésel, porque chupa poco”–; racistas –“¿Qué es un negro en la nieve?”. “Un blanco perfecto”–; homófobos ­–“Vivan el vino y las mujeres”. “Es que soy gay”. “Pues vivan la Shandy y las mujeres”–; contra determinadas etnias –“Esta noche en ‘Cuarto milenio’ contaremos con el testimonio de un ciudadano que asegura haber visto a un gitano en urgencias esperando solo” –; contra ciertas nacionalidades –“¿Cómo se inventó el hilo de cobre?”. “Dos catalanes tirando de una moneda de dos céntimos” –.

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Las mil y una violencias machistas

Según ellos, son 38, pero nadie duda de que están interesadísimos en que las cifras sean lo más bajas posible, sin importar que sean falsas. Y lo son, aunque sumáramos esos cinco casos que dicen estar sometidos a investigación. Ellos son los responsables del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Y los casos que están en investigación son cinco muertes violentas de mujeres: En junio, una turista danesa hallada muerta en un hotel en Málaga y cuyo marido fue detenido poco después; en julio, Sonia una conocida hostelera de Gijón, apareció sin vida en su casa; en agosto, detuvieron a un concejal de Serra por la muerte de su mujer, Dolores, en un incendio intencionado; en agosto, en Bilbao, Leyre apareció muerta y la investigación condujo a su exmarido, que intentó suicidarse días después; en octubre, apareció muerta una mujer finlandesa y detuvieron a su marido. Suman 43.

Y aún faltan muchos nombres, muchas historias. Y no solo de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. Faltan los de sus hijos. Por ejemplo, en agosto, en Castelldefels: La mató a ella y a sus hijos de 7 y 12 años. Tampoco esos dos niños se introducen en las estadísticas. Ni las amigas de ellas cuando son asesinadas: Marina y Laura en Cuenca este agosto, a manos de Sergio Morate. Ni las hermanas:  Teresa y su hermana Natividad en Elche nada más comenzar este año. Todas estas son muertes consecuencia de la violencia de género ejercida por sus parejas o exparejas contra ellas, es decir, son los casos que entran en la ley integral de lucha contra la violencia de género. Pero las estadísticas del Ministerio solo se centran en los cadáveres de ellas. Hijos, hijas, amigas, hermanas…, daños colaterales.

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El aizkolari resfriado

Los hay machistas y sexistas y si cada vez que en los medios de comunicación se difunde uno de ellos, en el espacio del anuncio, se produjera un silencio, o un blanco, tomaríamos conciencia de hasta qué punto estamos infestados de ellos. La publicidad recurre en demasiadas ocasiones a estereotipos sexistas, cuando no directamente machistas. Es de suponer que lo hacen para vender o atraer clientela y que además lo consiguen. Hace tiempo que tomé la decisión de que a mí así no me vendían un colín. Y esa resistencia cívica y pacífica es un gran mecanismo de control en las sociedades democráticas.

Pero hay dos tipos de publicidad machista, aquella que es burda hasta decir basta y la que incurre en ilegalidades o cuestiones penadas por las leyes. Hace unos años Mediamarkt, con motivo de una competición futbolística internacional, quiso vender televisores bajo el lema ‘Las mejores delanteras’. En las imágenes se veían una hilera de abultados bustos de mujer y otra de futbolistas protegiéndose los testículos con las manos, como en un lanzamiento de falta. Se puede ser más soez, claro, pero para qué concretar cómo. La tosquedad, no obstante, no es punible. Si alguna vez he ido a ese establecimiento, ya me han visto. No habrá más oportunidad. Y recomiendo esta actitud a cuantas personas sientan que esa no es forma de vender.

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