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Mariano Pinós

Ante todo, de esos cuyo único capital son sus manos. Después, reportero gráfico, escritor, militante y otras muchas cosas que no vienen al caso. Con la certeza de que sólo Podemos vencer.

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Y el rap salvó Zaragoza

Nunca se había visto Zaragoza en una así, al menos en estos últimos cuarenta años. A cuenta de la crisis nacionalista que estamos viviendo se percibe un cambio traumático en lo que somos. El carácter nuestro, mas templado y menos agresivo que la dureza castellana, parecía estar mutando a una exaltación nacionalista de odios insondables. La agitación en respuesta a los otros nacionalistas (catalanes) nos sorprendía con mares de banderas que vibraban con discursos pronunciados por fascistas. Todo parecía perdido en la locura nacionalista. Hasta que allí donde pensaban rematar su faena, el pregón, lo mejor de Zaragoza surgió y les paró los pies.

Estas semanas pasadas hemos visto cosas que no pensábamos que íbamos a vivir. Qué equivocados estábamos cuando estudiábamos la propaganda de guerra de primera mitad del siglo XX y pensábamos que eran tiempos para siempre superados, vacunados a base de ironía, una cualidad de pueblos inteligentes. Pero ahí la tenemos, cada mañana, en cualquier cadena de televisión. El No-Do a color en que han convertido a TVE, el giro intereconómico y treceteuvesco en unas y el estilo de telepredicador con corifeos en otras. El vecino, el amigo, el padre… de pronto escupe odio y no atiende a razones. Nuestros vecinos son el enemigo. Lo han dicho en la tele. Las entradas de las casas cuartel despiden en desfile triunfal a los guardias. Se van a la guerra, parece.

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La democracia rodeada en el Siglo XXI

El domingo al mediodía cientos de alcaldes, diputados, senadores y otros cargos electos de diversos partidos políticos firmaban una declaración. El texto llama al diálogo y al entendimiento como forma de resolver el conflicto entre Cataluña y el Estado. Al mismo tiempo, estaban asediados por cientos de violentos ultraderechistas que les aguardaban en las salidas para atacarles. Esa fue la imagen de ayer y esa es la foto fija de hoy: la España democrática que trata de abrirse paso entre los que quieren llevarnos a todos al desastre.

Comenzaba la mañana con noticias de Heraldo informando de que si unas banderas se habían retirado y vuelto a colocar; con un tweet del portavoz del PP en el Ayuntamiento de Zaragoza en el que denunciaba que los organizadores del acto -promovido por Unidos Podemos- habían retirado las banderas aragonesa y española de la entrada del pabellón Siglo XXI. Venía a decir lo mismo que un audio de una falsa trabajadora del pabellón que corrió como la pólvora el día de antes por grupos de whatsapp. Lo cierto es que esas banderas nunca estuvieron allí. Nunca están allí, salvo en determinados actos deportivos. Pero estamos en tiempos de postverdad, que la realidad no te estropee un buen linchamiento. Además los hechos del día era independientes de los movimientos en autobús que habían traído a muchos de los fascistas a Zaragoza.

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El meñique no sirve para nada

Si mañana el modo de producción capitalista occidental necesitara de dedos del pie para seguir funcionando, estoy seguro de que aparecería algún amiguete que en una conversación diría: “Pero realmente ¿para qué necesitamos el meñique? Y el siguiente tampoco es que haga nada”. Desde luego si han conseguido meternos el gol de despreciar la zona de confort en pos de perseguir tus sueños, es decir, rechazar la estabilidad vital y la seguridad laboral a cambio de no se sabe qué exploración existencial personal, pues nos pueden colar cualquier cosa.

No era tan grave hace décadas. Cuando el modelo capitalista fundamentado en fabricar neveras estuvo saturado de neveras porque todo el mundo tenía una nevera en su casa, la industria hizo que las neveras tuvieran fecha de caducidad, esto es, que se estropearan antes. Luego hizo neveras de colores, neveras de diseño… para diversificar el mercado. No era tan grave porque cambiar de nevera no perjudica directamente tu vida (indirectamente sí, por la generación de residuos, pero ese es otro tema). Y como las neveras, todo lo demás. El ejemplo más ilustrativo es la industria de la moda: despójate de la ropa del año pasado y renueva tu vestuario, que ahora se lleva todo distinto. Es el mejor ejemplo porque no hay otra industria que haya condicionado tanto los hábitos sociales en base a sus necesidades de mercado.

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El hilo de Ariadna en las instituciones

Teseo dio muerte al Minotauro, pero el héroe jamás habría encontrado el camino de regreso sin el ovillo que Ariadna le había entregado antes de entrar en el oscuro laberinto. Aquellos que se han internado en el laberinto de las instituciones han de tener claro que tan importante es matar al monstruo como saber regresar vivos. Si no, se corre el riesgo de empezar a mugir y que broten cuernos de la cabeza.

Hubo alguna pequeña polémica al respecto de las palabras de Pablo Iglesias cuanto éste afirmó que las instituciones son útiles cuando se gobierna pero no tanto cuando no se es gobierno. Hubo quien salió electo para un cargo público que no sólo negó que su trabajo no sea útil sino que además es fundamental.

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Canción del verano (de hielo y fuego)

No es ningún secreto que la industria musical se ha basado siempre en repetir machaconamente un tema musical hasta que nos lo meten en el cerebro. Canciones malas, canciones del verano o del invierno, que cuando la escuchas la primera vez, no te gusta; cuando la escuchas la segunda vez, te gusta menos y cuando la escuchas por tercera vez, mueves las caderas. Un producto objetivamente malo desde todos los puntos de vista acaba convirtiéndose en bueno para la mayoría de la gente. Eso es lo que nos han hecho con Bertín Osborne.

Osborne estaba ya en el rincón de los trastos viejos, en ese desván donde se guardan las cosas pasadas de moda, inservibles y horteras. Había un consenso en la idea de que esa figura con aires de vaquero del Marlboro, cruce entre galán y señorito andaluz, estaba felizmente superado. Pero hete aquí que alguien en Televisión Española debió decidir que había que resucitarlo. Este futuro de pusilánimes necesitaba un héroe del pasado y, como en Demolition Man, descongelaron del hielo a nuestro Stallone, Bertín. En la tele hasta que os guste. Si no queréis caldo, tomad diecisiete tazas. Tras las tazas, el cantante latino, presentador y propietario es ahora líder de opinión.

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El cambio: ¿Quién tiene un proyecto de país?

El cambio fue rescatado del baúl de los recuerdos por Podemos y le habían vuelto a dar el sentido que tuvo hace más de treinta años. Luego vino Albert Rivera, el primero en disputarle a Podemos “el cambio” y la novedad. Después fue el PSOE el que también agarró la palabra y tiró de ella. Cosas de los significantes flotantes: que cualquiera se apunta al bombardeo. Si nos descuidamos, mañana será el PP el que proclame que es el cambio.

Más juegos de palabras. Los portavoces del partido socialista llaman a su peor pesadilla “Pablo Manuel”, para evitar que les rechinen los dientes cada vez que evocan el nombre del socialista que fundó unas siglas de las que ahora tienen el copyright a modo de franquicia. No me cabe duda de que el primer Pablo Iglesias, hoy en día, habría sido enviado al gallinero del Congreso por los franquiciados. Dicen muchas cosas, la más epatante, como decía, es que resulta que el PSOE es el cambio. Pero ¿el cambio a qué, a dónde?

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Retrato del monstruo

Él dice que se respeten la bandera y las tradiciones, aunque realmente exige sumisión y clandestinidad al que es ajeno a ellas. Desenfunda la pistola si se pita al himno, pide hoguera al que cuestiona la fiesta nacional, mientras que admira al patriota que se llevó su fortuna a un paraíso fiscal y evadió sus impuestos.

Prefiere el "dinerito en mi bolsillo" a la contribución alícuota al país, pese a que eso redunde en el perjuicio a unos servicios públicos del que es usuario. A la par, se queja de lo mal que funciona la sanidad y la educación públicas, y por eso se hace un seguro privado y prefiere llevar a sus hijos al colegio concertado; por aquello de que hay muchos inmigrantes. Esos inmigrantes que, según él, o ella, reciben ayudas por serlo, y no por ser pobres. Antes decía que nos quitaban el trabajo y ahora que nos quitan las ayudas, pero que el hijo, una vez licenciado, tenga que emigrar (a otra ciudad o a otro país) lo asume como quien asume una granizada.

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Trueba, los franceses y las turbas fernandistas

"En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia. Luchemos por el mundo de la razón."

El Gran Dictador Charles Chaplin

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Cien años rompiendo el protocolo

Su traje y corbata sencillos, desprovistos de pompa, rompieron el protocolo. Seguramente las señoronas que presenciaban el acto comentarían con disimulado escándalo, tras sus abanicos, la poca clase -estética y social- de aquel hombre. Aquel traje simbolizaba la entrada de lo nuevo, y era la guinda al pastel que suponía la entrada de la clase trabajadora al congreso.

Cien años después, decenas de cargos públicos en camiseta volvían a prometer lealtad al Rey por imperativo legal para acceder a sus asientos, y de nuevo tras los abanicos y tras los teclados, aquellos que no digerían bien la llegada de lo nuevo comentaban airados la poca clase de los de baja clase que llegaban, con la proverbial alegría de los pobres, a ponerse la banda de concejal. ¡Respeto a los símbolos! clamaba la patronal local, como si se mancillaran los símbolos sólo por el hecho de estar en las manos de la "chusma".

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