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Médicos Sin Fronteras


Diffa: el año nuevo de los desplazados por Boko Haram

Dejamos ya atrás un 2015 convulso, especialmente en la región de Diffa, Níger, donde me encuentro en estas fechas navideñas trabajando con Médicos Sin Fronteras. En estos días, tendemos a hacer balance de lo ocurrido durante los pasados doce meses: el progreso profesional, la estabilidad emocional, la salud, descubrimientos, aprendizajes, etcétera. El resultado suele depender de dos variables: el grado de optimismo natural de la persona y el momento por el que esté pasando –o coyuntura, para los leídos en tiempos de crisis–.

En función de lo vivido, nos planteamos unos deseos para el nuevo ejercicio. Los clásicos para todo buen engañado, son, entre otros, empezar el gimnasio, llamar más a nuestras madres, discutir menos con nuestras parejas, o desarrollar nuestra vena artística –esa que muchos deseamos pero pocos ostentan–. Entre villancicos y polvorones, tal planteamiento (útil para algunos, banal para la mayoría) nos acompaña a lo largo del período navideño distrayendo nuestras preocupaciones durante al menos un par de semanas.

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Mary necesita un refugio mejor

Durante sus dos primeros meses de vida, Mary James dormía sin manta sobre un somier de acero en el interior de un pequeño y húmedo refugio en medio de un abarrotado campo de desplazados. Ahora, duerme en una cama del hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Malakal, Sudán del Sur, luchando por su vida.

Cada vez que Mary, de apenas tres meses respira, emite un sonido áspero cuando el aire se abre camino a través de sus diminutos pulmones enfermos. Cuando llora, su cuerpo se contorsiona por el esfuerzo de la respiración. Hasta hace nada ha estado conectada a una máquina de oxígeno para poder respirar.

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Europa subcontrata el trabajo sucio

Mientras en el Mediterráneo los rescates de pateras, lanchas de goma y botes de pesca antediluvianos se sucedían día sí, día también, sumando a más y más personas huidas de los conflictos y la miseria de Somalia, de Yemen, de Mali, o de la amenaza de Boko Haram en Nigeria o Camerún, Europa vivía un traumático regreso de sus vacaciones estivales. Las islas griegas ya se habían convertido en un –demasiadas veces trágico– aluvión de personas que huían de las guerras de Siria, de Irak, de Afganistán. En muy poco tiempo, miles de refugiados se acumulaban en las fronteras de Hungría, cuyo Gobierno intentaba detener su avance. Hungría fue criticada por su intransigencia, cuando, en realidad, su actuación representa los reflejos colectivos de los líderes europeos en materia de inmigración y refugio.

Dicho sin rodeos, su actitud se basa en mantener a estas personas fuera, y dejar que otros se ocupen de ellas. La Cumbre de La Valeta, que ha reunido ayer y hoy a los jefes de Estado y de Gobierno de Europa y África, podría ser el siguiente paso hacia la formalización de esos reflejos.

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Lo que me hace tomar el camino hacia Europa

Mohamed es originario de Derek, una ciudad en la región kurda al noreste de Siria, entre las fronteras con Irak y Turquía. Posteriormente se trasladó a Damasco para trabajar como chofer de un minibús. Es padre de cuatro hijos; el más pequeño de todos aún no camina. Mohamed y su familia huyeron de Damasco cuando la ciudad se volvió "demasiado peligrosa como para seguir ahí".

Como miles de kurdos sirios, Mohamed y su familia terminaron cruzando hacia el Kurdistán iraquí, y se establecieron en el campo de refugiados de Domiz, que actualmente alberga a unas 40.000 personas. El apoyo a los refugiados sirios que viven en campos como este sufrió un enorme recorte este verano, cuando el valor de los cupones que les daban para comprar alimentos fue rebajado de 31 dólares estadounidenses a tan sólo 10.

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FOTOS | El frío, la lluvia y la falta de asistencia amenazan a miles de refugiados en los Balcanes

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"La travesía de Turquía a Kos duró 40 minutos, 40 minutos de pesadilla"

"Somos refugiados. Vivíamos en la localidad de Deir Azzor. Pero ahora allí lo que hay es guerra, misiles y aviones bombardeando la ciudad.

En Siria no teníamos a nadie que nos defendiera de los combates, carecíamos de toda protección. Por la noche se nos prohibió encender las luces porque, de lo contrario, aviones y helicópteros arrojarían sus bombas sobre nosotros.

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FOTOS | Ulises quiere abandonar la isla griega de Kos

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Refugiado en la isla griega de Kos: "En casa había guerra pero, al menos, teníamos dignidad"

Mi trabajo en Kos es facilitar ayuda psicológica a la gente allá donde sea que la necesiten. Con este objetivo, realizamos sesiones en el parque, en el puerto, en cualquier lugar en el que los refugiados estén tratando vivir.

Están llegando muchos niños pequeños a la isla. Para ellos, organizamos sesiones de juegos en las que, a través de éstos, los niños expresan sus emociones. Resulta también una forma mediante la que podemos identificar cómo podemos ayudarles de forma más eficaz. Entre otras actividades creativas, les invitamos a pintar y a resolver rompecabezas.

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"Con tan solo unas horas de vida, ya huía de la violencia”

A los pocos días de llegar a Nasir (Sudán del Sur) ya había visto de todo: un niño que tuvo que ser reanimado, una mujer desangrándose por un aborto, otra sufriendo graves complicaciones durante el parto. Al final, todos consiguieron recuperarse. Recuerdo que en aquel momento, aliviada, me decía a mí misma "ya está; ya lo he visto todo, pero que esto no puede ser ya...". Pero fue a partir de entonces cuando empezaron a complicarse de verdad las cosas. Permitidme que me traslade de nuevo a 2014 para contaros una historia que me marcó profundamente…

Ocurrió una tarde del mes de abril de intenso calor y trabajo. Los combates se estaban acercando y la situación se estaba poniendo cada vez más tensa. De pronto, el coordinador nos dijo que desde ese mismo momento teníamos 15 minutos para recoger todas nuestras pertenencias y subirlas al barco. Un equipo compuesto por el coordinador, un doctor, una enfermera y un logista se quedarían para informar a nuestro equipo sudanés y asegurarse de que todos los pacientes fueran dados de alta del hospital. Aturdida, comencé a empaquetar todas mis cosas. Mi corazón se aceleró rápidamente... nos marchábamos.

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FOTOS | Yemen: La hemorragia que no cesa

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