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Médicos Sin Fronteras


El ataque al hospital de Alepo es una llamada de alerta para Naciones Unidas  

A las diez de la noche del miércoles fue atacado el hospital de Al Quds en Alepo, en el norte de Siria. Tras un ataque aéreo, el hospital de 34 camas, que contaba con sala de urgencias, unidad de terapia intensiva, quirófano, y era el principal centro de referencia de la ciudad para atención pediátrica, fue completamente destruido. 

En medio del polvo y la oscuridad, los pacientes y los miembros del personal que lograron sobrevivir comenzaron a rescatar, con la ayuda de voluntarios, a los que habían quedado atrapados bajo los escombros. 

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Cinco años de guerra en Siria: "Nos preocupa que los bombardeos regresen con más dureza"

Me gradué en 1995 y ese mismo año abrí una clínica. En 2001, me especialicé en urología. En el barrio vivían unas 40.000 personas antes de 'los acontecimientos’ (el levantamiento en 2011). En estos momentos, apenas llega a 15.000 habitantes, incluidos los desplazados.

He trabajado sobre todo en dos centros de salud. Uno de ellos sufrió numerosos ataques que obligaron a cerrarlo. Posteriormente, fui trasladado a una clínica provisional que también sufrió los efectos de los bombardeos. El último de ellos tuvo lugar el pasado 28 de septiembre, cuando cuatro personas perdieron la vida incluido el director, un buen amigo mío. Fue un bombardeo muy violento.

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“En la Jungla de Calais afrontamos una muerte lenta”

En Calais hace un frío helador, hay muchísima humedad y el viento sopla fuerte, pero para los miles de migrantes y refugiados que viven aquí y que afrontan un futuro incierto, el panorama es todavía más frío y desolador.

Durante los últimos días se escuchan rumores de que las tiendas de la zona sur de este campo conocido por todo el mundo como "La Jungla de los migrantes" serán retiradas. También se comenta que Francia va a obligar a sus habitantes a que se registren. Y hay quien dice que las autoridades van a tomar a la fuerza las huellas dactilares de todo el mundo.

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Diffa: el año nuevo de los desplazados por Boko Haram

Dejamos ya atrás un 2015 convulso, especialmente en la región de Diffa, Níger, donde me encuentro en estas fechas navideñas trabajando con Médicos Sin Fronteras. En estos días, tendemos a hacer balance de lo ocurrido durante los pasados doce meses: el progreso profesional, la estabilidad emocional, la salud, descubrimientos, aprendizajes, etcétera. El resultado suele depender de dos variables: el grado de optimismo natural de la persona y el momento por el que esté pasando –o coyuntura, para los leídos en tiempos de crisis–.

En función de lo vivido, nos planteamos unos deseos para el nuevo ejercicio. Los clásicos para todo buen engañado, son, entre otros, empezar el gimnasio, llamar más a nuestras madres, discutir menos con nuestras parejas, o desarrollar nuestra vena artística –esa que muchos deseamos pero pocos ostentan–. Entre villancicos y polvorones, tal planteamiento (útil para algunos, banal para la mayoría) nos acompaña a lo largo del período navideño distrayendo nuestras preocupaciones durante al menos un par de semanas.

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Mary necesita un refugio mejor

Durante sus dos primeros meses de vida, Mary James dormía sin manta sobre un somier de acero en el interior de un pequeño y húmedo refugio en medio de un abarrotado campo de desplazados. Ahora, duerme en una cama del hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Malakal, Sudán del Sur, luchando por su vida.

Cada vez que Mary, de apenas tres meses respira, emite un sonido áspero cuando el aire se abre camino a través de sus diminutos pulmones enfermos. Cuando llora, su cuerpo se contorsiona por el esfuerzo de la respiración. Hasta hace nada ha estado conectada a una máquina de oxígeno para poder respirar.

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Europa subcontrata el trabajo sucio

Mientras en el Mediterráneo los rescates de pateras, lanchas de goma y botes de pesca antediluvianos se sucedían día sí, día también, sumando a más y más personas huidas de los conflictos y la miseria de Somalia, de Yemen, de Mali, o de la amenaza de Boko Haram en Nigeria o Camerún, Europa vivía un traumático regreso de sus vacaciones estivales. Las islas griegas ya se habían convertido en un –demasiadas veces trágico– aluvión de personas que huían de las guerras de Siria, de Irak, de Afganistán. En muy poco tiempo, miles de refugiados se acumulaban en las fronteras de Hungría, cuyo Gobierno intentaba detener su avance. Hungría fue criticada por su intransigencia, cuando, en realidad, su actuación representa los reflejos colectivos de los líderes europeos en materia de inmigración y refugio.

Dicho sin rodeos, su actitud se basa en mantener a estas personas fuera, y dejar que otros se ocupen de ellas. La Cumbre de La Valeta, que ha reunido ayer y hoy a los jefes de Estado y de Gobierno de Europa y África, podría ser el siguiente paso hacia la formalización de esos reflejos.

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Lo que me hace tomar el camino hacia Europa

Mohamed es originario de Derek, una ciudad en la región kurda al noreste de Siria, entre las fronteras con Irak y Turquía. Posteriormente se trasladó a Damasco para trabajar como chofer de un minibús. Es padre de cuatro hijos; el más pequeño de todos aún no camina. Mohamed y su familia huyeron de Damasco cuando la ciudad se volvió "demasiado peligrosa como para seguir ahí".

Como miles de kurdos sirios, Mohamed y su familia terminaron cruzando hacia el Kurdistán iraquí, y se establecieron en el campo de refugiados de Domiz, que actualmente alberga a unas 40.000 personas. El apoyo a los refugiados sirios que viven en campos como este sufrió un enorme recorte este verano, cuando el valor de los cupones que les daban para comprar alimentos fue rebajado de 31 dólares estadounidenses a tan sólo 10.

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FOTOS | El frío, la lluvia y la falta de asistencia amenazan a miles de refugiados en los Balcanes

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"La travesía de Turquía a Kos duró 40 minutos, 40 minutos de pesadilla"

"Somos refugiados. Vivíamos en la localidad de Deir Azzor. Pero ahora allí lo que hay es guerra, misiles y aviones bombardeando la ciudad.

En Siria no teníamos a nadie que nos defendiera de los combates, carecíamos de toda protección. Por la noche se nos prohibió encender las luces porque, de lo contrario, aviones y helicópteros arrojarían sus bombas sobre nosotros.

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FOTOS | Ulises quiere abandonar la isla griega de Kos

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