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Miren Azkue

Periodista de la Cadena SER en Cantabria.

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La función

En el Debate sobre el Estado de la Región, como en las fiestas de fin de curso, siempre hay teatro y guión. Los escolares actúan para sus padres con la ilusión que caracteriza a los primerizos; a los que se suben al escenario a representar una función. Para Miguel Ángel Revilla ha sido la trigésimo tercera exhibición personificando, eso sí, distinto papel. Unas veces defendiendo al Gobierno como presidente y otras veces criticando su gestión, según se gane o se pierda. Ese es el juego de la política, dicho por Revilla.

El Debate sobre el Estado de la Región lo ha sido. No sé si calificarlo de "farsa" como ha hecho el portavoz del Grupo Parlamentario Popular, Eduardo Van Den Eynde, al que, por cierto, hemos visto participar de esta "farsa" un porrón de veces sin que le haya recordado, hasta ahora, al "antiguo oeste". A aquellas películas que representaban la vida de los cuatreros, bandidos y agentes de la justicia en pleno desierto. Primero disparar y luego evaluar. Pero el "showman" de la televisión no ha entretenido en este "western" parlamentario de la legislatura, que nos deja el post más leído de "la saltadora", Ruth Beitia, exigiendo "respeto institucional" a un presidente "distante". Más allá de la anécdota en cuestión hay motivos de peso para la desidia.

La estructura del guión que interpreta el presidente siempre es gradual. Llega a Peña Herbosa dispuesto a revolucionar Cantabria hasta que la "herencia recibida" le obliga a pisar tierra y a constituir mesas de trabajo que le hacen ganar tiempo y de las que no volvemos a saber nada. Leyes en tramitación, planes estratégicos y hasta 50.000 británicos "vip" del Banco Santander ensimismados con la "tierruca". Este giro argumental del presidente Revilla es el que tendría que haber ofendido a nuestra clase política en nombre de los parados, empleados precarios, exiliados y empresarios. En nombre de ese 53% de desempleados que no cobra ningún tipo de prestación en Cantabria. En nombre de las 22.250 personas sin ingresos que únicamente aspiran a un ticket social de comida como solución a todos sus males.

Hubiera tenido menos repercusión pero la diputada Ruth Beitia podría haber aprovechado ese "post" para exigir coherencia a un presidente que promete atajar la precariedad laboral mientras alardea del registro que dará a conocer mañana el Servicio Público de Empleo y Seguridad Social. Revilla aventura que serán 3000 parados menos pero no contabiliza a los que ha contratado cada ayuntamiento para los próximos seis meses -vuelta al paro- y los que rescata el sector servicios en verano.

El Debate sobre el Estado de la Región dice adiós al curso parlamentario con propósitos catequistas, sin recorrido y que se aprueban por unanimidad. De ahí que hayan salido adelante la mayor parte de ellas. Solo les ha faltado votar si apoyan o no la paz mundial.

Entre tanto, presiento que serán los socialistas y los podemitas los protagonistas de la nueva temporada. Ya se han declarado la guerra contagiados por la fiebre nacional. El Partido Popular y su mayoría han bloqueado las aspiraciones de cambio pero no gobiernan la comunidad. Que las malas relaciones de Madrid no conviertan a Cantabria en víctima.

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El Boulevard donostiarra no habla de Meruelo

Guipúzcoa sigue depositando a diario su basura en Cantabria. Meruelo se ha convertido en el salvavidas de la provincia vecina, sin capacidad física para verter en su tierra las toneladas de fracción resto, es decir, la basura que no se puede reciclar.

El acuerdo suscrito entre las dos administraciones, muy en sintonía por las siglas socialistas del diputado de Medio Ambiente y su homóloga cántabra, hubiera podido ser el pretexto para abrir un debate político de altura sobre la recogida selectiva en la que tanta ventaja saca Guipúzcoa a Cantabria, al menos desde la perspectiva social y participativa. No hay más que pasarse una tarde por el Boulevard donostiarra para constatar que el proyecto de construcción de la incineradora está en boca de todos. Las acampadas y manifestaciones en contra han dado paso a un espacio en el que se cuestiona lo establecido. En Cantabria, sin embargo, el debate ha muerto y nunca fue constructivo. Guipúzcoa pide "auxilio" y Cantabria responde por unos millones y un gesto de "profundo agradecimiento". Esa ha sido la secuencia que les ha proporcionado margen. Un balón de oxígeno para los vascos y más CO2 para los cántabros.

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Matar al mensajero

El mismo Revilla que ha dado carpetazo al caso Sodercan anuncia que su Gobierno va a crear una unidad anticorrupción independiente. Al mismo Revilla que pretende construir un órgano de control al Gobierno, las supuestas irregularidades que recoge la auditoría de la Intervención General sobre el funcionamiento de la sociedad publica le parecen "temas personales". Para su socio de gobierno, el PSOE, el informe de la Intervención responde a "un montaje político viciado de origen". Y a los que confiaron hace un año en un presidente que prometía "la honradez total", en un Revilla que no iba a tolerar un mínimo atisbo de sospecha, les niegan las explicaciones propias de un gobierno transparente que cierra filas en torno a un gestor que está en el punto de mira por apoyar, supuestamente, proyectos no viables con dinero público; pagar 185.000 euros al vicepresidente de Repsol por trabajos que no constan o por una factura de 600.000 euros que cobró Emilio Garayar, el abogado que estuvo al frente de la operación de compraventa del Racing en ese momento. Conclusiones "viciadas de origen", según el Gobierno. Regionalistas y socialistas han optado por matar al mensajero, a Podemos, al que acusan de hacer un uso electoralista del documento.

Una estrategia legítima que no resta gravedad al contenido de esa auditoría que apunta, directamente, a Salvador Blanco, consejero delegado de Sodercan durante el periodo en el que supuestamente se cometieron las irregularidades, y recuperado para repetir en el cargo por el ala socialista del actual Gobierno. Un episodio que merece una y mil explicaciones para demostrar, si es el caso, que verdaderamente la auditoría "está viciada".

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Plaza de la Esperanza

Siempre me han interesado las conversaciones ajenas pero ese hombre hablaba para todos los que estábamos ese día tomando algo en la Plaza de la Esperanza aunque, su mujer, mediante aspavientos le mandase callar porque estaba ruborizando a esa pareja de "simples" que agarraba a su hijo de la mano y se convertía en cómplice de las palabras de ese "animal" sin arma pero con potencial peligroso.

Sujetaba un whisky en la mano mientras esa pareja, a la que saludaba, se lamentaba de haber llegado tarde para solicitar las ayudas a la natalidad que, ese día, había presentado el Gobierno de Cantabria. El hijo que les acompañaba tendría unos seis o siete años, los suficientes como para entender lo que ese señor alcoholizado que avergonzaba a su mujer estaba contando. Pero aquello no les preocupó.

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Nuestras playas

Hay preguntas tramposas. Las técnicas para manipular encuestas son infinitas pero a veces basta con camuflar el asunto para que la respuesta parezca evidente. ¿Está usted a favor o en contra de actuar para que se mantengan las playas? A priori, nadie querría que desaparezcan. Ese es el pretexto del Ayuntamiento de Santander para defender a capa y espada una actuación que presenta grandes interrogantes, según los expertos.

A esa pregunta que formuló hace casi una década la Universidad de Cantabria, el 90% de los santanderinos respondió que sí. El proyecto de los espigones para estabilizar las playas de la Magdalena y Los Peligros va camino de convertirse en un polémico debate simplista entre los STV (santanderinos de toda la vida) y los que, de antemano, hacen de este colectivo que defiende la construcción de los espigones, una especie de monstruo sin escrúpulos y antiecologista, capaz de permitir que se destroce el litoral con tal de que la familia, como viene siendo tradición, pueda seguir chapoteando en sus playas.

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Sí y no. ¿En qué quedamos?

"Cantabria ha perdido la batalla pero no la guerra". ¿Recuerdan esa frase? Nunca aclaró, el ahora senador del PP, contra quién batallaba en esa guerra antifracking. Si contra su propio partido que por entonces, año 2013, tenía mayoría en el Congreso de los Diputados para reformar la Ley de Hidrocarburos que ha facilitado la concesión de permisos de fracking o si su misión consistía en distraer la atención de los cántabros con leyes inconstitucionales.

Javier Fernández, exconsejero de Medio Ambiente y Urbanismo, "capitán de la resistencia", asiste impasible en Madrid al doble rasero de sus diputados con el fracking. Ana Madrazo y José María Lassalle "han vuelto a mercadear" con la voluntad de los cántabros amparando el voto en contra de una iniciativa para frenar las prospecciones. Esa propuesta de ERC contó hace dos semanas con el voto favorable de PSOE, Podemos, Democracia i Libertad y PNV, más la abstención de C's.

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Sobre suelo no urbanizable

En Alcaucín, una pequeña localidad de la comarca malagueña de La Axarquía, el presidente del colectivo 'Save Our Homes Axarquía' y concejal de Urbanismo por Los Verdes hasta mayo de 2015, ejerce en la actualidad de afectado y alcalde, al mismo tiempo, tras presentarse a las municipales del año pasado, bajo las siglas de Ciudadanos.

'Save Our Homes Axarquía' ha dado el salto a la política para “intentar” legalizar cientos de viviendas que sus predecesores permitieron levantar en suelo protegido y no urbanizable haciendo caso omiso a informes medioambientales y jurídicos. Tres exalcaldes de La Axarquía han entrado en la cárcel por delitos contra la ordenación del territorio. Viviendas que el belga Mario Blancke, actual regidor de Alcaucín y todavía presidente de un colectivo equiparable a AMA, en Cantabria, lucha por legalizar a través de instrumentos que la administración cántabra lleva tiempo intentando poner en práctica.

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Humo

Revilla se la tiene guardada a Diego. ¿Seguirá posando el puro "humeante y rechupeteado" en el alfeizar de la ventana del Parlamento? Si es así, propongo a los populares que retomen el asunto para limar asperezas. Puestos a debatir desde lo absurdo hablemos del puro de Revilla, de su trasfondo. Del arrebato de un "pisapuros" que terminó pidiendo disculpas por dejar la colilla en el suelo "de todos" e instaurando una corriente filosófico regionalista que razonó, meditó y reflexionó hasta llegar a la siguiente teoría: "Ignacio Diego no menosprecia al puro sino a su persona". Una patología de componente político importante.

Cinco años después la herida escuece pero el paro ahoga. Miguel Ángel Revilla e Ignacio Diego no se comunican y el espíritu de la frivolidad que algunos criticaron entonces sigue presente en el hemiciclo. Al presidente le preguntan por el paro, por las medidas para atajarlo y la Cámara se convierte en gallinero. En el escenario propicio para el reproche, para el "y tú más" y la herencia recibida de un ex presidente Diego al que acusa de haber cometido un "fraude" a base de maquillar las cifras. Su rival responde a la "parálisis" de Revilla con otro envite: el de la "desconfianza empresarial".

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El sobrecoste de Valdecilla

Me da que a la gente le importó más bien poco que Mariano Rajoy viniera a "inaugurar" el nuevo Valdecilla seis meses antes de su puesta en marcha. No fue más que la crónica de una muerte anunciada para el Gobierno de Ignacio Diego, que quiso dejar claro con esta visita quién había logrado "poner fin a más de 14 años de obras". Por si las moscas. Por si perdía las elecciones autonómicas.

No dudó en improvisar y levantar un atril entre cementos para que todos supiésemos quién era merecedor de los aplausos: el Partido Popular. Me da que a la gente le hubiera interesado más, que el contrato suscrito con la UTE adjudicataria fuera accesible; y a los profesionales, ser parte activa del proyecto para que, en vez de un hotel de cinco estrellas, fuera cogiendo forma de hospital. Es lo que han denunciado, ahora, cerca de 70 trabajadores, públicamente.

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Buenas intenciones

Miguel Ángel Revilla presidirá el próximo 26 de febrero una nueva reunión de la Mesa Láctea que, a escala autonómica, tratará de llegar a un acuerdo para amortiguar la caída de un sector que han dejado en manos de la libre competencia, en manos de un sistema que ha dicho 'no' a la regulación de mercado eliminando las cuotas lácteas. Un sistema que sanciona los pactos, que prohíbe, por tanto, fijar precios mínimos para evitar vender la leche por debajo de los costes de producción y que el consejero del área, Jesús Oria, ha tenido que recordar a su superior para rebajar las expectativas que el presidente de Cantabria ha generado, y los medios de comunicación hemos transcrito convirtiéndolo en un titular sin recorrido.

El presidente de Cantabria quiere propiciar un acuerdo de todos los integrantes de la cadena del sector lácteo (ganaderos, industria y distribución) para que la leche al consumidor final no se venda por debajo de los 60 céntimos. Pero ahí está el consejero de Medio Rural para frenar las aspiraciones de un Revilla al que ha tenido que aclarar en qué liga jugamos. En la del dinero. En una liga en la que la Comisión Nacional de la Competencia sanciona propósitos como el suyo porque en un mercado cada vez más libre solo hay hueco para los gigantes. Nadie puede obligar a la industria a solidarizarse con el productor, nadie puede impedir la deslocalización, la búsqueda de nuevos nichos de negocio en provincias próximas a grandes capitales, como Madrid, para abaratar costes.

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