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Nanda Santana

Lectora empedernida desde chica, un día decidí que también quería contar yo las historias. Me siento afortunada por haberlo hecho desde joven, en radio, prensa, gabinetes de comunicación y aulas. Profe de periodismo y aprendiz de novelista, creo que el mundo necesita un buen baño... Y que los buenos contenidos son el jabón... Me encanta la comunicación y el marketing digital y creo firmemente que cada uno firma su propio destino (y también sus textos). Me indignan las injusticias, de ahí que escriba tanto de igualdad. Pero también me fascina la crianza, la psicología y, en general, todo lo relativo al crecimiento personal y las emociones. Espero que disfrutes leyendo mis cosas.

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El arte entra mejor arropado con tecnología

Imagínese que es usted un ciudadano europeo que decide pasar sus próximas vacaciones en Canarias y empieza a bucear en la Red buscando información sobre los atractivos turísticos del destino. Y descubre que además de sol, playa y variada oferta gastronómica, deportiva, lúdica y de naturaleza, existe una propuesta cultural que no esperaba y le sorprende. Resulta que ese Archipiélago atesora, sin que sus gobernantes lo sepan, una riqueza en pintura flamenca de la que no son conscientes tampoco sus propios habitantes. Y usted, ciudadano europeo al fin, siente una gran curiosidad por descubrir y ver de cerca alguno de esos cuadros que estudió de joven en su libro de Arte sin imaginarse que podría tenerlo un día a centímetros de distancia. Pues bien, esto es lo que le propone el proyecto La ruta de la pintura flamenca en Canarias. Descubrir in situ, con smartphone y sin él, un patrimonio riquísimo, hasta ahora ignorado, que podría competir en pintura flamenca con muchos museos de importantes ciudades.

Ahora imagine que vive habitualmente en Canarias y algún amigo le cuenta que además del famoso tríptico de las Nieves, en Agaete, hay todo un mundo por descubrir si le gustan los pintores de Flandes de los siglos XVI y XVII. ¿Se anima a saltar de isla en isla para catarlo de cerca? Porque eso, y no otra cosa, es lo que le sugiere el promotor del proyecto. Que se dé un paseo por Gran Canaria, La Palma, Tenerife; que compare el contenido de la sala de pintura flamenca del Prado con lo que vive oculto e ignorado en sus iglesias, museos y casas señoriales. Expertos como el herreño Matías Díaz Padrón -su magisterio en la materia es uno de los puntales del proyecto- pueden ayudarle en la tarea.

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'Calentar la silla' no garantiza la productividad

Los diversos estudios e investigaciones realizados sobre conciliación y establecimiento de horarios racionales demuestran las ventajas de disfrutar de una jornada de trabajo flexible y de la implementación de medidas que faciliten el equilibrio entre lo profesional y lo personal. Algunos de estos efectos positivos son una mayor productividad, la mejora del clima laboral, la reducción de costes de supervisión por la confianza mutua, un menor estrés de la plantilla, que gana en motivación, un aumento de la competitividad empresarial, la reducción del nivel de conflictividad o la retención del talento… Pese a ello, son pocos los directivos que realmente se lo creen. En un país donde la presencialidad -esas largas horas calentando la silla y haciendo creer que estamos rindiendo- gana por goleada al trabajo por objetivos; donde se impone la rigidez frente a la flexibilidad horaria; donde no se termina de confiar en que el empleado haga un buen uso de su tiempo de trabajo, las propuestas para conciliar no terminan de calar en las mentes de los empresarios. Algo paradójico en un momento en que el avance tecnológico hace posible trabajar con horarios flexibles y tramos de presencialidad casi a la medida de las circunstancias personales de cada empleado.

Resistencias culturales que cuesta vencer

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Un lugar donde siempre es Día del Libro

De sus paredes cuelgan cuadros, fotos, dibujos infantiles, manualidades, diplomas y reconocimientos… Paredes que acogen exposiciones periódicas, muebles revisteros y murales que recuerdan que 2017 es el año del poeta de las  Nanas de la cebolla. Silenciosas y casi solitarias por las mañanas, se vuelven por las tardes espectadoras de un bullicio creativo, de voces -adultas e infantiles a partes iguales- que charlan bajito mientras esperan impacientes que empiecen sus actividades, que les den hora para usar el ordenador o que Mailu y Guille les presten libros, revistas o  dvds o se los recojan para su devolución… Mientras adolescentes de variado pelaje ojean -y hojean- lo último de  Blue Jeans al terminar su  homework de ese día, padres y embarazadas aguardan que llegue Sari y dé comienzo la sesión de  Versos con chocolate. O la de  Cuentos para bebés… Es la biblioteca municipal de Arucas. Un micromundo peculiar donde sólo se pide una cosa: amar la lectura. Detrás de un equipo altamente motivado y con una pasión contagiosa por los libros se esconde una mujer que iba para abogada pero prefirió pleitear con la ignorancia y la mediocridad. ¿Cómo? Compartiendo un trabajo que para ello es, más que una ocupación laboral, un modo de ser y de estar en el mundo.

Kaika, Domingo, Guille, Sari, Pino, Mailu… Alguno de ellos abre cada mañana las puertas. Un gesto cotidiano imprescindible que es a la vez metáfora de algo mayor. “Cuando pienso en libros, veo puertas; si pienso en la biblioteca, son puentes lo que visualizo”, cuenta Loly León, esta diplomada en Derecho reconvertida a bibliotecaria que desde 1989 se ha convertido en artífice de ese milagro que es lograr nuevos lectores -también en  e-book– en un entorno donde la tecnología favorece lo audiovisual, sobre todo entre jóvenes. Loly lidera un equipo de apasionadas de la lectura y, sobre todo, de personas que creen en lo que hacen, a las que les fascina su trabajo. Cada una tiene su motivo, todas convergen. “Para mí, la biblioteca es como mi casa, la siento como si fuera mía. E igual que allí algo se rompe y lo arreglo, o quiero que esté limpia y ordenada, aquí lo mismo. En realidad, no vengo aquí a trabajar. Vengo porque es donde mejor me siento. Imagínate que tengo días libres y termino dejándome caer por aquí”, dice Domingo, padre de una niña de 10 años que, por supuesto, es socia desde que nació. Como muchos otros niños de Arucas, ésos que llenan la sala de abajo especialmente los viernes por la tarde, en actividades diseñadas pensando en ellos y en engancharles a un hábito fascinante que, además, potencia el desarrollo cerebral y las habilidades cognitivas, tan necesarias en un momento en que las pantallas les abducen a edades cada vez más tempranas. En la  biblio, como muchos la llaman, no reniegan de la tecnología, pero siguen concienciando sobre el valor -y el disfrute- de leer en papel, de hojear hermosos cuentos ilustrados, de oírlos contar a narradoras que les dejan boquiabiertos. No sólo a los pequeños, también a sus progenitores. “En  Cuentos para bebés, una actividad dirigida a niños de 0 a 3 años -explica Loly- los sábados por la mañana se crea una atmósfera mágica. Hay muchísima demanda. Se nos han desbordado las expectativas. Cuando Yolanda Ortega, directora artística de  Labrantes de la Palabra, y María Buenadicha, terminan el cuento allí nadie se mueve, nadie se va, empiezan a hablar entre sí, a contarse adivinanzas… Es un ambiente muy peculiar. Por eso decimos que la actividad empieza a las 11 pero no se sabe nunca a qué hora acaba, acaba cuando la gente quiera irse”.

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De la conciliación a la corresponsabilidad, hacia un pacto nacional sobre horarios racionales

El pasado 23 de marzo se celebró el décimo aniversario de la entrada en vigor de la Ley de Igualdad. En el contexto de esta efeméride, la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados aprobó declarar dicha fecha como Día de la Conciliación personal, familiar y laboral y de la corresponsabilidad. Un añadido este último que no es baladí pues pone el foco en la importancia de la implicación masculina para lograr una sociedad más igualitaria y más justa. Un modo rápido de reflejar que la conciliación, las peticiones de reducción de jornada, de empleos a tiempo parcial, no son algo exclusivo de mujeres y madres. Que es lo que se suele pensar porque la realidad, en verdad, induce a ello. Son ellas las que protagonizan las jornadas reducidas, los contratos a media jornada; las que se hacen cargo habitualmente del cuidado de niños, mayores, enfermos y dependientes.

Para José Luis Casero, presidente de ARHOE, la Comisión Nacional para la racionalización de los horarios, el término conciliación debería sustituirse por corresponsabilidad, rompiendo de una vez por todas con estereotipos y tópicos. “Seamos honestos, seamos conscientes de que vivimos en un mundo machista y de que ya es hora de hablar no tanto de conciliación -las mujeres siempre han conciliado- sino de corresponsabilidad. Y animar a los señores a asumir sus derechos y sus obligaciones de forma real y efectiva. No es una cuestión de ayudar más o menos en el hogar. Es una cuestión de justicia. Porque es absolutamente injusto descargar toda la tarea de la crianza sobre la mujer. Si queremos ser una sociedad moderna, tenemos que empezar a reconocer estas disfuncionalidades y actuar. Ya no vale solo decirlo, hay que hacer, hay que actuar. Desde la libertad individual y apretando a los poderes públicos”, afirma este empresario y padre de dos niñas.

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De niños y desamores

Los Reyes Magos me conocen bien. Saben que de entre todos los placeres de esta vida, el de la lectura es con mucho mi predilecto. Saben que vivo entre páginas, que llevo mi alma atada a sus tapas -duras, finas, de bolsillo- desde que tengo recuerdos. Un año más, también este 6 de enero me regalaron libros. Dos novelas en apariencia inconexas. En apariencia. Porque ambas tratan, si bien transitan senderos distintos, temas similares: cómo la infancia define el hombre, la mujer que seremos; cómo solo el amor -cualquiera que sea la forma en que se manifieste- puede restañar la herida que abren en el alma del pequeño la violencia, el rechazo, la indiferencia, la insensibilidad, la ignorancia. Porque no hay maldad, o no siempre. Pero se puede hacer daño con la mejor intención, creyendo hacer el bien se puede hacer el mal. ¿O no?

Anna Gavalda, reconocida novelista francesa, se sirve de dos personajes marginales para contar una historia subyugante, que comienza cuando, despeñado y su pierna rota el protagonista, su acompañante inicia un diálogo estelar en el que cuenta al lector su vida y su historia. Con el humor salpicándolo todo, pone en boca de esa jovencita deslenguada -una Billie sublime y con retranca que debe su nombre al tema de Michael Jackson preferido por una madre que la abandonó al nacer- toda la dureza del maltrato invisible, ése que no se ve y no deja su huella en un parte de lesiones. Pero que duele, duele como cólico nefrítico y agosta el alma, la autoestima y la dignidad de quien nunca debiera sufrirlo. Si no tienes señales de golpes y vas al colegio todos los días pasas inadvertida al sistema de protección de menores, explica.

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Mamá, quiero ser como Marie Curie

Si nos preguntaran por una fecha destacada del mes de febrero, lo más probable es que contestáramos con el famoso día de San Valentín, máxime teniendo en cuenta que es un gancho comercial al que ninguna marca, restaurante, loterías, centro comercial, o gran almacén renuncia y cuya publicidad nos invade religiosamente cada año por estas fechas.

Con todo, y dada la magnífica cobertura informativa que los medios le están prestando, quiero pensar que no pasará mucho tiempo para que también se instale definitivamente en nuestro top of mind otra efeméride significativa, y a mi humilde entender, muchísimo más trascendente para la Historia de la Humanidad. Me estoy refiriendo al 11 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia , declarado como tal por la ONU para visibilizar el trabajo de las investigadoras e impulsar el papel de las mujeres en la Ciencia. Una declaración necesaria ante la constatación de las dificultades que han tenido y tienen las mujeres del ámbito de la Ciencia y la Tecnología para ser admitidas y validadas por la comunidad científica; conocidas por la opinión pública e incluidas en libros de texto y programas educativos. Consciente de ello, el Calendario de la Igualdad que Comunicadores de Canarias por la Igualdad (CoCaI) presentó el año pasado acogía la efeméride como una fecha tan importante como el 8 de marzo o el 25 de noviembre.

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'Pulseras blancas', un proyecto de acompañamiento en duelo

Una vez al mes. Quedan para conversar, para llorar si hace falta, que suele hacerla. Porque no es fácil enfrentarse a la pérdida de un hijo cuando no es lo natural. Les ha gustado la idea de un espacio donde pueden acoger, expresar, canalizar y compartir la montaña rusa de emociones que suscita un hecho así. Y hacerlo desde el respeto y el entendimiento. Por eso y porque la vida ha de seguir, decidieron un buen día aceptar el reto de fundar un grupo de acompañamiento en duelo para padres y madres. La propuesta, llamada Pulseras blancas, partió hace ya cinco años de Cary Caballero y Nuria Vega, dos profesionales de la salud que abogan por acompañar en tan duro trance desde la empatía, la sintonía y el respeto.

Enfermera en Pediatría Oncológica en el Materno Infantil con más de 30 años de experiencia la primera; psicóloga, tanatóloga y especialista en trauma, pérdida y duelo la segunda, ambas ofrecen un espacio colectivo de acogida y una terapia grupal novedosa de la que pueden sentirse orgullosas pues en muy poco tiempo ha provocado reacciones positivas en sus integrantes. “Normalmente se hace intervención individual en el hospital, pero no había en la isla grupos terapéuticos para abordar conjuntamente estas situaciones de trauma. Y además, algunos afectados generan aversión al espacio donde han estado y fallecido sus hijos”, señala Vega. “Veíamos desde hacía tiempo la necesidad de hacer algo -continúa Caballero- pero siempre esperas que sea otro el que dé el primer paso”. Al final se decidieron ellas. 

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El árbol de la palabra: un espacio de conciliación en el patio del colegio

Cuentan que un día, uno de los ancianos del pueblo se sentó bajo el árbol con la esperanza de encontrar alguna señal que les aclarase el misterioso nombre. No la encontró, pero sí se dio cuenta de una cosa: que a su alrededor se habían ido sentando otras personas que ni siquiera se conocían y que estaban hablando unas con otras. Y sucedió que, a partir de entonces, cuando alguna persona necesitaba que alguien la escuchara, iba al centro de la plaza porque sabía que siempre encontraría bajo el árbol a algún vecino o vecina con quien hablar. Así, poco a poco, el tiempo pasó y dejaron de preguntarse por qué el árbol se llamaba así, porque descubrieron que bajo la sombra de aquel hermoso árbol podían hablar, ser escuchados y compartir todo aquello que les preocupaba (cuento tradicional africano).

A Elisa Betancort siempre le han gustado los cuentos. Y contarlos. Pero nunca se imaginó que uno de ellos fuera a dejar tanta huella en su alumnado de Sexto de Primaria. Ni que su contenido fuera a tener resultados tan eficaces y tan rápidos en el día a día escolar. Hace ya un par de cursos que El árbol de la palabra abandonó las páginas de papel para hacerse real en un hermoso flamboyán -ahora sin flores- de los cuatro que adornan el patio del CEIP Hoya Andrea. Adaptado por Isabel Muñoz e Isabel Gavilán en los Cuadernos de Educación en valores ¡Que viva la paz!, Elisa convirtió el árbol del cuento en un espacio para la mediación, para la resolución pacífica de conflictos, para aprender a ponerse en el lugar del otro y entender su punto de vista, para aclarar malentendidos. “Desde entonces, los pequeños saben que antes de ir a Dirección hay una vía mejor para que ellos mismos lleguen a un acuerdo y se reconcilien”, comenta satisfecha. “A ver, no es que este colegio sea conflictivo, pero siempre surgen pequeñas riñas, discusiones o disputas, alguna palabra más alta que otra… Fruto de malentendidos la mayor parte de las veces. La primera reacción es devolver el golpe, insultar… Ante eso, les hemos dado una opción mucho mejor que es hablar, buscar el acuerdo, pedirse disculpas, aceptarlas”.

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Relatos por la Igualdad: literatura para concienciar sobre el maltrato machista

Abril huele a primavera. A flores y a páginas. A novela, cuentos, poesía y teatro. A libros impresos y también digitales. A literatura para disfrutar. O para conmoverse. Para reír o también para indignarse. Para ponerse en marcha. Para cambiar el mundo.

Huele –Día del Libro inminente- a todo tipo de actos culturales relacionados con el legado de Gutemberg y el invento de Maguncia. Y desde hace ya casi 30 años, en Las Palmas de Gran Canaria, los finales de abril son los días del encuentro a cielo abierto entre los amantes de las Letras y los libros, ésos sus sagrados objetos de devoción. El lugar, las carpas del Parque San Telmo, sede de la Feria del Libro capitalina. Este año, el próximo sábado 30 -en su XXVIII edición- la Feria incluye además un espacio para el compromiso social, con la presencia del colectivo Comunicadores de Canarias por la Igualdad (CoCaI) y el libro del proyecto de prevención de maltrato machista Hakawatis de hoy, editado por Puentepalo en 2013. Con el patrocinio de Vithas Santa Catalina y la colaboración altruista de un puñado de escritores canarios, sus páginas nacían para ser releídas una y mil veces. Para hacer pensar y reflexionar a nuevos lectores. Para ser herramienta de acciones formativas, en bibliotecas, en centros educativos. Para suscitar debate. Para dar que hablar, en el mejor sentido de la expresión.

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Desatarse el nudo de la corbata del patriarcado

"La corbata del patriarcado tiene un nudo tan apretado que ahoga. Desde Hombres por la Igualdad de Canarias (Ahige) les proponemos que se lo aflojen, que desaten el nudo, que se liberen de creencias y de tópicos que lastran su bienestar”, explica José Antonio Ojeda García, al frente de la asociación en las islas a día de hoy. La metáfora, muy simbólica y plena de significado, se le ocurrió a Néstor Bolaños Paz, un joven psicólogo que explica cómo “las corbatas denotan estatus y sobriedad. Ejemplifican los mandatos de género con mucha claridad, son una trampa, una soga que separa a la cabeza del cuerpo; a la razón del instinto. El padre tradicional es el cabeza de familia, un ser al que no se le permiten emociones como la alegría, la fragilidad, la cercanía, la ternura, el comprmiso. Desde Ahige queremos recuperar esa capacidad y asumir el trabajo doméstico como propio, para completarnos y hacernos mejores hombres, mejores padres, en definitiva, mejores personas”.

Ojeda, padre y abuelo a sus 54 años, hombre de campo, espíritu joven e ideas muy claras, anima a sus congéneres a liberarse de tan pesadas mochilas y a que se embarquen en otros roles, opuestos a los heredados de una cultura patriarcal que por desgracia sigue muy activa. Explicarles los beneficios personales de implicarse en las tareas domésticas, de compartir la crianza y educación de hijos y nietos o de entrenarse en el cuidado cotidiano de otras personas forma parte de su tarea habitual en los grupos de hombres que organiza Ahige. Unos espacios de diálogo y confidencias donde afloran -con notable dificultad inicial- los miedos, inquietudes o vergüenzas de sus participantes, poco acostumbrados a desnudar su alma ante otros, a expresar emociones y sentimientos que teóricamente les están vedados. Unos grupos a los que asisten varones que un buen día decidieron rebelarse contra el modelo aprendido de lo que debe ser un hombre. De moderarlos sabe mucho el también psicólogo Pedro Unamunzaga Falcón, que forma parte de la organización desde sus inicios y trabaja activamente en sus proyectos y programas. En Ahige les enseña a romper moldes heredados, seriados, para crearse uno nuevo, propio, más humano, más justo, más satisfactorio y en absoluto frustrante. Un molde hecho a la medida de las necesidades, deseos e ilusiones de cada uno. Buscando un camino social estructural

"Cada hombre es una revolución interior pendiente, reza uno de los lemas de la entidad. “A los grupos se viene a trabajar lo personal; a cuestionar la cultura que han recibido. Y la resistencia al cambio es grande al principio -explica- porque, sobre todo cuando ya son mayores, no se ven haciendo otra cosa distinta de lo que llevan viviendo décadas, que es ser proveedores. Aprender que se puede ser cuidador, y que serlo además te hará muy feliz, reivindicar por convicción propia ese espacio privado… no es tarea sencilla. Los hombres no terminamos de asumir los beneficios que supone cuidar. Ni siquiera nos cuidamos a nosotros mismos. Y por ahí empieza todo”, explica.

Con otros miembros de AHIGE Canarias, ambos visitan también centros de Secundaria donde dan charlas sobre la materia, en las que han comprobado cómo sorprende entre adolescentes ver a un hombre hablando de igualdad. “Es para preocuparse. Queda un mundo de cosas por hacer. Porque la herencia del patriarcado es todavía muy sólida y persistente. También en las nuevas generaciones, que se supone que ya estaban más concienciadas con el tema”, concluyen.

Nacido a principios de los 70 en los países nórdicos, el movimiento de hombres por la igualdad llega a España en 1985, año en el que surgen los primeros grupos de hombres -que es el modo en que tradicionalmente se ha organizado- en Valencia y Sevilla AHIGE. De allí saltan a Málaga, Vitoria, Murcia y otras provincias. En 2009 se implanta en Canarias, con el objetivo claro de luchar contra la discriminación estructural que genera el machismo y favorecer el cambio de los hombres hacia posiciones igualitarias. El medio: mostrar y enseñar nuevos modos de vivir las masculinidades y la paternidad. Día del padre igualitario

Con motivo del pasado 19 de marzo, AHIGE celebró su Día del Padre igualitario, reivindicando el derecho a vivir y disfrutar de tener hijos, implicándose en su cuidado, educación y crianza, compartiendo en corresponsabilidad con las mujeres estas tareas. La asociación apoya por ello la petición de la Plataforma por los permisos iguales e intransferibles de nacimiento y adopción (PPiiNA). “En los comienzos de esa reivindicación -recuerda Ojeda- parecía que desde Ahige exigíamos algo para nosotros; la realidad es que es un beneficio para toda la sociedad. Es bueno para los menores, que disfrutan de su padre y de su madre, se alivia a la mujer de su carga de cuidadora, se hace posible que no tenga que ser ella la que pida reducción de su jornada laboral. También ganan las empresas. Aunque hay que reconocer que éstas aún no se lo creen. Hasta que empiecen a notar en la cuenta de resultados que un empleado bien motivado rinde el doble. Que si está feliz en su vida privada, trabaja mejor, rinde más, se implica más. Eso está probado”, afirma.

Pero a día de hoy, apenas hay varones que pidan reducción de jornada. E igualmente a día de hoy, las mujeres siguen siendo objeto de mobbing maternal: la maternidad continúa siendo una de las principales causas de discriminación laboral. No es de extrañar que decidan retrasarla cada vez más, ante las dificultades para desarrollar una carrera profesional compatible con su vida personal y familiar. De hecho, con datos de 2014 recientemente publicados por Eurostat, las españolas son las segundas -solo superadas en una décima por las italianas- que más esperan para tener su primer hijo. A los 30 años y medio. En cuanto a la tasa de fertilidad, España sigue a la cola, con un 1,32 hijo por mujer frente a la media europea, de 1,58. “En los grupos de hombres -explica Ojeda- les enseñamos a visualizar esa problemática específica de la mujer, que corre el riesgo de perder su puesto de trabajo, por el hijo de los dos. Ellos a priori no lo ven. Por eso les preguntamos: ¿tú cómo te sentirías si tuvieras que pedir un mes libre para cuidar de tu bebé? Huy, nos dicen, estaría poniendo en juego mi puesto de trabajo. Pues esa es la desigualdad -les respondo- no me vengas con que las mujeres lo tienen todo”.

Como recoge en sus Pensamientos de un padre apasionado su autor entrepapas , “soy un padre normal. Visto a mis hijos, les hago de comer, les leo cuentos, los llevo a la cama. Vamos juntos al parque, los baño si toca. Soy padre todo el año, todos los días a todas horas. No ayudo a mi mujer, ¡no! hacemos los dos, estamos los dos, somos los dos. No hago ni menos, ni más. Somos y estamos y queremos ser y estar”.

Políticas de igualdad para hombres 

Al hablar de valores y referentes de masculinidad basados en la libertad e igualdad es inevitable mencionar también conceptos como patriarcado, injusticia, relaciones de poder asimétricas y violencia de género. El perfil tradicional de la identidad masculina implica, cuando menos, la pervivencia de las desigualdades y cuando más, actitudes más graves como la misoginia; y tiene unos costes económicos, sociales y emocionales que una sociedad democrática y moderna no debería asumir. De ahí que, según Ahige, los poderes públicos deben actuar y ser ejemplares diseñando y aplicando políticas de igualdad específicas para hombres, que a medio plazo den como resultado la transformación de la identidad masculina tradicional en otra más acorde con los valores de justicia e igualdad. Y ello, sin detraer un solo euro de las partidas destinadas a las acciones con mujeres. De hecho, tanto la ONU como la Unión Europea se pronunciaron hace unos años al respecto, con la publicación en 2004 y 2006 de El papel de los hombres y los niños en el logro de la igualdad de género y Los hombres y la igualdad de género. De “vital para el crecimiento económico, el bienestar y la competitividad” la califica este último informe.

Desatarse el nudo de la corbata del patriarcado, un gesto muy simbólico. Aprender otras formas de ser hombre, de vivir la paternidad, una carrera larga, para la que hay que entrenar con constancia. Reivindicar el segundo apellido, el materno, pidiendo que en este reportaje les nombraran con los dos. Disfrutar de este nuevo modo de estar en el mundo, un privilegio. Apoyar a las mujeres en sus justas demandas, una cuestión de justicia. Así lo ven ellos. Por ahora son pocos. Pero ya salen en la prensa nacional. Todo lo grande empieza pequeño. Y nadie les dijo que fuera a ser fácil.

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