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Ramón J. Soria Breña

Sociólogo. Premio Extraordinario de Investigación de la Universidad Complutense ("Opulencia y Salud" Área de Jurídico-Sociales) 1992. Postgraduado en Praxis de la Sociología del Consumo por la U.C.M.  Profesor en THEORIA | Proyecto Crítico de Ciencias Sociales. Philosophie et Sciences Sociales. Director área NTIC y Marcas en la Web en Attitude Research & Consulting.

Colaborador de: CTXT.es Sección Gastrología; Entretanto Magazine: Sección Paraísos Glotones; Revista Gastronomía alternativa.

Comer también es hacer política

Hace muchos años hicimos un estudio prospectivo para ver si era posible introducir en el mercado español, y a una escala rentable, quinoa, chía, mijo, sorgo… Salían en los focus group y en las encuestas cosas como "alpiste para pájaros", "alimentos de la gente pobre", "como las almortas de la postguerra", "me da asco"… Pocos años antes, una multinacional norteamericana de zumos quería vender en España un producto que mezclaba zumos de frutas exóticas muy diversas y desconocidas en España. El test de mercado también dio negativo. Algo parecido pasó con la leche de soja y con un aceite en spray para ensaladas. Pocos años después, una marca inglesa muy famosa quería introducir unos "polvitos", potenciadores del sabor a base de especias naturales, para echar a la paella, el guiso de lentejas, a un bistec… a casi todo. La expresión de las consumidoras cuando les explicaba los conceptos en los focus group era de "¿pero tú eres gilipollas?", "¿para qué voy a echar esos polvitos asquerosos en una paella o un filetón bueno?".

Mi profesor Jesús Ibáñez, uno de los grandes sociólogos pioneros de la investigación de mercados en España, testó en los años 60 las primeras "sopas de sobre" que quería vender en nuestro país cierta multinacional. Él pensaba que aquella "porquería" no se vendería nunca en una cultura gastronómica en la que las sopas caseras hechas a fuego lento eran casi sagradas. Tampoco la investigación resultó muy prometedora, pero en menos de un año ya se vendían sopas de sobre por miles y luego por millones; comenzaba el llamado "desarrollismo español". E igual ha pasado luego con la quinoa, los zumos multifrutas, los polvitos potenciadores, la leche de soja, el surimi...

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Sí, la industria alimentaria paga habitualmente a científicos

" La industria azucarera pagó a científicos para culpar a la grasa de los infartos". Ahora la opinión pública se entera, casi 50 años después de tener las primeras evidencias científicas, que los azucares refinados que están en los miles de alimentos procesados que consumimos, eran y son uno de los principales responsables de las graves enfermedades cardiovasculares que padecen millones de personas en todo el mundo, además del incremento exponencial de la diabetes y de la obesidad. ¿La ciencia es también corrupta?, ¿los científicos son también sobornables? ¿No podemos ya ni fiarnos de eminentes premios Nobel?

El año pasado un equipo de periodistas del New York Times destaparon emails entre directivos de la Coca-Cola y un equipo de investigadores que estaban realizando estudios que buscaban minimizar los efectos del azúcar en la obesidad infantil ¿Se lo puede Usted creer? ¿Es posible que hasta a Celia Cruz la obligasen a cantar Azúcar? ¿Sabe que tomamos en España una media de 35 kilos de azúcar por persona y año disimulado en montones de alimentos? ¿Y que de esa enormidad sólo 4 kilos son de azúcar comprado como tal en el supermercado y tomado cucharadita a cucharadita de forma consciente?

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