eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Rancio

La letra R es la primera de "repaso" y de "rancio". No creo que sea casualidad y es por eso que desde aquí voy a repasar la actualidad de eldiario.es en Andalucía de otra manera. Que nadie busque aquí los comentarios de una tertulia de televisión, más bien los de mi abuelo y mi tío en una cervecería con huesos de aceituna en el suelo. (y detrás de Rnacio Sevillano, @juliomunozgijon ).

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 33

El 'queo' o el arte de la broma

El más mítico que recuerdo lo perpetraron mi padre y mi tío, y fue doble. Paseaba un verano de siesta lenta en el que había obras en la puerta de la imprenta. Mi padre se hizo amigo de los obreros y, por gastarles una broma, una tarde cuando ya no estaban, se llevó uno de los bordillos que tenían que poner y lo escondió en el taller. 

Al día siguiente, el jefe de obra no daba crédito a que alguien hubiera tenido la idea de llevarse un bordillo que pesaba casi 50 kilos. 

Seguir leyendo »

Salgo del armario

Lo reconozco, no me gusta que me manden vídeos porno por los grupos de Whatsapp, pero como creo que mis amigos me van a dar caña y van a pensar que soy "especialito", no digo nada.

Sí, es verdad, cuando estoy en la calle y alguien mira en plan borde a una tía y comenta algo de sus tetas o de su culo, me siento incómodo. Pero como me da miedo parecer Pepito Grillo, no digo nada.

Seguir leyendo »

Maga, el grupo favorito de tu grupo favorito

A Silvio, después de uno de sus mejores conciertos en Madrid, se le acercó un periodista de Radio Nacional alucinado. La pregunta fue una cualquiera "¿Os sorprende la acogida de la gente?", pero toda la banda esperaba aterrada la respuesta de Silvio. Llevaban años de penurias y aquel concierto en el que acababan de bordarlo ante miles de personas suponía, por fin, la posibilidad de romper el techo la banda, darse a conocer en toda España y, por qué no, empezar a vivir bien de la música. El particular cerebro de Silvio respondió rápido: "Nos sorprende, porque nosotros no somos músicos". El periodista se quedó perplejo y le repreguntó "Entonces, ¿qué son?". A lo que el rockero soltó: "Nosotros somos ilusionistas".

Aquella respuesta, aparentemente absurda, tenía un significado. Silvio elegía (por él y por su banda) que no quería el éxito si suponía salir de Sevilla, si significaba prescindir de coger de vez en cuando un taxi de madrugada y pagarle porque se quedara iluminando con las largas el mosaico del Sánchez Pizjuán, o abandonar los cubatas de la China, o las charlas con Silver Barber. 

Seguir leyendo »

¿Cómo eres de rancio o rancia?

Seguir leyendo »

Carta a Curro

Hola, Curro.

Quizá te acuerdes de mí. Soy el niño aquel al que le sacaron el pase de tarde para la EXPO. Era demasiado caro, pero cómo sería el calor que di, que al final mi madre sacó de donde no había para tener el del día completo.

Seguir leyendo »

¿Y qué es la feria?

La Feria es una frontera de vida. Para un sevillano no hay infancia o madurez, y no existe adolescencia, ni tercera edad. La vida de un sevillano solo tiene dos etapas: cuando prefieres ir a la Calle del Infierno, y cuando no hay quien te saque de las casetas.

Pienso firmemente, como hace unas semanas decíamos de la Semana Santa que la feria son momentos diferentes para cada uno, y según lo que te toque, es algo o lo contrario.

Seguir leyendo »

Mis nueve rancio insultos preferidos. Que no se pierdan

El andaluz tiene muchas virtudes: la creatividad, la alegría, el ritmo, la generosidad, pero ninguna puede compararse con la maestría que tenemos en el noble arte del insulto.     Un "troll" es un "sieso" con Twitter; mientras otros utilizan "hater", nosotros decimos "malaje"; cuando hay quien intenta insultar diciendo "retarded", nosotros soltamos "jilón".     Os propongo un viaje por los insultos más deliciosos y rancios que sobreviven como mágicos anacronismos. No los perdamos. Insultémonos.   1. Papafrita: Suele utilizarse para referirse a alguien que tiene muchas tonterías. Por supuesto, tiene un tono cariñoso y en parte paternalista. Se dice con un poquito de superioridad moral. En mi caso, mi abuelo Pepe no paraba de decírmelo los veranos que echaba una mano en su imprenta: "Ven para acá, papafrita, ¿cómo pones los pliegos así?".   2. Pinfloi: Me encantaría contarle a los ingleses de Pink Floid que, con un origen extraño, aquí se usa una variación del nombre de su grupo para menospreciar. Como digo el origen es borroso, pero parece que comenzó utilizándose como sinónimo de "flipado", según algunos por toda la parafernalia que llevaba el grupo.     3. Babieca: Era el caballo del Cid Campeador, pero parece que el hecho de utilizarla como insulto no tiene nada que ver con él. Según la RAE, "babieca" es "una persona floja o boba", y parece que la palabra viene de "baba". A mí, como a vosotros, me gusta más pensar que el caballo del Cid tenía una torrija espectacular, de hecho, se murió El Cid y él siguió galopando como si nada.   4. Julay: Viene a ser un pardillo, alguien inocentón. Tiene toda la pinta de ser una forma apocopada de "Julandrón" que está recogido en la RAE como "hombre homosexual". También se ha derivado a "Culandrón" y de ahí a "Culandra". La verdad es que es una pena, pero la discriminación a los homosexuales muchas veces ha convertido las palabras que los designaban en insultos.     5. Carajaula-Carapapa: Son dos de mis rancio insultos preferidos. Tienen un punto también de cariño y por supuesto de superioridad moral. Son muy apropiados si se lo quieres decir a un hijo pequeño. Por ejemplo, tu hijo juega a ayudarte a ordenar la cocina y mete los cubiertos en el frigorífico, pues tú le puedes decir "Vamos a ver, carapapa…"   6. Chufla: Es otra maravilla. Este no lleva nada de cariño, si acaso un pelín de envidia. Es un insulto que puedes usar perfectamente para alguien que juegue bien al fútbol, que te haya quitado la novia, o que sea más guapo que tú. Parece que es una variación de "Cuchufleta" que es "un dicho gracioso", una chiste, vamos. Un ejemplo: "¿El 10 de ellos? Sí, sí, es bueno, pero el nota es un chufla"   7. Caricato: Es alguien que se pasa de gracioso, viene a ser un "pesado", un "jibia" o un "jartible" pero aplicado a intentar hacer gracia y no tener mucho éxito. El origen es que es muy curioso porque es un insulto muy culto: un "caricato" es un tipo de personaje de las óperas bufas.   8. Charló: "Ese es un charló" también es un insulto muy eficaz porque es fácil que se te llene la boca a decirlo, que es lo que está guay de todos estos insultos. Si dices "mongolo" bien, pasa algo parecido, pero es más difícil decirlo con arte. "Charló" es muy sencillo saber decirlo bien.     Personalmente, creo que viene del cómico "Charlot". Es una pena, pero a los que hacen reír no se les suele valorar mucho. Creo que la palabra se usó como insulto de la misma manera que se usa "Payaso" y de ahí derivó en "Charló". Qué pena insultar con una profesión que trata de hacer reír.     9. Vaina (Se acabó la duda, es con V): También lo recoge la RAE, dice que es una "persona poco seria y responsable". A mí este me gusta mucho por su sonoridad y por un juego polisémico. Como también significa "cáscara tierna y larga en que están encerradas las semillas de alguna plantas", hay un dicho que me encanta que es "Niño, eres como las habas, mientras más grande más vaina".   Estos son mis nueve preferidos, pero hay muchos más: babucha, jilón, malaje, lacio, paná, saborío, mamela, majareta, morcillón… y sobre todo, la partícula "so" delante, que añade sonoridad y, según la entonación, puede ir cargada de amenaza o humor.     Si se ha quedado alguno en el tintero, ¡ponedlos en comentarios, so siesos!

Seguir leyendo »

Y para ti, ¿qué es la Semana Santa?

Normalmente, solemos explicar qué es algo contando a lo que se parece, para lo que sirve o el material del que está hecho. Pero hay otras veces en las que lo que se quiere dibujar es tan complejo que sirven más los detalles que los todos, las voces bajas que los discursos.     La Semana Santa es una de esas historias que es mejor dibujar detalle a detalle, y no perfilando siluetas.   La Semana Santa es ese niño al que no le gusta todavía, pero que el lunes siguiente al Domingo de Resurrección se siente raro por no poder hablar de nada en la charla del recreo. La define que es el recuerdo de la primera vez que nuestros padres nos dejaron salir solos, y volvernos en un autobús nocturno. Es el arreglarnos, cuando dudamos si somos niños u hombres, para ver a un Cristo, pero por si viene aquella niña de la que años después no recordarás el nombre, pero sí que te echaste colutorio por impresionarla, no sabías cómo funcionaba, te lo tragaste, y te pegaste toda la tarde soltando flatos y casi pompas.   Habrá pocas cosas que cuenten la Semana Santa mejor que el tono de voz de un abuelo que explica detalles de La Borriquita a su nieto. Y seguramente, una de las que lo cuente mejor aún sea la cara de atención del niño.   Todos estaremos de acuerdo en que la Semana Santa es hacer una bola de cera. Es aprender de picaresca pensando que si haces la bola de papel de plata más gorda, tendrás una bola grande en menos tiempo. Es la discreción de espía de la CIA con la que algunos nazarenos te dan un caramelo. Es su guante blanco, la autoridad del diputado de tramo que no deja pasar por el medio, la leyenda de que hay algunos que tiran cera derretida por la espalda del que cruza, el tener el mapa mental de la ciudad e ir corriendo a una calle antes de que llegue tal hermandad y la corte.   Desde luego, es el traje blanco de un cani, el botellón que hacen los que en vez de ir a "ver pasos" quedan para "beber pasos". Es el grupo de abuelas que se enfada porque hablas ¿alto?, la que se pone en guardia porque lleva horas esperando y tú te has puesto delante, la misma que, pasado un rato, se rinde, te sonríe, y se sienta en su sillita plegable aunque no esté permitida. "Las varices, hijo".   Es el que en noviembre escucha una banda de cornetas y se queja en Facebook: "¡En esta ciudad es Semana Santa todo el año!". La soberbia que le añadimos a los que ven los pasos desde los balcones cuando los miramos desde abajo, la dignidad con la que los tiesos decimos "¿Una silla en Carrera Oficial? Así no se disfruta la Semana Santa, hombre, hay que patear, meterse en bullas".     Yo veo la Semana Santa en los narradores de televisión, contando con ese tono de conversación de misa lo que estamos viendo, en el temor a que llueva, a que pase lo que en el 2.000, en las croquetas de bacalao, en las cervecitas con amigos o en las familias pijas que llevan vestidos a los cuatro hermanos iguales.     La Semana Santa es gente que vota al Partido Popular viendo una virgen con las lágrimas saltadas, gente que vota a Podemos saliendo de nazareno, gente que vota al PSOE en una igualá, gente que vota a Ciudadanos esperando a su hijo con el bocadillo, gente que vota a Izquierda Unida diciendo ilusionados "¡Ya se ve la Cruz de Guía!".   La Semana Santa es un paso de cebra lleno de cera que matará a 1.000 ó 2.000 ciclistas, también es irse a Matalascañas, o a Chipiona, es escuchar las zapatillas de costaleros arrastrarse, es el sonido anacrónico del Muñidor de La Mortaja, es el Petaito de Montesión, es Silvio encendiendo un cigarro de un cirio, borracho como una cuba.   La Semana Santa es un espejo roto, imposible de dibujar porque según quién lo mire verá pedazos distintos de uno mismo, pero se parece mucho a un Llamador arrugado el día después de todo, con mil calles subrayadas y vividas.     La Semana Santa se parece mucho también a un corazón que, si alguien no hubiera puesto la feria tan cerca, se marchitaría de ausencia. 

Seguir leyendo »

Entrevista ficcionada a Curro, la mascota de la Expo92: "He sido un  juguete roto"

"Viví demasiado al límite. Para que te hagas una idea, se me olvidó los billetes que había". Este humilde entrevistador se queda desconcertado. La mascota aclara. "Sí, tío, no sabía que había un billete de mil calas, otro de dos mil, de cinco talegos, de diez, como yo no pagaba en ningún sitio... Yo era Dios".   El que habla es Curro, la mascota de la Expo 92. Hemos quedado en un reservado de la Confitería de La Campana que una sociedad llamada Serva La Bari nos ha cedido "amablemente" para esta entrevista. Se cumplen 25 años de la Expo y es momento de recordar con su protagonista.

¿Cómo estás, Curro?

Seguir leyendo »

Juegos de infancia 2: Creatividad, humillación y más mala leche que un gato pisado

1X2: La eficiencia de los recursos

Ese compañero miserable que te marcaba con el dedo en el bocadillo hasta donde podías dar un bocado era lo único que necesitabas para jugar a 1X2.

Seguir leyendo »