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Raúl Solís Galván

Raúl Solís (Mérida, 1982) es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Está especializado en asuntos europeos, en comunicación política y en temas sociales. Ha colaborado con andalucesdiario.es con reportajes en profundidad sobre pobreza, exclusión y precariedad laboral. Ahora trabaja como periodista freelance para diferentes entidades culturales y sociales de Andalucía, y colabora con eldiario.es/andalucia y otros medios andaluces.

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Los mensajes de Miss Perú no son una revolución feminista

Antes que nada, reconozco que he visto entero el certamen de Miss Perú. Del mismo modo que veo todos los años Miss Venezuela y que seguía los concursos de Miss España, hasta que la corrupción y la especulación urbanística, en los tiempos que atábamos los perros con longaniza, se cargaron el formato. Lo frívolo no es ver los certámenes de misses, sino considerar una frivolidad certámenes que, especialmente en Latinoamérica, siguen millones de personas y que congrega delante de los televisores a cifras que para sí quisieran partidos de fútbol reseñables o el mismo Eurovisión.

El certamen de Miss Perú comenzó con los alegatos de sus 23 candidatas contra la violencia de género, que en Perú sufre un 68% de las mujeres. Cifras terroríficas, escalofriantes y estremecedoras que no se solucionan en un concurso televisado en el que, justo después de lanzar sus proclamas contra la violencia de género, el realizador enfocó el culo de las concursantes. No nos equivoquemos, la televisión es negocio y el feminismo, por suerte, está de moda.

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El 28F andaluz y el ‘procès’ tienen más en común de lo que le gustaría a Susana Díaz

Una sociedad puede sobrevivir al nepotismo e incluso a la corrupción, pero no a la indigencia intelectual de sus líderes políticos, a la falta de formación de éstos, a políticos orgullosos de su ignorancia o a tener dirigentes en puestos de responsabilidad que no conozcan la historia o, en el peor de los casos, que la retuerzan por puro beneficio oportunista para sus tesis políticas. Estos días, a raíz de unas declaraciones de Pablo Iglesias en las que afirmó que "si la ley no sirve, hay que adaptar la ley a la democracia, que es lo que el pueblo andaluz obligó a hacer a las instituciones hace 40 años", Susana Díaz está intentando reescribir la historia del proceso autonomista andaluz para atacar al líder de Podemos y vincularlo con el independentismo catalán.

Susana Díaz acusa a Pablo Iglesias de reescribir la historia, por decir el líder de Podemos una obviedad: si Andalucía hubiera cumplido la legalidad vigente en la Transición no tendría hoy autonomía política. La presidenta andaluza señala con el dedo acusador a Iglesias por "mala fe" y confundiendo estar a favor con el derecho a decidir para resolver el conflicto catalán con ser favorable a la independencia. Da igual que no conozcan la historia o que truquen la verdad histórica, lo importante es disparar contra Podemos que propone algo tan sensato y democrático como la vía andaluza para resolver el conflicto catalán.

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Turismofobia, tu padre

Si denuncias que hay camareros cobrando 700 euros al mes por 12 horas de trabajo diarias, de las que sólo están dado de alta cuatro, es que odias el turismo; si denuncias que hay camareras de piso que acuden empastilladas a trabajar para poder limpiar 20 habitaciones diarias a 1,5 euros cada una, es que odias el turismo.

Si denuncias que los guiris borrachos se alojan en apartamentos ilegales y te vomitan tu patio, es que odias el turismo; si denuncias que tu alquiler ha pasado de 500 euros al mes a 900, porque al casero le es más rentable alquilar la vivienda ilegalmente por días que por meses de manera legal, es que odias el turismo. Si denuncias que los antiguos pequeños comercios y bares de toda la vida de tu barrio ahora son franquicias donde pagan 700 euros al mes a los camareros con contratos parciales que se convierten en jornadas de sol a sol, es que odias el turismo.

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'Palos de ciego', el cómic de un "barriobajero orgulloso" que dignifica al extrarradio

A Israel Gómez, ‘El Irra’ (Sevilla, 1979), los libros de ficción, dibujar historias y las películas de Luis Buñuel o Paul Verhoeven le salvaron de caer en la drogadicción que tenía a derecha e izquierda de la puerta de su casa. Criado en uno de los barrios más pobres de España, en ‘La Esquina del Gato’, en el municipio sevillano de San Juan de Aznalfarache, este dibujante podría haber acabado como muchos de sus amigos de infancia, con los que jugaba a fútbol en un descampado al que iban los toxicómanos a inyectarse la heroína: “Yo no tengo una visión romántica de las drogas porque he visto cómo se le iba vaciando la mirada a la gente de mi barrio”, dice este ilustrador autodidacta que acaba de publicar ‘Palos de ciego, su primera novela gráfica, editada por Astiberri, una de las editoriales españolas de referencia en el mundo de la ilustración.

‘El Irra’, que terminó la EGB a duras penas y se matriculó en una formación profesional en Artes Aplicadas, “la carrera de Bellas Artes de los pobres”, ha trabajado de cerrajero, de reponedor de supermercado, de camarero en la Costa del Sol y cargando y descargando camiones para poder financiarse su gran sueño: “Contar historias de barriobajeros desde la dignidad y no desde la mofa”.

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Niños y niñas pobres de solemnidad en la cuarta economía de la Eurozona

Rocío tiene cinco hijos, la mayor de diez años y el menor de solamente uno, y esta noche sí sabe qué les pondrá de cenar a sus hijos porque su marido lleva unas semanas trabajando en la recogida de la fresa de Huelva y han entrado 300 euros en la cuenta corriente que llevaba a cero desde octubre, desde el último trabajo precario que duró sólo seis meses. La única ayuda que entra regularmente en casa de Rocío son los 750 euros cada seis meses que  recibe por sus hijos, 25 euros al mes por cada uno de ellos.

Esta noche, el menú no será lujoso en casa de Rocío pero al menos no cocinará macarrones cocidos, refritos con ajo y sin acompañamiento que cocina muchas noches cuando en el monedero no tiene absolutamente nada: “Yo muchas veces tengo cero euros en el monedero”, detalla Rocío, una sevillana de 30 años que admite “sin vergüenza ninguna” que se ha llegado a poner en la puerta de los supermercados a pedir comida para poder alimentar a su prole o que hay días que sobrevive gracias al generoso y solidario puchero que le sube su vecina. Por suerte, la modesta casa de 50 metros en la que vive Rocío, su marido y sus cinco hijos ya está pagada y no teme un desahucio.

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Sólo uno de cada 10 franceses que votaron en España dio su apoyo a Marine Le Pen

Los franceses que ejercieron su derecho a voto en las oficinas consulares de España en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales han votado, según los datos facilitados por la Embajada de Francia, masivamente contra la amenaza ultraderechista de Marine Le Pen. Así, entre los franceses con residencia en España, el ganador de las elecciones presidenciales francesas, el socioliberal Emmanuel Macron, ha obtenido el 88% de los votos, frente al raquítico 12% sumado por Le Pen.

No obstante, en España, el ganador indiscutible de la jornada electoral ha sido la abstención. De los 71.000 franceses con derecho a voto inscritos en la Embajada, sólo acudieron a las urnas el 40,15% de ellos, poco más de 28.000 ciudadanos. Un 60% de los electores no acudió a votar, mientras que los votos en blanco y nulos ascienden hasta un 8%, en línea con la cifra récord alcanzada en el hexágono, lo que podría indicar  que la amenaza de la ultraderecha no es suficiente para seguir movilizando a unos ciudadanos que llevan años votando lo menos malo para cortarle el paso al Frente Nacional y que, a pesar de no haber ganado, ha doblado los resultados que obtuvo en 2002, cuando Jean-Marie Le Pen consiguió en la segunda vuelta el 17,79% de los votos frente al 82,21% del expresidente de la República Jacques Chirac.

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La Francia que vota en España, entre el "miedo" y el "hartazgo"

Los 71.000 franceses que residen en España con derecho a voto tienen tarea este domingo. Podrán ejercerlo en las 21 mesas de votación que la Embajada de Francia abre de 8 a 20 horas en diferentes ciudades españolas. Si los resultados de la primera vuelta se mantienen, Marine Le Pen sufrirá un severo rechazo entre los franceses que viven en nuestro país, más alineados a posiciones de derechas y más europeístas que los habitantes del hexágono, dado que muchos de ellos trabajan como directivos de las principales empresas del país con sede en España. Hace 15 días, más del 90% de los franceses que votaron en España lo hicieron contra Marine Le Pen. Ahora se enfrentan así a esta segunda vuelta:

"Mi país se ha vuelto loco", afirma Vicent Bouen, un joven de 33 años, profesor de francés en el Instituto Cultural Francés de Sevilla, que votó en la primera vuelta al exministro de Economía Emmanuel Macron "por miedo a Le Pen". Le gustaría preguntarle a los votantes del Frente Nacional por qué deciden votar a este partido ultranacionalista que quiere sacar al país galo de la Unión Europea, cerrar las fronteras a la inmigración y que recaba sus máximos apoyos entre la población rural y en los barrios abandonados y perdedores de la globalización.

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Los andaluces que ayunaron en la Semana Santa de hace 25 años para pedirle a ETA que dejara de matar

Todo el mundo estaba convencido de que ETA planeaba un atentado en Sevilla durante la Exposición Universal de 1992 (Expo 92), de la que ahora se conmemoran sus 25 años. En 1990, la Guardia Civil detuvo, en un control rutinario en el área metropolitana, al terrorista Henri Parot, jefe del comando itinerante de ETA, autor de una veintena de atentados y con 30 asesinatos a sus espaldas. Pretendía colocar 338 kilos de explosivos en la Jefatura Superior de Policía de Sevilla, situada en el corazón de la ciudad, justo al lado de El Corte Inglés.

En 1991, un año después de la detención del terrorista que quería volar el centro de Sevilla, cuatro personas mueren como consecuencia de la explosión de un paquete bomba en la cárcel Sevilla I. ETA planeaba una carnicería en aquella Andalucía que inauguraba el AVE y que se preparaba para mostrarse al mundo a través de los ojos de la Expo 92. Una placa recuerda en la Plaza de la Gavidia, lugar donde estaba previsto que explotaran los 338 kilos de explosivos incautados, a la Guardia Civil que evitó la masacre programada por ETA.

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La Ley de la Dependencia: el ejemplo más cruel del feminismo para ricas

La cordobesa Manoli Gutiérrez tiene 58 años y se levanta cada mañana para cumplir con una jornada laboral de cinco horas, con un sueldo de 540 euros al mes que no la saca de las estadísticas de la pobreza. De 9 a 10 de la mañana va a una casa a cuidar a un anciano. Lo levanta de la cama, lo asea, lo prepara, le da el desayuno y le suministra su dosis diaria de medicación. Una vez que el anciano está ya atendido, Manoli deja preparadas las cosas para luego, cuando vuelva a mediodía, tardar menos en preparar la comida.

Todo eso en una hora, aunque Manoli está entre 15 y 20 minutos más cada día en esa casa porque si no el abuelo se quedaría desatendido. Y ella, por encima de todo, siente un profundo cariño por sus usuarios. A las 10.20 horas, Manoli sale pitando de la primera casa para dirigirse a otra que está alejada y para la que tiene diez minutos de reloj para llegar. No llega a tiempo ni volando.

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Así vive el 35,7% de andaluces que duermen en el umbral de la pobreza

Lidia hoy está muy contenta porque va a llenar su nevera. El departamento de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Córdoba le ha concedido una ayuda de emergencia de 450 euros durante dos meses. Será la primera vez que tenga ingresos desde que hace cinco meses perdiera el trabajo de barrendera del que no cobra prestación por desempleo porque le duró menos de un año. Sus cinco hijos, el mayor de 18 años y el pequeño con 6, esta noche no se irán a la cama sin cenar como otros días.

Esta cordobesa divorciada tiene 38 años y acumula facturas impagadas y viajes a Cáritas, a Servicios Sociales y a casa de sus vecinos y hermanos para que le echen una mano para vestir y dar de cenar a sus hijos: "Menos mal que comen en el colegio, porque entonces no sé cómo iba a hacer".

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