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Trinidad Deiros

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Los úteros rotos por el machismo en Congo

Llegó moribunda, con las entrañas que se habían desgarrado en alguna pista enfangada entre su pueblo y Rubaya, en el territorio de Masisi, en la región oriental de Kivu Norte, esa tierra marcada por los rescoldos de la guerra en Congo. Tenía 35 años, seis hijos y su útero se había roto durante el parto del séptimo.

Cuando los hombres que la llevaban en unas parihuelas entraron en el hospital, ya estaba en shock: su sangre se había quedado por el camino. Era julio de 2016 y esta madre había llegado al hospital cuando ya nadie podía ayudarla.

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La madre del 'Aylan español' cruzó el Estrecho porque la UE le denegó el visado para curarse un tumor

A sus cuatro años cumplidos en diciembre, Samuel Kabamba era un niño más: le gustaba disfrazarse, poner morritos en los 'selfies' y jugar al fútbol. Su equipo era el Real Madrid. Un crío como otro; el pequeño de seis hermanos. Su familia le hacía fiestas de cumpleaños y su colegio fotos cursis vestido con el uniforme escolar.

Samuel no había conocido ni la guerra ni el hambre. Tampoco la desgracia, que llegó toda de un golpe. Fue el 14 de enero, cuando él y su madre, Véronique Nzazi, murieron ahogados en el estrecho de Gibraltar, a 6.000 kilómetros de su casa. El cuerpo que se cree es el suyo recaló hace dos semanas en una playa de Barbate, en Cádiz. Las olas arrastraron a Véronique hasta la costa de Argelia. Allí apareció el jueves pasado, a cientos de kilómetros del niño aún sin identificar al que ya llaman el "Aylan español".

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Por qué y cómo maneja Marruecos la compuerta de la inmigración

Boukhalef, el barrio tangerino donde vivían la mayor parte de los más de mil subsaharianos que llegaron el lunes y el martes a España en lanchas de juguete, es un horizonte de edificios blancos concebido para realojar a marroquíes que habitaban los mares de chabolas que rodeaban la ciudad. La población del vecindario es humilde y, muchas veces, conservadora. Con los inmigrantes comparten poco más que las dificultades para acceder al transporte en este suburbio situado a 12 kilómetros del centro y no muy lejos de unas playas que se asoman al Estrecho de Gibraltar que se intuye tras el Cabo Espartel.

De estas dos comunidades, la más vulnerable, la inmigrante, ha sido y es objeto de ataques racistas y constantes redadas, en ocasiones dos veces al día, de la policía marroquí, cuyos brutales modos desmienten la nueva política migratoria, en teoría respetuosa de la dignidad humana, anunciada por Mohamed VI en otoño de 2013.

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