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Víctor Bermúdez Torres

Profesor de filosofía, escritor y divulgador, activista político, miembro de diferentes asociaciones filosóficas y pedagógicas. También frecuentó, con aprovechamiento, la Facultad de Ciencias de la Información. Es colaborador habitual en Radio Nacional de España y en varios medios de la radio y la prensa regional. Es miembro, por elección parlamentaria, del Consejo Escolar de Extremadura.

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La renta básica y la izquierda minúscula

Se acaba de publicar en español el libro de Rutger Bregman, Utopía para realistas (Ed. Salamandra), una defensa (una más) de la renta básica universal desde posicionamientos liberales. El argumento es simple. Si la sociedad ha de hacer algo por paliar la pobreza (y ha de hacerlo, según el autor, porque las consecuencias de la pobreza son muy caras) lo mejor es, como repite el viejo adagio liberal, que e l dinero esté en el bolsillo de los pobres y no en el del Estado y sus costosos servicios sociales. Nada de paternalismo estatal – dice Bregman – . Si alguien sabe lo que es la pobreza y cómo paliarla este es el pobre. Le damos el dinero que le toca (la renta básica) y él sabrá mejor que nadie qué hacer con el.

No logro estar de acuerdo, por principio, con esta concepción liberal de lo que es la libertad individual (tampoco con la de igualdad – la renta básica que defienden Brugman y otros se ofrece igualmente a ricos y a pobres –). El clásico concepto liberal de libertad negativa entiende la libertad como un “dato” primitivo, un estado natural que hay que proteger (sobre todo de la injerencia estatal). Pero esto es un error. La libertad individual no es un hecho del que partir, sino más bien un derecho (y una “competencia”) que conquistar (y que aprender). Ningún individuo es, por principio, un ser libre cuya libertad haya que proteger del paternalismo del Estado. Ser libre no consiste en satisfacer nuestros deseos sin encontrar obstáculos, sino – sobre todo – en asegurarnos de que esos mismos deseos han sido concebidos libremente. Y a eso, a ser el dueño de las ideas y los sueños que gobiernan nuestros deseos, se aprende en la escuela y en la vida ciudadana, esto es, en el seno del Estado. Por eso, no basta con proporcionar una renta básica a todos para librarnos de la desigualdad y sus consecuencias. Hace falta Estado. Hace falta política. ¿Pero qué política?

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Menos policía y más filosofía

Los filósofos más optimistas piensan que todo el mundo actúa, siempre, bajo la creencia de que lo que hace es lo mejor que (a cada momento) puede hacer. Nadie hace el mal a sabiendas.

Incluso el que roba o mata cree que – dadas las circunstancias –  elige la mejor opción. Nadie es, pues, culpable de nada. Todos suponen comportarse lo mejor posible. Hasta el tirano más terrible cree estar haciendo el bien a sí mismo, a su Pueblo, a la Humanidad entera. El que perjudica a los demás con sus decisiones es el que está convencido de que el logro de sus fines particulares – cueste lo que cueste – es lo mejor que le puede pasar al mundo. Su razonamiento está probablemente equivocado; pero él no lo sabe

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La cuestión del cuestionario sobre los deberes escolares

Vuelve, por enésima vez, la polémica en torno a los deberes escolares. Y, por extraño que parezca, lo que se discute no es si los deberes son útiles o no para el aprendizaje ( ¡que es lo que habría que discutir!), sino si esto de los deberes es o no es una cuestión discutible. Así de absurda es la cosa.

Para algunos sindicatos docentes (PIDE, ANPE, CSI-F) la discusión en torno al valor didáctico de los deberes y su eventual regulación no es una cuestión que se deba someter al escrutinio público, ni tan siquiera al de la comunidad educativa, pues – según ellos –  esto supondría una intromisión intolerable en el trabajo de los profesores. Por eso se niegan obstinadamente a que este asunto salga a la luz y (a manera de cortina de humo) generan polémicas absolutamente artificiosas.

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Prohibido prohibir canciones

Un profesor de filosofía promueve una recogida de firmas para impedir la difusión de canciones machistas (se citan las de Maluma, Guns N'Roses, Robin Thicke y otros). No es la primera vez que se intenta algo semejante. Hace unos meses una petición para retirar una canción del cantante Maluma alcanzó las 100.000 rúbricas. Antes de esto se han sucedido campañas, denuncias y condenas a tuiteros por sus tuits (al concejal Zapata), a escritores por sus libros (a la novela juvenil de Maria Frisa), a directores por sus películas (Fernando Trueba), o incluso a artistas por sus espectáculos callejeros (los titiriteros del carnaval de Madrid)... Sea como estrategia en la lucha por el poder o con la mejor de las intenciones, desde la derecha reaccionaria o desde la izquierda más ciega e incompetente, el hecho es que vuelve la censura, lo que es a todas luces una barbaridad sin paliativos.

Y es una barbaridad no porque esas canciones (tuits, libros, películas, o lo que sea) no sean machistas (racistas, fascistas, antimonárquicas, o lo que sean), que lo son, y mucho. El problema es que, con ese pretexto, se plantee la censura por motivos morales, políticos o ideológicos. La lucha contra el machismo no justifica atentar contra la libertad de expresión. La opinión o la creación artística (y su difusión privada), mientras se mantengan en el ámbito de la ideación y la ficción, no deben estar constreñidas por criterios morales, y solo muy limitadamente por criterios legales. Es una cuestión de principios. Y también, si me apuran, una cuestión práctica.

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Cazadores con piel de cordero

Cuando, hace unos días, se hizo pública la propuesta de la Federación Extremeña de Caza (FEDEXCAZA) de ir a las escuelas a transmitir “los valores de la caza” a niños de primaria, a muchos se nos pusieron los pelos de punta. Durante estos días, a través de artículos en la prensa y en la estela de algunos compañeros docentes, como Carlos Clemente, he manifestado mi opinión sobre un asunto que tiene ya repercusión nacional . Del otro lado, FEDEXCAZA ha hecho público un comunicado intentando justificar su posición. Veamos qué nos dicen.

 Dice el comunicado de FEDEXCAZA que los “valores de la caza” que pretenden inculcar en los niños son los del respeto al medio ambiente. Y la pregunta restalla en seguida como un tiro de escopeta (como esos que riegan de plomo el monte, cuando no las cabezas de los paseantes): ¿qué diablos hace una federación de cazadores hablando del respeto a la naturaleza?

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¿Más horas para religión?

No se puede negar que, en cuanto a la lucha contra la LOMCE, el Gobierno extremeño y, en particular, la Consejería de Educación, están demostrando una considerable valentía. Para empezar, en un tiempo récord, y pese a la resistencia y el derrotismo de muchos, el gobierno elaboró y aprobó un nuevo decreto curricular de secundaria con el que sustituir al impuesto por el gobierno en funciones de Monago. Y no se cortó un pelo. 

En este decreto se recuperaba una materia que debería ser troncal en toda sociedad democrática que se precie (y que está presente en la mayoría de los países de nuestro entorno): la Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos (aun cuando solo durante una hora a la semana). Se introdujo, también, una hora de Ética optativa en bachillerato (ya saben que la LOMCE eliminaba la Ética, esa reflexión en torno a los valores morales que, por lo visto, resulta inútil a los españoles – que deben de estar, por lo que parece, sobrados de ella –). 

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Fanatismo y modernidad

La islamofobia y el ultraconservadurismo reaccionario del nuevo presidente de los EE.UU y – no hay que engañarse –  de gran parte de la sociedad estadounidense son una expresión más del grado de fanatismo ideológico que comienza a proliferar en los países occidentales (y no solo más allá de sus cada vez más blindadas fronteras). Las causas de este integrismo (moral, político, religioso...) son muchas y difíciles de desentrañar. Algunas apuntan a un proceso degenerativo que viene de lejos, que tiene relación con los cambios históricos que constituyen el asiento de la modernidad europea, y que solo a través de una profunda reforma moral y educativa podríamos aspirar a revertir.

El nacimiento de la modernidad europea fue efecto de una compleja serie de escisiones y dualidades  (frente a la más monolítica cultura medieval). Una, principal, fue la ruptura entre el ámbito religioso y el político (la separación entre la Iglesia y el Estado que acabó con las guerras de religión en Europa). Esta ruptura, en sí muy positiva (procuró tolerancia y paz tras décadas de guerra), llevaba aparejada otras, de calado más hondo. La religión abandonó el terreno político para circunscribirse al ámbito civil y, cada vez más (tras la reforma luterana), a la esfera individual y privada. A esta “privatización” (y, en cierto modo, subjetivización) de la vida religiosa no le fue ajena la crisis de la teología medieval, por la que el fideísmo de los reformadores acabó venciendo sobre la tradición escolástica, mucho más racionalista.  

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La religión en la escuela. Por qué los laicistas se equivocan

Parece que cuando no hay nada candente que tratar se vuelve al tema de la religión en la escuela. Mi estimado compañero Alfredo Aranda escribió el otro día sobre esto en este mismo diario. Yo mismo, y varias veces, he cometido el pecado de opinar sobre el asunto, por ejemplo aquí . No sé resistirme. Cada vez que veo cómo mis queridos amigos y colegas, tan de izquierdas (como yo), confraternizan rápidamente en el ataque a la enseñanza de la religión se me hincha la vena crítica. No puede ser que gente tan inteligente (y tan de izquierdas) esté tan rápidamente de acuerdo en algo – me digo – tan complejo y difícil de analizar. La cosa se agrava cuando escucho o leo sus argumentos y... me entran unas ganas irresistibles de abrazar la fe. ¡Y eso sí que no!  Así que, qué remedio, tendré que repetirme. ¡Señor, dame fuerzas!

El primer argumento de Aranda es que Dios no existe, sino que es, tan solo, el fruto del adoctrinamiento religioso en connivencia con el Estado. Pero esto no es un argumento, sino solo la confesión de la particular fe ideológica del autor. Digo fe porque la razón no basta para demostrar la inexistencia de Dios ni, mucho menos, los fundamentos del materialismo que sustenta la hipótesis de Alfredo. Además, esto es poco o nada relevante. Aún en el caso (para nada claro) de que el deísmo fuese racionalmente falso (y fuera, más bien, algún tipo de teísmo), un creyente diría que su fe ni se valida ni se invalida con la razón (y menos aún, con una razón sostenida en los dogmas, no mucho menos religiosos, del materialismo o el historicismo),.

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¿Hacer puentes o hacer amigos? Una consideración sobre género y moralidad

No son pocos los estudios y experimentos que apuntan a una diferencia morfológica y funcional entre el cerebro de los varones y el de las mujeres. El tema es enormemente controvertido. Pero los datos dan mucho que pensar. Según el profesor de psicología de Harvard Simon Baron-Cohen ( La Gran Diferencia) los varones poseen un cerebro más apropiado para “analizar sistemas” (desde los más mecánicos hasta los más abstractos), y las mujeres para comunicarse y empatizar con los demás. No es broma.

Si tomas cien bebés recién nacidos y los colocas frente a las mismas imágenes, la mayoría de las niñas se fijan en imágenes de caras, y la mayoría de los niños en imágenes de artilugios mecánicos. Parece que la cosa tiene que ver con la testosterona (la hormona masculina). Cuanto más testosterona recibe un feto más tarda, una vez nacido, en desarrollar habilidades sociales y más pronto tiende a enfrascarse en tareas muy específicas y analíticas. Según Baron-Cohen, que es una autoridad en autismo, este síndrome (el autismo) podría entenderse como una suerte de versión extrema de la “naturaleza masculina”: cero en empatía y obsesión por el análisis. Esta doble naturaleza ( sistematizadora, los varones, empática las mujeres) podría explicar, en parte, por qué los niños prefieren, en general, cierto tipo de juegos (y juguetes) y las niñas otros, además de mil cosas más en las que la predisposición biológica forma un circuito de retroalimentación con la educación y con una cultura innegablemente sexista.   

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