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Víctor Bermúdez Torres

Profesor de filosofía, escritor y divulgador, activista político, miembro de diferentes asociaciones filosóficas y pedagógicas. También frecuentó, con aprovechamiento, la Facultad de Ciencias de la Información. Es colaborador habitual en Radio Nacional de España y en varios medios de la radio y la prensa regional. Es miembro, por elección parlamentaria, del Consejo Escolar de Extremadura.

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Día Mundial de la Filosofía

Todos los años por estas fechas (este jueves es el Día Mundial de la Filosofía, establecido por la UNESCO) me pregunto por qué me empeño en enseñar filosofía – soy profe del asunto –. Y también me pregunto por qué habrían de quererlo los demás – cada uno de mis alumnos o cualquier otro ser humano – . Si la filosofía fuera solo una cuestión mía o de unos pocos, como la astronomía o el rugby, no estaría tan claro eso de que se deba enseñar a todo el mundo. 

Pero no, no es una cuestión particular ni baladí. Todo lo que hacemos y padecemos es efecto de las ideas que nos bullen por dentro. Seamos o no conscientes de ellas, sean las nuestras o las que, sin querer, tomamos de otros, sean verdaderas o falsas, buenas o malas, justas o no, tenemos la cabeza llena de esas ideas, y todo lo que hacemos, percibimos, sentimos, deseamos y pensamos (sobre el mundo, sobre nosotros, sobre los demás...), absolutamente todo, depende de ellas. Hasta respirar lo hacemos (mecánicamente) porque  pensamos que mola vivir; en otro caso nos pondríamos la soga al cuello y dejaríamos de hacerlo... 

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La crisis en Cataluña: otra oportunidad perdida para Podemos

Leo al filósofo Carlos Fernández Liria defender la clásica tesis socrática de la prioridad de la ley sobre la democracia. En una democracia – dice Liria – nadie tiene derecho a estar por encima de la ley, ni siquiera el pueblo o una mayoría de ciudadanos. A lo que tiene derecho el pueblo es a cambiar las leyes con arreglo a la ley, con lo que – dice Liria – el pueblo asume el compromiso de ser coherente con lo que él mismo ha legislado. En suma: que en democracia el soberano no es el pueblo sin más, sino “un pueblo que ha aceptado razonar y ser coherente con lo que razona”. Esta última premisa es la que vincula “democracia” con conceptos como “civilización” o “ciudadanía”, y la que la separa del populismo más fascistoide.  

 Hasta aquí todo bien. Pero – y ahora viene lo interesante – Liria duda que esta tesis se pueda aplicar al caso catalán, y la razón que aduce es que, por algún motivo, gran parte de los catalanes y sus representantes no han visto claros los cauces que se les ofrecen para intentar cambiar las leyes, por lo que no han tenido más remedio que romper con esos cauces y generar una proto-legalidad alternativa. Una vez hay dos legalidades (y no una legalidad enfrentada a la simple voluntad democrática) se impone, según Liria, arbitrar vías de diálogo, y no la mera imposición de una de esas dos legalidades.

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Podemos y los pactos de gobierno

Hace unos días las bases de Podemos en Castilla-La Mancha aceptaron la propuesta de un pacto de gobierno (en minoría) con el PSOE, si bien con la oposición de algunos sectores y la reticencia de otros. A la vez, y aquí en Extremadura, se han iniciado los encuentros entre el gobierno del PSOE y Podemos para negociar los presupuestos autonómicos del próximo año.

Todo esto ha despertado la controversia entre las diversas corrientes ideológicas (unas favorables y otras opuestas al acercamiento con el PSOE) que confluyen en Podemos. ¿Debe Podemos pactar políticas sustantivas con el PSOE? ¿Debe – sobre todo – subscribir pactos de gobierno – en todos los ámbitos de la administración – con los socialistas?  

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Podemos y la caza

Hace unos días, la Federación Extremeña de Caza (FEDEXPA) solicitaba de la Junta de Extremadura la declaración de Bien de Interés Cultural para ciertas modalidades de caza como las monterías y las rehalas. Esta iniciativa, y otras similares, para “blindar” y promocionar la actividad cinegética – que anda de capa caída y provoca un creciente rechazo moral – , no siempre son bien recibidas por la sociedad ni por los partidos políticos, especialmente por los partidos de izquierda, casi siempre comprometidos con posiciones ecologistas sustantivas (y no meramente ambientalistas). Una excepción notable a esto parece ser Extremadura, en donde, y según he sabido, desde ciertos sectores de Podemos se lanzan argumentos en favor de la protección y promoción (si bien bajo una regulación más estricta y eficaz) de la caza. Veamos sintéticamente los argumentos que esgrimen los defensores del valor de la actividad cinegética, y cómo podemos contribuir en algo al debate. 

Uno de los argumentos principales a favor de la caza afirma que, dado que esta forma parte de la tradición cultural y la identidad colectiva popular, en especial en zonas rurales, debe mantenerse y promocionarse. ¿Es esto razonable? En primer lugar conviene relativizar el valor de la premisa, pues no en todos los pueblos se caza, y en muchos de los que se caza se hace cada vez menos, especialmente por parte de los varones jóvenes (digo varones porque la caza es una actividad casi exclusivamente masculina – de hecho, siempre ha sido un rito de identificación con la masculinidad más recia y rancia, por no decir profundamente machista – ). 

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Así que pasen cinco años

Lo veíamos venir. La LOMCE, la mal parida, peor concebida y desastrosa ley educativa del PP, la más polémica y repudiada de todas las que ha tenido este país, permanecerá vigente, sine díe, mientras no culmine (si llega a hacerlo) el traqueteante proceso parlamentario que podría dar lugar a una ley nueva. Dos años más como mínimo, afirman algunos. Lo que unido a los tres que lleva implantándose, suman cinco. ¡Cinco años de LOMCE!  

Además, dado que la subcomisión del Congreso que prepara el informe para la (presunta) nueva ley solo puede, por norma, tratar de este asunto, todos aquellos referidos a la aplicación de la LOMCE quedan exclusivamente en manos de los decretos del Gobierno.

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El don

Decía el filósofo Jacques Derrida que un regalo solo es tal si no conocemos quién nos lo hace. Si lo conocemos, ya no es un regalo (o un “don” como dice él), sino una deuda contraída, una forma sutil de incluirnos en el sistema de toma y daca del mercado. Más aún si ese regalo son trescientos veinte millones de euros. Esta es la cantidad que ha donado la Fundación del empresario multimillonario Amancio Ortega para adquirir máquinas de diagnóstico y tratamiento del cáncer en hospitales públicos. 

¿Es legítimo que el sistema de salud pública (es decir, el Estado) acepte donaciones de este tipo para financiar necesidades sanitarias? ¿Qué deudas contrae la sociedad al aceptar estas donaciones? 

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Sánchez, Podemos, y los imaginarios políticos

Imaginaba hace unas semanas Isaac Rosa en este mismo diario una divertida teoría conspiratoria. Rosa imaginaba a los “poderes fácticos” empeñados en resucitar al PSOE ayudados por un coach que proponía seducir a los votantes con un relato fácil pero infalible: el del rey (Sánchez) injustamente destronado por los poderosos (el aparato del partido) que vuelve a recuperar su trono con el apoyo del pueblo (de las bases). Lo de Isaac Rosa era una broma satírica (con la que criticar la falta de visión política del PSOE), pero detrás de la sátira hay algo cierto sobre los imaginarios políticos y su capacidad para lograr y mantener el poder. 

Relatos o imaginarios políticos hay muchos, aunque no infinitos. En nuestro entorno hay dos muy comunes (amén de otros más marginales): el progresista y el conservador, cada uno asociado a ciertas ideas tabús (igualdad, justicia, solidaridad, integración, protección, libertad, autoridad, familia, tradición, mérito...) y a una infinidad de elementos culturales. Según algunos politólogos, los progresistas se identifican con con el rock, el círculo, la poesía o el óvulo, y los conservadores con la música clásica, la línea recta, las matemáticas o el espermatozoide... 

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Religión desde los tres años

Escribía hace poco sobre el lugar casi infinitamente privilegiado que tiene la religión católica en el sistema educativo de nuestro país. Afirmaba – ingenuo yo – que la materia de Religión era, junto a tres o cuatro más, de las pocas que se ofertaban obligatoriamente en todos los cursos de primaria y secundaria (más el primer curso del Bachillerato, donde también es de oferta obligatoria). Pero el otro día me recordaron que la materia de Religión también ha de ofertarse obligatoriamente en los tres cursos de Educación Infantil (de 3 a 6 años). La Religión es, entonces, la única materia del currículo educativo que ha de ofertarse obligadamente desde los tres hasta los diecisiete años. ¡Inaudito!

Esto quiere decir que los alumnos españoles tienen la opción de formarse en Religión católica durante catorce años, si así lo quieren. Para que comparen y se hagan una idea, piensen que muchas materias, obligatorias u optativas (Música, Cultura Clásica, Tecnología, Plástica, Economía, Física y Química –por ejemplo–), son cursadas por los chicos solo durante dos o tres años en la ESO. O que otras optativas, como Filosofía, o Cultura Científica, se ofertan (si se hace, pues no es obligatorio) en un solo curso de la ESO. O que Educación para la Ciudadanía, o Ética, han sido incluso borradas del mapa por la LOMCE (solo la primera de ellas ha logrado ser implantada posteriormente, en un solo curso, y con una sola hora semanal, por iniciativa de la Consejería y el Gobierno de Extremadura).

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Educar en lo común

Uno de los argumentos de los que defienden la escuela concertada es el de proteger a las familias del presunto adoctrinamiento moral de la escuela pública (es decir: del Estado). No porque piensen que adoctrinar sea en sí mismo algo perjudicial, sino porque creen que este tipo de formación moral solo compete a las familias y a las instituciones educativas particulares (colegios privados, iglesias, etc.) que las propias familias escogen. ¿Es razonable sostener esto?

En primer lugar, es cierto que la escuela pública (el Estado) adoctrina. Es más: ¡es que es lo que la escuela pública (y el Estado), hasta cierto punto, deben de hacer! La escuela siempre ha sido (y ha de seguir siendo) la más importante institución transmisora de los valores e ideales que (más allá de las leyes y las transacciones económicas) conforman y cohesionan a una sociedad. Sin esta educación en valores comunes no hay apenas más “comunidad” que la de una simple agregación de individuos.

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Educación concertada en Pionyang

Me había pasado inadvertido, pero me lo recordó, el otro día, un perspicaz compañero: la jornada reivindicativa de la escuela concertada del pasado miércoles fue lo más parecido que se pueda ver por aquí a las típicas demostraciones de adhesión incondicional a una idea o un líder.

Se interrumpieron las clases, se hizo formar a los alumnos en el patio – la mayoría de uniforme y con globos blancos –  y, tras la lectura del consabido manifiesto, se ordenó a los niños soltar los globos mientras restallaban los flashes de la prensa y los aplausos. Una coreografía perfecta. Y una muestra, no menos acabada, de falta de escrúpulos e impotencia por parte de los promotores de la protesta. 

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