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Tres continentes, tres historias, un cuarto de siglo... y muchas tareas pendientes

Hoy es el Día Universal de la Infancia y celebramos el 25º aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, el tratado internacional que más países han ratificado en el mundo.

A pesar de los avances conseguidos, como la reducción de la mortalidad infantil, los países tienen una larga lista de tareas pendientes para su total cumplimiento.

Repasamos algunos de sus artículos a través de tres historias que muestran lo mucho que queda por hacer. 

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Foto: Salva Campillo / Ayuda en Acción

Elisabeth Cárdenas (Bolivia). Foto: Salva Campillo / Ayuda en Acción

La Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada tal día como hoy en 1989, cumple 25 años siendo el tratado internacional más importante en materia de infancia hasta la fecha. A diferencia de la Declaración de los Derechos del Niño, promulgada por las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1959, es un instrumento jurídico de obligado cumplimiento para los 194 países que la han ratificado, exceptuando Somalia y Estados Unidos. Sin embargo, y a pesar de que existe un Comité de los Derechos del Niño que vela por su cumplimiento, muchos de estos países tienen una larga lista de tareas pendientes para poder presumir de respetarla al cien por cien, tareas que sin embargo inspiran constantemente el trabajo de organizaciones sociales como la nuestra. Repasamos algunos de sus artículos más destacados, a través de tres historias que marcan el día a día de nuestro trabajo con la infancia, que demuestran que queda mucho por hacer.

África: Ablación y matrimonio temprano en Kenia

Parte del artículo 24 de la Convención sobre los Derechos del Niño detalla que “es obligación del Estado tomar las medidas necesarias, orientadas a la abolición de las prácticas tradicionales perjudiciales para la salud del niño”. Sin embargo, en países como Kenia o Etiopía, la mutilación genital femenina no está abolida y sigue siendo una práctica común en las comunidades rurales (Un 30% de las niñas son mutiladas en Kenia y un 38% en Etiopía). La OMS estima que cada año en África, tres millones de niñas corren el riesgo de ser mutiladas. A veces, el riesgo se puede combatir, pero no siempre.  

Cuando su madre la abandonó para casarse con otro hombre, Kamene Kavete tuvo que enfrentarse a los abusos sexuales de su propio padre. Tenía apenas 9 años y guardó silencio durante demasiado tiempo. El día que llegó a clase moribunda y con el uniforme hecho trizas no pudo ocultarlo más. Estudiaba primaria en la remota escuela de Gacigongo, en el condado de Tharaka, donde gracias al Club antiablación y a su profesor no sólo consiguió evitar la ablación, sino también el infierno al que su padre la tenía sometida en la pequeña cabaña de adobe y paja donde vivía: “mi padre insistía en que durmiese en su cabaña, yo intentaba escaparme cuando me forzaba. Me hacía dormir en el suelo mientras él lo hacía en una pequeña cama. Cuando mi profesor me preguntó acerca de mis problemas, no dudé en contárselo todo para que me ayudara a escapar de mi padre”.

Kamene Kavete vive ahora en una casa de acogida para niñas y mujeres víctimas de la mutilación genital femenina, construida con nuestro apoyo por la Fundación Kirira, y estudia secundaria. Está convencida de que la educación le hará salir adelante y es una niña feliz.

Janet consiguió escapar de la mutilación genital femenina después de escapar de su familia y caminar durante seis días. Foto: Katie Holt / ActionAid

Janet consiguió evitar la mutilación genital femenina después de escapar de su familia y caminar durante seis días. Foto: Katie Holt / ActionAid

Chepon, que cuenta 16 años, no corrió la misma suerte. Fue mutilada, pero ahora se refugia en una casa dormitorio para evitar un matrimonio temprano y forzoso. Cuenta valientemente su historia, con la esperanza de que consiga salvar a otras niñas de una huella que las marcará para siempre: “Inmediatamente después de que me cortaran, me desmayé. Unas mujeres me echaron agua, me desperté pero no podía caminar”. Pero la pesadilla no acababa ahí, “las mujeres que nos cuidaban venían a vernos cada día para revisar nuestra herida. Si quedaba algún pedazo sin mutilar, nos cortaban de nuevo”; e incluso le faltaba superar un reto más, “Al estar mutilada, lo único a lo que podía aspirar era a ser casada, una tradición deseada por el 90% de los adultos de mi comunidad para orgullo de su familia y por la posibilidad de recibir una dote en animales”.

Decidió entonces que prefería seguir estudiando, conseguir un buen trabajo y mantenerse por sí misma. Recibió el apoyo de nuestro socio internacional, ActionAid, que al igual que Kirira lleva a cabo campañas de sensibilización en los colegios, formando clubs antiablación y proporcionando a las niñas víctimas de la ablación o en riesgo que quieren seguir estudiando la oportunidad de vivir en casas dormitorio y casas de acogida. Fue precisamente en el colegio, donde Chepon conoció sus derechos y supo que la ablación estaba prohibida y legislada como un crimen en Kenia. La mutilación genital femenina viola el derecho de las niñas a la salud, a la seguridad e integridad física, a no ser torturadas, y en el peor de los casos, viola su derecho a la vida cuando esta práctica tradicional perjudicial desemboca en la muerte.

América Latina: Salud y educación en Bolivia

Si atendemos al artículo 1 de la Convención: “se entiende por niño todo ser humano desde su nacimiento hasta los 18 años de edad, salvo que haya alcanzado antes la mayoría de edad”; mientras que el artículo 26 dicta que “todo niño tiene derecho a beneficiarse de la Seguridad Social”. Sin embargo, en países como Bolivia, el sistema de salud nacional únicamente atiende de forma gratuita a los menores de 5 años, medida que excluye del sistema sanitario a buena parte de la población infantil, especialmente cuando provienen de familias con pocos o sin recursos.

Es el caso de Elisabeth Cárdenas, de 9 años, estudiante de 3º de primaria en la escuela Matela Baja de Sopachuy. Jugaba en casa de su abuela cuando, por accidente, se vertió una olla con agua caliente. No dijo nada por miedo a ser castigada, ni siquiera ante las insistentes preguntas de su preocupada madre cuando la veía llorar sin cesar, hasta que su hermano pequeño desveló lo ocurrido. La falta de recursos impedía llevarla al hospital, su familia no tenía dinero para costear el tratamiento, por lo que recurrieron a la medicina tradicional, curando sus heridas a base de hierbas naturales y barro.

Bastaron dos semanas de ausencia a la escuela, para que desde el centro educativo informaran a su familia de la existencia de un seguro de salud estudiantil que atiende a niños y niñas mayores de 5 años que no están cubiertos por el sistema de salud nacional con atención odontológica, algunas cirugías, fracturas… y casos “especiales” como enfermedades graves o accidentes, apoyando a los padres con la cobertura de medicamentos, o el traslado y manutención si es necesario tratarlos en otras ciudades.

Cuando Elisabeth llegó al hospital, la carne de sus heridas había empezado a pudrirse y cabía la posibilidad de que perdiera la pierna, pero tras más de un mes de tratamiento evitó la amputación y mejoró. Consiguió salvar su pierna gracias al seguro de salud estudiantil que tenemos en marcha, junto a nuestro socio local PASOS, en tres localidades bolivianas –El Villar, Alcalá y Sopachuy, dando cobertura a 4160 niños, niñas y adolescentes con el único requisito de ser estudiante. Promovemos así también el derecho a la educación, en una zona donde muchos niños no van a la escuela por encontrarse a 4 o 5 horas de camino desde sus hogares, problema al que se enfrentan en muchas comunidades rurales de Bolivia

Asia: trabajo infantil en Pakistán

El número global de niños en situación de trabajo infantil es de 168 millones, de los cuales 85 millones efectúan trabajos peligrosos. Asia registra el número más alto de niños trabajadores, unos 78 millones, lo que supone casi un 10% de su población infantil. Pakistán es uno de los países donde, a pesar de haber ratificado los Convenios de la Organización Internacional del Trabajo sobre trabajo infantil y la Convención de Derechos del Niño, es acuciante el problema. El artículo 32 de la CDN detalla que “es obligación del Estado proteger al niño contra el desempeño de cualquier trabajo nocivo para la salud, educación o desarrollo; fijar edades mínimas de admisión de empleo y reglamentar las condiciones del mismo”. Sin embargo, se calcula que aproximadamente unos 8 millones de niños trabajan en Pakistán, especialmente en las fábricas de ladrillo donde, al comprarse sus servicios por anticipado, muchos niños y sus familias son condenados a una deuda eterna y a la servidumbre.

Kiran es una de los aproximadamente ocho millones de niños trabajadores en Pakistán. Foto: Umar Farooq / ActionAid

Kiran es una de los aproximadamente ocho millones de niños trabajadores en Pakistán. Foto: Umar Farooq / ActionAid

Kiran, que apenas cuenta 8 años, trabaja en una de estas fábricas pakistaníes, ayudando a sus padres a saldar una deuda que les cuesta 80 horas de trabajo semanal y por la que tan sólo consiguen unos 50€ al mes. El trabajo consiste en moldear barro en ladrillos. Junto a Kiran, niños de 5 años también son privados diariamente de su derecho a la educación, alimentación o salud: “el trabajo es realmente duro, nos cansa mucho y nos duelen las manos. No tenemos descanso y ganamos muy poco, lo suficiente para comprar comida. ”. Con apenas 8 años, ha tenido que madurar demasiado rápido, “trabajamos en condiciones climáticas extremas y sólo comemos una vez al día. No puedo trabajar bien si no he comido bien y me noto débil”; pero no ha dejado de soñar: “la educación es muy importante para mí porque es la manera de tener un mejor futuro. Me gustaría ser doctora para ayudar a la gente de mi entorno, pues no tenemos un médico en la zona, pero a veces no tengo tiempo para estudiar cuando llego a casa, también ayudo en las labores del hogar”.

En Pakistán, y a través de nuestro socio internacional, llevamos a cabo campañas de sensibilización para que las familias trabajadoras en las fábricas de ladrillos y sus hijos conozcan sus derechos y los servicios sanitarios y educativos que tienen a su disposición. También trabajamos para que se mejoren las condiciones laborales de estas fábricas, promoviendo al trabajo digno y la cobertura de la educación para los niños de las familias endeudadas.

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