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La Muskitia, el corazón indígena de Honduras

Los pueblos indígenas de la Muskitia hondureña ocupan las últimas posiciones en el Índice de Desarrollo Humano del país, con una tasa de desnutrición infantil del 71%

Ayuda en Acción inició su trabajo en la región en el año 2012 con una agenda de desarrollo a largo plazo que contribuye al cierre de todas esas brechas estructurales causantes de la pobreza extrema

Este año se celebra el décimo aniversario de la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el marco universal para la supervivencia, dignidad y bienestar de estos pueblos

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Ayuda en Acción comenzó a trabajar en la Muskitia (Honduras) en 2012 para combatir la pobreza extrema

Ayuda en Acción comenzó a trabajar en la Muskitia (Honduras) en 2012 para combatir la pobreza extrema

Cada año, desde hace una década, el 9 de agosto se celebra el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Más de 5.000 grupos distintos en 90 países que representan el 5% de la población mundial y que hablan la mayor parte de las 7.000 lenguas del mundo.

De esta riqueza poblacional, en América Central y más específicamente en Honduras, existen nueve pueblos indígenas y afrohondureños que, según cifras oficiales, suponen aproximadamente el 10% del total de la población del país, un poco más de 850.000 personas.

En la región de la Muskitia de Honduras -la segunda zona más rica del mundo en biodiversidad después de la Amazonia- habitan cuatro de estos pueblos originarios: Pech, Tawahkas, Garífunas y Misquitos. Cada uno de ellos conserva una cosmovisión indígena en armonía con la madre naturaleza y una lengua, cultura y patrimonio ancestral que aún persisten.

Pese a vivir rodeados de una riqueza eco sistémica de bosque, agua, suelo, fauna y flora, los pueblos indígenas de la Muskitia ocupan las últimas posiciones en el Índice de Desarrollo Humano del país, con una tasa de desnutrición infantil del 71%, una de las más altas de Honduras. Los datos de analfabetismo superan el 24% en personas mayores de 15 años -dato que dobla la cifra nacional del 12.1%- y hasta un 30% de los niños y niñas no son registrados en el momento de su nacimiento, es decir, no gozan de un nombre ni de nacionalidad, derecho humano básico para poder ejercer los demás derechos sociales, económicos y políticos.

El narcotráfico también golpeó duramente la Muskitia entre 2010 y 2015, un territorio con una alta fragilidad en la gobernanza y gobernabilidad por parte del Estado que se expresa en la débil prestación de servicios públicos de agua, saneamiento, salud, educación, energía y seguridad ciudadana. Se suma a todo lo dicho que la oferta de empleo es muy limitada, siendo las principales fuentes de trabajo la pesca industrial y artesanal, la producción agropecuaria de subsistencia y actividades agroforestales.

La Muskitia hondureña coexiste en estas condiciones de alta vulnerabilidad -que la sitúan como una de las zonas más empobrecidas del país- con la riqueza de recursos marinos costeros como la langosta y el caracol, cuya pesca para el mercado estadounidense generó más de 37 millones de euros de beneficio solo en el año 2016; recursos de los que, lamentablemente, sólo la gran industria pesquera se beneficia al no reportar impuestos ni cánones al gobierno local ni al gobierno indígena. Y aún peor, al tratarse de una pescadería realizada en su mayor parte mediante la técnica de “buceo a pulmón”, ello hace que cada año cientos de jóvenes misquitos queden en condiciones de discapacidad al someterse a inmersiones de hasta 90 pies de profundidad, entre 6 y 8 veces al día, para extraer estos frutos del mar.

Ayuda en Acción inició su trabajo en la Muskitia en el año 2012 con una agenda de desarrollo a largo plazo que contribuye al cierre de todas esas brechas estructurales causantes de la pobreza extrema en un ambiente que es tan rico en biodiversidad. Y lo hacemos entendiendo y respetando la complejidad y diversidad de esta región, a través de programas que potencian la gobernanza territorial entre todos los actores y la dinamización socioeconómica, que aumenta el estado de bienestar de la población en armonía con su cosmovisión indígena del desarrollo.

Tomando como referencia la agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), desde Ayuda en Acción reconocemos la importancia de no trabajar solos, por ello, acompañamos mecanismos de coordinación entre las organizaciones de cooperación y del sector privado presentes en el territorio, estableciendo “vínculos solidarios” de trabajo entre los cuatro pueblos indígenas y afrohondureños de la Muskitia. Promovemos también el diálogo activo entre el Gobierno Municipal y el Gobierno Indígena para que trabajen juntos, incluyendo así la agenda de la Muskitia en la gran agenda nacional del país, de tal forma que los ministerios y las demás instituciones gubernamentales coloquen su mirada en políticas e inversión pública para este territorio.

Dinamizamos -junto a otros socios- un gran programa de desarrollo socioeconómico inclusivo que hemos llamado Prawanka, que en miskito quiere decir “compartir, juntos”. Dicha iniciativa, trazada para 12 años (2017-2028) y con una inversión total de 24,3 millones de euros, centra sus esfuerzos en fortalecer las cadenas de valor de cacao, pesca y granos básicos y potenciar la participación activa de las mujeres, niñez y los productores indígenas, desde su mirada como actores económicos y políticos para la conservación y uso sostenible del territorio, y como beneficiarios de un desarrollo que les genere cambios positivos y duraderos en sus condiciones de vida.

Sin duda, nuestra mayor preocupación es la situación de la infancia en la región. En este sentido, nos hemos propuesto dos grandes retos para 2020: que no haya ningún menor sin registrar y reducir la tasa de desnutrición infantil en un 15%, retos para los que contamos con el apoyo del Gobierno hondureño y del Programa Mundial de Alimentos, respectivamente.

Fruto de todo el trabajo realizado desde 2012, son muchos los logros que ya hemos alcanzado. Más de 800 niñas y niños se están reencontrando con sus escuelas donde, al tratarse de un territorio plurilingüe, acompañamos la implementación de una educación intercultural centrada en la lengua miskita como materna y en el español como segundo idioma. Existe también una mayor dinamización económica para la comercialización de cacao certificado, que en una etapa inicial ya ha comercializado más de diez toneladas en el mercado europeo; 4.500 familias son parte de nuestra agenda de desarrollo social con programas de acceso a agua potable, sistemas de protección infantil, formación y participación ciudadana; se está movilizando más inversión estatal hacia la Muskitia a través del trabajo de incidencia política y se prevé que el gobierno destine a la zona casi seis millones de euros en 2018; y los mecanismos de gobernanza que se están desarrollando permiten recuperar el control gubernamental e indígena ante la narcoactividad, la cual ha reducido su impacto visible en el territorio.

Pero a pesar de los logros, los retos aún son grandes y demandan poner en valor nuestras capacidades institucionales, con el compromiso de llevar a cabo una acción que transforme realidades hacia un desarrollo con cambios duraderos. La Muskitia hondureña, en el corazón de América Latina, es también un corazón latente de la cosmovisión indígena, pueblos que han conservado una biodiversidad que les debe permitir alcanzar mayores estadios de desarrollo a través de un Buen Vivir con el ejercicio pleno de sus Derechos como Pueblos Indígenas.

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