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La flexibilidad. Parte II

Los resultados de los estudios más recientes sobre los efectos de la flexibilidad en el rendimiento deportivo son un tanto contradictorios. La mayoría de los datos aportados por los autores que han tratado este tema demuestran que, tras realizar ejercicios de estiramientos en distintos segmentos corporales, éstos obtuvieron una disminución en los test de fuerza evaluados inmediatamente después del ejercicio de estiramiento. Sin embargo, esto no es tan sencillo ni es un resultado concluyente, lo que hace más difícil obtener una conclusión determinante en un tema tan complejo como la elasticidad o la flexibilidad y su relación con la fuerza

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La flexibilidad. Parte II

© SoroushKarimi

El mes pasado finalizábamos hablando de cómo el incremento en el rango articular posterior a las técnicas de elongación, se debe a que éstas disminuyen la viscoelasticidad del músculo, y a la vez aumenta la “compliance” o distensibilidad de éste. Teniendo en cuenta que cuando hablamos de viscoelasticidad del músculo nos referimos a la presencia de un comportamiento elástico y a la vez un comportamiento viscoso, ambos tienen influencia sobre la resistencia pasiva que el tejido presenta.Lo que nos llevaba repasar las diversas restricciones(restricciones de la piel y el tejido conectivo subcutáneo,restricciones biogénicas, restricciones articulares y restricciones neurogénicas) que originan esta resistencia a cualquier movimiento. Retomándolo desde este punto, debemos tener presente que de los cuatro tipos de restricciones, sólo en el nivel uno y dos, la elongación juega un rol preponderante, ya que ésta actúa directamente sobre el tejido muscular por una acción mecánica de la fuerza externa, como también a nivel neurológico en el sistema nervioso central y periférico, que involucra el control voluntario del sujeto durante la relajación, que se necesita previa a la elongación. La elongación muscular, entre otras cosas, disminuye la viscoelasticidad del tendón y el músculo (Magnusson, S., 1992; Kubo, K., Kanehisha, H., 2001), lo que disminuye la rigidez de éste, dando como resultado un menor requerimiento de energía para mover el segmento, por lo que con una misma cantidad de energía, la fuerza y la velocidad de la contracción resultante puede estar incrementada.
El aumento inmediato del rango articular post elongación ha sido confirmado por estudios que han utilizado protocolos de elongación pasiva y elongación a través de FNP (López, C., Fernández A., 1995; Wiemann, K., Klee, A., 1992; Hernández, P., et al. 2005).
Por otro lado distintos autores han obtenido resultados que demuestran la disminución de la fuerza tras la elongación del músculo. En el estudio de Fowles y Sale (2000) se recrearon condiciones de elongación para los músculos flexores plantares del tobillo, y se observó que después de aplicar un protocolo de elongación, la tensión pasiva del músculo había disminuido y la longitud del músculo aumentaba. En cuanto a la contracción voluntaria máxima, el grupo experimental obtuvo valores de fuerza 28% menores al grupo control. La razón que podría justificar este resultado es realmente sencilla, independientemente del tipo de estiramiento, un estiramiento produce un aumento de la longitud del vientre muscular pero no tienen una repercusión directa sobre el tendón. Esta condición modifica por tanto la óptima curva tensión-longitud que es un factor en detrimento de la generación de fuerza.

La flexibilidad. Parte II

© Mizuno

Gullich y Schmidtbleicher (2000) realizaron un estudio con saltadores que, y tras testar la capacidad de salto y realizar un protocolo de ejercicios de elongación muscular, mostró unos resultados desfavorables pre y post estiramiento. Esta situación se mantuvo durante un período de 30 minutos recuperando su capacidad inicial al cabo de este tiempo. Según los datos aportados, una rutina de elongación provocaría una disminución en la velocidad y la fuerza de un músculo. La explicación de la reducción del rendimiento en el salto, podía ser consecuencia de una disminución en la activación neural de los músculos. Si la matriz extracelular de colágeno, parte fundamental en la producción de la fuerza del músculo, se viera afectada por un sobreestiramiento, la capacidad de ésta de generar la presión interna necesaria para la contracción se perdería y por lo tanto la contracción seria menor. Durante una sesión de entrenamiento de fuerza, la fuerza máxima capaz de ejercer un músculo disminuye repetición tras repetición, como resultado de esto la tensión a la que se ven sometidas las distintas estructuras musculares es cada vez menor. En cambio en una rutina de elongación la tensión en las estructuras musculares aumenta, ya que la tensión que tolera el individuo es cada vez mayor por la adaptación de los receptores de dolor, lo cual se traduce en mayores amplitudes de movimiento. Esto puede provocar que el individuo pueda alcanzar o sobrepasar el límite máximo de carga para las estructuras pasivas del músculo, es decir, provocar un microtrauma sin tener ninguna sensación de ruptura muscular, lo que traería consigo una disminución de su rendimiento. Leves aumentos de longitud, de aproximadamente el 20% de la longitud de reposo de las fibras puede causar un daño en las fibras musculares, desencadenando una disminución de la fuerza.

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