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De Albania a Bulgaria

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Kosovo, un paupérrimo protectorado occidental desde la última guerra de los Balcanes, busca un estatus definitivo en el mundo. ¿Seguirá formando parte de Serbia o será un nuevo Estado independiente? El pasado 21 de enero, Matti Ahtisaari, enviado especial de la ONU para Kosovo, presentó los detalles de su propuesta. Ofreció un alto grado de autonomía, en realidad un largo proceso bajo la tutela política de la Unión Europea y un despliegue indefinido de fuerzas militares que conducirán a la independencia de Kosovo. En todo caso, sólo la unanimidad del Consejo de Seguridad daría legalidad al proyecto de Ahtisaari. Así estaban las cosas, cuando Bush declaró en Tirana que, si el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas rechaza aquel plan, Estados Unidos reconocerá una declaración unilateral de independencia por parte de Kosovo. Volvió a saltarse la legalidad internacional de forma preventiva y de paso intentó humillar al nacionalismo serbio. Porque a cambio de la secesión de Kosovo ofreció a Belgrado “un camino hacia delante, tal vez dentro de la Alianza Atlántica, tal vez dentro de la Unión Europea y mejores relaciones con Estados Unidos”.´ El presidente estadounidense se otorgó, pues, la representación de la OTAN y de la UE sin solicitarle permiso a nadie. Naturalmente, el presidente serbio Boris Tadic mostró su disgusto, advirtiendo que sería dañino si cualquier país reconociera “la independencia de Kosovo sin la adecuada decisión del Consejo de Seguridad. No entregaremos ni Kosovo ni nuestro futuro europeo. Rechazamos cualquier compensación por territorio perdido”. Desde el ingreso de Bulgaria en la OTAN en 2005, los lazos militares entre Sofía y Washington se estrecharon. Bulgaria se convirtió en el centro de la estrategia de recolocación de las fuerzas americanas en Europa, habiéndose acordado en 2006 la utilización de cuatro bases en el territorio. Se trata de los aeropuertos de Graf Ignatievo y Bezmer, el polígono de tiro de Novo Selo y el soporte logístico de Aitos, en la costa del Mar Negro. Estados Unidos podrá usarlas para atacar a terceros países (¿Irán, por ejemplo?) sin el permiso explícito del gobierno búlgaro. Todo está previsto. Los soldados gringos empezarán a llegar el próximo otoño. Sofía renunció servilmente a ejercer su jurisdicción sobre aquellos militares extranjeros que cometan crímenes en su país. Bush agradeció la leal colaboración en las guerra de agresión desarrolladas contra Irak y Afganistán, a pesar de que Bulgaria tuvo que retirar su propio contingente de Irak en diciembre de 2005 por la presión de su opinión pública. Total, dos nuevas aportaciones a la paz de los neoconservadores estadounidenses: provocar tanto a Serbia como al Consejo de Seguridad y más bases militares en este de Europa. Excelente.

Rafael Morales

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