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Desde Amazonia por Paco Martel

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Terminé en mayo en el sur del Brasil y viendo la necesidad de este lugar me ofrecí para estar un tiempo en esta diócesis donde estuvo muchos años de obispo el gran Pedro Casaldaliga. Estar una hora con él o un día da para pegar gasolina espiritualmente, para caminar un mes. Pedro, con su vida, con su sonrisa, con su Parkinson, con su manera de soñar con otro rostro de Iglesia en la vida de hoy, ayuda a caminar de otra manera. Su casa es de ladrillos sin cosa de cemento, los pisos de los más rústicos y su cocina es comedor de todos. Mi terreno pastoral tiene comunidades a más de 90 kilómetros que dan para soñar en el camino, da para pensar más que los mismos libros de los que uno siempre tenía cerca...o cuando es de día. El día que llegué fueron a visitarme 40 muchachos que interumpieron la escuela y me dijeron: "Padre, gracias por venir a vivir con nosotros ya que hacía 25 años que no teníamos sacerdote". Aquí la gran pobreza es matar tanto bosque, el espantar a los indios de sus tierras y tener que hablar contra esclavitudes en algunos grandes cortijos a veces de más de 60 kilómetros. Les cuento que el primer mes lo pasé como un cartujo al no tener teléfono, ni televisión, ni radio... el silencio es bien fuerte y ayuda a oír lo que otras veces no supe escuchar... Más adelante les mando alguna noticia más de este mundo grande. Me pueden mandar alguna pregunta que yo voy a ver si puedo darles una respuesta. Deseando para todos muchas y buenas fiestas de San Juan les mando un gran abrazo.

Paco Martel

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