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Antonio Gramsci

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¿Que por qué decido rememorar de manera muy breve y seguramente insuficiente la vida de este humanista en estos tiempos de ignominia en nuestro país? Pues muy sencillo: ante los casos de corrupción como la trama eólica, el caso Faycán, el caso Las Teresitas, el caso Mogán,… y la pobreza existente en Canarias debida, entre otras causas, a la acumulación capitalista fruto de la Reserva de Inversiones de Canarias (cerca de 570.000 personas bajo el umbral de la pobreza, según el Instituto Nacional de Estadística), la respuesta, además de la movilización, debe ser dar a conocer ejemplos históricos de dignidad. Y Gramsci es uno de ellos. Ante las declaraciones de José Carlos Mauricio, consejero de Economía y Hacienda, en las que acusa a Cáritas de falsear las cifras de empobrecidos para continuar viviendo del “mercado de los pobres” y así recibir subvenciones, una de esas respuestas que desde la rebeldía intelectual se pueden y deben dar es recordar la vida y el pensamiento de alguien que dio su vida por los más desfavorecidos, por la transformación social, por la revolución democrática, por la humanidad. Todo lo contrario de lo que supone la vida política del ex comunista José Carlos Mauricio. La juventud de Gramsci estuvo marcada por un claro compromiso político, que le lleva a militar en el Partido Socialista Italiano (1914) y a trabajar en el diario Avanti! En 1919, junto a Palmiro Togliatti, Angelo Tasca, Umberto Terracini y otros jóvenes revolucionarios, funda la revista Ordine Nuovo, afín al movimiento bolchevique, y, en 1921, crea con Amadeo Bordiga el Partido Comunista Italiano (PCI), del que será elegido secretario general. Fundador del diario comunista l'Unità. Miembro activo de la III Internacional, pasó dos años en Moscú. En Italia, se opuso al movimiento fascista de Mussolini, que, a pesar de su inmunidad parlamentaria -Gramsci era diputado por Venecia- le detuvo y confinó en la isla de Ustica. Aquejado por la mala salud que acompañó su existencia, en 1934 fue puesto en libertad condicional, muriendo en Roma (1937) poco después de cumplir condena. Durante los años de confinamiento escribió Quaderni del carcere [Cuadernos de prisión], en los que se recoge el núcleo central de su pensamiento. A la dominación económica, que informa la doctrina marxista clásica, Gramsci añade la idea de hegemonía, como instancia de dominio cultural, que lleva a un consenso tácito, a una aceptación o sometimiento natural de las clases subordinadas. Los medios de comunicación aparecen aquí como uno de los elementos centrales en la difusión de los valores que construyen la hegemonía. La hegemonía se manifiesta en la aceptación de un orden determinado por parte del conjunto social cuando, en realidad, ese orden custodia los intereses de la clase dominante. No se trata de una situación irreversible, sino la síntesis de las tensiones dialécticas y de las relaciones de poder en un momento dado. Más allá de la idea de dominio o control mediante el empleo de mecanismos represivos, advierte de que son las soluciones culturales (sistema educativo, instituciones culturales y religiosas, medios de comunicación...) las que socializan en unos valores, los propios del ‘bloque histórico’ que alcanza la posición de dominio, al tiempo que esterilizan a la sociedad civil en su capacidad de respuesta crítica. Esta atenuación dialéctica, operada desde la superestructura del sistema, instala pautas de consenso, de aceptación lógica, de subordinación, consentimiento y pasividad. Gramsci, que define una filosofía de la acción –filosofía, política e historia aparecen unidas-, cree en la capacidad de intervención de los ‘intelectuales orgánicos’, que expresan el sentimiento silenciado u oculto de la sociedad a la que pertenecen; esto es, son exponentes de las clases subordinadas. La ideología aparece como la instancia de confrontación dialéctica en la que se dirime la hegemonía cultural. Gramsci se distanció del socialismo real de la Unión Soviética en el periodo estalinista, por entender que la represión coercitiva sobre las masas había primado sobre la cohesión ideológica y a la creación simbólica del consenso. Una discrepancia que le alejó del líder comunista italiano Palmiro Togliatti. Quedémonos con dos ideas del filósofo italiano para aplicar a la realidad social de la Canarias del siglo XXI: el papel hegemónico de la burguesía parasitaria de nuestro país que inculca sus contravalores “a lo Hernández Guarch” y la necesidad de abrir espacios de reflexión colectiva en el ámbito vecinal, educativo, cultural, laboral y medioambiental, entre otros. La construcción de medios de comunicación populares es una de las herramientas que cual Ordine Nuovo podrán hacer factible esa otra Canarias posible y ese otro mundo necesario si queremos escapar del neoliberalismo darwinista y, consiguientemente, de la barbarie. Mientras tanto, José Carlos, tú, a lo tuyo. * Miembro de Unidad del Pueblo

Rubén Alemán Sánchez

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