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Aprieten el botón y paren las máquinas

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Tras este título tan impactante, la verdad es que no sé si decir cáspita, albricias o fascinante…

Casi diría que estoy en un estado de shock al comprobar que las obtusas y recalcitrantes mentes conservadoras del universo conocido han logrado darse cuenta de que entre sus filas hay dementes chalados, capaces de articular tamañas barbaridades que hasta a ellos sorprenden.

Y digo que hasta a ellos sorprenden, porque suyas son frases tan gloriosas como –“Sé que ese individuo es un corrupto, pero, como es mi corrupto, tan contento que estoy.”-O aquellas sentencias que justifican la explotación, la usura y todo tipo de excesos económicos, con tal de que la cuenta de resultados propia no pare de engordar.

Lo malo de tener tantas tragaderas –y ya se sabe que los votos, cada vez, son más caros- es que se puede llegar a mandar a una persona enferma de Parkinson a desactivar una mina, o a alguien con una garrafa de gasolina a apagar un fuego.

Dejando el chiste fácil a un lado, quienes manejan el mundo deberían, cuanto menos, guardar las formas y no dejar que cualquier indocumentado, por mucho dinero que éste pueda llegar a tener, suelte las soflamas que cierto aspirante a candidato está berreando.

Si así lo hicieran, se notaría menos que se las trae al pairo las reglas del juego democrático y así el personal no se quedaría con cara de qué demonios está pasando aquí, más si se tiene en cuenta la situación económico-social de nuestro mundo.

No obstante, tampoco es que el mentado iluminado se haya pasado más que otros -que hacen gala de homofobia, racismo, falta de cuidado para con los más desfavorecidos, o que siempre miran por su propio interés. Piensen, si no, en los cargos electos nacionales que han hecho gala de homofobia, xenofobia, que han mentido una y otra vez, que favorecen a determinadas empresas en detrimento del resto o, simplemente, que han inflado de dinero a medios torticeros, racistas y disparatados con tal de que les hagan el caldo gordo llegado el momento oportuno.

¿Y qué me van a contar de esas administraciones políticas, llenas de accionistas en empresas petrolíferas y/o armamentísticas, que declaran guerras con tal de obtener ganancias? También están los que declaran guerras y no sacan réditos, pero ésa es otra historia…

Sea como fuere, lo que no es de recibo es que tanto en el país del iluminado candidato como en la vieja, y obsoleta, Europa se piense que apoyar a ideología totalitarias, caducas, racistas y fanáticas sirva para solucionar las cosas. Quienes piensan así se han olvidado de la histeria desatada a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta del pasado siglo, momento en el que la caza de brujas llegó a su momento más álgido. En esos instantes todo el mundo era sospechoso y, casi diría, culpable cuando los verdaderos delincuentes se sentaban en la mesa en el rol de juez, jurado y verdugo.

Darle carta de naturaleza a todos estos mamarrachos, vengan de donde vengan y sin importar su sexo, es no querer aprender de los errores del pasado, errores que solo han costado la vida de millones de personas, pero que nunca han dado ninguna solución válida.

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