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Arrancar a la tierra sus pulmones por Carlos Suárez Rodríguez

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Aquí, en estas islas donde los pulmones que le quedan a la tierra son cada vez menos ¿servirá para algo decirlo? Cada día veo con más asombro como caen árboles centenarios en las carreteras insulares.

Fíjense y ya no verán eucaliptos a la entrada de Gáldar ni en la bajada a Agaete, ni en San Francisco Javier en Arucas, ni tampoco verán alcornoques entre el convento y la finca de Osorio en Teror y... etcétera, etcétera, etcétera.

¿Hasta dónde se llevará esta política de Vías y Obras del Cabildo insular de limpiar de árboles foráneos las carreteras insulares?

Muchos de ellos fueron plantados por iniciativa del ingeniero don Juan de León y Castillo y sus colegas de Vías y Obras del siglo pasado y justo cuando mas posibilidades tenían estos árboles plantados de sobrevivir vienen estos arborícolas y se los cargan. Digo esto porque en Gáldar y Guía, ya tenemos circunvalación, en Agaete también. Estos árboles pegados a las viejas vías podrían quedar como verdaderos bulevares verdes en medio de ciudades como Gáldar o Teror o en barrios con pocas zonas verdes como San Francisco Javier en Arucas o a lo largo de paisajes urbanizados como los de la carretera desde Santa Brígida a San Mateo.

Y ahora, ¿por qué están cayendo estos viejos pulmones de la isla? Hay compañeros de la propia área de Medio Ambiente que valoran más la pertenencia al mundo endémico que las funciones de los árboles y pregonan el increíble daño medioambiental de algunas de estas especies sin valorar ni la extensión ni la dimensión de estos daños en el ámbito donde se ubican. Posiblemente, habrá también quien estará sacando buena tajada económica de la venta de esa madera que sale de estos añejos y centenarios ejemplares.

Parecía que el nuevo cabildo insular vendría a saciar algunas de nuestras ansias de verde social. Pero la lobotomía y la bipolar distribución de competencias que mantiene el pacto de poder posiblemente obligue a los que así lo pregonaban a mirar para otro lado. Román Rodríguez, desde su atalaya aldeana, y desde su puesto de consejero de Obras e Infraestructuras del Cabildo insular, presuntamente no querrá que 30 ó 300 ó 3000 árboles no dejen ver la telaraña de carreteras que cubre nuestra isla. Para él, carretera es sinónimo de vida, salud y progreso, árbol es sinónimo de medioambiente, verdor y retroceso ecologista medieval. Por eso, hay tanta partida presupuestaria para limpiar de estos malvados y molestos consumidores de anhídrido carbónico, emisores de oxígenos, productores de ricas esencias medicinales nuestras carreteras locales e insulares.

Es una pena que Bali esté aún tan lejos y que en Canarias, las plegarias climáticas por los pulmones verdes cada día se escuchen menos y cada vez más los discursos alquitranados negros.

* Carlos Suárez Rodríguez es miembro de Los Verdes.

Carlos Suárez Rodríguez *

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