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Auguste Rodin en la Calle Mayor de Triana

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Pertenece el escultor Rodín al movimiento Impresionista parisino, de finales del siglo XIX, tendencia ésta nacido en 1873, que se planteó una revolución en las conceptualidades en la creación e interpretación del arte en todos sus modos plásticos, a partir de la reciente aparición de la mimética fotografía de 1824, la cual competía directamente con los postulados artísticos hasta ese momento en vigor de la extrema realidad de los objetos, paisajes y figuras, y hasta ese momento todos los artistas seguían los cánones establecidos por el estilo neoclasicista, el cual era un redescubrir el pasado académico renacentista, dirigido propiamente a las clases aburguesadas. Y el creador Rodin no quedó rezagado o fuera escéptico en los nuevos planteamientos que los Impresionistas pictóricos tomaron para revolucionar sus nuevas obras, asumiéndolos eficazmente. Ahora debían ser las obras más creativas, emocionales, de expresiones internas y motivaciones a partir de un paroxismo; bajo una extremada impresión del ego interno, del motivo a plasmar en el instante de la contemplación. Y así nacieron sus figuras escultóricas cargadas de simbolismo y dinamismo.

Todas la pequeña serie de obras traídas, del escultor Impresionista, se encuadran en el estilo naturalista y de impronta, con exacerbado refinado en el acabado, aplicando a cada una de las esculturas el movimiento propio de las personas que cautivaron su fruición en las vívidas acciones, el instante vivencial, las expresiones durante esos momentos fotográficos, que casi solo puede captar una veloz visión de cámara fotográfica, de los hechos que hace el hombre en su vida, además de la captación representativa de la fuerza psicológica de la acción.

Rodin ha sido considerado el padre de la escultura moderna, aportando nuevas fórmulas en los lenguajes matéricos, dando texturas agrestes y de acabado tosco, como nueva expresión visual; además de las partes pulidas, a las figuras. El artista se libera del realismo académico de la figura modelo y le transmite liberación de formas idealizadas en su estilo realista. Aunque su obra tenga raíces neoclásicas y su matriz esté en las dialécticas de las formas y estructuras aplicadas por Miguel Ángel Buonarrotti y Donatello, conocidos sus planteamientos artísticos por Rodin en su viaje a Italia, dominando en todos ellos los exagerados volúmenes y movimientos expresivos en las formas anatómicas de los cuerpos humanos, como dialécticas estéticas sublimes llevadas a las esculturas.

La obra más significativa de las expuestas, es la reproducción en bronce de la obra El Pensador, simbolizada en el retrato de Dante, para la confección de Las Puertas del Infierno, la cual se compone de varias epopeyas descriptivas de la obra del poeta, con 186 relieves sobre la misma puerta en bronce, en el mismo material y en pequeños tamaños sus reproducciones. Las otras obras presentadas en la calle Mayor de Triana, destinadas a espacios abiertos y saturadas de contenido temático y carácter monumental, tienen una pátina y un exagerado abrillantado que rayan las frívolas obras decorativas de porcelana, restándoles significada fuerza y expresión en el simbólico motivo.

Muy bien está esta insólita y magnífica obra del egregio escultor parisino, novedosa por estos lares archipielágicos, para así cautivar los sentidos y ofrecer cultura plástica a los ciudadanos, pero esperemos que el primer edil de nuestra capital, (aunque tenga subvenciones empresarias) no nos deje endrogados en la paupérrima caja del Consistorio capitalino, por mor de apostar en esta segunda eliminatoria- ruleta, (en la que los chalaneos y artimañas relaciones de pasillo, y las simpatías del jurado, hacen la mitad de la aceptación del proyecto cultural de cada ciudad aspirante), por una Capital Europea de la Cultura. 2016, con las penurias, de toda índole, que estamos padeciendo.

Teo Mesa

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