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Bolívar, ¿entre Chávez y Bush?

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El objetivo político del viaje quedó claro desde el principio y no sólo por estas estúpidas declaraciones. Se trataba de “aislar” a Chávez como parte de un proyecto más general. Detener el progreso de gobiernos democráticos que aceptan cada vez menos la tutela gringa, así como colocar obstáculos a los proyectos de integración latinoamericana. La operación comenzaba con el intento de apoyarse en Lula da Silva para descalificar al presidente venezolano. Divide y vencerás. Pero la diplomacia estadounidense volvió a meter la pata. Primero, porque Lula descartó semejante tema de la agenda. Segundo, porque los gringos enviaron un informe llamando la atención de los brasileños sobre el mal trato que reciben en su país los derechos de las personas. Brasil respondió enseguida: mejor preocúpense por los derechos humanos en Colombia, Guatemala y México. Y la operación quedó abortada. Estados Unidos sembró América Latina de dictaduras primero y de neoliberalismo después. De innumerables miserias e injusticias. Los procesos abiertos durante los últimos años constituyen la respuesta de los ciudadanos a esos desmanes. Chávez, Correa, Ortega, Morales y los demás surgen como expresión política de rechazos colectivos a la hegemonía gringa en sur de América (cuya guinda lo constituye el fracasado acuerdo de libre comercio) y no como fruto de alguna misteriosa conspiración antiamericana de unos cuantos líderes con Fidel a la cabeza. Bush volverá a estrellarse, añadiéndole pérdida de popularidad. Tampoco mejorará la estima de Estados Unidos en el exterior. Según la última encuesta de la BBC, comparte con Irán e Israel las tres naciones con peor imagen en este planeta. Recogerá una tempestad por su política tradicional hacia el sur, pero también porque propondrá más de lo mismo, aparte de algún acuerdo bilateral como el de biocombustibles con Brasil. Otra vez libre comercio, apertura completa del sur para sus capitales, sus productos y sus expolios… y proteccionismo gringo ante los productos competitivos latinoamericanos. De ahí no se moverá. Lo acaba de declarar, aunque, eso sí, acusa a su propio Congreso de impedirle desplegar todo el liberalismo compasivo e invisible que lleva dentro. Por otro lado suena a sarcasmo añadir a esta coartada una imprevista preocupación, según la cual “Estados Unidos está comprometido a ayudar a la gente a salir de la pobreza”, entregando contribuciones a la salud, créditos hipotecarios y unos 75 millones de dólares para que los estudiantes latinoamericanos estudien inglés. Faltaba otra broma. El presidente comparó sus propuestas con la Alianza para el Progreso de Kennedy. Falta conocer los minutos de discurso que Bush dedicará a repetir en este viaje lo de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico. Hasta las narices deben estar los latinoamericanos de tanta retórica vana que siempre conduce al mismo sitio. La política de mantener a cualquier coste el dominio gringo en el sur de América. Cada vez lo tiene más difícil y eso está bien, aunque se requiere avances sustanciales hacia reformas de fondo y la unidad latinoamericana. Cierto, lo que soñó Simón Bolívar y siempre rechazaron los líderes de Estados Unidos.

Rafael Morales

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