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Café, conejo y chorizos

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Es normal que si ganas un pastón no te importe dejar un euro (o dos) de propina por tomar un par de cafés. Sin embargo, no conozco a nadie en mi entorno que haga tal salvajada y al parecer los camareros que salen en televisión tampoco. Es que yo soy de un entorno modesto.

Pedro Solbes, que es un sabio despistado que suele experimentar sólo con gaseosa o agua de Teror, sí tiene en cambio toda la razón cuando afirma que aún no hemos interiorizado el euro. Sobre todo cuando todos los comerciantes fenicios redondean (no sólo los de móviles y aparcamientos) siempre al alza y lo que ayer te costaba veinte pavos hoy te sale por un euro, sesenta y seis pesetas más. Nada más y nada menos.

Esas monedillas de cobre, esos céntimos misérrimos, nos parecen una rémora y lo soltamos cada vez que podemos en los platitos de las propinas. Al final estamos dando mucho más de lo que creemos. Basta con convertir los céntimos de euro en pesetas para descubrir lo dadivosos que somos sin saberlo.

Si la cosa económica va mal, sobre todo a los que tienen menos, no parece una buena recomendación gubernamental que comamos conejo en vez de pavo. Ningún Gobierno tiene la potestad de decir a sus ciudadanos lo que tienen que comer en navidad, sobre todo cuando los consejos se hacen desde poltronas muy bien remuneradas. ¿Cuánto se están gastando en estas fechas las administraciones públicas en comidas y aguinaldos a costa de nuestros impuestos? Parece una burda burla.

Lo peor del poder es lo que te aleja del pueblo llano al que dices defender. Cuando uno consigue un sueldo pingüe y tiene privilegios que no gozan los demás mortales a los que teóricamente sirve, como por ejemplo viajar o comer gratis a costa del erario público, es muy fácil olvidar los orígenes y los principios, que aunque parezcan la misma cosa, no la es.

Se equivoca el creador de la campaña socialista de la zeta. Honestidad, dignidad y verdad terminan en d de Dinamarca y no en z de Zaragoza, por muy presidente del Gobierno que seda Zapatero. Si ya los niños sufren un fracaso escolar apabullante, no tiene ninguna gracia que desde el partido gubernamental se les confunda más en su ortografía. Los estudiantes españoles, según el informe Pisa, no saben leer. Habría que preguntarse si es porque su Gobierno no sabe escribir.

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