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Dos Canarias por Francisco Aureliano Santiago (*)

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Entre los segundos, aquellos que siempre han salido beneficiados de esta ridícula escenificación de pleito, parecida a la célebre entre galgos y podencos, están los que, desde la distancia, entendían y siguen creyendo que en Canarias siempre sería mejor negociar con cabecitas de ratón que con cola de león y olé, aunque me pese, por su éxito durante siglos. Son los mismos a los que, también desde siempre, les tenemos que volver a recordar, una y otra vez, que somos distintos y que, en otras condiciones, entenderían, como lo hacen con vascos y catalanes, que aquí, con más razones si cabe, también se necesitan políticas distintas y no echarnos a pelear para escurrir el bulto. Para el común de los canarios, esos que no nos hemos dejado contagiar nunca por quienes llamaban al pleito interesado entre hermanos, a la desunión entre canarios, a la hegemonía chicharrerista o a la doble autonomía por despecho; esos digo, que seguimos siendo mayoría, vemos hoy, más que nunca, como nuestra tierra sigue viendo crecer su herida por causa de los de siempre, por los mismos intereses de siempre, con las mismas complicidades de los de siempre. Hoy existen dos canarias, cierto. La Canarias de una minoría que se ha convertido en nueva rica, que han amasado grandes fortunas en las últimas décadas al socaire del poder, sin importarles siquiera las formas y maneras y la Canarias de la mayoría de los ciudadanos, la Canarias que no llega a fin de mes, la Canarias que no tiene vivienda, la Canarias que trabaja en precario, la Canarias que siempre está en cola, en lista de espera, la Canarias que no arranca. Esas dos canarias son las que de verdad andan separadas, divorciadas una de la otra, silenciada la una por la otra. Esas dos canarias son las que de verdad representan una injusticia, un agravio, una verdadera razón digna de pleito. Esas dos canarias son las que deberían aparecer en los editoriales de El día, entre las prioridades de un gobierno que se llama así mismo nacionalista o junto a reivindicaciones que llaman a más poder para Canarias y los canarios, porque esa es la verdadera brecha que existe entre los canarios y no otra. Esa otra, la que artificial y puntualmente es alimentada por esos mismos cuatro interesados, anticanarios y limosneros de siempre, no anida en el corazón de la mayoría de la gente de nuestra tierra. Una Canarias de todos y para todos, sin más hegemonías que la idea de progreso colectivo y derechos de todo tipo convertidos en realidades en todas las islas. Una Canarias que utilice su fuerza para ganar en prosperidad para sus gentes, en respeto por el exterior porque se lo tiene así misma de verdad en su interior. Esa Canarias es la que necesitamos construir porque es la única Canarias que puede tener futuro. Es la Canarias que queremos los nacionalistas de Nueva Canarias, pero a la que seguro aspiran también aquellos que, aún no siéndolo, quieren desterrar para siempre la lacra del insularismo, el centralismo y el clasismo que nos quiere condenar de por vida, a ser dos. (*)Aureliano Francisco Santiago Castellano es Presidente de Nueva Canarias-Nueva Gran Canaria en Telde

Francisco Aureliano Santiago (*)

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