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Carta abierta a Su Majestad la Reina por Pilar Rego

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Estos últimos días se han escuchado todo tipo de manifestaciones, defensas a ultranza que más bien parecen dardos envenenados, acusaciones de quienes no desaprovechan la menor ocasión para el ataque y también acertadas reflexiones.

Lejos de compartir la opinión de quienes piensan que estamos asistiendo a un debate artificial, y a pesar de que se puedan considerar mis palabras políticamente incorrectas, no puedo dejar de decirle, señora, que pienso que la situación que usted ha provocado genera un debate del todo necesario.

No me parece un argumento sólido escudarse en que su ideología conservadora es de sobra conocida. Está en su real derecho de profesar la ideología que le parezca válida, pero no le asiste el mismo derecho que los ciudadanos de a pie a hacer públicas sus ideas políticas.

No me negará, Majestad, que sus "supuestas" declaraciones sobre la eutanasia, el aborto y la homosexualidad, no parecen propias de la derecha más rancia y de la iglesia más fundamentalista que propias de una mujer moderna con una trayectoria conductual de real prudencia.

Hay una línea invisible, Majestad, que usted ha cruzado y no alcanzo a comprender el motivo que la ha empujado a hacerlo porque durante 30 años ha realizado su trabajo con total corrección, cumpliendo su papel y sin realizar declaraciones públicas sobre su postura política.

Ahora todo ha cambiado, usted se ha situado en un determinado espectro político y religioso, compartiendo sus directrices en temas muy conflictivos.

A pesar de que no tiene asignado ningún papel constitucional, sí tiene la obligación moral de exhibir una exquisita neutralidad, que no impide que usted señora, piense sobre estos y otros temas lo que considere oportuno, pero no puede permitirse el lujo de expresar opiniones políticas en público, esta obviedad está implícita en su cargo.

Majestad, parece que ha olvidado un "pequeño detalle" de suma importancia, su esposo es el Rey, titular de una institución que no está dotada de poder político pero que tiene obligación de neutralidad como garantía del cumplimiento de su función fundamental en esta Monarquía Parlamentaria que rige nuestro país, y que no es otra que representar la unidad y la permanencia del Estado.

No dudo que tiene que resultar difícil no poder opinar en público sobre cuestiones que el resto de los mortales debatimos a cualquier hora y en cualquier lugar, defendiendo opiniones contrapuestas pero, Majestad, ese es parte de su trabajo, no revelar sus reales opiniones que puedan dar lugar a controversias políticas o ideológicas.

A todo este maremágnum, tenemos que agregarle la respuesta de la Casa del Rey, que confunde más que aclara porque ya me dirá usted como podemos sino interpretar estas palabras: "Supuestas afirmaciones que, en todo caso, se han hecho en un ámbito privado y que no corresponden con exactitud a las opiniones vertidas por Su Majestad la Reina, como oportunamente se le ha hecho saber a la autora".

Esta respuesta en ningún momento niega con rotundidad que usted haya hecho esas declaraciones que se le atribuyen, en todo caso admiten que las haya realizado en un ámbito privado.

En el centro de este huracán Pilar Urbano se mantiene firme e insiste en asegurar que: "Lo que ha dicho la Reina es lo que dice mi libro"

Ya por último, Majestad, un recuerdo a nuestra querida Constitución, que no por mejorable deja de ser legítima: en su artículo 56.3 se dice que todos los actos del Rey tienen que estar refrendados por el Gobierno; sus palabras también tienen que tener ese respaldo.

Usted, Señora, es reina consorte y como tal está sujeta a una imparcialidad que es del todo incompatible con la expresión en público de sus opiniones.

Cordialmente le saluda una ciudadana

* Educadora Social y bloggeray colaboradora de elplural.es

Pilar Rego*

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