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Carta a una niña africana

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No sé como enfrentarme nuevamente a tu muerte y a otras muertes sin nombre. Los periódicos de hoy hablarán de ti y habrá minutos de silencio. Pero después vendrá el ruido. El ruido permanente de los que te ven como un problema. El ruido hipócrita de los que te cuentan como un gasto. El ruido de los que quieren cambiar la ley de Extranjería para dejar claro que si tú llegas a pisar con vida estas islas habría que tratarte diferente que a los niños de Gran Canaria o de Frankfurt. El ruido de los que quieren enterrar la Declaración Universal de los Derechos del Niño de 1959 y separar a los niños desamparados por su lugar de origen. El ruido de los que te nombran inmigrante cuando eres una niña o un niño sin refugio, tú desde anoche eres niña ahogada, pero si llegas a sobrevivir serías niña enterrada o pendiente de enterrar en una maraña de burocracia, de "no es mi competencia", de "vamos a repartirlos", de "que los mantengan otros".

No sé cómo contar que tu muerte no debería ser en vano. Que me gustaría que estas islas se pararan hoy, que la gente saliera a la calle pensando que contigo se ahogaron todos nuestros hijos. Que lo tuyo no fue un accidente sino un crimen organizado por gente muy poderosa de aquí y de allá. Me gustaría que la gente mandara a callar a los que utilizan a los nadie como tú en las batallas partidistas. A los que incumplen sus propias leyes. A los que en 15 años en el poder en estas islas sólo han hecho un plan de inmigración que duró dos años y después de aquello sólo ha habido ruido, ruido, mentiras y desvergüenzas. También hay que hablar de los otros, los del PSOE que cuando estaban en la oposición criticaban la falta de sensibilidad del PP, y ahora que gobiernan desde La Moncloa hablan de Derechos Humanos mientras venden armas a Israel y a Marruecos. También hay que hablar de los que salieron a la calle con las ongs y ahora en el Parlamento Europeo no tienen vergüenza de votar con los parlamentarios de Berlusconi la directiva de la vergüenza, la que permite añoy medio de cárcel sin juicio.

Tenía tantas cosas que decirte, chiquilla africana, pero ya no puedo. Te moriste ayer junto a otros compañeros de viaje. Al menos rescataron tu cuerpo, y quizá lo metan en un nicho de un cementerio de Lanzarote y sobre el cemento pongan "inmigrante número?.". Porque tú no eres niña, ni ahora muerta ni cuando estabas viva. Tú estuviste condenada a ser mercancía o desecho. Tú estabas marcada por nacer en un continente equivocado. Hoy escucharemos a gobernantes diciendo que "nuestras costas son vulnerables" y pidiendo explicaciones a los guardianes. ¿Vulnerables? Vulnerable era tu vida, que en África valía menos que la barquilla que te trajo, y aquí vale para utilizar en la pesca de votos. Y escucharemos los discursos culpando a "las mafias de la inmigración". ¿Las mafias? Como si el mayor crimen organizado no fuera el que practican los que promueven un sistema económico internacional que saquea los recursos africanos, que vende armas desde Europa a gobiernos corruptos y criminales, que prefiere a los niños africanos trabajando en las minas del coltán para fabricar nuestros ordenadores o teléfonos móviles que en las escuelas.

¿Qué es África para los gobernantes isleños? Un lugar estupendo para llevar a pasear a nuestros empresarios gratis total para que monten sus negocios con mano de obra barata, un lugar para que antiguos gobernantes canarios continúen los negocios que empezaron cuando estaban en el gobierno isleño. África es un espacio ideal para que los "nuestros" monten sus empresas incluso en territorios ocupados ilegalmente, en territorios como el país desde donde comenzaste tu último viaje, mi querida niña africana. Tu viaje a un paraíso que se convirtió en un infierno de frío, gritos y muerte en la puerta de nuestra casa.

Juan García Luján

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