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Catalunya

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Hace medio siglo partíamos unos treinta y pico canarios para Tremp, Lleida, en los Pirineos catalanes para hacer el primer campamento de Milicia Universitaria. Travesía marítima hasta Cádiz en el vapor Domine, en donde treinta años antes trasladaron los falangistas/franquistas a los diez republicanos que fueron asesinados seguidamente en el río Tajo, y luego de llegar por primera vez a tierras peninsulares, un largo recorrido en tren desde la “tacita de plata” hasta los pirineos ilerdenses. En el cuartel nos reunimos cuatro compañías de unos ciento ochenta jóvenes cada una, y cuando llegamos había otra de soldados de reemplazo que nos contaban que en enero/febrero hasta las cañerías estaban congeladas. A los mandos no les gustaba en absoluto que los “milicianos” hiciéramos buenas migas con los guripas, como llamaban a los soldados de leva, tales y cuáles. Llegamos a principios de junio y hacía un frío tremendo por las noches, y al atardecer nos reuníamos cuando el sargento de semana lo permitía a orillas del río Noguera Pallaresa que pasaba por el campamento, y allí hacíamos merienda cena con los condumios que mayormente los compañeros catalanes, y también los vascos, especialmente mi amigo Tomás Garmendia, nos mitigaban el jilorio porque sus familias les tenían normalmente bien abastecidos. También había en mi compañía algunos castellanos, andaluces, asturianos, cántabros, generosos en el reparto de viandas.

Nosotros los canarios el gofio que llevamos en el viaje se nos acababa bien pronto, y ya luego la despensa de los isleños apenas se reponía dada la lejanía de las familias. Lo primero que conocí de Catalunya fue la chacinería, antes del seny y El Segadors con la rebelión de los campesinos catalanes en 1640, la guerra de sucesión que terminó con la toma de Barcelona por Felipe V en 1714 y la aplicación posterior de los Decretos de Nueva Planta por parte del centralismo castellano/borbónico que abolieron las instituciones propias de Catalunya, Aragón, Valencia y las Baleares,  la entrada de las tropas franquistas a sangre y fuego en 1939 en la capital catalana, historia que le apasionaba a Jordi Segura. Pero gracias a la pandilla de compañeros catalanes conocí como decía la chacinería a orillas del Noguera Pallaresa, la butifarra blanca, negra, de huevo, el fuet, el chorizo collar, la longaniza de montaña, el bull de cerdanya, etc, que eran con pan y vino, normalmente Priorato o del Penedés, sustento  de calidad en la tarde/noche tras la mala comida de cuartel, del “rancho” del mediodía. Está claro que mis simpatías por Catalunya empezaron por el estómago. En mi compañía había como treinta compañeros catalanes, y como siempre pasa hice una gran amistad con muchos de ellos, especialmente con Jordi Segura Ripoll, estudiante de medicina en la Facultad del Hospital Clínico, y hoy día copropietario de una importante empresa de suministros de material hospitalario, Medicina y Odontología Sociedad Anónima (MYOSA) con sede central en Barcelona, y con una importante delegación en Madrid.

En Tremp aprendí a conocer más de cerca el seny (sentido común) catalán, y escuchar clandestinamente Els Segadors, el himno oficial de Catalunya prohibido por el franquismo, y si nos lo oían cantar los mandos militares, agüita, terminábamos como mínimo en el calabozo o en el Castillo Militar. Como no hace falta explicar que como todos los reclutas éramos universitarios, aquello era un nido de rojos, o mayormente gente con bastante formación progresista, al menos inquieta políticamente, aunque había también algunos franquistas con los que teníamos que tener cuidado porque podían pertenecer al Servicio de Información Militar (SIM). Jordi Segura, que conocía a casi todos los “chivatos”, nos ponía sobre aviso para no hablar de ciertas cosas delante de estos “informadores”.

En definitiva, y para no contarles mucho rollo del campamento de Tremp, sí recordar que el Noguera Pallaresa allá por el mes de julio y agosto, cuando calentaba más el tiempo, era un lugar de baños reconfortantes después de la jornada de “entrenamientos”, como irónicamente le llamábamos a la instrucción militar, o a las marchas de “subsistencia” de dos o tres días que hacíamos Pirineos arriba, Pirineos abajo, con una cantimplora para agua y un par de chuzos de pan y dos latas de sardinas. La táctica a mediodía después de la paliza de la instrucción era no preguntar a los mandos y lanzarte al río aunque después te llevaras una bronca del sargento o teniente de turno. En Tremp aparte de mi amigo Jordi Segura también conocí a otro gran amigo vasco, Tomás Garmendia Arcelus, y que hoy día sus hijos y sus nietos conocen a mis hijos y a mis nietos. Un buen amigo mío periodista canario siempre me dice: “coño, así se explica cómo conociste bastante a Euskadi y Catalunya, con estos amigos has tenido motivo para profundizar en tus conocimientos de aquellas naciones”.

En el pueblo de Tremp un grupo de canarios alquilamos una habitación a una señora mayormente para cambiarnos con traje de paisano los viernes o sábados de permiso, y nos contaba cuando hubo confianza la batalla del Segre, afluente del Ebro, que a su vez tiene al Pallaresa como afluente. “La batalla del Segre fue casi tan importante como la del Ebro. Cuando entraron las tropas franquistas en Tremp fusilaron a medio pueblo, a mi marido y a mí padre los fusilaron a orillas del río, y por el Segre corría la sangre a borbotones. En Balaguer hicieron otra escabechina monstruosa, lo mismo que Pobla de Segur. Todo eso unos meses antes de la caída de Barcelona”. Jordi Segura también me contaba como a su padre, médico en Calella, lo represaliaron, y tuvo que dedicarse más tarde a vender productos farmacéuticos y de medicina. Pero Jordi Segura aparte de doctorarse en Medicina, también hizo estudios de Historia, de la cual es un apasionado de Catalunya. “Lo primero que me interesé fue por la Historia de mi patria, desde Borrell II, que fue Conde de Barcelona, Gerona y Osona (947-992) mucho antes de la fundación de España, desde la lucha de los segadores contra el Rey Felipe IV en 1640, o la guerra de Sucesión que terminó en 1714 con la toma de Barcelona por Felipe V”. me contaba Jordi a orillas del Pallaresa. Hace unos días hablé por teléfono con Jordi y me comentó: “espero que Felipe VI no tome de nuevo por las armas Barcelona, espero que todo se resuelva con diálogo y sentido común, con seny”.

Pero en las palabras de Jordi había entre seny y rauxa (rabia en catalán, lo contrario del sentido común), y algo de suspicacia sobre lo que pretende hacer el estado español a partir del 1 de Octubre. Los tremendos artículos que se están publicando, y de periodistas españoles significativos como Victoria Prego, que ya habla de “sangre”, de “violencia”, o las mismas palabras en Juan Luis Cebrián, son un preludio inquietante de los más agresivos representantes de la fauna centralista castellana. El fracaso del Gobierno de Mariano Rajoy, que renuncia fumándose un puro y leyendo el Marca, su periódico favorito, a la más mínima iniciativa sobre Catalunya, agrava la crisis hasta el punto que en un próximo futuro pueda llevarse por delante a todas las instituciones estatales incluida la monarquía franquista/borbónica. La España de hoy nos es aquella de 1936, donde gobernaban en Alemania Adolf Hitler y en Italia Benito Mussolini, con la propina de Oliveira de Salazar en Portugal. Afortunadamente. Ni siquiera España hoy es aquella de 1978 donde la “guerra fría”, el apoyo de Estados Unidos y Alemania Federal a Felipe González, marcó los límites que la llamada transición no podía superar. Entre reforma y ruptura, la cosa se quedó en una tímida reforma. Pero ahora Rajoy no ha buscado el diálogo con Catalunya, al contrario, está allanando el terreno para el choque entre la legalidad constitucional y la legitimidad democrática de Catalunya. Otro de los energúmenos que se suman a la Prego y al Cebrián, es Pérez Reverte, que no se le ocurre otra cosa que insultar gravemente a Julián Assange, el fundador de Wikileaks, y dicho sea de paso me resisto y paso olímpicamente de los borbotones de mierda que el tal Pérez vertió sobre Assange refiriéndose incluso a su vater particular en un lenguaje barriobajero. Nacido en Cartagena, y proveniente de una familia muy de derechas, empezó a trabajar en el diario Pueblo a las órdenes de Emilio Romero, de profesión su tardofranquismo, y se ha significado siempre por su defensa del sistema monárquico franquista/borbónico. No tiene que ser de derechas un hijo de una familia de derechas, pero todos los datos de Pérez Reverte indican su posición conservadora. El tratamiento de las televisiones españolas de la manifestación de la Diada de Catalunya, a excepción de La Sexta, confirma una vez más la manipulación informativa del tema. Las imágenes de TV3 de Catalunya eran expresivas, una riada humana impresionante que “por la paz y la democracia” confluyó en el centro de la Ciudad Condal. El epicentro de la marcha en el cruce del Passeig de Grácia con la calle Aragó fue el culmen de la concentración humana, más de un millón de personas según los organizadores y la Guardia Urbana. Con todo esto que está pasando, esperemos que no se produzca un choque de trenes por el bien de todos los españoles, los catalanes y los canarios.

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