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Causas, azares y luchas

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En esta ocasión, casualmente, lo desenterrado por el fortuito arqueólogo solo eran hojas de papel, extraño formato utilizado por esa antigua civilización para múltiples servicios. No era legible lo que contenía, era otra civilización, otros caracteres y símbolos para expresarse, siempre ha sucedido así. Los historiadores advirtieron mediante meses de afanadas y certeras investigaciones que contenían símbolos que se repetían, con lo que, el principio posible por el que intentaron una resolución para ello, fue estudiar e indagar hondamente en la traducción de esos extrañas insignias, luego como en un enrevesado juego de crucigramas las colocarían en las diversas repeticiones del símbolo en cuestión, y luego, también con los demás. Estaba claro.

Los papeles no indicaron nada extraordinario, solo la idiotez de una civilización. Descifrado el contenido por los investigadores, se ocuparon los diversos documentales, noticiarios y gobiernos de notificar al ciudadano el descubrimiento realizado y su paradójico contenido. Nadie entendió todo aquello, la incoherenciay el absurdo flotó en el pensamiento de unos y otros, y hasta el inocente Pablito repitió a modo de exclamación, ante la presencia de sus padres, estupefacto, con un gesto de no entender nada, lo comentado por el noticiario y descifrado en los papeles:¡reservar con tres meses de antelación una mesa en un restaurante de moda porque no hay para antes, y luego presumir de ello!, ¡ostentar con ridículo narcisismo enormes casas y caros coches!

Andrés Expósito

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