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Clase trabajadora y Revolución Canaria

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Partiendo de la falsa realidad de quienes se autoengañan de un modo tan rocambolesco, toda la estrategia y línea política anti-marxista edificada sobre este dislate, es una irresponsabilidad que evidencia la incapacidad de asimilar la realidad clasista y la articulación de un programa revolucionario.

Es una teoría que apoyan interesadamente sectores políticos burgueses y pequeño-burgueses.

En el segundo caso, podemos encontrarnos con una pequeña-burguesía organizada -o desorganizada según se mire- en partidos supuestamente socialistas defendiendo este extremo. Por supuesto no se trata de organizaciones obreras.

Naturalmente, la revolución socialista no se encuentra entre los intereses de la clase social dominante, ni de la mayoría de la pequeña-burguesía, así que obviar la esencia clasista de la sociedad actual canaria se convierte en una tarea necesaria para estas clases.

Ridículamente, los miopes negacionistas no oponen resistencia para afirmar que en España, o cualquier otro Estado industrializado, sí que existe clase obrera. De lo que deducimos, sencillamente, que reconocen que en estos paises la sociedad está dividida en diferentes clases sociales.

En este punto, localizamos también a los sectores políticos obreros, que admiten que en Canarias sí que hay clases sociales, y por lo tanto una clase trabajadora, pero esgrimen todo tipo de argucias para defenestrar a las masas obreras de su carácter protagónico revolucionario y asumen equivocadamente, a través del parlamentarismo burgués, una tarea que les es ajena.

Para defender sus tesis se basan en que la clase obrera industrial canaria no es mayoritaria y que, en su conjunto, los trabajadores canarios son incapaces de emprender ningún proceso revolucionario porque somos políticamente los más atrasados del Estado.

Así que la clase trabajadora canaria, mayoritariamente dedicada al sector servicios y políticamente neutralizada, no puede aspirar más que a mimetizar lo que vayan trayendo los vientos desde España, y esperar pacientemente a que en la metrópoli algún día surja algún cambio y se acuerden de su colonia africana.

Esto es un síntoma inequívoco de que los aquejados por el síndrome del colonizado no quieren ni oír hablar de la revolución canaria. Y es que es mucho más apasionante y cómodo, sin duda, debatir y analizar otras realidades sin comprometerse a enfrentar la de uno, ya que esto implicaría una dedicada y peligrosa actividad militante. Los comunistas canarios, sin duda, estamos dispuestos a todo.

Llegamos a la conclusión de que quienes, consciente o inconscientemente, se equivocan aseverando que no podemos hablar de clase trabajadora canaria o desvirtúan y revisan la teoría marxista de las clases sociales, en último término están oponiéndose a la revolución canaria.

Curiosamente los socialistas "modernos", que nos recriminan que adolecemos de nostálgicos y estamos anclados en teorías trasnochadas no advierten que las revoluciones socialistas y anticolonialistas que tuvieron lugar durante el siglo XX, se produjeron en diversos contextos socio-económicos. Canarias no es una excepción, pues con una población activa cuyo porcentaje de trabajadores asalariados es alrededor del 90%, tiene un potencial revolucionario extraordinario.

Coincidiríamos en cambio, en afirmar que, en el proceso hacia la revolución socialista canaria, debemos superar primeramente el obstáculo del colonialismo. Nos entenderíamos entonces porque debatiríamos en base a un análisis científico que formulase la táctica para emprender la revolución, y se produciría entre las organizaciones que dicen aspirar al socialismo. En el Frente amplio anticolonialista, sin embargo, participarán las clases sociales interesadas en la independencia desde una óptica antimonopolista y antiimperialista.

Recuperar las ideas de Marx sobre la revolución ininterrumpida es imprescindible para que la actividad política no se reduzca a inconsistencias anti-programáticas. La teoría de la transformación de la revolución democrática en socialista tiene que pasar al primer plano del debate político en el movimiento obrero canario.

El proletariado, no sólo puede, sino que debe dirigir la revolución democrática, puesto que es la única clase consecuentemente revolucionaria. Y la hegemonía se alcanza en alianza con la pequeña-burguesía.

La Revolución Canaria, como proceso ininterrumpido que se desarrolla por fases y por etapas es un trabajo revolucionario duro e ineludible. Cuando hablamos de este proceso no solo hablamos de su ejecución material. También hablamos de toda la preparación teórica, ideológica y organizativa que posibilitará el éxito revolucionario.

De este modo, la línea exclusivamente electoralista, oportunista y claudicante, debe ser combatida porque no conduce a nada. Sólo tenemos que echar la vista atrás para reconocer los errores cíclicos que se vienen cometiendo en Canarias en las últimas décadas, cuyas características principales son la ausencia de un programa revolucionario y una línea política coherente y elaborada, el interclasismo, la interiorización de las prácticas políticas burguesas y los pactos precipitados en torno a objetivos abstractos.

Lenin, en la VII Conferencia (de Abril) de toda Rusia del POSDR fue muy claro al respecto al exponer lo siguiente: "Hay que comprender qué clases impulsan la revolución. Hay que tener en cuenta serenamente sus diferentes aspiraciones. El capitalista no puede seguir el mismo camino que el obrero. Los pequeños propietarios no pueden confiar plenamente en los capitalistas ni decidirse todos y en el acto a una estrecha alianza fraternal con los obreros. Sólo comprendiendo la diferencia de estas clases podrá encontrarse un camino acertado para la revolución".

*Militante del Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)

David Delgado*

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