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Claudina ya vive en la campana

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Morales se atuvo, como digo, al modelo de respuestas estandarizadas de CC que culpa de todo a Zapatero y a López Aguilar, su profeta. Con la única variante de cargar la mano sobre el canario, al que consideran obstáculo principal para el entendimiento. Es el chivo explicatorio, más que expiatorio, de su fracaso. Si se fijan, a eso se reduce el discurso político nacionalista. Bueno, a eso y a hacer votos por la unidad de los grupos nacionalistas sin especificar para qué, con qué objetivos, se reclama esa unidad de villancico.

En cuanto a algunos temas últimamente controvertidos, indica Morales que la ley de Medidas Urgentes responde a un clamor social e institucional y que el concurso de la TDT, el anulado casi con indignación por los tribunales, fue más transparente que la madre que lo parió. Lo que debe ser cierto porque se le vio todo. Y llega a la apoteosis al tirar de manual y afirmar que "el problema no es el pacto con el PP sino la política del insulto de López Aguilar". No esperaba yo de ella tanta simplonería.

Para empezar, no sé de nadie que considere problema el pacto CC-PP. Lo será para los militantes nacionalistas preocupados porque los trances judiciales de los socios populares (y los suyos propios) amenazan con llevárselos por delante. Para los demás, el problema es el Gobierno que defiende Morales; el peor que hemos padecido, dicho sea con cautela pues lo mismo dijimos del de Adán y ya ven.

En cuanto a lo de Aguilar, convengamos que ahí se andan. No sé quién tiró la primera piedra, pero no se quedaron cortos los de CC-PP rajando de él. Imputándole, encima, el grave delito de utilizar contra ellos el aparato del Estado, desde la Policía a los jueces. Pero ese pulso de a ver quien larga más no nos concierne. Lo nuestro es constatar que, a pesar de haber agotado el cupo de descalificaciones con Aguilar, su mensaje, el que dicen insultante, ha calado. Ya han sido dos las elecciones que ha ganado sin aflojar un punto y harían bien los nacionalistas en preguntarse si no será que amplios sectores de la sociedad canaria consideran que el secretario general psocialista no ha hecho sino ponerle voz a lo que piensan y opinan bajito por si Ruano tiene ya a la guanchancha en prácticas.

Quiero decir que la cuestión no radica en el estilo más o menos estrepitoso de Aguilar sino en si hay o no una verdad de fondo que lo sustente; la que se percibe en cantidad de escándalos, de investigaciones judiciales abiertas y de sentencias, por no hablar de arbitrariedades, prácticas amiguistas y nepóticas y otras perlas. Todo lo despachó Morales colocándole la etiqueta de "campañas" contra el Gobierno y el pacto CC-PP en las que sólo no participan el Ejército y la Iglesia. Aguilar, en fin, ha removido aguas turbias y CC-PP, en lugar de analizarlas y darle caña a a la depuradora, arremete contra el denunciante. Cosa de la que sabemos mucho en CANARIASAHORA.

No me refiero en este lío, como he dicho tantas veces, a la vía judicial sino a la política en la que se ha podido constatar que no gobierna Canarias lo mejor de cada casa, precisamente. Bien sabido es que no todas las indecencias políticas constituyen delito; pero eso no las libra de castigo. Lo relevante no es que Aguilar sea más malamañado que un cochino bajo el brazo sino que buena porción de la sociedad canaria sabe que le sobran motivos para hablar como lo hace. ¿O no?

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