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La Conferencia de Bagdad

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Quienes suponen un cambio de la política estadounidense se equivocan, por mucho que impresione encontrar en una misma mesa a dos miembros del eje del mal terrorista y al embajador de Washington, un tal Zalmy Jalilzad. Los resultados de esta mini ONU (17 países y tres organismos internacionales) son los siguientes: la convocatoria de otra conferencia a nivel ministerial a celebrar probablemente durante el mes de abril en Estambul, la formación de una comisión “para coordinar la seguridad”, y otra comisión sobre refugiados iraquíes que ya ascienden a dos millones. Se registró una conclusión política. La voluntad de respetar la unidad nacional iraquí. Algo que tampoco debe sorprender, dados los planes gringos de dividir la riqueza petrolera entre las distintas comunidades étnicas y confesionales para su privatización posterior. Visto lo visto, en lugar de “estabilizar”, la conferencia estuvo pensada para aislar a la resistencia iraquí. Lo contrario de cualquier camino hacia la paz. Hay un ligero cambio en la administración republicana, fruto de la derrota militar casi asimilada hasta por Tony Blair. No contempla la retirada completa de las tropas sino la forma de continuar en la región, asentándose sobre todo en las bases militares y en el control del oro negro. Bush envía más soldados aunque los jefes militares soliciten una retirada honrosa y los demócratas amenacen con bloquear la financiación de la guerra si los republicanos no ofrecen un plan de repliegue a corto plazo. Con la coalición militar destrozada, Washington sólo ha incorporado realmente un elemento nuevo a su estrategia depredadora. A saber, el consejo del ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger, según el cual la única salida consiste en acompañar la presencia militar en Irak (asegurándose en todo caso un Gobierno en Bagdad a su servicio apoyado por los aliados de la región) con una ofensiva diplomática sin precedentes en el conjunto de Oriente Medio. Las advertencias de Condoleezza Rice contra Irán y Siria permanecen. Más bien las agrava con un mensaje nítido. Colaboran con nosotros en la pacificación de Irak, amenazó la señora Rice aconsejada por Kissinger, o aténganse a las consecuencias. El representante iraní en la Conferencia de Bagdad, Abbas Araghtchi, respondió así: “Para asegurar la paz, la estabilidad, la democracia y la prosperidad de Irak se necesita un calendario de retirada de las tropas extranjeras (…). No hay razón alguna para que los iraníes intervengamos en los asuntos internos de ese país. Yo creo que lamentablemente los norteamericanos tienen muy malos servicios de inteligencia. Ya han cometido muchos errores en Irak basados en informaciones falsas”. Más o menos. Los errores de Estados Unidos, en rigor sus crímenes, tienen otra raíz menos novelera: suponer que podían dominar al pueblo iraquí y apropiarse de sus recursos gracias a una enorme superioridad militar. Poco aprendieron de tantas lecciones sencillas de la historia. Lo malo estriba en que las víctimas son millones de seres humanos inocentes. Y carecen de repuestos, que diría Joan Manuel Serrat.

Rafael Morales

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