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Confianzudos

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El tuteo y la falta de educación pueden molestar al receptor del mensaje, que no tiene por qué ser un tío o un jovenzuelo que acepte ese tonillo de superioridad y ese tratamiento pandillero por parte del tétrico modelo. Eso resulta publicitariamente nefasto, porque el ciudadano, ante semejante desconsideración en lugar de tomar en cuenta el mensaje puede reaccionar diciéndole mentalmente al malcriado avisador: Anda y vete a asustar a cualquiera de tus padres, tío. Pero, también es posible –y eso es lo que me temo y me mueve a apostillar en cierto modo el artículo de Marías- que la malcriadez publicitaria se convierta en una moda de cierto éxito, al menos durante un tiempo. Cosas más raras se han visto en esta sociedad que se cree hedonista, pero que se enreda cada vez más en el masoquismo comunal impuesto por las nuevas tendencias y hasta por las más insólitas y proteccionistas legislaciones. Mi pesimista pálpito no es gratuito. Después de considerar las chulescas connotaciones del “tío” impuesto por los creativos de la DGT, me tropiezo con otro anuncio, en la pequeña pantalla, que promociona un nuevo concurso de Antena3 en el que niños y mayores se enfrentarán para ver quiénes están mejor preparados, si los adultos o los pequeños, en las materias propias de los cursos de primaria. En el spot, un mocoso de unos diez años o así, nos mira directamente a los ojos y nos llama “pringaos”. Quizás tenga alguna gracia, pero es, además, un síntoma. De modo que no se extrañe el lector si la fórmula cunde y, dentro de unos meses, nos encontramos con anuncios en los que nos inciten: cómprate tal coche, capullo. O “¿Por qué no luces tal reloj en la muñeca, imbécil?”. Para la propaganda doméstica canaria y de tintes nacionalistas –que se sigue llevando- habrá que emplear epítetos propios de nuestro habla peculiar como el “ñoh”, que ya está en plena espiral de popularidad: te brindamos movilidad, tortolín. O quizás: A ver si te enteras de que ésta es una tierra única, pollaboba. Y así. Vaya usted luego a enseñarle ciudadanía en el colegio a los menudos.

José H. Chela

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