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Corrupciones y corrupciones

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Corrupción, es verdad, ha habido siempre; pero también nos han acompañado toda la vida el homicidio y el robo y no por eso vamos a quitarles hierro. No negaré, faltaría más, la corrupción psocialista a que alude Claudina Morales; ni los otros crímenes so pretexto de lucha antiterrorista. Lo que no me parece bien es que considere más grave la psocialista que la del PP con la intención de relativizar la de sus socios mediante el recurso al desprestigiado "y tú más". Porque, a mi entender, hay una diferencia sustancial que no debería pasarle desapercibida a quien, como ella, va de dirigente máximo de un partido.

Me refiero a que la corrupción del felipismo quedó circunscrita a un número determinados de personas y a un espacio político también determinado. Posiblemente alcanzaba más allá y más arriba de lo que llegamos a saber y está claro, asimismo, que desde el punto de vista político los psocialistas lo pagaron en las urnas con el advenimiento de San Aznar bendito. Pero la presidenta de CC pasa por alto, al establecer la comparación de las dos corrupciones, que la del PP ha revelado la implantación social de tramas complejas de políticos y empresarios organizadas y extendidas por varias comunidades autónomas y a un número considerable de ayuntamientos. No es un mero episodio. El PSOE tiene y sigue teniendo sus manzanas podridas, pero con el PP se ha dado un paso más y tenemos la sensación de que es el poder político el que ha comenzado a pudrirse hasta el extremo de que muchos se preguntan si no será la corrupción el verdadero sistema.

No se justifica la corrupción pepera con la psocialista, a la que apunta Morales; tampoco lo contrario. Si las miramos desde el punto de vista político hemos de convenir que por su extensión e implicaciones es mayor la trascendencia de la actual que se ha revirado significativamente incluso contra las instituciones del Estado, desde la Policía a la Justicia; que ha ganado o comprado apoyos mediáticos; que anatematiza a quienes dicen que está muy feo lo que hacen; que permite la desvergüenza de los que ya anuncian sus futuras candidaturas y les da igual minar las bases de esta democracia deteriorada a ojos vistas. Así es si así les parece.

Menos mal que para cambiar de tercio y alegrarnos la existencia contamos con un hombre como Paulino, que es la alegría de la huerta. Igual se pone a ordeñar cabras que agarra un sacho para que lo fotografíen, cuando no compone la festiva alegoría de su Gobierno dirigiendo un arado del que tiran dos burros (o burras). Lo que no le impide irse a Londres y apostar por la proyección de una imagen de Canarias "moderna e innovadora". Ya le han recordado algunos lectores que para proyectar esa imagen hay que crearla primero de puertas adentro, así que no insistiré por ese lado más allá de la forma en que han hecho el oso. Polar, of course.

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