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Decencia de Estado

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La espiral de conmigo o contra mí sigue en ascenso y Rajoy ya dirige abiertamente sus discursos a los “españoles de bien” (que son los que están de acuerdo con él), al tiempo que convierte a los miles de manifestantes que reunió el sábado último en expresión del sentir de todas las Españas e islas adyacentes y subyacentes. Que se amarre los machos los “españoles de mal” de la antiespaña. Por eso no tuvo reparo en apoderarse del lazo azul de Gesto por la Paz para su guerra. Debe andar corta la derechona de símbolos; de los democráticamente homologables porque de los otros va sobrada. Así, se apoderaron también los peperos de la bandera y el himno nacional quebrantando las normas de su uso no partidista para hacerlos en símbolos exclusivos de “su” España. Quienes peinamos suficientes canas y oficiábamos de demócratas frente al fascismo llegamos a detestar ese himno y esa bandera (entonces con el águila, que ha vuelto) como emblemas de la criminal dictadura franquista. La actitud del PP reverdece aquellos sentimientos para muchos hoy dormidos y ya hay, ayer mismo lo hacía José María Ridao, quien habla de “Rajoy, caudillo de España”, peligrosamente embriagado de baños de multitudes, que son muy adictivos. Nada de particular tiene, pues, que frente a tanto guiño fascistoide, nos agarráramos de Zapatero, quien se ha beneficiado de la casi imposibilidad de hacerle una crítica racional que pueda darle alas a la derechona. A esto se refería ayer Antonio González Viéitez, en La Provincia, al indicar que no era plato de su gusto criticar a Zapatero en estas circunstancias; pero lo hizo en relación al Sahara donde el Gobierno está a punto de darle, si no se la ha dado ya, la última puñalada al pueblo saharaui. Bien sabido es que España arrastra la vergüenza de la entrega de la colonia sin que ninguno de los gobiernos democráticos la haya reparado. Dijeron todos apoyar la resolución de la ONU acerca de un referéndum que Marruecos ha impedido con la connivencia de la comunidad internacional, que mira para otro lado. Poco a poco han desaparecido del primer plano los saharauis y se habla de su tierra como mero “territorio” para que las empresas hagan negocios. Entre ellas, cómo no, algunas canarias. Zapatero debe haber considerado maduro ese proceso para aceptar la autonomía propuesta por Marruecos, al que se le siguen vendiendo armas españolas, a pesar de que sigue ejerciendo la represión en el “territorio”. Dicen que es un buen ejemplo del realismo político de Zapatero. Es posible. Pero no lo es, desde luego, de decencia de Estado.

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