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Desenmascarar a los tramposos

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En Canarias parece que no ha habido excepciones y, en mayor o menor medida, han intervenido personas que pertenecen a destacadas formaciones políticas. Se han producido irregularidades de todo tipo: urbanísticas, administrativas, cohechos, prevaricaciones, atentados medioambientales, etc. Para controlar o discutir las acciones que en esta tierra se estiman presuntamente ilegales se recurre al Parlamento de Canarias. Ahora, lo que no se puede admitir es que sean personas bajo sospecha o que supuestamente se encuentran detrás de tramas y otras situaciones poco claras las que forman parte de las comisiones de investigación y se conviertan en fiscales e interrogadores. La verdad, esto me parece una tomadura de pelo. En Canarias, no sólo se ha producido esta situación esperpéntica, que no conduce ni conducirá a nada. Sólo sirven para marear la perdiz, para que cobren dietas los diputados y para ofrecer un espectáculo estrambótico. Ni se ha clarificado anda, ni se han depurado responsabilidades. Ni nadie ha dimitido. Reitero una vez más que ese verbo no se conjuga en la política española en general, y en la canaria en particular. Luego resulta que tenemos el instrumento legal que nos proporciona la justicia para investigar y buscar a los presuntos culpables, y los mismos políticos que deberían velar por la transparencia de la democracia y del Estado de Derecho nos salen con reticencias y críticas contra las actuaciones judiciales y emplean sus poderes mediáticos para denunciar persecuciones políticas. Todo con la intención de hacer creer al pueblo que son víctimas de una conspiración. Es su forma de manipular conciencias y sentimientos. En Canarias se ha permitido a lo largo de los años, y yo diría de siglos, la destrucción de playas, líneas litorales, barrancos, acantilados, laderas... todo en nombre del progreso, de unos supuestos puestos de trabajo, en beneficio de unos cuantos especuladores, empresarios de la construcción y multinacionales de hostelería. Han deteriorado nuestro paisaje, nuestro patrimonio natural, sin control ni medida. Han cometido lo que se pudiera llamar delitos medioambientales y nadie ha sido imputado ni condenado por eso. A estas alturas, todavía existen construcciones turísticas y no turísticas, ilegales y nadie parece escandalizarse por ello. No es ciencia ficción afirmar que en Canarias, a lo largo del desarrollo turístico, ha habido cientos de irregularidades, compra de voluntades, presiones, captación de favores y beneficios para unos pocos amigos, e incluso han existido paseos de maletines con mucho dinero deambulando por despachos de políticos y técnicos con el propósito de derribar muros y dificultades. Algunos se extrañaban no hace mucho que dijésemos que existían mafias en Canarias. Y no me refería solamente a los que utilizan la pistola, la amenaza, las agresiones, los robos, sino también a las de cuello blanco, que también son peligrosas. Políticos que aceptan favores de grandes empresarios para, a su vez, desde su cargo, concederles algún beneficio. Políticos que aceptan comisiones y tantos por ciento a la hora de firmar contratos. Políticos que se involucran en tramas y planes con visos de ilegalidad y luego denuncian que son víctimas de acoso y descrédito. Políticos que intentan sobornar a otros para beneficiar a sus partidos. ¡Lástima que una parte del pueblo canario, tan entretenido, unos en la supervivencia, otros en su dolce vita futbolera y carnavalera, no tenga una amplia conciencia política y actitud crítica para desenmascarar a quienes les vienen con cantos de sirena o arropados con piel de cordero para embaucarles! Hay que destapar el auténtico rostro de quienes han convertido la democracia en una caricatura de la misma.

José M. Balbuena

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