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Día de la librería

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Estos días se celebran, en muchísimos casos, para no olvidar o para remover conciencias. Una sociedad que necesita dedicar un día a recordarnos a todos que vivir en sociedad es hacerlo en paz y respetando al otro es una sociedad casi en fase terminal. De la misma manera, cualquier formación social que dedica en sus calendarios fechas para reivindicar el papel de la lectura, el estudio, la memoria histórica, la investigación o la ecología está en manos de gobiernos dirigidos por mentes utilitaristas e ignorantes que han olvidado la dimensión humana de los ciudadanos a los que representan. Se celebran el Día del libro, el Día de la biblioteca o, recientemente, el Día de las librerías básicamente porque el español medio ya casi no lee libros. A este paso tendremos que buscarle un hueco al Día del español con trabajo, puesto que cada vez hay más gente parada.

Luego está, por supuesto, el tufillo que estos días tienen a mercantilismo. Que los gobiernos socialistas y populares de la democracia española han descuidado la formación humanística de sus ciudadanos es un hecho evidente. Que hoy un chaval de 18 años acceda a la universidad sin saber escribir correctamente y con dificultades para entender lo que lee no es una maldición bíblica caída del cielo. Suprimir asignaturas como Literatura española (sin Lengua Castellana) tiene estas cosillas. La solución, sin embargo, no es promocionar ferias con libros y rosas, por poner un ejemplo, o performances en librerías para frikis de camisetas negras. Eso se hace cuando la cultura se concibe como mercancía. Y cuando hablamos de mercancías, hablamos, pues, de una cosa más entre otras tantas. Por qué no, entonces, el Día de la corbata, o el Día de las medias o el Día de la chirimoya.

El papel de las librerías (cuyo día se celebró, lamentablemente, el 25 de noviembre) fue fundamental para consolidar nuestra democracia. Si hoy hay que reivindicar su día es que algo se está haciendo muy mal. Confundir el fondo de una buena librería con la web de Amazon, por ejemplo, es un error lamentable. Así están las cosas, no obstante, y así seguirán porque lo que hoy interesa no es formar lectores competentes y bien formados con capacidad de elección, sino consumidores de la última novedad o del último premio.

José María García Linares

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