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Drama y cine

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No sé si ha sido una buena elección o no la que ha hecho la Academia. En realidad no lo podemos saber nadie todavía. Sin embargo, lo que se deduce de esta jugada es que no había más donde elegir, o sea, que los estrenos de este año han sido mediocres en el mejor de los casos. Así se entiende que entre todas las películas estrenadas en la primera mitad de 2007 ninguna de ellas figuraba entre las 25 más vistas del año en España, que tampoco es poner el listón muy alto, la verdad. Las trece rosas de Martínez Lázaro, El orfanato de Juan Antonio Bayona y Luz de domingo de José Luis Garci ha sido las elegidas entre un total de 70 títulos. De momento nadie puede hacer augurios, ni siquiera apuestas. Es una pena, nos han quitado parte de la emoción, incluso de la conversación ante el café. Pero confiemos en que al menos que la elegida triunfe. Pero la dura situación que atraviesa el cine español es cada vez más manifiesta. Apenas son cuatro directores, Amenábar, Almodóvar, León de Aranoa y, en los últimos tiempos, Fresnadillo, los que logran que sus títulos resplandezcan en las taquillas y resulten rentables. Habida cuenta de ello, es normal la rebelión de los exhibidores ante la cuota que les impone la nueva ley de cine. La última encuesta realizada entres los espectadores revelaba que éstos no se identifican con los argumentos de la películas españolas y, lo que es peor, no les interesan ni los entienden. Las películas españolas tienen subvenciones públicas, ayudas forzosas de las televisiones y el espacio garantizado por ley para su proyección. Y ni aún así consiguen atraer al público. Va a ser que lo que tienen que cambiar son las películas y no el entorno.

Esperanza Pamplona

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