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Dudo que las cosas cambien

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El talante del político galo y su forma de plantear los problemas de su país, los cuales enumeró durante la campaña de manera clara y sin requiebros estilísticos, lo hace merecedor de un lugar dentro del panorama político continental.

No obstante, y por muy bien que sonara su discurso posterior a conocerse los resultados, dudo mucho que las cosas vayan a cambiar, ni a corto ni a largo plazo, por mucho que fuera deseable.

Es cierto que la canciller alemana deberá pisar el freno en su política de contención y austeridad, dado que Francia es la segunda economía europea y Hollande ha dicho que no solo se trata de controlar los gastos, sino de crecer. Además, Francia y Alemania siempre han tenido puntos de fricción no solo los problemas territoriales con Alsacia y Lorena, sino su misma concepción de estado. Tal y como pasa en la vida cotidiana, los vecinos, se gusten o no, están "condenados" a entenderse, pero con Hollande algunos puntos se vista cambiarán, eso seguro.

Sin embargo, quienes poseen los recursos y manejan la economía, según les convenga, siguen siendo los mismos y, a pesar del sofoco de tener que cargar con un nuevo presidente de la República Francesa, el cual ya ha anunciado que una de sus prioridades será la educación, su situación no variará.

Vale que, con una Francia más liberal, abierta y plural, las cosas no serán tan fáciles y deberán pensarse sus movimientos mucho más que con el anterior mandatario, más abierto y proclive a los manejos torticeros del gran capital. De todas formas, ni Hollande, ni una docena como él se pueden interponer ante la dictadura de las grandes multinacionales, las cuales cuentan con los mejores apoyos, los mejores medios y los mejores sirvientes, alineados para responder a la llamada de quienes juegan con los hilos del poder como los titiriteros de antaño.

No me entiendan mal. No menosprecio la valía de François Hollande y creo que sus intenciones son legítimas y mucho más válidas que cualquiera de las iniciativas pregonadas por los neo-con y sus adláteres. Otra cosa es que tengo conocimientos suficientes para analizar el mercado y ver los movimientos que se desarrollan alrededor de las grandes corporaciones y los gobiernos que las apoyan. En esto, nadie debería olvidar que las campañas son MUY caras y que luego de llegar al poder existe un pacto que obliga a devolver las ayudas. Nos gustará o no, pero es lo que hay.

Veremos cuántas zancadillas, crisis internas, medias verdades y movimientos especulativos se desarrollan alrededor de François Hollande, ante de que pueda cambiar la hoja de ruta del anterior presidente.

Y mientras esto sucede, el mundo seguirá como ahora, con muchos intentando sobrevivir, la inmensa mayoría, y unos pocos reconstruyendo un mundo viejo y caduco, con tal de que las cosas no cambien, a costa de lo que sea.

Eduardo Serradilla Sanchis

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