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Entretenidos con Putin

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Occidente considera a Putin un aliado que consiguió la estabilidad política después de Yeltsin, independientemente de las reservas que provoca su nacionalismo gran ruso y sus respuestas en el terreno militar al proyecto estadounidense de levantar nuevas bases militares en Europa, concretamente en la República Checa y en Polonia. El ex agente de la KGB puso orden tras las tormentas provocadas por las privatizaciones salvajes, gracias a las cuales una parte de la burocracia soviética pasó de manejar la propiedad estatal a propietarios privados, mientras el sector que se resistía a los cambios se agrupaba sobre todo en lo que hoy se llama Partido Comunista de la Federación Rusa (PCFR) que, como mucho, obtendrá un 20% de los votos en las próximas legislativas. Putin fortaleció al Estado sin dejar de beneficiar a los propietarios privados nacionales y extranjeros. Encabezó un partido, Rusia Unida, ampliamente mayoritario gracias al control casi absoluto de los medios de comunicación importantes, el clientelismo del aparato estatal y las prácticas mafiosas contra sus adversarios o enemigos políticos. Financió pequeños partidos, incondicionales suyos con presencia en la Duma, para hacer sombra a los comunistas de Guennadi Ziugánov. Este ya viejo burócrata denunció, en su día, que le robaron 600.000 votos en las legislativas de 1996 sólo en Tatarstán. Aunque el Tribunal Supremo le dio la razón y sancionó a las cuatrocientas personas implicadas en la estafa, los delincuentes fueron amnistiados tres días después por Yeltsin. Entre las campañas recientes de difamación, debe señalarse que acusan a Ziugánov de poseer cuatro dachas (casas de campo), cuentas en Chipre, fábricas en Jordania y un yate en Libia. Naturalmente, el principal problema del PCFR estriba en su identificación vergonzante con el estalinismo. Resulta inaceptable que este partido reprenda a los trabajadores por su pasividad política y dejarse atracar por los gestores de Putin en sus antiguas conquistas sociales, cuando ese alejamiento o desprecio por la actividad política tiene su origen en la vieja losa de la dictadura burocrática. Nadie espera cambios políticos de relieve tras las elecciones legislativas o las presidenciales. Putin, aparentemente, lo tiene todo atado y bien atado ante la complacencia de Occidente. Los trabajadores rusos y los ciudadanos en general bastante soportan en un país donde más de la mitad de la población sobrevive con una media de 5.000 rublos (35 rublos equivalen a 1 euro), cuenta con uno de los mayores porcentajes de millonarios del mundo y donde la diferencia entre los más ricos y los más pobres es de 40 puntos, aproximadamente la existente antes de la revolución bolchevique de 1917. Hasta que los de arriba no puedan vivir como ahora y los de abajo decidan no seguir viviendo con las penurias de hoy.

Rafael Morales

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