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Erre que erre

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Muy aburridos tienen que estar en la Asociación de Abogados Cristianos para tratar de procesar al drag-queen que ganó la gala del último carnaval. Después de que un fiscal jefe conservador como Guillermo García Panasco no viera indicios de delito en la actuación de Borja Casillas, esos estrambóticos abogados han vuelto a la carga a ver si encuentran a algún juez que vea un resquicio legal para empapelar a este joven que en principio no tiene nada que ver con Iker ni con ningún otro portero de fútbol.

El juzgado admitió en mayo la denuncia de un tal Rafael Castellano, sevillano para más señas, acusando al joven de haber herido los sentimientos religiosos de los creyentes en su espectáculo. No sé si el tal Caballero es un caballero de alta alcurnia de los de antes o un forofo del Sevilla. Si fuera así se podría entender su aversión hacia el drag-queen canario, sobre todo a partir de la accidentada salida de Vitolo del club hispalense.

Entre la asociación de abogados cristianos, que tiene un comportamiento poco cristiano y su sede en Valladolid, y el tal Caballero de Sevilla pretenden hacer una pinza al carnavalero que por el momento, afortunadamente, no ha dado fruto, ya que fiscalía no ve motivos para emplumarlo.

La fiscalía archivó la causa porque consideró que Casillas no tenía la intención de herir los sentimientos de los creyentes. García Panasco estimó que el drag solo intentó crear polémica dentro del contexto de sátira y crítica inherentemente ligado a las fiestas carnavaleras.

Los autodenominados abogados cristianos y el ciudadano sevillano tienen todo el derecho del mundo a cabrearse por una actuación artística de gusto cuestionable (aunque al público le gustó mucho y fue la más votada), pero nada más. Exactamente igual que un ateo o un agnóstico puede molestarse por que en Semana Santa una procesión le corte su calle y no pueda meter el coche en el garaje. Pero de ahí a tratar de encausar a un joven por una actuación irreverente y transgresora, como es el carnaval, va un largo trecho.

Algunos se creen que seguimos en el nacionalcatolicismo, pero seguro que si se toparan con el papa Francisco el argentino les metería una bronca que se les quitarían las ganas de seguir haciendo el ridículo en nombre de la Iglesia católica en los juzgados canarios, que están para cosas mucho más importantes.

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